No es derecho a nada sino simplemente derecho a estar más pilas.
A continuación vamos a explorar las entrevistas citando a partes, ya que algunos de los argumentos que se desarrollarán en las siguientes páginas nacen de este contacto, que permitió comprender ¿qué transformaciones en la manera de significar la realidad o la cotidianidad, están relacionadas con el programa de estudios culturales de la de la Universidad Javeriana?.
En ese contexto, uno de los primeros cambios que propician los estudios culturales en la forma como los estudiantes se aproximan a la sociedad es en el pensamiento y significado que se le otorga a la cotidianidad. En otras palabras, la teoría y práctica en estudios culturales busca y ha logrado intervenir (para usar uno de los términos más recurrentes) en la cotidianidad de los alumnos y egresados.
Pero en qué consiste esa irrupción en la cotidianidad: ¿será que este tipo de intervenciones en sujetos de la ciudad, domesticados por la modernidad y el capitalismo valen la pena?, ¿Será que no todas las carreras y postgrados irrumpen también en la cotidianidad? ¿Cómo podemos medir ese impacto? y ¿Cuál habrá sido el radio de acción “real” para pensar que el postgrado sí intervino en la cotidianidad?
Para comenzar a responder estas preguntas es importante anotar que la mayoría de egresados dijeron que la teoría de los estudios culturales, aprendida durante la especialización y la maestría, ciertamente había tenido injerencia en su cotidianidad. A partir de ese punto general, cada uno describe diferentes perspectivas de esa cotidianidad y distintos argumentos con los que se fueron identificando para transformar o replantear la forma como tradicionalmente venían pensando la vida diaria, la intima, la privada, las emociones, etc.
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Es así como William Sánchez, lingüista de la Universidad Nacional, docente de la Facultad de Lenguas de la Universidad Javeriana y egresado de la especialización en estudios culturales, empezó explicando su relación con el programa con las siguientes palabras “Los estudios culturales me permitieron ubicarme en el mundo para comprender las cosas que uno vive y asimilarlas de otra forma. Empecé a mirar desde otros lugares más interesantes, que complejizan la situación de uno en la vida y que te permiten sentir que es posible actuar desde otras lógicas”.lxxii
En la entrevista, William refiriéndose al punto anterior, explica que la relación de pareja y de familia adquirió otros sentidos dentro de los estudios culturales. ¿Cómo y por qué la teoría en estudios culturales permite enfatizar la relación entre teoría y práctica, tal y como lo platea William?
Los argumentos que ofrezco, no lograrán hacer comprender las situaciones específicas que William empezó a significar de otra manera, sin embargo, no por esto pierdo la capacidad de sustentar el punto de quiebre entre la forma cómo muchos de nosotros concebíamos la vida y los nuevos argumentos que se construyeron para plantearse la propia existencia a partir de los estudios culturales.
La lectura de las relaciones afectivas en estudios culturales es social, histórica y cultural y está en estrecha relación con las estructuras de poder. Es decir, detrás de cada uno de nuestros deseos de compartir con alguien hasta la muerte empezó anteponerse las preguntas ¿A quiénes, cómo, por qué y para qué son útiles ciertos discursos y prácticas sobre la familia y la pareja? y ¿cómo contribuye esto al mercado y a la reproducción de una vida económica basada en el consumo?, entre otras cuestiones.
Estas preguntas transversales a los estudios culturales, lograron poner en cuestión actividades, rutinas, ritos y costumbres sobre los que difícilmente reflexionamos comúnmente. Además, liberaron del esencialismo lo que tradicionalmente hemos heredado, ya que más allá del “deber ser” de los individuos en la sociedad, está la sospecha, de que la defensa esencialista de algunos criterios sobre la manera en que debemos existir, obedece a prácticas legitimadoras o a prácticas que requieren reactivar su legitimidad, para continuar actualizando el poder de quienes las enuncian. Por
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ejemplo, en el caso del homosexualismo, la iglesia actualiza su poder, su capacidad de liderazgo en la sociedad y la devoción de sus creyentes, arremetiendo cada cierto tiempo contra los homosexuales.
Tal giro en la interpretación, explica por qué William al final de la cita dice que los estudios culturales le permitieron actuar en su vida cotidiana desde otras lógicas. En la medida en que lo aprendido como rutina se confronta a nuevas posibilidades de comprender la vida, nuestro sometimientos a una de las infinitas posibilidades que tenemos para construir nuestro mundo afectivo, queda en cuestión, y somos capaces de liberarnos del peso que implica una moral que ha sido incapaz de criticarse a sí misma. Sin embargo, esto no responde la pregunta que debemos hacernos, ¿Sera que las disciplinas no intervienen en la cotidianidad?. El hecho de que los planteamientos desde el diseño del programa establezcan la relación entre conocimiento y práctica, implican la observación de los egresados sobre la forma como la teoría se ajusta a la vida. Las disciplinas también intervienen en la vida cotidiana de las personas, pero los análisis hegemónicos que se hacen en torno a las disciplinas, no parten de explicaciones sobre la forma como el conocimiento circula.
