CAPÍTULO II PRESUPUESTOS ANTROPOLÓGICOS Y
2. La conversión de los deseos en derechos como clave del planteamiento
El principal de los principios, a la vez ético y jurídico, invocado en relación con la gestación por sustitución es el de la libertad en el ámbito de la reproducción. Los argumentos basados en la libertad reproductiva afirman la existencia de una completa autonomía en las decisiones relativas a la procreación; es decir, que la afirmación de un derecho a la libre autodeterminación personal, necesariamente debe incluir uno de los aspectos
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más esenciales de la condición humana: la libre decisión del sujeto de procrear (o no) y de elegir cuándo, con quién y cómo hacerlo. Y, en tanto que la libertad del sujeto es aquí la regla, cualquier limitación a ella (y más en este ámbito) debe ser considerada una excepción.
Estos presupuestos han sido reinterpretados por quienes sostienen que la “libertad de reproducirse” no constituye una simple posibilidad ligada a la capacidad biológica, sino un auténtico derecho; de ahí que hayamos de introducir la reproducción humana dentro de los, así denominados, “derechos reproductivos”. El concepto de derechos reproductivos, tiene una configuración reciente y muy cambiante. En una de sus primeras formulaciones, incluidas en la Declaración en Teherán, se concibieron como “un derecho de los padres”, entendido como “un derecho humano básico de determinar libremente y bajo su responsabilidad el número y esparcimiento de hijos”99
. En la actualidad, de acuerdo con la definición que de los mismos se ofreció en la Conferencia sobre
la Población (Bucarest, 1974), son entendidos como “un derecho fundamental
tanto de las parejas como de los individuos.”100
A partir de aquí, la titularidad de los presuntos ‘derechos reproductivos’ se desplaza fundamentalmente hacia los individuos, acabando por consolidar la reproducción humana como un derecho individual. En esa línea, la Conferencia
Internacional sobre población y desarrollo en el Cairo (Septiembre de 1994) y,
especialmente, su continuadora, la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekín en 1995, definió los derechos reproductivos (y sexuales) como “aquellos derechos de las mujeres y los hombres a tener control respecto de su sexualidad, a decidir libre y responsablemente sin verse sujetos a la coerción, la discriminación y la violencia; el derecho de todas las parejas e individuos a decidir de manera libre y responsable el número y espaciamiento de sus hijos y a disponer de la información, la educación y los medios para ello,
99 PROCLAMACIÓNDETEHERÁN/Conferencia Internacional de Derechos Huma
nos en Teherán, 13 de mayo de 1968 ap.16.
100 PÉREZ DE ARMIÑO K., MAOÑO C., VÁZQUEZ N., Diccionario de Acción
Humanitaria y Cooperación al Desarrollo, Bilbao: Icaria, Hegoa, 2000, vol 1. Disponible
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así como a alcanzar el nivel más elevado de salud sexual y reproductiva”.101
Esta definición se ha convertido en canónica respecto a la reproducción en clave de derechos y ha legitimado definitivamente la generalización del acceso a las técnicas de reproducción artificial y, en último término, del recurso a la gestación sustitutiva.
En definitiva, de lo que estamos hablando es de la transformación de legítimos deseos reproducirse (siempre sometidos a las propias capacidades biológicas) en derechos reproductivos exigibles (ligados a la técnica y a las posibilidades ofrecidas por el Mercado). Unos derechos que, en todo caso, pueden satisfacerse incluso mediante el recurso a una relación contractual, como lo es un convenio de gestación para terceros.
