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Corazones rotos

Unas cañas con los amigos

Capítulo 9 Corazones rotos

Gaby

Ayer Fernando y Jannice firmaron los papeles para iniciar el trámite de su divorcio y jamás en un montón de años me hubiera imaginado que algo como esto sucedería. Simplemente son perfectos juntos. Se rindieron muy pronto.

Una infidelidad no es un tema fácil en una pareja, pero debieron buscar una forma de intentar arreglarlo antes de tomar una decisión tan radical.

Mariana y yo estamos con Jannice en su casa. Ayer cuando Mariana me llamó estaba en una reunión y cuando le devolví la llamada corrí lo más rápido que pude para llegar a acompañarlas. Mariana no quería dejar sola a Jannice pero tenía que ir a casa con Hope por lo que yo me quedé a pasar la noche con ella. Jannice no ha parado de llorar desde ayer y tengo miedo de que le pase algo. Hace un rato logré que se tomara unas pastillas para dormir. —Todavía no puedo creer que esto esté pasando. —Ambas estamos sentadas en la sala.

—Yo tampoco lo creo, Mariana. Es como si Cenicienta y el príncipe se hubieran separado para siempre.

—Gaby.

—No lo digo para burlarme de ellos. Es que es totalmente inaudito. Fernando la ama, la trata como una reina y ella cada vez que lo mira se derrite. Es a veces doloroso verlos juntos de lo cursi que pueden llegar a ser. Jannice logró dominar a la fiera que es tu hermano.

—Sigue siendo una fiera, te lo puedo asegurar.

—Pero tampoco podemos tapar el sol con un dedo. Jannice también contribuyó a esta situación. Todas somos mujeres profesionales y nuestras carreras o negocios son importantes para nosotros. Pero esto ya llevaba un tiempo y se lo dije a Jannice, que tenía que buscar la forma de equilibrar las cosas para que funcionara. Y ya ves.

—Te lo puedo asegurar que tendrán una vida miserable si no regresan. —Todavía les queda un camino por recorrer antes de que el divorcio se haga efectivo, esperemos que reaccionen en ese tiempo.

—Y si no lo hacen seguro se van a arrepentir.

—Me voy a salir un poco del tema. Pero necesito preguntarte si no extrañas a Pablo.

—Ay, por Dios. Lo de Pablo ya pasó. Y yo estoy estupendamente bien. No extraño a nadie. Fue bueno y bonito mientras duró.

—Espero que no te arrepientas de esto tú tampoco.

Estoy viviendo un maldito infierno, pero primero me saco los implantes de las tetas antes de confesarlo. He dejado de contar los días que han pasado desde que Pablo regresó a España, pero no eso no significa que lo he podido sacar de mi mente y está siendo realmente doloroso. En todos los sentidos. Estoy física, mental y emocionalmente destrozada. Ni siquiera he podido tener sexo sin fantasear con que es Pablo el que me está cogiendo y eso es algo terrible. Tampoco es que he tenido mucho sexo en los últimos meses. Solo aquella vez de la borrachera y hace un par de semanas y, ¡sorpresa!, estaba borracha de nuevo y hasta creo que llamé Pablo al hombre con el que estaba que, por cierto, no recuerdo su nombre.

Mi vida es un completo desastre y no quiero sentirme así, no quiero volver a sentirme así. La última vez que estuve tan destrozada, me tomó mucho tiempo recuperarme pero lo hice. Además de que aprendí que lo más importante de todo era yo misma. Lo que yo quería y deseaba sin pena a pedirlo. Si esa vez pude levantarme esta vez también lo haré.

Pablo dejó una marca en mi vida y estoy segura no que voy a borrarla, pero sí a vivir con ella como un bonito recuerdo de un hombre estupendo. Un hombre que no quería las mismas cosas que yo.

—Alguna vez se lo preguntaste.

—No me digas que acabo de decir esa última frase en voz alta. —Sí que lo hiciste. Ahora contéstame. Alguna vez le preguntaste a Pablo lo que quería.

