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La Creación y la Nueva Creación

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SECCIÓN IV ESCRITO PARA QUE

Capítulo 23 La Creación y la Nueva Creación

LA CREACIÓN Y LA NUEVA CREACIÓN

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra"

(Génesis 1:1) "...s¿ alguno está en Cristo, nueva criatura es.."

( o "nueva creación es") (2 Cor.5:17)

Se nos dice en la Biblia que "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar...para instruir en justicia." (2 Timoteo 3:16). Aun hay más lecciones para nosotros hoy en día en el relato de la creación, que nos ayudarán a entender la nueva creación. La Biblia nos dice que el Creador en ambos casos es el mismo: nuestro Señor y Salvador Jesucristo: "...en él fueron creadas todas las cosas" (Colosenses 1:16).

Cuando consideramos la creación, no podemos sino alabar al Creador, y repetir con el Salmista: "Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria...?" (Salmo 8:3,4).

Cuando consideramos la nueva creación, hecha posible por la sangre de nuestro Salvador derramada en la cruz del Calvario, el amor del Creador nos llena; "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13).

Vamos a considerar las similitudes entre la creación y la nueva creación, y ver lo que el Creador desea grabar en nuestros corazones.

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz de las aguas." (Génesis 1:1,2)

¿No es esto un cuadro acertado de nuestra condición espiritual antes de encontrar al Señor? ¿Verdad que es un cuadro de la humanidad: sin forma, vacía y en total

tinieblas? Pero, sobre este trasfondo, el Espíritu de Dios se movía, o revoloteaba, como una paloma revolotea sobre el nido para ver si es el momento preciso de posar en el nido, y llenarlo con vida, calor y protección. Esto es exactamente lo que hace el Espíritu Santo: revolotea sobre el nido de los corazones humanos, que están sin forma, vacíos, y en tinieblas, convenciendo del pecado y demostrando que no podemos hacer nada en favor de nuestra propia salvación. A la vez, nos presenta al Hijo de Dios, el Señor Jesucristo como único Salvador. Cuando llega el momento oportuno, y el corazón responde en arrepentimiento y en aceptación del Señor Jesús como Salvador personal, entonces se emite el decreto de Dios: "Sea la luz", y la luz ahuyenta las tinieblas, mientras se produce el milagro de la nueva creación. Este es el primer día de la nueva vida del creyente: "...he aquí todas son hechas nuevas." (2 Corintios 5:17)

Dios, en el segundo día "...separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión" (Génesis 1:7). De manera similar, el segundo día en la vida del creyente es un tiempo de separación.

Esto es un tema que a muchos predicadores no les gusta tratar, sin embargo es muy claro y esencial en nuestra vida cristiana. Tal vez sea una reacción contra algunos que llevaron la separación a extremos desmedidos, ni aun comiendo con sus hijos. Aquello resultó en una generación de jóvenes que, o sufren los efectos sicológicos de la negligencia de sus padres, o se rebelan contra toda y cualquier religión. No estamos hablando de este tipo de separación. Mas bien estamos hablando de estar en el mundo pero "no ser del mundo" (Juan 15:19), mostrando amor a todos aquellos con quiénes tenemos contacto, sin transar nuestros principios cristianos. El mundo ha permeado nuestras vidas de tantas maneras, y la Biblia nos amonesta en contra de esto: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él." (I Juan 2:15)

El segundo día es un día de descubrimiento de la voluntad del Señor en nuestra vida para nuestra santificación. "...que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios... No os conforméis a este siglo, sino transformaos... " (Romanos 12:1,2). "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo,... Porque habéis sido comprados por precio; glorificad , pues, a Dios en vuestro cuerpo ..." (I Corintios 6:19,20). "Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor" (2 Corintios 6:17). "Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:16).

Es necesario darse cuenta que no debería existir ninguna profunda comunión entre creyentes e incrédulos. Esto se enseña correctamente a los jóvenes cuando piensan en una pareja para sus vidas. Pero lo que falta hoy en día es la enseñanza que indique que las relaciones entre creyentes tiene que ser de completa pureza: "Consérvate puro" (1 Timoteo 5:22), y "... bueno sería al hombre no tocar mujer" (1 Corintios 7:1), un versículo que ha sido completamente transformado en algunas versiones modernas de la Biblia (lo que tal vez explica por qué tales versiones son más populares en muchos lugares).

Una vez que aprendemos la lección de la separación del segundo día, podemos proceder al tercer día. En ese día Dios creó "...árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él.." (Génesis 1:11). Así que el tercer día en la vida del cristiano tiene que ver con llevar fruto.

