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CAPÍTULO 2. EL CUERPO DE LA VOZ Que no es guitarra de ricos

3. CONVERS-ACCIONES SOBRE LA DANZA CON CLAUDIA CATTANEO.

Bologna, Italia. 2017. Claudia Cattaneo 1 : [email protected]

¿Mi cuerpo es mío?:

Reflexiones libres sobre cuerpo, espacio y tiempo

Dedicado a Djebel Sylla y Enrico “Paciugo” Galuppi

Fuera de mi cuerpo

en tu cuerpo fuera de tu cuerpo en otro cuerpo

cuerpo a cuerpo creado por tu cuerpo y mi cuerpo

Nos buscamos perdidos

dentro de ese cuerpo instantáneo nos perdemos buscando

todo un dios todo cuerpo y sentido Otro cuerpo perdido.

1 Claudia Cattaneo es Licenciada en Artes Escénicas de la Universidad Mayor,

(Octavio Paz, Festín de los cuerpo a solas) I. Cuerpo

Pensar esta pregunta es caminar por los abismos del espanto en mi país triste de diversidades, un espacio aparente y grisáceo que oculta, en sus grietas cotidianas, el desnudo de sus miradas perdidas en el metro de Santiago, donde una señora enjuta tambalea su fertilidad afirmada del pasamano. El cuerpo “es lo contrario de una utopía, es lo que nunca está bajo otro cielo, es el lugar absoluto, el pequeño fragmento de espacio con el cual, en sentido estricto, yo me corporizo.” (Foucault, 2010, p. 12) Tiene sentido, el cuerpo es inseparable del alma, lo llevo conmigo a todas partes, es él quien me transporta y me hace visible. Conozco el mundo por medio de él y de su dolor y placer, en él vivo y existo, en él experimento la muerte y el amor. Los hay de todos los tamaños y colores, bellos y feos, pobres y ricos, enfermos y sanos. Hay cuerpos híbridos, heterosexuales, homosexuales, bisexuales, asexuados, transgéneros, travestidos, también mórbidos y anoréxicos, desnutridos y rechonchos. Cuerpos torturados y torturadores, cuerpos mutilados y deformes, cuerpos naturales y artificios médicos, cuerpos desaparecidos y aparecidos, cuerpos abortados y nacidos, cuerpos suicidas y rescatados. Cuerpos diversos como diversas

Una flor no lejos de la noche mi cuerpo mudo se abre

a la delicada urgencia del rocío. (Pizarnik, 2005, p.45)

Mi cuerpo guarda las cicatrices de mi paso por la vida, es la memoria de mi tiempo, es el despertar de mis deseos y los temores que oculto bajo la ropa, mi cuerpo ha sido golpeado por las circunstancias, por el hambre y la glotonería, por el sueño y el desvelo. Llevado al límite en infinitas oportunidades, ha parido y amado, ha desfallecido en los bordes de la desesperación. Mi cuerpo es mi imagen frente al otro, un lenguaje en construcción, una huella (Said, 2003), una ventana de sentimientos que lo adormecen, mi cuerpo es mi cárcel y mi eternidad, mi mundo de aquí y de allá, contiene a mi ser y crece conmigo, envejece y late cada vez con menos vigor. “Mi alma durará largo tiempo, y más que largo tiempo, cuando mi viejo cuerpo vaya a pudrirse. ¡Viva mi alma!” (Foucault, 2010, p. 13)

Cuando me quedo a solas con él se vuelve invisible, fragmentado, solo conozco aquello que mis ojos alcanzan a ver, trozos inconexos de miembros

desconocidos, ese es mi cuerpo, un visible – invisible, una ilusión, una imagen mental de lo que creo que es mi cuerpo, de lo que otros me dicen que es mi cuerpo (Derrida, 1998), de lo que puedo ver en un espejo (Lacan, 2009) o en la mirada de los demás. “El poder se ha introducido en el cuerpo, se encuentra expuesto en el cuerpo mismo.” (Foucault, 1979, p. 104) Sin embargo, mi cuerpo me conoce, me alerta del peligro, es capaz de acariciarme y sostenerme, él tiene una relación conmigo, con esa vocecita que escucho dentro de mi cabeza, aquella que me susurra el bien y el mal, que me consuela y me dicta qué decir. La que me recuerda lo aprendido y que se equivoca más de lo que quisiera. Aquella voz es la que aparenta y disimula y vive en mi cabeza, dirigiéndolo todo y quedando sin respuestas. “No me busco como sujeto, necio proyecto; los únicos que pueden encontrarse son las cosas y los otros, aquí está mi cuerpo.” (Serres, 2011, p. 34) Mi cuerpo me quiere, me perdona y responde a mis deseos casi siempre, cuando se encuentra con otro cuerpo en desnuda excitación.

