1. La metodología de Los programas de investigación
2.5 Críticas a la metodología de los programas de investigación
Diferentes pensadores plantean importantes críticas a la aplicación de la MPIC a la economía. Aún reconociendo el interés de ciertos aspectos de su pensamiento, señalan las limitaciones de su enfoque y/o la necesidad de ir más allá de él. En este contexto encontramos a autores como Leijonhufvud, Hutchison y Hicks, en los años setenta, y posteriormente Hands. Hoover. Weintraub, Redman. Hausman, O'Gorman y Boylan, entre otros (sin olvi- dar el cuestionamiento de aspectos concretos de la MPIC llevado a cabo por Latsis, Marchi o Rosenberg)41.
Las criticas se centran en tres ámbitos fundamentales: la noción de pro- greso empírico como criterio clave para establecer el progreso de un pro- grama de investigación y, por tanto, su aceptación o rechazo en términos de la predicción de hechos nuevos corroborados; el supuesto de que la historia de la economía se ajusta a la metodología lakatosiana; y el olvido de la his- toria externa (además de los problemas de la aplicación de la noción de PIC).
Respecto a la primera cuestión, se rechaza la idea de que el progreso en economía se dé en términos de la predicción de hechos nuevos, corrobo- rados. Raramente se dan genuinas predicciones de hechos nuevos, y la corroboración empírica tiene que ver con la experimentación de la que ca- rece la economía. En lo que está interesado el economista es en tratar de in- corporar dentro de una estructura lógicamente consistente cosas que han sido bien conocidas durante tiempo. En economía, una nueva teoría progre- siva no necesita referir a nuevas hipótesis sustantivas, sino, más bien, a nue- vo lenguaje matemático aplicado a viejas cuestiones. Una gran parte de los economistas consideran que su trabajo es teórico y concierne a la explora-
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A. Leijonhufvud, 1976; T. W. Hutchison. 1976: J R. Hicks. 1976; D. W. Hands 1990, 1985 y 1994; K. Hoover, 1991; R. E. Weintraub. 1991; D. A. Redman. 1991; D. Hausman. 1992. pp. 192-204, y T. A. Boylan y P. F. O'Gorman. 1995.
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ción de las potencialidades de los lenguajes formales que ordenan las reali- dades económicas percibidas42.
Se reconoce de forma generalizada que la confrontación con los datos es problemática. Es obvio, afirma Hutchison, que las dificultades de la falsa- ción son en general incomparablemente más grandes en economía que en física. En economía (y ciencias sociales en general) abundan las conjeturas, pero no las refutaciones; la superpoblación intelectual es su condición cró- nica43. Los modelos más rigurosamente axiomáticos son incapaces frecuen- temente de dirigir la confrontación con los datos. Por tanto, pueden ser ob- jeto de diferentes interpretaciones sustantivas. De nuevo, aparece la problemática asociada a la tesis Duhem-Quine (y la infradeterminación de la teoría por los hechos), que afecta a los lakatosianos más estrictamente falsacionistas, como señalan Cross, Redman. Boylan o O'Gorman, entre otros.
Para Hands, el vicio dominante de los lakatosianos ha sido el fetichismo de los hechos nuevos. Pero la práctica científica, y claramente la económi- ca, sigue criterios diversos. Se eligen unas teorías frente a otras porque son más profundas o simples, generales, operacionales, explican mejor hechos conocidos, son más consistentes con otras teorías, etc. La historia de la gran economía es mucho más que una lista de hechos nuevos corroborados. Desarrollos teóricos como la mano invisible de A. Smith, la noción walra- siana de interdependencia de mercados o la marshalliana de bienestar eco- nómico, entre otros, han determinado el auténtico progreso44.
Por otro lado, el criterio de progreso empírico no es una fórmula nítida de evaluación de las decisiones de los científicos en el presente. Lakatos no da reglas de elección satisfactorias, no ofrece una solución clara a la cues- tión de cuándo un PIC degenerativo debería ser abandonado. Los principios o máximas para las decisiones científicas necesitan interpretación y juicios para su aplicación práctica, no suponen un campo de respuestas correctas y únicas. Por eso las asunciones de los científicos desempeñan un papel im- portante en la ciencia.
Un importante conjunto de consideraciones críticas se ha desarrollado en relación a la doble dimensión presente en la propuesta de Lakatos: la po- sitiva y la normativa. La primera tiene que ver con lo que los economistas hacen y cómo se desarrolla la historia real de la economía. La segunda, con lo que deberían hacer según una teoría metodológica normativa. Diversos autores indican que para avanzar en la comprensión de la economía hay que
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Según A. Leijonhufvud. 1976. pp. 77 y ss. En esto coincide Rosenberg, quien enfati- za la importancia del progreso matemático y lógico en el desarrollo de la teoría econó- mica (A. Rosenberg, 1992).
43 T. W. Hutchison, 1976. p. 199. En otros términos, la abundancia de modelos teóri-
cos, como hemos visto en el capítulo anterior.
