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El contrabando práctica extendida entre los altos cuerpos con ansias de distinción:

1. La Nueva Granada inmersa en contrabando, Desviaciones de las mercancías

1.3 El contrabando práctica extendida entre los altos cuerpos con ansias de distinción:

de la sociedad, pues era una actividad que ayudaba a suplir las necesidades que la metrópoli había sido incapaz de cubrir. María Teresa Ripoll habla del comercio ilícito como una actividad que se había convertido en un elemento cultural, recurriendo a E. P. Thompson aduce como en el siglo XVIII los usos consuetudinarios fuertes adquirían una segunda

106 Joaquín Cañaveral, gobernador de Cartagena, su informe sobre la aprehensión de un contrabando de mercancías a Vicente Pérez, con destino a Honda, por cuenta y riesgo de Feliciano de la Rosa, 1793- 1794. (AGN Aduanas, tomo5, f.562-578).

71 naturaleza en el hombre, por lo tanto no había una diferencia sustancial entre costumbre y cultura107. En Cartagena se sabía que en las calles de la ciudad se vendían de manera descarada los géneros extranjeros y prohibidos. Incluso uno de los habitantes más ilustres, Don Tomás Andrés Torres, escribe al Virrey Ezpeleta en 1795 quejándose de que se le habían decomisado unos metros de tela en el taller de su sastre, para la confección de un monillo de muselina bordado en oro para su esposa y un fraque para él, le querían imputar cargos de tratos ilícitos, cuando el mismo gobernador sabía que no solo se comerciaban sino que también los sastres cosían públicamente con éstos incluso para los que hacían parte de las funciones de gobierno y administración:

No negara el señor gobernador que todos los estados de que se compone esta ciudad y visitan su casa van vestidos de genero ilícito, con el se presenta todos los domingos la guarnición y con el los demás sugetos que por atención que por atención o necesidad le visitan: del mismo genero van vestidas las señoras, y hasta ahora a ninguno de ellos se ha considerado por defraudador ni contrabandista”108

Los Individuos que poseían una posición aventajada dentro de la sociedad colonial y eran reconocidos se beneficiaban de diferentes fueros para realizar todo tipo de tratos ilícitos, la revisión de los fardos de Cartagena vía Honda se realizó porque los implicados en el comercio no eran conocidos o ni tenían un nombre prestante: “los citados once fardos marcados V.P. contienen varios efectos y generos de contrabando los quales para verificar era necesario reconocerlos menudamente por esta razón como por ignorarse la naturaleza y vecindario del remitente y del consignatario”109. En este sentido, se llegó a reconocer la

participación de individuos pertenecientes al gobierno y a la iglesia desde la primera formación del Virreinato. El mismo primer Virrey Villalonga, que se caracteriza en su retrato por ser uno de los virreyes que más honra la moda caprichosa y colorida francesa del

107 “la conciencia de la costumbre y los usos consuetudinarios eran especialmente fuertes en el siglo XVIII” “costumbre segunda naturaleza del hombre” Ripoll, p. 165.

108(AGN Aduanas, tomo 20, f. 680r). 109 (AGN Aduanas, tomo 5, f. 365r).

72 momento, dejando de lado los colores oscuros de los Habsburgo (Ilustración 24), participó directamente en tratos ilícitos110. Pese a que era la representación misma del rey y por lo tanto del poder absoluto, no escatimó en aprovechar su posición permitiendo que sus criados, familiares y dependientes como su sastre, el capitán de su guardia y su secretario, adquirieran ropas de contrabando en Cartagena y que las vendieran a lo largo del recorrido hasta su llegada en Santa Fe, llegando con diez canoas repletas de tisúes y géneros nobles. Los tratos ilícitos no se quedaban solamente en el punto de su llegada y de la vanidad personal y de su corte, pues de manera abusiva cambiaba guardias en el Castillo de San Felipe y a los jueces de comiso de Tolú y Maracaibo, tal vez con miras a facilitar estas introducciones111. El fenómeno del contrabando no paró con la disolución del primer

virreinato , pues el Arzobispo - Virrey Caballero y Góngora (1782- 1789) representante de las dos caras del poder colonial, abrió amistad con los comerciantes más importantes de la ciudad cuando residió en la ciudad de Cartagena por motivos de salud; lo cual repercutió en decisiones permisivas, como cuando consintió que se vendiera mercancía extranjera que se había comprado en tiempos de guerra, a pesar de las férreas prohibiciones sobre la entrada de los productos foráneos. Bajo esta mirada tolerante que aceptaba tratos con colonias ajenas, se introdujeron diferentes géneros a los permitidos como alimentos y municiones, entre las cuáles podían filtrarse infinidad de productos apetecidos por las gentes neogranadinas.112