El último reducto ético que hoy cabe invocar en nuestra sociedad frente al hegemónico pensamiento de la postmodernidad, consiste en determinar el ámbito mínimo de lo absolutamente indisponible; y en nuestro contexto, eso supone, fundamentalmente, establecer el marco (y los límites) de lo que no se puede comprar y vender; es decir de aquello que, como exigencias básicas de la dignidad, no está sometido a la tiranía del Mercado. Quienes pretenden establecer el imperio de la voluntad y el consentimiento como la fuente definitiva de legitimidad de toda relación y vínculo interpersonal (volenti non fit
iniuria) están poniendo las bases para disolver la propia sociedad. Convertir
todo el horizonte de lo posible en ‘disponible’, sin establecer la existencia de lo
intocable; es decir, aquello que, en clave kantiana, no pudiendo traducirse en
valor económico, se constituye en valor absoluto y, por tanto, en merecedor de un respeto y un reconocimiento absoluto, como exigencia de su dignidad ontológica, supondría disolver el fundamento mismo del valor de la persona, sobre la que se ha edificado y construido toda nuestra civilización. En definitiva, supondría la desaparición del sujeto como realidad ontológica.
101 Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y
Desarrollo, El Cairo, 5–13 de septiembre, 1994, Doc. de la ONU A/CONF.171/13/Rev.1 (1995).
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Como ha señalado BALLESTEROS 102 , una de las características constitutivas de nuestro ethos social, dominado por el pensamiento de la postmodernidad decadente, es la disolución del YO; es decir, la desaparición del sujeto como una realidad ontológica y su reducción a un ‘cuerpo que siente’, disponible, manipulable y sometible a los dictados del deseo, que asombrosamente la técnica puede convertir en realidad: puede transformar el cuerpo a la imagen del deseo del individuo; puede fecundarlo y manipularlo a través de la genética, puede utilizarlo sin límites. Todo ello viene de la mano del post-estructuralismo francés y su asunción del planteamiento freudiano de la ‘liberación del inconsciente’ reinterpretado como ‘liberación del deseo’, como superación de toda ‘represión’.
Aunque el verdadero sentido de la obra de Freud apuntaba justamente a lo contrario –que el deseo (integrado en el “principio de placer” debe estar sometido al “principio de realidad”, para que la conciencia llegue a comprender y a controlar la dimensión del inconsciente (el Ello)-, BALLESTEROS subraya que la izquierda freudiana, planteó una lectura alternativa de Freud, encaminada a exaltar la primacía del deseo sobre la racionalidad. Propone, por tanto, la sustitución del YO (la dimensión racional del sujeto) por el Ello (su dimensión más irracional e inconsciente); es decir, la primacía del “principio de placer” sobre el “principio de realidad” (justo lo contrario de lo que Freud denomina la personalidad madura: “donde hay Ello debe haber Yo”). De este modo, el post-estructuralismo francés conecta con el postulado nietzscheano de la ‘reconstrucción del Yo’, al que se considera integrado por una pluralidad dionisíaca de personajes: el camello (como paradigma de la opresión moral), el león (como voluntad de poder y conquista del yo) y el “niño” (como inocencia y juego y como paradigma de “discontinuidad, placer, apetito, violencia, depredación”)103
.
Fueron Gilles DELEUZE (1925-1995) en colaboración con el psicoanalista Félix GUATTARI, quienes escribieron la obra que mejor revela la
102 BALLESTEROS LLOMPART, J., Postmodernidad. Decadencia o resistencia,
cit., p. 23-29.
100
descomposición producida por el primado del “principio de placer” sobre el “principio de realidad”: El Antiedipo (1972)104
. Partiendo de que el pensamiento de Freud estuvo limitado porque vivió en una época de escasez, se propusieron revisarlo (más bien invertirlo) en el contexto de la sociedad de consumo. Ya no se trataría de someter el inconsciente al consciente, sino de liberar totalmente el inconsciente. El sometimiento del ELLO al YO no representa otra cosa que la “represión”. La liberación del YO pasa por su disolución en el ELLO, es decir, por la liberación de todo deseo, considerando que ahí radica lo realmente humano, en no reprimir ninguno de los deseos que se generan en el individuo, en no admitir la represión de la razón ni de la moral105. Esa disolución del YO acaba generando también la disolución del reconocimiento del ‘otro’. Si lo que está llamado a predominar en la persona es el ‘ELLO’ (el inconsciente, lo irracional) sobre el ‘YO’ (lo racional y moral), entonces el ‘otro’ desparece como sujeto y pasa a ser visto únicamente como
objeto de deseo. Desaparece así todo concepto de límite, para afirmar un total
permisivismo, una total liberación de las pulsiones.