44 D. W. Hands. 1990. pp. 76 y 78. Véase también D. W. Hands. 1985, pp. 1-17.
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prestar atención a la práctica real de los economistas históricamente desa- rrollada, no limitarnos a la mera evaluación según la norma establecida. Hutchison afirma: «creer que lo que los economistas hacen o deciden se adecúa a lo que los metodólogos normativos dicen es una ingenuidad. El elemento normativo sólo se concentra en un tipo particular de historia exi- tosa: el desarrollo de la física del XVI. Pero este modelo es inadecuado, ya que nos deja con una simplificación de cómo la ciencia debe desarrollarse»45. La historia real de la economía se aleja de las exigencias de la MPIC, que aparece así como una teoría de la historia limitada e incapaz de dar cuenta del desarrollo de esta disciplina. Los PICs se mantienen durante amplios periodos de tiempo y tienen una vida muy larga; desde A. Smith la econo- mía ha consistido en un simple programa de investigación, de construcción, cualificación y autoajuste de modelos. El programa neoclásico se protege de la evidencia y se mantiene, aunque presente síntomas de ser un progra- ma de investigación científica degenerado46.
Otro tipo de cuestiones se plantean en relación al papel de la historia ex- terna. Los lakatosianos más ortodoxos como Blaug o Backhouse reducen la historia externa a meras notas a pie de página (igual que Lakatos), la subor- dinan o sencillamente la excluyen a favor de la interna. Leijonhufvud afir- ma que una historia severamente internalista es sospechosa, y que hay que combinar variables exógenas y endógenas en la explicación de la realidad económica47. La historia internalista es necesaria siempre que no se limite a una sola metodología o un valor epistémico, pero igualmente lo es la ex- ternalista. Muestra en su reconstrucción de la revolución keynesiana y la controversia con la economía neoclásica (keynesianos y monetaristas) que ciertos factores externos históricos tuvieron un importante papel en la acep- tación y predominio de un programa u otro y en el seno del mismo debate. En última instancia, hay dos grandes elementos que señalar: la crisis econó- mica y el desempleo de larga duración y el hecho de que ambos programas suponían políticas económicas diferentes, dos concepciones de cómo resol- ver los problemas y de cómo actuar políticamente. Y como indica Hutchi- son, la historia de la economía se caracteriza por sus pretensiones de avan-
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T. W. Hutchison. 1976, p. 182. A pesar de su falsacionismo inicial, es crítico del fal- sacionismo en economía y comparte el situacionismo, lo que le permite afirmar lo que señalamos. En palabras de Hoover, la práctica científica no puede dividirse en átomos bien definidos para ser juzgada desde criterios formales, como intenta hacer Lakatos. Cree que deberíamos ver las teorías económicas no en términos especialistas, sino como un antropólogo ve una sociedad mostrando las relaciones entre miembros de las socie- dades o tribus económicas y su estructura social; hay varias familias con relaciones que van más allá de las fronteras familiares. Él termina optando por una clase de antropolo- gía kuhniana y rechaza la MPIC (Hoover. 1991. pp. 386 y 380).
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En este sentido se manifiesta F. Malchup. 1974. Igualmente, J. R. Hicks. 1976. y A. Leijonhufvud, 1976.
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A. Leijonhufvud, 1976, pp. 87-88 y 73 y ss. Véase todo el apartado II. pp. 81 y ss.
Este mat e rial es para uso de lo s estudiantes de la Universi d ad Nacional de
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ce en orden a vender políticas particulares de una tendencia u otra, y este alineamiento político ha sido a menudo tenaz y dogmáticamente mantenido durante décadas con estratagemas convencionalistas.
Respecto a la influencia de factores externos, Hicks argumenta que se debe al hecho de que el universo objeto de estudio de la economía cambia48. La evolución de la economía real y el desarrollo del conocimiento econó- mico ocurren, a menudo, al mismo tiempo. Por tanto, los cambios que ope- ran en la realidad condicionan el desarrollo de la teoría. Esto es suficiente para dar a los factores externos un rol en la historia de la economía del que carecen en las ciencias naturales.
Weintraub mantiene un externalismo más fuerte al considerar que el pro- greso en economía tiene que ver no con un principio normativo, sino con los procesos sociales de la construcción del conocimiento económico49. Abandona la perspectiva lakatosiana de su trabajo General Equilibrium Análisis en favor de una historia inspirada en la sociología del conocimien- to científico. Hoover cree que deberíamos ver las teorías económicas no en términos especialistas, sino como un antropólogo ve una sociedad mostran- do las relaciones entre miembros de las sociedades o tribus económicas y su estructura social50.
No podemos olvidar, tampoco, la relevancia de qué fines se consideran propios de la economía. Es muy diferente entender que el fin de la econo- mía es explicativo, predictivo o de resolución de problemas prácticos de la organización económica y política de la sociedad. Como reconocen los dis- tintos autores (incluyendo a Blaug o Backhouse, aunque ellos valoran este hecho de forma diferente), la economía no es una disciplina puramente ex- plicativa o predictiva, sino que trata de resolver problemas prácticos y de servir de guía para las decisiones políticas. Por tanto, no es de extrañar que esté fuertemente condicionada por factores externos.
Finalmente, el rechazo más completo de la MPIC de Lakatos viene de las posiciones más sociologistas, pero también de los autores que se sitúan en el que es conocido como giro hermeneuta del pensamiento postmoder- no, que tan buena acogida ha tenido en la filosofía de la economía desde fi- nales de los ochenta. En esta línea encontramos sobre todo los trabajos so- bre retórica de MacCloskey, quien llama la atención sobre Rorty, y los de Gerrard, que se refieren a Ricoeur*'.
48
Véase su trabajo en S. Latsis. 1976. pp. 207-218, en el que resalta desde una perspec- tiva kuhniana la importancia fundamental de los factores externos para entender la his- toria de la economía.
49
R. E. Weintraub. 1991.
50
K. Hoover, 1991. p. 380. Este autor termina optando por una clase de antropología kuhniana.
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McCloskey, 1985; B. Gerrad. 1991 254