—No era necesario. Tan solo con verlo lo sabías. Viene de una familia numerosa, por lo que entiendo sus hermanas están casadas, tienen hijos. Yo no quiero nada de eso.

—Estás asumiendo las cosas Gaby y no puedes tomar una decisión por ambos, debiste darle el beneficio de la duda a Pablo. —Ya olvídalo Mariana. Yo estoy bien, ya Pablo es un asunto pasado.

llevé al aeropuerto, iba rumbo a Argentina a comenzar su nueva vida. La tristeza seguía reflejada en su rostro cuando me despedí de ella pero la vi mucho más calmada. Tal vez por el trabajo que tanto deseaba conseguir y que ahora tiene, aunque fue uno de los motivos que destruyó su matrimonio, la ayude a seguir su camino. No digo que espero que valga la pena porque de verdad para mí no es así. Me alegro mucho por lo que ha conseguido, pero estoy segura que había otros caminos para llegar a su objetivo. Otros caminos menos dolorosos y que no le hubieran costado tanto.

Pese a lo que muchos piensen, me gusta estar en mi casa y hacer cosas tan normales como lavar la ropa. Hay una señora que viene dos veces a la semana para limpiar el apartamento, pero mi ropa sucia la lavo yo.

Me gusta poner música mientras me dedico a arreglar mi ropa después de que está lavada y seca. Puede ser un poco extraño, pero hacer algo tan simple como eso mantiene mi mente despejada y relajada. Esta semana han pasado demasiadas cosas y me siento agotada.

Como dice la canción de Shakira “no me baño los domingos”, bueno, si lo hago pero ya cuando he terminado de hacer todos mis quehaceres. No me gusta estar sudada. Cuando me baño ya sé que no haré otra cosa más que tirarme en mi cama y ver netflix. En eso estoy cuando mi teléfono comienza a sonar. Pongo la serie en pausa y contesto antes de que cuelguen sin mirar quién es. —Hola

—¡¡¡Gaby!!! —¿Alex?

—Hola. Lo sé soy una mala amiga por no llamarte más seguido. —Eres la peor de las amigas en realidad. —Sonrío.

—Lo siento. Creo que con la que más hablo es con Mariana, pero tengo unas semanas que no hablo ni con ella, no la he podido localizar y no sé si está pasando algo.

—Te gusta mucho el chisme, amiga. —Ambas reímos. —Ella está bien la vi hace unos días.

—¿Y Jannice?

—Jannice se fue a Argentina. Recuerdas el puesto por el que estaba trabajando, pues lo consiguió.

—Eso es maravilloso. Me imagino que estará muy feliz por ello y Fernando debe estar igual.

—Mmm por lo que deduzco Mariana no te ha contado nada así es que es mejor que te sientes.

—¿Qué está pasando? —suena alarmada. —Jannice y Fernando se están divorciando. —No puedes estar hablando en serio.

—Quisiera decirte que es una broma de mal gusto, pero no lo es.

—En qué momento pasó esto. Cuando fui para la fiesta de Mariana, se veían bien, enamorados como siempre.

—Han pasado muchas cosas en estos meses.

Así paso la siguiente hora al teléfono con Alexia poniéndola al día de las novedades.

—Me siento mal por no poder estar allí.

—Lo único que podemos hacer en este momento es apoyarlos y estar para ellos. Solo espero que puedan resolverlo.

—Entonces ahora Jannice se fue a vivir a Argentina.

—Sí. El puesto que tiene ahora le exige vivir el primer año en Argentina. —Voy a esperar unos días para tratar de hablar con ella. —Si puedes hazlo, eso la va a animar.

—Gracias por contarme. Y de verdad no sabes cómo me gustaría estar allí con ustedes.

Alexia

Después de cortar la llamada con Gaby subo a la habitación de los gemelos. Roger está con ellos. Me detengo en la puerta, los tres están sentados en el piso jugando con un montón de carritos que hay a su alrededor. Los gemelos tienen tres años y quisiera detener el tiempo y que no crecieran tan rápido. No importa que sean traviesos. En un abrir y cerrar de ojos se han hecho niños grandes.