Al afirmar la primacía del deseo en el individuo desaparece el sentido de la moralidad de las acciones ligada a la ‘naturaleza’. Ya no tiene sentido hablar ‘lo natural’ en la sexualidad106 o de ‘lo natural’ en la procreación; todo queda
sumido en una indiferencia generalizada frente a cualquier tipo de posibilidades. Al igual que pierde sentido también hablar de identidad masculina o femenina (el sexo es una elección no una imposición biológica), tampoco cabe hablar de comportamientos ‘naturales’ o ‘antinaturales’ (la naturaleza no existe, todo es cultural). Hablar de valores o principios éticos aparece como un discurso represor y perpetuador de los tabús (en particular del sexual y del religioso).
104 DELEUZE, G., GUATTARI, F., El antiedipo, Valencia, Pre-textos 1994. Es el
primer volumen de la obra Capitalismo y esquizofrenia, cuyo segundo volumen, publicado en 1980, se titula Mil Mesetas. DELEUZE, G., GUATTARI, F., El antiedipo, Valencia, Pre-textos 1994.
105 TALAVERA, P., Filosofía del Derecho, PUV, Valencia 2015, p. 165.
106 Deleuze y Guattari admiten incluso el incesto, considerado el tabú universal
101
Se produce con ello la “muerte del sujeto” que se reduce a una ‘máscara’; o mejor: a múltiples y diversas máscaras. El sujeto vive en una permanente esquizofrenia estimulada por el capitalismo, con su escisión entre la moral del productor (austeridad, contención, ahorro) y la del consumidor (lujo, gasto y desenfreno), que favorece la intensidad del trabajo y el desenfreno del ocio y la diversión; y también la disociación entre la realidad de lo que se es (el yo) y la falsedad de lo que se quiere aparentar (la imagen)107.
Michel FOUCAULT (1926-1984) ve también en el estallido del Yo, bajo el principio de placer, la aportación fundamental de la literatura y del pensamiento postmoderno 108 . Su construcción antropológica resulta extremadamente preocupante porque representa la visión más clara del nihilismo. En su concepción, la propia expresión “naturaleza humana” sería en si misma represiva. Hablar de naturaleza humana significaría aceptar que de ésta derivan normas universales de comportamiento (la naturaleza impondría un modo determinado de hacer las cosas: lo correcto, lo justo, lo humano). Se acaba así con todo atisbo de universalidad (no hay naturaleza humana, no hay justicia, no hay verdad, no hay bien, no hay sujeto). Foucault, en clave nietzscheana, afirma que el YO es, sobre todo, ‘voluntad de poder’ y la verdad no es más que un modo de encubrir ese mismo afán. Tanto Foucault como Nietzsche sostienen los dos rasgos fundamentales del nihilismo:
Primado de la voluntad y del poder de disposición del sujeto como clave emancipadora. Se trata de una radicalización del voluntarismo que lleva, incluso, a la admisión del suicidio como derecho. El poder de disposición del sujeto pasa desde su proyección sobre las cosas (el mundo de la propiedad) al ámbito de la persona y de lo corporal, a la propia existencia física. Se produce una extensión del proceso emancipatorio del deseo que se proyecta sobre todo sin distinción ontológica de cualidad. Todas las cosas y todas las personas están disponibles, lo que viene proverbialmente aprovechado por el Mercado: puedes tenerlo todo si puedes pagar lo suficiente. Un voluntarismo sin barreras
107 BALLESTEROS LLOMPART, J., Postmodernidad, decadencia o resistencia,
cit., p. 45-47.