Notemos que la semilla está en nosotros. Los frutos de los creyentes son otros creyentes exactamente como ellos: ¡qué responsabilidad! "...sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza" (1 Timoteo 4:12). El Señor nos desafía hoy día: ¿estamos llevando fruto? ¿Cuándo fue la última vez que condujimos a un alma perdida a la cruz para salvación, y luego contemplamos aquel fruto crecer para la gloria de Dios? Si fue hace mucho tiempo, necesitamos devolvernos al segundo día, y revisar

nuestra vida en vista de la voluntad de nuestro Señor y Salvador como la vemos revelada en la Biblia.

En el cuarto día Dios creó el sol, la luna y las estrellas. Por eso el cuarto día en nuestra vida cristiana es el tiempo cuando nuestras vidas brillan como las estrellas.

Vivimos en los lugares celestiales, pero "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5:16). A igual que la luna, no somos fuentes de luz. Solamente reflejamos la luz del "sol": nuestro Señor y Salvador, nuestro Creador, porque El es "la luz del mundo" (Juan 8:12). Pero a veces nuestra luz no se ve. Es como cuando hay un eclipse de luna, que ocurre cuando la tierra pasa entre la luna y el sol. ¡De vuelta al segundo día! Cuando el mundo se interpone entre el creyente y el Señor, el testimonio se torna borroso, y resulta un eclipse parcial. Si no removemos ese obstáculo mundano, sucederá un eclipse total, y nuestro testimonio quedará manchado. ¡Qué miserable situación para los creyentes! Volvamos al Señor, oigamos sólo su voz, y obedezcámosle a El, "porque habéis sido comprados por precio" (1 Corintios 6:20).

En el quinto día Dios creó las aves y los peces. Ambos desafían las leyes de la naturaleza. Un ave es capaz de volar aunque pesa más que el aire, y un pez puede alcanzar grandes profundidades donde la presión haría imposible sobrevivir naturalmente. Esto es el quinto día de la vida cristiana: un día de victoria sobre las leyes de la naturaleza terrenal.

Nos encumbramos en las alturas cerca del corazón del Salvador, y exploramos las profundidades de su amor y comunión, y los tesoros de su Palabra. Fíjese que el ave necesita realizar mucho esfuerzo cuando no hay viento; pero con el viento, unas aleteadas, y ¡el cielo estará a su alcance! De manera similar, como creyentes, si no dependemos del poder del Espíritu Santo, tenemos que gastarnos mucho para lograr muy poco. Pero cuando dependemos del Espíritu

Santo, nos elevamos a las alturas celestiales desde dónde las cosas terrenales que nos impedían se verán tan insignificantes, comparadas con las bendiciones de la cercanía a nuestro Señor y Salvador, nuestro Creador y Redentor.

Y en el sexto día Dios coronó la creación con algo especial: "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen...y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó" (Génesis 1:26,27). Cuando leo esto, y considero que este mismo Creador envió a su propio Hijo a morir en la cruz para redimir al hombre, ¡el amor de Dios me asombra! Yo, una gota en el océano de su vasto universo, ¡sin embargo El tiene tanto cuidado de mí! Si como creyentes pasáramos más tiempo pensando en esto, nuestras vidas y prioridades cambiarían.

Así que el sexto día es el día final de la vida del cristiano aquí en la tierra. Es el tiempo cuando procuramos ser conformados a la imagen del Hijo de Dios (Romanos 8:29). Alguien ha dicho que Dios estaba tan complacido con su Hijo, que quería un cielo lleno de personas como EL Nuestra vida cristiana está repleta de experiencias. Si las vivimos de acuerdo a la voluntad del Señor, esas experiencias nos moldearán a la imagen que Dios desea que tengamos. Cuanto más lleguemos a estar conformados a su imagen, más podremos experimentar la vida abundante, y más feliz será nuestra partida de esta escena terrenal cuando el Señor nos llame a su hogar. Esto me hace pensar en Esteban, a quién, mientras le apedreaban a causa de su valiente testimonio por su Salvador, y siendo conformado a la imagen del Hjo de Dios, clamó como su Maestro: "Señor no les tomes en cuenta este pecado" (Hechos 7:60). ¡Cuan gloriosa entrada al cielo tuvo él: "He aquí veo los cielos abiertos, y al Hijo de del Hombre que está a la diestra de Dios" (Hechos 7:56)! ¡Qué tremenda es nuestra esperanza: un día glorioso veré a mi Salvador "cara a cara" (1 Corintios 13:12); "seremos semejantes a El, porque le veremos tal

como El es" (1 Juan 3:2). Podré contemplar el rostro de mi Salvador, y comprender el sentido de "y todo El codiciable" (Cantares 5:16). Voy a poder arrodillarme a sus pies horadados, con el Calvario en mente, y proclamar junto con todos los redimidos: "Tú eres digno... mi Creador...mi Salvador ...mi Señor y mi Dios."

