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contraperspectivas desde abajo

In document EL ESTADO DEL MUNDO. CONTRAPERSPECTIVAS (página 131-171)

1 «SPD» son las siglas de Sozialdemokratischer Partei Deutschlands (Partido Socialdemócrata Alemán) [N. del E.].

2 Comisión dirigida por Peter Hartz, jefe de personal de Volkswagen y miembro de su Consejo de Administración, además de miembro del SPD. Fue obligado a dimitir de su cargo por corrupción, y por los que fue con- denado (a dos años de cárcel y al pago de una multa de 576.000 euros) en enero de 2007. Su condena, aunque fruto de un pacto con la fiscalía que evitó su ingreso efectivo en prisión, ha puesto en tela de juicio el conjunto del sistema empresarial social, el sistema de la cogestión, del que desde hace décadas se había vanagloriado la Volkswagen, ya que por esta sen- tencia se condenaban explícitamente los sobornos y el trato de favor, que durante casi una década Peter Hartz prestó a Klaus Volkert, presidente del comité de empresa y máximo representante de los trabajadores, y de cuyo visto bueno dependían decisiones de gran relevancia, como por ejemplo los recortes de plantilla de la compañía [N. del E.].

laborales que tiene graves consecuencias. Las personas que dependen de un trabajo retribuido se ven privadas en ade- lante de sus derechos. Los fondos sociales para las personas sin trabajo se reducen a un mínimo. El sueldo de la anterior

Arbeitslosenhilfe [ayuda al desempleo] es reconducido al nivel de la Sozialhilfe[ayuda social] y equiparada a ésta; de este modo el largamente perseguido proyecto de obligación al trabajo adopta una forma concreta. La consecuencia es el aumento masivo del sector de las relaciones laborales des- protegidas, que ya constituyen más de la mitad del volumen de trabajo, y el abandono definitivo del modelo de «plantilla fija». La pobreza con empleo entra también en Alemania. A la disolución de gran parte de los fondos sociales para per- sonas sin trabajo le sigue la amplia introducción de un sector de baja remuneración.

La sanidad se reduce en un tercio en todos los niveles estructurales, y al mismo tiempo se encarece. Los enfermos son confrontados desde principios de año con nuevas subi- das de tasas que afectan a distintos niveles. De este modo, se impulsa la privatización en todos los ámbitos estructurales. Las multinacionales farmacéuticas y la aseguradoras toman la dirección y someten la salud a un racionamiento orienta- do por el beneficio.

También en el sector de la formación se impulsan medi- das drásticas de desmontaje. Paralelamente se levantan las vallas de acceso, sobre todo las financieras. Los restos de las estructuras pluralistas y democráticas en lo que se refie- re a la formación y la investigación, desde las escuelas de for- mación profesional hasta las universidades, se convierten en maculaturas y son también sacrificados en una rápida ofen- siva privatizadora. Bajo la creciente presión selectiva y de ajuste, crece la disposición de muchas científicas y científicos a someter sus estructuras de pensamiento y de investigación a la supuesta lógica del mercado. Crece el peligro de que sean obviadas las habilidades formadas que durante siglos sirvieron a la reflexión crítica y sistemática sobre la historia y las perspectivas de la sociedad.

Al mismo tiempo, los beneficiarios de pensiones de jubila- ción son también introducidos en el remolino del desmontaje social. Por medio de intromisiones alevosas en el catálogo de

rendimientos se alargan los Anwartschaftszeiten[tiempos de tra- bajo necesario computables para recibir la ayuda al desempleo], se suprime completamente del cálculo los Anrechnungszeiten

[tiempos invertidos en la formación profesional], y se empujan, paso a paso, por debajo del 50 por ciento las cuantías del salario percibido por la actividad laboral. El Estado social se despide también de este sector central especialmente sensible, y abre la puerta al capital financiero por medio de la liquidación de los contratos generacionales y de los pro- cedimientos de redistribución, para que se haga con los ahorros de las clases bajas.

A diferencia de que estos dramáticos ataques a la seguri- dad social de la masa de la población media, la marginaliza- ción de las y los migrantes había sido ya impulsada en el curso de los últimos quince años. La sociedad se ha acos- tumbrado al escándalo de los alojamientos en centros de aco- gida, de las limitaciones de estancia y de las trenas de expul- sión para refugiados. Como es sabido, en las minorías se prueba aquello que será el destino de todo el mundo, y por lo tanto la aceptación de estas medidas de exclusión brutales será objeto de una intensa venganza. En cualquier caso, es un signo amenazante que no se produzca la introducción de regulaciones limitadas en materia de inmigración.