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que conduce al ideal de la total liberación de los deseos. Este planeamiento lleva a confundir mi deseo con mi derecho. Se produce la sustitución del bien esencial que el Derecho debe proteger, por el deseo del adulto que el Derecho debe satisfacer: todo lo que deseo debe convertirse en un derecho: se tiene derecho a ser joven, a parecer guapo, a cambiar de sexo, a tener un hijo – aunque no puedas concebirlo- o a no tenerlo –aunque lo hayas concebido).
Primado de lo fragmentario y desintegrado sobre lo global e integral. Está en sintonía con la defensa de la esquizofrenia que proponían DELEUZE y GUATTARI, para evitar caer en la paranoia. Aplicado a la antropología, produce una visión decadente del hombre, que disuelve la noción de sustancia y lo reduce a una mera “sucesión de sensaciones”. Es lo que el profesor BALLESTEROS ha calificado como ‘instanteísmo’. La fragmentación del hombre en instantes sucesivos (solo importa el hoy porque nada es duradero): se tiende a destruir lo permanente y exaltar lo efímero, promoviendo la precariedad y la fugacidad en las relaciones humanas109. Es algo muy ligado a la lógica del capitalismo y del Mercado: “transformación de la realidad en imágenes y fragmentación del tiempo en una sucesión de presentes perpetuos que reproduce la lógica del capitalismo de consumo”110
.
Pero, además, la primacía del deseo como clave explicativa del individuo postmoderno, surgido tras la muerte del sujeto, ha encontrado un poderosísimo aliado en el espectacular desarrollo tecnológico que se ha producido en las últimas tres décadas. De manera que la tecnología se ha convertido en el más poderoso aliado del nihilismo, en el instrumento liberador por excelencia; en el medio a través del cual se puede garantizar la absoluta conversión del deseo en realidad.
En efecto, la realidad tecno-científica adopta un papel liberador porque permite al hombre concebir infinitas posibilidades de hacer y de hacerse. El
109 BALLESTEROS LLOMPART, J., Postmodernidad, decadencia o resistencia,
cit., p. 48.
110 JAMESON, F. Postmodernismo y sociedad de consumo (1984), Buenos
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hombre de la posmodernidad (al que VATTIMO denomina el ultrahombre)111, integrado plenamente en el mundo técnico-científico, “encuentra en la ciencia y en la técnica el marco de seguridad externa dentro del cual puede liquidar todas las estructuras, íntimas y externas, del dominio”112
. Es decir, la ciencia y la técnica deben ser utilizadas por el nuevo hombre postmoderno para liberarse de todo condicionamiento, incluso del biológico y del genético, y escapar así al dominio y sometimiento que sobre él han ejercido las estructuras de una sociedad que sólo es una ‘pura fábula’113
.
En esta línea de afirmación liberadora de la tecno-ciencia se mueve el conocido y polémico ensayo del profesor alemán Peter SLOTERDIJK,
Regulations for the Human Park. Originalmente constituye una respuesta al
Brief über den Humanismus (‘Carta sobre el Humanismo’) de Martin Heidegger,
en el cincuenta aniversario de su publicación. Los términos utilizados en el texto resultan muy esclarecedores, sobre todo al definir la humanidad como un “zoo humano” y al hablar de “domesticación” (zahmüng) como la tarea del nuevo hombre, que debe ser como “un domador para el ser humano”. SLOTERDIJK constata el fracaso del humanismo y señala una nueva verdad científica: la conveniencia de “una domesticación del hombre por el hombre” en la cual tiene que jugar un papel decisivo la genética moderna. El nuevo hombre debe aceptar el nuevo poder que tiene sobre sí mismo: la biotecnología; incluso la posibilidad de una reforma genética de las propiedades de la especie. Y todo ello sin que este nuevo hombre, en el ejercicio de dicho poder, deba estar sometido a una instancia superior (Dios, el azar, etc.). Este nuevo hombre comparte no pocos rasgos con el superhombre descrito por Nietzsche. Está más allá del bien y del mal, pero no porque desprecie el orden establecido, sino porque tal orden se ha disuelto, y eso se percibe de un modo particularmente claro cuando se observa el poder de las nuevas tecnologías. Que el hombre de la biotecnología es el nuevo superhombre significa que ante un hacer tecnificado, para cuya regulación no hay fijados fines, objetivos ni normas
111 VATTIMO, G., El fin de la modernidad, Nihilismo y hermenéutica en la cultura
posmoderna, Gedisa, Barcelona 1987, p. 25.