Pero, además, es la forma de plantear la relación entre conocimiento y sociedad, que fue documentado en el proceso de invención de los estudios culturales lo que generó en los egresados la claridad necesaria para argumentar el aprendizaje de la teoría en su cotidianidad. Con lo cual, no resulta extraño que muchos de los entrevistados anuncien sin esfuerzo la injerencia de los estudios culturales en su acción diaria.
De la misma forma, Juan Camilo Cajigas, filósofo de la Universidad Nacional, describe la sensación de ruptura de paradigmas clásicos cotidianos cuando dice: “la experiencia de la especialización fue como desestructurante, […] fue vital en el cuerpo”. lxxiii
Cajigas no habla del cuerpo sólo por azar o por un acto poético. Algunas lecturas de la especialización y de la maestría, fueron claves para comprender la relación de nuestro cuerpo con nuestro pensamiento y con la forma como asumimos la vida. “Cuerpos que
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la biopolitica” (Lazaratto) y la bibliografía de Michel Foucault, son lecturas que explican poderosamente como los sistemas políticos, culturales y económicos de la modernidad, requirieron modelar nuestros movimientos, nuestras horas de sueño y nuestras habilidades, entre otras cosas, para hacer productivo el capitalismo.
También a lo largo de los años que ha durado el programa ha habido un fuerte énfasis en los procesos de construcción de un imaginario diferente sobre nuestro cuerpo y su relación con el mundo moderno, capitalista y académico. Esto se hace visible en la presentación de teorías como la de los cybors, los discursos relacionados con la subjetividad o las invitaciones a investigadores especialistas como Zandra Pedraza. Nuevamente, iría casi en contra de los estudios culturales si dijera que el disciplinamiento no ha modelado el cuerpo, y la apariencia de éste en los egresados de distintas disciplinas. Sin embargo, concebir nuestro cuerpo como sujeto, entre otras cosas de nuestro aprendizaje intelectual, conduce a la posibilidad de entender las palabras de Juan Camilo. Es decir, estas transcriben la manera como la teoría actúa también en nuestra corporalidad y como otras corporalidades son posibles.
En otra oportunidad Pedro Patiño, psicólogo de la Universidad Nacional, al narrar sus emociones recuerda “Las discusiones académicas eran muy fuertes y eso también se reflejaba a nivel personal, en lo afectivo, en lo emocional, en lo comunicacional, en lo relacional, entre otras cosas. De allí todos salimos ganado, pues uno encontraba un lugar para el debate académico, un debate en el que nos tratábamos duro pero con mucho afecto”.lxxiv
Esta mención repetida, que los egresados hacen sobre la irrupción de los estudios culturales en la vida emocional y cotidiana, es interesante porque pone en el mismo nivel el aprendizaje intelectual y el emocional. No importan la dureza de las discusiones, la diversidad de puntos de vista, la pasión con que fueron expresados, el radicalismo de cada una de las luchas, ya que se hicieron con afecto. En general, se partía de la premisa, que los estudios culturales para existir requieren evidenciar, por una parte, la divergencia en las representaciones que los sujetos dan a la vida y, por otra,
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las luchas para posesionar prácticas culturales que puedan expresarse libremente y de forma incluyente en la sociedad.
Volvemos al mismo territorio que formulamos como pregunta. No será que en algunas clases de las universidades los estudiantes también discuten, y a pesar de eso siguen siendo amigos. Aunque no es muy frecuente ver personas delirando con sus puntos de vista y confrontándolos, esto sucede. Sin embargo, el enfoque de estudios culturales cambia el valor que se da a los enunciados. En tanto no hay esencia o respuesta correcta o verdadera, el enunciado sobre la realidad es la realidad misma. Con lo cual todo aquello que se habla, evidencia la forma como los otros ven, viven, reaccionan y actúan a partir de sus pensamientos. Además, dichos pensamientos permiten ver más allá del individuo y analizar las prácticas de poder en que están sumergidos o involucrados.