110 Garrido Conde María Teresa

, La primera creación del virreinato de la Nueva Granada (1717-1723),

Sevilla: Esc. De estudios Hispano – Americanos, 1965. 111

Resumen de los 33 cargos imputados al Virrey :“De haber dado orden por medio de sus familiares de apagar de noche las luces de la guardia del puente de Getsemaní (Barrio de Negros también en Cartagena ) para que pudiera entrar más fácilmente el contrabando […]17. Que de las trescientas cargas que habían subido desde el puerto de la barranca para arriba, doscientas eran de mercancías que se habían llevado de la costa comprada en Tolú y que por las sabanas y el Cauca habían atravesado Mompox. 18. Que había permitido que su familia vendiera en Mompox más de veinte mil pesos por las ropas que traían, y que después por la ciudad de Talamaque, rio arriba, habían recibido otra porción, sin proceder al castigo de sus familiares o personas que lo ejecutaron”. En: María Teresa Garrido Conde, La primera creación del virreinato de Nueva Granada (1717-1723), p. 104- 109.

112 Véase Ripoll y Anthony MacFarlane, “el comercio exterior del Virreinato de la Nueva Granada: conflictos en la política económica de los Borbones (1783- 1789)”, ASCHC 6-7 (1972).

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Ilustración 24. Retrato del Virrey Don Joseph de Villalonga., Anónimo Ca 1720, Óleo sobre tela, Museo Colonial.

La figura de los Virreyes aunque representantes de un poder que se fundamentaba en una legitimidad del rey por derecho divino, presentaba una dualidad, en las que entraban a jugar el lucro y los deseos de ostentación. El poder omnipotente que se había identificado con la grandeza espiritual y que en parte había negado el disfrute inmediato de los sentidos con un fin en sí mismo, se resquebrajaba ante los deseos de materialidad y de cubrir el cuerpo con materiales exquisitos al tacto.

En este mismo sentido es interesante ver la participación de los representantes de la iglesia, de la fuente de poder sobre la que se había construido el sistema de dominación colonial. Los curas, monjas, misioneros y obispos se veían inmiscuidos en estas transacciones, desde los altos prelados hasta los curas de menor jerarquía participaban en el comercio ilícito aprovechando la inmunidad que podían tener ante los poderes seglares. El fenómeno se había extendido tanto, que incluso en 1749 se dictó un edicto general en el que se excomulgaría a los clérigos que efectuaran alguna actividad de tráfico y comercio: “no solo prohibió el comercio directo por mano de clérigos, sino que prohibió lo hiciesen por

74 mano de laicos, como lo acostumbraban muchos”113. Sin embargo proliferaban los casos en los que los diferentes prelados contrabandeaban, como es el caso de Pedro José Mesia Deán, de la catedral de Quito que introdujo clandestinamente en su equipaje piezas de terciopelo, tercianela, entre otros al llegar de España. Así mismo se vio inmiscuido en negocios con personajes como el Marqués de Miraflores y un Mercader que vivía al frente del convento de San Agustín. El mismo deán aduce cómo al llegar a Cartagena y hacer la aduana en Panamá para llegar a Quito, trajo consigo cuatro baúles con glodetur y tercianela114 para uso personal, mostró una guía referenciando lo que traía y lo dejan pasar tranquilamente, aprovechando su inmunidad como representante de la Iglesia (AGN Colonia, Aduanas, tomo 16, f. 514-565):