Mis manos

abren las cortinas de tu ser te visten con otra desnudez descubren los cuerpos de tu cuerpo

Mis manos

inventan otro cuerpo a tu cuerpo. (Paz, 1997, p.19)

Cuando pienso en el cuerpo recuerdo a Adán y Eva, a los Mapuches del sur de Chile, a los mutilados de Uganda e Irak, a los niños en las playas de Lampedusa, a los Selk’nam y sus cuerpos bellos y pintados, los veo en ilustraciones, en fotografías, vivos y muertos. También pienso en Botero, en Courbet, en Kawabata y Naipaul, en Irina Ionesco, en Sylvia Plath, en Nelson Mandela, en Imre Kertesz, en Catherine Breillat, en Salvador Allende, en “El Víbora” y en Sor Juana Inés de la Cruz, en Giordano Bruno, en “Ensayo sobre la ceguera” de Saramago y “Tito Andrónico” de Shakespeare, en el cuerpo y en sus múltiples representaciones: históricas, sociales, filosóficas, médicas, artísticas, religiosas, agnósticas, pornográficas, ateas y devotas. En distintos formatos, representaciones de un doble, de un universo paralelo

que la ciencia en todas sus aristas intenta explicar y replicar.

Mi cuerpo vibraba y respiraba según un canto ahora olvidado

yo no era aún la fugitiva de la música yo sabía el lugar del tiempo

y el tiempo del lugar. (Pizarnik, 2005, p.103)

Tengo un cuerpo a veces mío y otras ajeno, un cuerpo que no olvida respirar, que deja al descubierto mis emociones, que es legislado y estandarizado. Tengo un cuerpo que se revela a las imposiciones y que quiere dejar de ser solo materia para ser un todo omnipresente. Nuestra relación ha sido compleja, he intentado desaparecerlo lentamente y hacerlo padecer, he intentado volverlo transparente y liviano. Se resiste, se resiste hasta el agotamiento, permanece corpóreo e infeliz, se recupera y me abraza como un padre ausente que se reconcilia sin resentimiento. Hoy tengo un cuerpo, y cuando muera, cuando lo libere, entonces ¿tendré un cuerpo?, no podré disponer de él, otros lo harán por mí, es que acaso, ¿alguna vez he

El cuerpo es el punto cero del mundo, allí donde los caminos y los espacios vienen a cruzarse, el cuerpo no está en ninguna parte: en el corazón del mundo es ese pequeño núcleo utópico a partir del cual sueño, hablo, expreso, imagino, percibo las cosas en su lugar y también las niego por el poder indefinido de las utopías que imagino. Mi cuerpo es como la Ciudad del Sol, no tiene un lugar pero de él salen e irradian todos los lugares posibles, reales o utópicos. (Foucault, 2010, p. 7)

Tengo un cuerpo-Mi cuerpo, posesivo del sujeto que soy y que se construye en la base de la historia-Mi historia, es un lugar compartido, vigilado y vigilante esperando reencarnar en mis mil vidas futuras. ¿Yo, soy algo sin mi cuerpo? Cuerpo ausente, polvo al polvo, te dejaré para que te abrace la tierra donde los desaparecidos esperan ser encontrados - Servicio médico legal - cada gota de sangre es deuda perenne. Cuerpo, Mi cuerpo, allí no tendrás ya más identidad, comida de gusanos, te irás sin más, sin aspavientos. “El cuerpo no es una frontera, un átomo, sino el elemento indiscernible de un conjunto simbólico. No hay asperezas entre la carne del hombre y la carne del mundo.” (Le Breton, 2002, p. 18) Mi cuerpo, maternidad amputada, camuflaje de mí, “cuando te conocí extirpaba el hálito resquebrajado de tanta aridez, arañaba el suelo para nacer.” (Cattaneo, 2001) Cuerpo mortal,

recuerdo constante de mi autorretrato, me reconcilio con tu finitud, con tu tiempo apresurado, con tu estoica resistencia, te reconozco mío y lejano, de frágil materia, te visto y alimento para guardarte sagrado en el último beso de mi temeroso devenir.