Si contemplamos estas transformaciones en su interac- ción, el balance provisional resulta muy grave. La ruptura con el sistema de seguridad social tiene lugar ahora en toda Alemania y en esto no es ningún consuelo que la destrucción del Estado de Bienestar, a pesar de los desarrollos previos desde los años ochenta, empiece a surgir efecto más tarde si se compara con el resto de Europa. Ésta ha provocado una pro- funda desilusión e inseguridad en la masa de la población dependiente de los salarios y de los ingresos sociales, así como en los jóvenes afectados por las reformas del sistema de for- mación. Así se han producido de nuevo y por primera vez acciones de protesta. Se ha vuelto urgente conseguir claridad sobre las posibles consecuencias de este cambio social.

La actual tendencia de la política social y de trabajo puede ser correctamente entendida sólo en sus conexiones interna- cionales. Comenzaré, por lo tanto, con algunas reflexiones e hipótesis sobre su contexto global.

El contexto global

Actualmente, en Alemania, se esta recuperando a toda velo- cidad lo que en la década de 1980 había empezado en EEUUy

Gran Bretaña, bajo Reagan y Thatcher, y en la década de 1990 había tomado diferentes vías en Italia, España, Francia y Suiza al igual que en la mayoría de los países en vías de desarrollo del sistema mundo capitalista. Se pueden recono- cer aquí ciertas diferenciaciones nacionales en la táctica de aplicación, que sobre todo están condicionadas por la dife- rente dimensión de la resistencia contra el desmontaje social. Sin embargo, estas diferenciaciones no han puesto en cues- tión las líneas básicas. En todo el mundo, se ha puesto en marcha una espiral de desmontaje socio-político, que va des- dibujando progresivamente las anteriores diferencias estruc- turales entre metrópolis, semiperiferia y periferia desde la perspectiva de los working poors. Todavía hoy existen nota- bles diferencias a causa de los diferentes estándares de vida en el momento de origen del ataque social, pero para los sin techo y los refugiados, ya no es tan decisivo bajo qué puente y en qué asilo vegetan.

También el desarrollo alemán forma parte de un concep- to mundial de desregulación del capital y sus instituciones internacionales, que no es neoliberal sino neoconservador y profundamente reaccionario. Desde la década de 1980, los grupos capitalistas y financieros han conquistado la palanca de mando del Estado social. Han hecho girar en sentido con- trario la anterior dirección de los mecanismos de distribu- ción para la garantía de existencia de los débiles. Al mismo tiempo han forzado una masiva reducción tributaria, que en un efecto dominó, ha arrastrado a todos los Estados nacio- nales. Mientras los presupuestos para los ingresos sociales de los pobres se reducen, las partidas presupuestarias para la intensificación del aparato represivo —policía, prisiones y psiquiatría— experimentan un rápido aumento. La «mano izquierda» social igualadora del Estado va perdien- do influencia progresivamente, y los precursores y los acto- res de la transformación neoconservadora subrayan la necesidad de una «derecha fuerte» con el fin de mantener preventivamente bajo control la desintegración social que

es consecuencia de su acción. Quien no quiere conformarse con la existencia miserable de un working poory se decide por el sector criminalizado de la economía en la sombra debe sentir la contundencia del Estado represivo.

Esta transformación sólo era y es posible porque las cla- ses políticas de todo signo, ancladas en el sistema represen- tativo parlamentario, se han sometido a las estrategias y a las promesas de la intervención neoconservadora. Ya que ellos mismos se han excluido de la aprobación de sus paquetes de leyes y decretos socio-políticos, de las consecuencias negati- vas que acaban con la base segura de existencia, su reveren- cia y sumisión están ligadas a fenómenos de corrupción colectiva de grandes consecuencias. Esta autoasignación colec- tiva de ventajas dirige las miradas sobre las clases políticas, provoca resentimientos y odio en aquellos que tienen que sufrir bajo la injusticia social que han decretado. Esto con- duce, a medio plazo, a un desmantelamiento desde dentro del sistema democrático representativo de peligrosas conse- cuencias. Bajo estos presagios vemos también en Alemania —quince años después de Francia y diez de Italia— la auto- destrucción de toda variante de socialdemocracia, en la que también el PDS3ha cavado su propia tumba por medio de la

participación en el gobierno municipal de Berlín y su capitu- lación frente a los especuladores financieros de la Guerra Fría. Pero también en aquellos países en los que nos las tene- mos que ver con gobiernos que son sin duda íntegros, como por ejemplo en Brasil, parece no haber ya ningún espacio de acción para contrainiciativas eficaces.