La mención constante que hacen los egresados sobre la interferencia de los estudios culturales de la Javeriana en su cotidianidad es producto de un discurso consciente en el desarrollo mismo del programa. Dicho discurso se detiene a reflexionar acerca de las rutinas cotidianas, articula investigaciones e investigadores que en distintas épocas y desde diferentes disciplinas han trabajado el tema y, sobre todo, hace posible la experiencia de poner en discusión, dentro del salón de clase, la cotidianidad como lugar cultural en disputa:
No sé si fueron los estudios culturales o la suerte, pero actualmente realizo una maestría en la que también hablamos de la vida cotidiana pero como teoría, y analizamos con profundidad el pensamiento de Lukács. Sin embargo, nuestra vida cotidiana nunca la mencionamos. Lo que pasaba en las clases de la especialización, está relacionado con ese análisis permanente que dejan los estudios culturales sobre uno y sus propias prácticas.
En las clases de estudios culturales había un espacio para hablar banalidades, y las hicimos públicas y las compartimos colectivamente. Eso logró cohesionarnos, porque la teoría no está a un lado y nosotros al otro sino que nosotros hablábamos sobre nosotros a partir de la teoría y eso era precioso.lxxv
La banalidades de las que habla Mónica Erazo como ir a la peluquería, hacerse una cirugía plástica, pintarse el pelo, comprar ropa Diesel, ir al gimnasio, tomar bebidas energizantes, o ver los nuevos programas de Discovery Channel, entre otras cosas, no fueron tan banales en los salones de estudios culturales, ya que detrás de esas decisiones, por imponer estilos de vida propios hay, por una parte, un mercado diseñado
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para cada uno nosotros y, por otra, un libro (de algún sociólogo, antropólogo, filósofo o psicólogo) que ha pensado críticamente el mercado y el capitalismo. En las clases de estudios culturales los temas banales que salían a la luz pública, lo hacían en el marco de una teoría crítica.
Sin embargo, esa no es la única diferencia con respecto a otros modelos de educación. Nos engañaríamos profundamente si dijéramos que los salones de clase no son espacios altamente banales. Entonces diferenciemos el hecho mismo de ser espacios transitados por muchas banalidades, al hecho de que, en muchas ocasiones dichas banalidades no se expresan porque suponemos que no están en relación con la teoría.
Ahora, cómo no pensar lo poco interesante pero útil que es para la sociedad tener electivas, clases y pregrados en diseño de moda, publicidad, marketing y etiqueta, entre otras cosas. La posibilidad de dichas carreras o electivas, está justamente en negar o silenciar las preguntas sociales que se escapen a la reproducción de poderes y del capital. Es decir, sus posibilidades crecen en la medida que son útiles para reproducir el modelo hegemónico de belleza, estética y consumo, sin hacer críticas al mismo y a las formas de exclusión que crea.
Lograr, por consiguiente, una rápida asimilación de la teoría en la vida no sería fácil, por un lado, si no estuviera expuesto claramente, dentro del salón de clase, cómo la vida diaria es un lugar político, un espacio desde donde se puede construir pensamiento, desde donde se puede transformar el cuerpo, que es lo más cotidiano del mundo y a partir del cual se cambia la realidad. Y por otro, si no fuera evidente que el sujeto del que hablan los estudios culturales de la Javeriana, somos nosotros mismos. El otro o los otros, están inscritos (en las teorías de la transdisciplinariedad o complejidad) dentro de nosotros, y son útiles en la medida en que sostienen los enunciados de poder o contrapoder desde la diferencia.
Es así como en una clase de estudios culturales, además de hablar de grandes teóricos y teorías, también se hablaba de la vida y de las preocupaciones ordinarias. Sin embargo, dichas menciones a la cotidianidad estaban incluidas en el contexto de las lecturas y éstas sólo encontraban el lugar de certeza o de equivocación, a partir de la confrontación
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con las experiencias de los alumnos. De igual manera, la experiencia cotidiana se nutría de nuevos significados gracias a los textos abordados.
Esta manera de vincular la teoría y la práctica, increiblemente también se convirtió para algunas personas, en una posibilidad de alejarse de la enseñanza tradicional y disciplinaria, que hasta el momento habían tenido: “En eso los estudios culturales son interesantes porque dejan contar cosas que en espacios disciplinares no se pueden analizar, yo pude expresar lo que en otros campos como el de la filosofía no podía decir”.lxxvi
Esta apertura de la cotidianidad en la vida laboral está acompañada de otra exposición, la del yo que también aparece en el salón de clases. Ambas, vida diaria y experiencias personales, además de llenar las aulas y dar ejemplos para fortalecer la teoría también están presentes en las tesis de grado de la especialización y maestría:
Poco me preocupa exponer una parte de mi intimidad al hablar de este asunto. Me preocupa más que el lector se sienta incómodo al leer sobre mí, sin entender cuál es la relevancia de estas declaraciones. Al respecto sólo puedo decir que mi opción política es hablar. No hacerlo implica, en el mejor de los casos, privar de existencia a lo que se calla, o, peor, aceptar que algo anda mal con eso y que por ello debe mantenerse oculto. […]. Mi intención con todo esto es movilizar un discurso, no imponerlo […], y como diría Judith Butler, “hacer la vida posible, y replantear lo posible en cuanto tal (Prada, 2007: 117).