II. Espacio

Cuando mi cuerpo sale de casa, camina, deambula, se mueve y danza, se ejercita, se exhibe y esconde. Mi cuerpo se detiene y avanza, se cansa y descansa. Mi cuerpo-objeto se prepara para ser expuesto en el encuentro con otros cuerpos. Lo visto y lo maquillo. Cuerpo – prótesis, cuerpo encubierto, cuerpo social, político, mercancía de cambio, cuerpo-espacio en el espacio.

Enmascararse, maquillarse, tatuarse, no es exactamente, como uno podría imaginárselo, adquirir otro cuerpo, simplemente un poco más bello, mejor decorado, más fácilmente reconocible; tatuarse, maquillarse, enmascararse, es sin duda algo muy distinto, es hacer entrar al cuerpo en comunicación con poderes secretos y fuerzas invisibles. La máscara, el signo tatuado, el afeite depositan sobre el cuerpo todo un lenguaje:

cifrado, secreto, sagrado, que llama sobre ese mismo cuerpo la violencia del dios, el poder sordo de lo sagrado o la vivacidad del deseo. La máscara, el tatuaje, el afeite colocan al cuerpo en otro espacio, lo hacen entrar en un lugar que no tiene lugar directamente en el mundo, hacen de ese cuerpo un fragmento de espacio imaginario que va a comunicar con el universo de las divinidades o con el universo del otro. Uno será poseído por los dioses o por la persona que uno acaba de seducir. En todo caso la máscara, el tatuaje, el afeite son operaciones por las cuales el cuerpo es arrancado a su espacio propio y proyectado a otro espacio. (Foucault, 2010, p. 16)

Un espacio Otro, un cuerpo Otro que debo aprender a leer y descifrar como se descifran las estrellas de las constelaciones en el espacio infinito de la différance. Estrellas como las de mi amigo Djebel Sylla, senegalés, que ayer me visitó para hablarme de Lampedusa y de sus padres muertos en África, de su proyecto de hacer un espectáculo de teatro triste que permita hablar al cuerpo diferente, un cuerpo negro en un espacio blanco, un negro que contiene todo el color que pueda existir en el universo, el que podemos ver y el que no. Tenemos dos piernas y dos brazos, me dice

tenemos un corazón y dos pulmones, somos iguales, continuó, ¿qué es un color?, solo mi piel es distinta, más oscura, pero yo soy un hombre y me duelen las mismas cosas, lloro transparente igual que tú, en un abrazo con ojos cerrados te puedes dar cuenta de nuestras igualdades. Negro y blanco son lo mismo. Sus manos tomaron las mías y enmudecí … sus manos que guiaron a 145 personas por el mar hasta llegar todos con vida a Europa, sus manos pescadoras hábiles, sus manos sabias y generosas, salvadoras de vida. Manos gigantes que han conocido la muerte de tantos en el mar, niños escupidos en el espacio de la modernidad líquida y la ética de la caridad. Djebel Sylla, tomando mis manos me dice en wólof: Maa ngi tudd Djebel, me llamo Djebel, Nandu mako, esto no lo entiendo.

Mi amigo-hermano Djebel de edad indeterminada, me cuenta de su amigo en prisión, no le permiten visitarlo por ser africano. Se conocieron en Senegal y emprendieron el viaje juntos, es un buen chico, me dice, yo tomo la responsabilidad por él. Así es en África, cuando un hermano comete un error, el error es de todos y todos respondemos por igual. Cuando no tienes trabajo ni papeles para regresar a tu país, cuando tienes hambre y desesperación, ¿qué puedes hacer? Cuando llegué aquí, no quería estar en mi casa

a buscar algo que hacer, encontré el teatro. Me gusta el teatro, todos pueden ser quienes son, todos tienen el mismo color aunque su piel no diga eso.