Las transformaciones internas tienen lugar bajo condicio- nes contextuales externas y no menos dramáticas. Éstas se refieren a la formación de un nuevo imperialismo colectivo que adapta las instituciones mundiales al dominio militar mundial de EEUUy se implanta en las zonas estratégicas de

crisis del sistema mundo, con métodos que recuerdan al colonialismo clásico. A pesar de todas las rivalidades entre

3 «PDS» son las siglas del Partei des Demokratischen Sozialismus(Partido del Socialismo Democrático, nombre del actual partido comunista). Se presenta, desde las elecciones de 2004, dentro de la alianza de izquier- das «Die Linke» [N. del E.].

los grandes poderes, parece surgir una nueva red de domi- nio imperial que equilibra continuamente sus oposiciones internas e impone un control total sobre los recursos estraté- gicos, así como sobre los territorios estancados y deprimidos del sistema mundo. También en lo que se refiere a la pre- gunta de qué regiones deben ser eliminadas violentamente, por su carácter amenazante, los bloqueos vigentes contra el aumento de la creación de valor, parecen estar finalmente decididos de manera colectiva, a pesar de la reciente incur- sión en solitario de la coalición de guerra anglosajona contra Irak —en el marco de un procedimiento de votación «ultraimperialista», tal y como precisamente lo previó Karl Kautsky en 1915-1916, en el punto álgido de una lucha des- tructiva de los grandes poderes por la hegemonía.

Los objetivos del proyecto neoconservador y las consecuencias de la destrucción de los anteriores compromisos entre clases del Estado social

La destrucción interna del Estado de Bienestar y las diferen- tes maniobras externas para la regulación del sistema mundo capitalista son sin duda dos caras de la misma mone- da. Se debe imponer un nuevo régimen de acumulación sobre la base de unas relaciones de explotación intensifica- das a escala mundial y al mismo tiempo aseguradas colecti- va y violentamente. Este ciclo se diferencia del previo sobre todo porque sustituye la máxima del pleno empleo y la pro- mesa del consumo de masas de la era keynesiano-fordista por un sistema de subempleo estratégico. A escala mundial se ha de disponer de un ejército de reserva económico a un precio irrisorio; en todo el mundo se acota y se excluye a cre- cientes segmentos de la pobreza de masas inaprovechables. Se suprime de nuevo la libertad de movimiento postcolonial de las migraciones de masas transcontinentales. La libertad conquistada por las migrantes y los migrantes se topa al mismo tiempo, en todas partes del mundo, con barreras elec- trónicas y con muros en gran medida reales. Estos monu- mentos de una nueva cultura de la exclusión demuestran, de

un modo drástico, que la suposición de que una movilidad desenfrenada de la circulación de capital produciría también una libertad «neoliberal» de las personas era una mera ilu- sión. Pero no sólo, en relación con esto, se ha descubierto el así llamado neoliberalismo como un neoconservadurismo descomprometido y misantrópico, que evidentemente recurre cada vez más a mecanismos de dominio autorita- rios. Además, este modelo redimensionado de crecimiento externo debe ser asegurado a largo plazo por medio de una dinámica expansiva interna. A través de este camino el régimen de acumulación presente se diferencia al máximo de sus predecesores en el interior de la sociedad. Porque sus planificadores y precursores son conscientes del hecho de que las últimas fuentes de crecimiento externo que toda- vía quedan —sobre todo la zona de reconstrucción de Europa del Este y el gigante late comer,China— se agotarán en diez o quince años. El sistema mundo capitalista ha logra- do, definitivamente, una situación en la que se ha apropiado completamente de los tesoros vivos y muertos de esta tierra. Ha chocado con sus fronteras externas, y con ello ha supri- mido una de las suposiciones decisivas de su dinámica his- tórica. Ya que si la presión expansiva de una «acumulación de capital indefinida» (Immanuel Wallerstein) constituye la esencia del sistema mundo, sin embargo estaría condenado al hundimiento si no pudiera lograr el giro hacia una diná- mica de contraataque hacia adentro. Veo aquí la causa deci- siva de la dureza sin piedad con la que en la actualidad los centros de acción y planificación del capitalismo se apropian de las anteriores «condiciones productivas generales» del crecimiento —esferas de reproducción social, sistema de seguridad social, infraestructuras y sistema educativo.

El capitalismo ha jugado siempre un rol decisivo en la estructuración de la «economía popular» del Estado-nación. Pero el actual cambio radical señala una nueva cualidad de la intervención. La «Agenda 2010» elevará sobre un nivel cualitativo la mercantilización de la sociedad al servicio de la expansión interna, privatizando necesidades cotidianas — educación, salud, jubilación, etc.— que en adelante estarán subordinadas a una expansión de capital que se gira ahora hacia adentro; estas necesidades serán así puestas bajo el dic- tado del beneficio. El capitalismo amplía su control sobre los

sectores de producción y distribución de la sociedad y los convierte en sujetos bajo tributo. Se transforma en un capita- lismo de tasas y de réditos por la prestación de servicios que son recaudados a millones de pequeños contribuyentes. Tal modelo de acumulación no se les habría ocurrido a los héroes del capitalismo industrial ni en sus sueños más salvajes.