112 Ibid., p. 149. 113 Ibid., p. 97-98.
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suficientes, lo único que cabe proponer es una dimensión liberadora, no sometida a los prejuicios metafísicos del bien y del mal. 114
He ahí los dos elementos fundamentales sobre los que el pensamiento postmoderno edifica su legitimación de la gestación por sustitución. La única identidad del sujeto es su voluntad (su deseo). Esa voluntad es creadora, es capaz de (re)configurar la realidad (abrir nuevos espacios de libertad) con el fin de satisfacer el deseo convirtiéndolo en derecho. El Mercado y la tecnología son el instrumento que lo posibilita: todo es posible y todo está disponible. El deseo se desplaza con la misma indiferencia desde los objetos hacia los sujetos. Puedo tener un hijo y puedo comprar un hijo. Es importante la sutileza. No se trata, en absoluto, de comprar a un ser humano (como en el caso de la esclavitud), y tienen razón quienes entiende que esta objeción está fuera del horizonte de quienes acuden a la gestación sustitutiva. El deseo que se esconde bajo esta práctica es mucho más sofisticado: lo que se quiere comprar no es un bebé (ni tampoco el servicio de la mujer que lo gesta), eso son medios. El nuevo producto que el Mercado ofrece a quienes lo desean es un ‘sentimiento’ que se proyecta sobre una ‘condición biológica’: la paternidad o la maternidad. Nuestra condición postmoderna permite que la voluntad de los sujetos comitentes construya una nueva realidad que el Derecho sanciona: convertirles ‘jurídicamente’ en padre o madre biológicos, por su simple deseo de serlo, al margen de la propia biología.
El imperio de la voluntad del individuo sobre las exigencias de la biología ya comenzó cuando la sociedad asumió que el deseo de reproducirse debía prevalecer sobre las limitaciones fisiológicas para hacerlo y convirtió en derecho el acceso a la reproducción asistida. Más delante, esta primacía del deseo acabó prevaleciendo sobre el sexo biológico del sujeto, permitiendo jurídicamente la ficción de lo que denominamos ‘cambio de sexo’. El último paso en este camino es la afirmación de un derecho a ‘ser madre o padre biológico’ incluso sin haber gestado o ni siquiera haber aportado gametos.
114
SLOTERDIJK, P., Normas para el Parque Humano. Una respuesta a la
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Si la relación sexual, la dotación genética de los progenitores y la gestación ya no son sino ‘meras’ ataduras impuestas por la biología al ser humano para que pueda procrear, de la cuales la biotecnología nos ha liberado, eso significa que la reproducción ha abandonado definitivamente el ámbito de lo indisponible (de lo que constituye el fundamento de lo humano) y ha entrado en el ámbito de lo consumible, a través de las indefinidas formas que el ‘mercado reproductivo’ pueda ofrecer; de las cuales, la gestación por sustitución no es más que una de sus ofertas.
Si, por el contrario, como ha afirmado BELLVER, “se entiende que las condiciones biológicas de la reproducción humana nos dicen algo acerca de quiénes somos, habrá que discernir cuándo la biología aparece como un obstáculo que debe ser superado y cuándo aparece como una seña de nuestra identidad, de la que no podemos prescindir sin perder nuestra humanidad. Para quienes pensamos que la adecuada integración entre biología y libertad está en la entraña de la condición humana (y, más aún, que la libertad solo se puede desplegar desde el reconocimiento de nuestros condicionantes biológicos) existen buenas razones para estimar que todo ser humano sea hijo
de quien lo ha parido y, por tanto, para rechazar cualquier propuesta dirigida a
separar a la mujer que da a luz de su hijo.115
3. La asunción del dualismo antropológico: lo racional frente a lo