Tengo una hermana y un hermano en Senegal, sus manos se agitan al recordar su tierra, su espacio natal. Me enseña fotos de su isla Goree cercana a Dakar y de la casa de los esclavos. Me dice, ya no ponen cadenas en las manos ni en los pies, ahora las cadenas las ponen en el alma que es más feo. Yo debo contar esta historia a todos, será un espectáculo de teatro triste pero es importante que nos escuchen, somos muchos los que queremos contar qué significa vivir en un espacio blanco. Yo comprendo de inmediato que ese blanco del que habla es el vacío y no el color, pararse sobre el aire, dormir a saltos, caminar en círculos, comerse las lágrimas, futuro en blanco, pasado en blanco- memoria-olvido. Se alza y saca del bolsillo de su chaqueta una pequeña bolsita transparente con café Touba, me explica que ese es el café que todos toman en Senegal. Mientras lo prepara para mí, me explica por qué se llama Touba. Amadou Bamba, fundador de la cofradía Muridí (una orden islámica Sufí, fundada en 1883) y de la ciudad santa de Touba (fundada en 1887), es un hombre sagrado para África, un hombre religioso, que durante su viaje a exilio fue prisionero en un barco por tres meses, sin comida ni agua, que en su encierro le impedían orar, pero que decidido a cumplir

su misión divina, caminó sobre las aguas y allí, en medio del mar, se puso a orar, que sobrevivió porque era fuerte y duro. 2 Luego lo enviaron a exilio por

predicar la santidad del trabajo, de la solidaridad y de la unión de la comunidad.3

El café Touba es fuerte, me dice Djebel, se sienta a mi lado y me ofrece una taza. Lo bebo. Por mi garganta pasan sabores a tierra roja y hierbas aromáticas, a mar embravecido y exilio perenne, a vergüenza y deuda, a honor y respeto, solidaridad y calor. Es fuerte, pero delicioso, le digo emocionada y agradecida. El

2 Este relato corresponde a una de las múltiples leyendas que surgen en

torno a la figura santa de Amadou Bamba y dice que “a bordo de un buque camino del exilio, en el momento de hacer sus rituales para la oración del mediodía (zuhr), una mujer se presentó ante él con el propósito de distraerlo e impedirle rezar, pero los ángeles intervinieron y llevaron a Serigne Touba a la superficie del agua, donde rezó en paz y tranquilidad.” (Wólof para mujeres que aman Senegal, 2012)

3 Enfrentado a la administración colonial por su enorme popularidad, Amadou

Bamba fue detenido y enviado a la prisión de Saint-Louis, en la sede del gobernador de la AOF (África occidental francesa), antes de enviarlo a exilio a Gabón en 1895. Volvió a Dakar en 1902, después de 7 años y 9 meses de exilio en Gabón. Al año siguiente, 1903, fue nuevamente arrestado y exiliado por cuatro años en Mauritania. Después de 1910, las autoridades francesas comprobaron que el Jeque Amadou Bamba no quería la guerra, pues predicaba la revivificación del Islam auténtico como una religión de la paz. Dedicó su vida entera a despertar la conciencia humana, entre los oprimidos y los opresores. “(…) el Jeque nunca guardó rencor hacia los colonizadores. Sino que su enfoque de la no violencia lo hizo buscar liberar a los opresores de su violencia y a los oprimidos de la miseria de sus condiciones como víctimas.” (Escuela internacional de Sufí, s.a.) Este enfoque lo llevó a idear y construir un modelo social equitativo que satisface las cuatro necesidades esenciales: vestimenta, alojamiento, comida y paz. El modelo fue implementado por el Jeque en la Ciudad de la Paz de Touba, una ciudad que fue reconocida como Ciudad Modelo de Paz por la División de Asentamientos Humanos de las Naciones Unidas en 1996. El Jeque Touba colaboró, además, en la economía de Senegal apoyando el alza de la moneda francesa, acto que le mereció la Legión de Honor por parte de la administración francesa. Serigne Touba (Jeque de Touba) rechazó la distinción. A su regreso a Senegal fue mantenido en arresto domiciliario