Acabo de cerciorarme de una noticia que tuve tiempo ha y a que no di crédito, y es que el señor dean de esta Santa Iglesia catedral, introduxo en los baules de su equipaje una cantidad de varas de terciopelo, y tercianel importante como unos milquinientos pesos, se que primeramente estubieron en poder del señor marquez de Miraflores, no se con que fin, y que de allí pasaron para su venta al de un mercader llamado Andrade que vive frente del convento de San Agustin. Que sumerced supongo que despacho el referido equipaje sin registrar usando la atención y confianza que es devida a una persona tan caracterisada, y porque nunca devio presumir que un sugeto de tales circunstancias, y tan veneficiado por el REY Nuestro señor se mesclase en un asunto y carácter y menos el que pensase hacerla defraudando al erario sus legitimos derechos115

De igual forma intentó evadir las disposiciones de la justicia haciéndose acompañar en sus declaraciones de dos eclesiásticos y un notario, dando una señal de que este era un problema que no le competía a la justicia laica, contraponiendo así la jurisdicción del poder eclesiástico a los intereses de la administración de la Corona:

113 José Manuel Groot,

Historia eclesiástica y civil de Nueva Granada, Bogotá: Ediciones de la Revista

Bolíva, 1957, p. 58.

114 Tercianela: Tela de seda semejante al tafetán; pero mas doble y lustrosa (Diccionario de Autoridades); 115 (AGN Aduanas, tomo 16, f. 515v).

75 Siendo mucho mas extrañable aquellos aparatos y circunstancias con que para hacer su confesión dispuso hallarse acistido de dos ecelsiasticos y un notario como dando a entender asunto ageno de la jurisdicción real el que en esta materia se bersava con su persona , y que se sometia por violencia 116

Ilustración 25. Trajes eclesiásticos. Códex Trujillo del Perú, siglo XVIII. Biblioteca Nacional de Colombia

Si bien el Deán de Quito declaraba que eran para uso personal, ya que eran negros y que los había vendido por necesidad, se le acusaba de haberlos vendido al capellán de la catedral, a un cura de la jurisdicción de Loxa y de enviar otros excedentes hasta Pasto y Barbacoas117. El capricho y la ostentación podían llegar hasta los cuerpos religiosos que

contrariamente debían profesar humildad y despreocupación por la vanidad más mundana. Fray Juan de Santa Gertrudis describe con sorpresa la imagen de un cura guardián de la población de Almaguer que venía a Pasto a apostar, pero la naturaleza poco ortodoxa de éste no terminaba aquí, no solo era un tahúr consumado sino que también había encontrado

116 (AGN Aduanas, tomo 16, f. 539v).

117 “…y por fin ha hecho la venta el señor Dean por sí mismo a varios sujetos entre ellos dos eclesiásticos, remitiendo el residuo de los generos para su expendio en barbacoas…”(AGN Aduanas, tomo 16, f.521).

76 un huaca de la cual hacía gala en sus manera de vestir, se le tildaba de amujerado y entre sus adquisiciones estaba una túnica de una fina tela que contrariamente a la costumbre no era negra, ni oscura y un birrete de encaje:

El había anteriormente venido a Pasto a jugar, y los tahúres se habían ganado toda la plata que había traído y una sortija de oro que él siempre llevaba en el dedo, y por allí es esto cosa muy común, con un tachón de esmeralda, que el era muy melindroso y amujerado, y vestía el hábito no de sayal, sino de una jerga muy fina y delicada, y en la cabeza en lugar de papelina, usaba un birrete blanco de bretaña fina, con su punta de encaje fina y muy almidonado, y en lugar de manto un capote de paño fino, color de concho de vino, y en estas cosas por allá, por ser muy común, aunque lo saben y ven los superiores tienen poco reparo de ello.118

El periodo se caracteriza por un afeminamiento en la manera de vestir y en las maneras, que poco a poco fueron rechazadas en la medida en que avanzaban los ideales de la razón y el equilibrio; el cura tahúr de Almaguer nos recuerda la figura del petimetre, término que se utilizaba de manera despectiva para referirse a los individuos que seguían la moda francesa de manera exagerada y que exacerbaban el lado femenino a través de telas finas, sedas, encajes, bordados y toda clase de aditamentos que comenzaban a crearse y a estar en boga, que podían entrar al territorio del Reino de diversas maneras incluyendo los equipajes de los eclesiásticos.