Para la mayoría de la sociedad este resurgimiento del capital «hacia adentro» es extraordinariamente grave en sus consecuencias. Todos los que tienen que alquilar su fuerza de trabajo para poder vivir caen en relaciones laborales por lo general sin garantías. Surge un amplio sector de bajos salarios como nueva forma del «pleno empleo». Con el fin de ir tirando, cada vez más personas deben dividir su jornada laboral, sucesivamente, entre tres o cuatro curros miserables. Sus tiempos de trabajo aumentan dramáticamente, mientras que sus ingresos descienden. Están condenados de por vida a la pobreza con empleo. ¿Quién hubiera dicho hace 20 años que en vista del rápido desarrollo de la fuerza productiva la lucha por la jornada laboral de ocho horas diarias y el fin de semana libre podría ser alguna vez, de nuevo, uno de los deseos principales en la asociación de los explotados?

Las intervenciones en el sistema educativo y científico van también a tener consecuencias muy graves. Surgen nue- vas barreras de acceso en todos los niveles. Sólo los hijos de los ganadores del cambio neoconservador de altos ingresos, podrán apropiarse de las cualificaciones científicas. La mar- ginalización de la capacidad de reflexión social autocrítica vendrá acompañada de esta reorientación «elitista». Cuanto más fuertemente se imponga esta tendencia, más alto será el precio que tendrán que pagar las sociedades por su regreso al oscurantismo de la adoración preilustrada por el mercado y del resentimiento analfabeto.

Se da también un paso más hacia la deshumanización de la vida social por medio de la restricción del acceso a los recursos del sistema sanitario. Quien no tenga ingresos sufi- cientes para afrontar las vicisitudes de una enfermedad severa lanzará todos sus ahorros a la balanza o deberá renunciar a los avances de la nueva —y costosa— tecnología sanitaria. De este modo resucitará un viejo y amargo lema: «Como eres pobre, debes morir antes».

De esta forma es como el capitalismo que se expande hacia adentro produce una nueva pobreza de masas. Si en el transcurso de los siglos XVIII y XIX logró dividir las «cla- ses peligrosas» de los desposeídos en la clase trabajadora y el subproletariado, por medio de la puesta en marcha de la industrialización, ahora, 200 años después, ha empezado a seguir el camino contrario. La productividad laboral de su sistema de producción y distribución ha crecido de tal modo, que para la producción de una cantidad de bienes cada vez mayor hace falta cada vez menos trabajo vivo. Al mismo tiempo, el capitalismo ha pasado a producir allí donde los costes laborales a escala mundial son más bajos. Por ello su «globalización» se manifiesta, crecientemente, bajo el vesti- do de la desindustrialización de los centros de acumulación clásicos, al igual que la teoría de la depauperación marxista, de la cual se burlan los propagandistas del capital, se realiza bajo el signo contrario. La pobreza de masas regresa a las metrópolis en el proceso de desindustrialización, y en esto parece cancelarse también su histórica división entre clase trabajadora y subproletariado. De este modo, entran de nuevo en el escenario histórico las classes dangereuses.

Esta tendencia no ha permanecido oculta para las fábri- cas de pensamiento del capital. Ya en la década de 1980, las clases dominantes de EEUUempezaron a filtrar preventiva-

mente la pobreza de masas y a encerrar a sus elementos potencialmente peligrosos en prisiones con muros cada vez más altos. En el nuevo sistema del Gulag de EEUU están

internados alrededor de 2,2 millones de personas, y otros 7,8 millones se encuentran bajo vigilancia judicial, lo que significa que pueden ser encarcelados de nuevo por cual- quier pequeña inadaptación. Por ahora, los países de la UE

siguen esta tendencia sólo de forma limitada. En Alemania y en Italia, se ha puesto en marcha una técnica menos lla- mativa de inmovilización de los excluidos y los fracasados. Son puestos bajo tutela, psiquiatrizados y a continuación controlados por los centros psiquiátricos municipales, tranquilizados con medicamentos. Su número se ha tripli- cado en los últimos cinco años. Seguramente los padres y las madres de la reforma psiquiátrica alemana e italiana nunca habrían soñado que las iniciativas que plantearon, con la mejor intención, para la disolución de los grandes

centros de encierro y para la consecución de una psiquiatría municipal humana pudieran ser instrumentalizadas de un modo tan cínico.

Allí donde se trata de este modo la pobreza de masas «doméstica», los refugiados y las y los migrantes no tienen no obstante ninguna oportunidad. Son interceptados antes del acceso, en un territorio previo, ya sea europeo o centroa-

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