café penetra mi cuerpo casi blanco, casi diverso. El café me vuelve ritual comunitario, me transforma en pensamiento descolonial. Djebel me habla del racismo en Senegal, no le arriendan casa a un negro, si yo quiero arrendar y un blanco quiere la misma casa, se la dan a él. Pienso, mientras me habla, en el no lugar, en que hay cuerpos destinados a no pertenecer a ningún espacio y que hay espacios destinados a no pertenecer a ningún cuerpo. Lo miro y doy gracias a la vida por las malas experiencias que he vivido … porque, como para las liebres en la fábula de Esopo, siempre hay alguien que descubre un significado mayor de la palabra sufrimiento y aun así, sigue sonriendo.

Se reunieron un día las liebres y se lamentaban entre sí de llevar una vida tan precaria y temerosa, pues, en efecto, ¿No eran víctimas de los hombres, de los perros, de las águilas, y otros muchos animales? ¡Más valía morir de una vez que vivir en el terror! Tomada esta resolución, se lanzaron todas al mismo tiempo a un estanque para morir en él ahogadas. Pero las ranas, que estaban sentadas alrededor del estanque, en cuanto oyeron el ruido de su carrera, saltaron asustadas al agua. Entonces una de las liebres, la que parecía más inteligente que las demás, dijo: — ¡Alto

veis que aún hay otros más miedosos que nosotras! El consuelo de los desgraciados es encontrar y ver a otros en peores condiciones. (Esopo, s.a., p. 162)4

Djebel ha sanado, con un solo café Touba, cualquier indicio de depresión. Su piel es hermosa – pienso - su alma es pura como la de un recién nacido, pero tan antigua, que siento escalofríos al imaginar las edades de su corazón. Djebel me ha permitido ver, en toda su inmensidad, el real significado de un cuerpo utópico, “lugar irremediable al que estoy condenado (…) un lugar fuera de todos los lugares” (Foucault, 2010, p. 8)

Yo soy un deportista, me cuenta, de la lucha senegalesa. Aquí solo lavo platos o acomodo ropa de noche para las tiendas importantes. Extraño África, el mar, pescar con mis compañeros. Yo tenía una barca para pescar, era hermosa. Me muestra una foto. Una barca de colores vibrantes sobre un fondo blanco era su orgullo más grande. La vendí para venir a Europa. Me enseña un video de pescadores del Senegal que cantan extendiendo sus redes. Djebel canta con ellos.

Sus ojos se iluminan como lunas en la oscuridad. En Senegal no puedes morir de hambre, el mar siempre te da peses, el mar es vida. Yo pienso en Lampedusa. Él hace una larga pausa. Creo que también él ha pensado en Lampedusa. No decimos nada y terminamos nuestro café. Enciendo un cigarrillo. ¿Cómo es tu país?, me pregunta. ¿Hay personas como yo? Le cuento la historia-mi historia, le hablo de mi pueblo pobre y colonizado. De mi país que se ha convertido en la tumba de inmigrantes, haitianos de color, como él. Me dice, no creo que yo pueda ir nunca a tu país, me entristece. En África, el trueque es un gesto de respeto y amor por el prójimo. En nuestro nuevo mundo enfurecido y embrutecido por el dinero y el individualismo, el egoísmo y el egocentrismo, el trueque es imposible.

Me confiesa que tal vez deba irse de Europa, no sabe dónde. Le pregunto por qué. Me dice que no logra aun encontrar un trabajo que le permita vivir con dignidad y que solo tiene casa hasta diciembre, cuando el municipio y la Unión Europea dejan de pagar por su alojamiento. Le digo que es difícil comenzar de cero, que aquí ha encontrado buenas personas que lo quieren sinceramente. Responde con una sonrisa. Esta vez, yo tomo sus manos. Yo te quiero siempre cerca. Su piel es tan suave que suaviza la piel del mundo y derrumba toda frontera. Vamos a África, te quiero mostrar mi

hogar. Ahí tú puedes hacer teatro, es lindo el teatro en Senegal. Me explica que allí, los niños son más que niños, que las madres son respetadas por todos, que