Nancy Prada (filósofa de la Universidad Nacional) fue muy enfática en su PAP al exponer su intimidad. Es evidente que dicho trabajo se muestra como un ejercicio relevante para ella misma, conforme intenta elevar la red de significados sociales en los que está inscrita. Es decir, su trabajo consiste en luchar por imponer formas de pensar y hacer que éstas estén en contra de las propuestas hegemónicas. Esto con el fin de eliminar el trauma de lo que representa ser excluido o quedarse bajo la mira de representaciones intolerantes.
Su riesgo en el PAP es viable porque los estudios culturales se lo permiten. Es más, el libro donde aparece publicada su tesis se llama Mundos en disputa. Intervenciones
culturales (2007). Sin embargo, lo más interesante para mí del fragmento que citamos,
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me encanta por su ironía contra aquellos que se sienten perfectamente correctos socialmente.
Los estudios culturales no tienen ni inicios, ni finales absolutos, ya que justamente se alimentan de las incomodidades socioculturales, tanto de aquellas que se posesionan como esenciales o verdaderas en una época determinada, como de las que están en las márgenes de lo aceptado y lo deseado políticamente. Por lo cual parte de su sentido es movilizar discursos para darles existencia; aunque no todos podamos entender la relevancia de dichas declaraciones.
Evidentemente, una minoría de la población ha tenido experiencias swingers. A muchos, además, tampoco nos interesa elevar tales expresiones a niveles políticos. Por consiguiente, en los estudios culturales de la Javeriana se abrió la posibilidad para discutir situaciones sociales marginales, en las que se sintieron involucrados algunos de los egresados.
En el trabajo Parejas Swingers de Nancy Prada los “objetos” de estudio no siempre son externos al investigador, y el yo se expone sin temor porque implica el reconocimiento del lugar desde donde se habla y del deseo de intervención al que se le apuesta. Ejemplo de esto, también, es la tesis de María Teresa Garzón, literata de la Universidad Nacional: “Como feminista y crítica literaria voy a orientar mi atención hacia una práctica específica de la crítica feminista: aquella que se relaciona con la crítica literaria, es decir, la crítica feminista” (Garzón, 2007: 52).
La exposición de la vida cotidiana y del yo en las tesis en estudios culturales es producto de las discusiones en clase. En éstas se rechazaron los argumentos que sostienen la idea de objetividad de las ciencias sociales y exactas; sobre todo aquellos que se fundamentan, en la desaparición del sujeto (escritor) para mantener la objetividad. Dicha desaparición, que por demás es casi imposible, es criticada porque conduce a la ausencia de un espíritu crítico, político y complejo. Es decir no hay un pensamiento intelectual en este tipo de redacción, que traduzca con claridad cómo las investigaciones están inmersas en contextos sociales más amplios, circulan de maneras determinadas, y exponen el mundo social y cultural del investigador. Estas reflexiones
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de las clases, impresas en las tesis y también en las experiencias laborales de los ex alumnos, proponen nuevos métodos, formas de problematizar las preguntas y abordar las experiencias:
DD: De tener la posibilidad de dictar nuevamente clases haría intervenciones interesantes en términos metodológicos, conceptuales y de teoría crítica. Les ayudaría a los estudiantes a ampliar la gama de grises frente a los temas que les interesan, en términos metodológicos fortalecería la transdisciplinariedad. Creo que romper paradigmas, generar pasión y compromiso es valioso. También creo que intervenir en la academia es romper las fronteras entre el objeto y el sujeto, sin que eso signifique la pérdida del rigor. Esta transformación en el método deberá cambiar las ideas que los estudiantes tienen de ellos como los grandes investigadores que se enfrentan al pequeño objeto de estudio, el cual no les afecta ni les toca. Eso sería importante cambiar desde el pregrado. lxxvii
Diana Díaz está retirada de la docencia pero los estudios culturales le estimularon otras formas de proponer sus futuras clases. Además de la transdisciplinariedad, de abrir los métodos y metodologías de investigación. Para ella fue muy valiosa la pasión que despertaron, dentro del salón de clase, los estudios culturales. Este énfasis es importante de subrayar pues sería incompleta la descripción que hacemos si no leemos, incluso en