Anexo III / Elementos de reflexión para la discusión de los temas tratados
2. Modalidades de cooperación descentralizada: potencialidades y debilidades en términos de eficacia de la ayuda
2.3. Cooperación descentralizada canalizada vía ONGD
Además de la ejecución directa de sus proyectos, los actores descentralizados disponen de diversos medios a través de los que canalizar su ayuda. Uno de los más relevantes son las ONGD, acto- res que en determinados casos gestionan una parte muy importante de los recursos de ayuda de los gobiernos descentralizados. .
Respecto a las potencialidades que esta modalidad pre- senta, lo primero que cabe destacar son las ventajas que atesora en términos de participación de la sociedad civil, lo que contribuye a los procesos de desarrollo en, al menos, tres modos. En primer lugar, posibilita una mejor adecuación de estas a las prioridades y necesidades demandadas por la ciudadanía, en clara sintonía con la apropiación –democrática– de la ayuda. En segundo lugar, la participación e implicación activa de la sociedad civil en estos procesos contribuye a la promoción y fortalecimiento del tejido asociativo, tanto del Norte como del Sur. Asimismo, puede dar lugar al establecimiento de sólidas relaciones de confi anza con las contrapartes locales y otros actores relevantes en el terreno. En tercer lugar, y en relación con el argumento anterior, coadyuva a la gestación de una ciudadanía más activa y empoderada, así como más informada y sensibilizada con los problemas del desarrollo.
Además, junto con la participación de la sociedad civil que lleva aparejada, la modalidad de cooperación descentralizada vía ONGD presenta otras ventajas. Entre estas destacan la presencia geográfi ca y la especialización temática que caracteriza a muchas de ellas. Así, por un lado, permite a los actores descentralizados trabajar en países o regiones sin tener ninguna presencia directa y
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ampliar el alcance geográfi co de su ayuda, lo que a su vez puede facilitar el establecimiento de lazos entre los gobiernos descentra- lizados del Norte y del Sur. Por otro lado, la especialización que caracteriza a muchas ONGD en determinados campos temáticos puede resultar de utilidad para el despliegue de acciones concretas y la atención a demandas específi cas de los países socios.
La participación de las ONGD, además de ser importante en términos de gestión, tiene resultados determinantes en el conjunto de la política de cooperación de un gobierno descentralizado. En algunos países la sociedad civil tuvo un papel fundamental en el origen de la cooperación descentralizada –a través de las demandas de movilización a favor de unas relaciones Norte-Sur más justas– y en la consolidación de las políticas y sistemas de cooperación des- centralizada –a través de la demanda de mayor compromiso, ma- yores recursos y del ejercicio de seguimiento y control–.
En el escenario actual de crisis económica global, en el que numerosos donantes, entre ellos diversos gobiernos descentraliza- dos, han anunciado una reducción de sus compromisos en materia de cooperación para el desarrollo, las ONGD se refuerzan como actores vitales para mantener vivo el compromiso en los gobiernos del Norte, muy especialmente los gobiernos descentralizados, y sus socios del Sur.
No obstante, pese a las potencialidades que esta modali- dad presenta, un excesivo recurso a la canalización vía ONGD por parte de los actores descentralizados conlleva importantes riesgos en términos de efi cacia de la ayuda.
Por un lado, asentar fuertemente la política de cooperación de un actor descentralizado en un modelo de ejecución vía ONGD puede traducirse en una pérdida de carácter estratégico por parte de dicha política. Así, este esquema puede acabar reproduciendo una lógica de proyecto –basada en acciones de corta duración y
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cuantía–, carente de una visión integral de conjunto que aumente el impacto agregado de la ayuda. Del mismo modo, como se desarrolló en el epígrafe anterior, tal esquema puede agravar el problema de la fragmentación y la dispersión de la ayuda, lo que, aunado a la ausencia de adecuados mecanismos de coordinación, limita seria- mente su efi cacia.
Por otro lado, la modalidad de cooperación descentralizada vía ONGD no contribuye por regla general al fortalecimiento de las capacidades de gestión pública del donante8. En cierto modo, al
recurrir a esta modalidad, los gobiernos descentralizados delegan en las ONGD la gestión de recursos públicos. Esta fórmula, que para determinadas intervenciones resulta perfectamente razonable, genera costes en términos de mejora de la estructura pública propia cuando se convierte en una práctica cronifi cada.
No obstante, existen mecanismos para tratar de paliar los efectos indeseables asociados a esta modalidad. Uno de ellos es la orientación de las convocatorias de subvenciones a ONGD, de tal modo que se incentive la atención a ámbitos como el fortalecimien- to institucional y la gobernanza local, desde la implicación activa de los gobiernos locales del Sur. Otro mecanismo es fomentar la participación de la sociedad civil no tanto en la gestión –aunque sin excluirla–, como en la toma de decisiones y en la defi nición de políticas, lo que contribuiría, asimismo, a fortalecer la apropiación democrática.
Todo ello hace de la modalidad de canalización vía ONGD un recurso de interés para la cooperación descentralizada, pero a la que conviene acudir sin afectar a la efi cacia de las políticas de desarrollo implementadas y a las estructuras de gestión pública disponibles.