Ambos están descalzos, llevan puestos unos pantaloncitos cortos y camisetas. Jason lleva puesto sus lentes de marco de plástico de Superman. En uno de sus chequeos de rutina nos dimos cuenta que iba a necesitar usar lentes desde pequeño. Al principio, no sé por qué, pero me sentía tan mal y lloré mucho en los brazos de Roger. Era una tontería pero me parecía que era tan pequeño para usar lentes. Luego fuimos a la cita y nos explicaron todo lo que necesitábamos y dejé que el mismo Jason escogiera los que quería. Luego tuvimos que comprarle unos de juguete a Dylan porque quería tener unos como los de su hermano. Dylan, mi pequeño travieso. Todas las travesuras que hacen esos dos son orquestados por él.

—¡¡¡Mamá!!!

—¿Quieren comer helado?

—¡¡¡Helado!!! –gritan al unísono.

—Vamos a buscar a Sarah y pedirle helado.

Los tomo de las manitos y bajamos hasta la cocina donde encontramos a Sarah. Los pongo a cada uno en sus sillas y le pido que le sirva un poco de helado a cada uno.

Vuelvo a subir a su habitación y encuentro a Roger recogiendo los juguetes. Me siento en una de las pequeñas camas y lo observo.

—Gracias por ayudarme.

—Lo estás haciendo muy bien mi amor.

—Pasó algo. —Termina de recoger y extiende la mano para invitarme a que vayamos a nuestra habitación.

Nos acostamos en la cama y nos abrazamos.

—Estuve hablando con Gaby y me dio una noticia que no esperaba. Jannice y Fernando se están divorciando.

—¡Oh! hermosa, que mala noticia.

—Me siento mal por no poder estar con ella en estos momentos.

—Lo sé, y también me sorprende la noticia, pero no te sientas mal, mejor llámale y el escucharte seguro que la alegrará.

—¿Tú crees que las he descuidado? Con los niños, el trabajo, la casa a veces pasan semanas sin que pueda hablar con ellas. —Hermosa estoy seguro que para ellas lo importante es que las llames y las tengas presentes. No importa cuánto tiempo pase. Ellas siempre van a ser tus amigas.

—¡¡¡Dylan!!! —Escuchamos a Sarah gritar. Y un segundo después Dylan entra corriendo a nuestra habitación y busca cómo subirse a la cama.

Roger lo levanta y lo acomoda en medio de los dos.

—Lo siento —Sarah está en la puerta con Jason en brazos. Está tranquilo hasta que ve a su hermano y de inmediato reclama su espacio. —Los iba a llevar a su habitación pero Dylan se soltó de mi mano.

—No hay problema. —Recibo a Jason de los brazos de Sarah y se acurruca contra mi pecho. —¿Tienes sueño mi amor? —Asiente con su pequeña cabecita. Le quito sus lentes y lo vuelvo a acomodar entre mis brazos. Roger tiene a Dylan entretenido pero sé que pronto se quedará dormido también. Mariana

A pesar de la negativa de Fernando cuando le dije que lo acompañaba a su casa a recoger sus cosas, hice caso omiso y vine con él. Este debe ser un momento muy duro para él. Entrar a la casa que él y Jannice compartían y ver

que ahora está sola y vacía. —¿No quieres llevarte alguna foto o algo? —le pregunto mientras lo veo sacar su ropa.

—No, ahora mismo creo que sería peor. —No me gusta que estén pasando por esto. —A mí tampoco.

—No entiendo por qué no hicieron un último intento para arreglarlo.

—Pasaron muchas cosas, Mariana, no sólo lo que te he contado hay mucho más. Pero en este momento todavía no estoy listo para hablar de eso.

—El mundo en ocasiones gira de una manera que nadie entiende.

Y estoy convencida de eso. Porque jamás pensé que mi hermano se divorciaría un poco después de su primer año de casado. Jannice y él son la pareja perfecta y es justo que les pase esto.

Capítulo 10