¡Qué comienzo majestuoso para el eterno séptimo día, en que "reposó de toda la obra que había hecho en la creación" (Génesis 2:3). Estaremos con El para siempre. ¡O qué maravilloso es todo esto! Amén, ven Señor Jesús, nuestro Creador, nuestro Salvador, y nuestro Señor.

índice Gigantismo, 111, 112, 127 Libby, W. 76, 130 ADN, 19,53,62 Anemia falciforme, 63 Ararat, 122 Arboles, Fosilizados, 69, 126 Anillos de crecimiento 78 Arca de Noé, 22-23, 36, 78, 97,113,115-119,122,123,135- 137, 151 Arqueópterix, 68 ARN. 53 Australopitecus, 84 B Barnes, T. G., 78, 81 Behemot, 98, 132-136 Big Bang, 37, 41-46, 47, 48, 51, 144 Boyle, Robert, 27 Braquiosaurio, 134 Brunel, 117 Calidad de vida 109-112 Cámara hiperbárica, 110 Campo magnético, su decaimiento, 79,80 Carbono 14, 76-78 Cementerios, fósiles, 66, 71, 125, 138 COBE, 43 D

Dart, Raymond, 84 Darwin, Charles, 37, 52, 53, 61, 68, 69, 105 Dentón, Michael, 54, 62, 90 Diluvio de Noé, 71, 75, 78, 89, 94-100, 109-113, 115, 119, 120-123, 136-139 Dinosaurios, 69, 74, 98, 127, 128, 132-137 Dinosaurios, preguntas, 132 Dubois, Eugene, 83 E Edad glacial, 128 Eddy, Dr. John, 77 Efecto invernadero, 128 Eje de rotación, 105 Entropía, 48 Escarabajo "bombardier", 60 Evolución teísta, 101 Expansión, (firmamento) 51, 106, 109, 114 Faraday,Michael, 28

Flecha del tiempo, (vea Leyes de la Termodinámica) Formas en transición 67, 68, 82 Fósiles, 66-72, 82, 86, 94, 96- 99, 110, 112, 121 G Generación espontánea, 31, 52 H Hawking, Stephen, 41, 46 Hoatzin, 68 Hombre Cro-Magnon, 84 Hombre glacial, 129 Hombre Java, 83 Hombre Neandertal, 84 Hombre Nebraska, 83 Hombre Pekín, 84 Hombre Piltdown, 84 Hombre-mono, 82-85 127 Jirafa, cuello, 61 Johanson, Donald, 85 Joule, James, 30 K Kepler, Johannes, 15, 26 Komodo, Isla de, 136 Kraus, G., 41

Leaky, Louis, 84 Leaky, Richard, 84-86 Lee, Robert, 77 Lerner, R. 42-44 Ley - biogénesis,

31 Ley- causa y efecto, 51 Lucy, 85 Lipson, H. 55 M Mamut, 70, 129 Maury, Matthew, 29 Maxwell, James Clerk, 31 Milton, Richard, 91

Modelo creacionista, 38, 78, 88

Morris, Henry M., 89, 116 Hoyle, Sir Fred, 56, 57, 128 Mutaciones, 59-64, 82, 102,

Hubble, 46 112,

Morse, Samuel, 28 Huellas - Dinosaurios, 69, N

Newton, Sir Isaac, 14, 27 O

Ojo humano, 105

Oxígeno, 18, 41, 54, 110, 128, 136

Oxnard, Charles, 85

Pájaro carpintero, 60 Paluxy, Río, cuenca, 127 Parker, Dr. Gary, 90 Pasteur, Louis, 31, 52 Patterson, Dr. Colin, 43 Poliestratos, fósiles 69, 71, 126

Polvo meteórico, 79

Principio de la Conservación

del Momento Angular 51 Leyes - termodinámica, 47- Probabilidad, 55-57, 62 51

R 1ra ley, 47

Radiometría, métodos de 2da ley, 48-50

datación 74-77, 86, 130, 132 3ra ley, 50

Rayos UV, 105, 112-114 Thomson, William,

Rifkin, Jeremy, 48 (Lord Kelvin), 31

Tierra joven, 73-80, 93, 102

S Toraca, 68

Selección natural, 59, 60, 105

Sistema abierto, 50 V

Vapor de agua, capa, 71, 109,

T 110, 136

Teoría "Gap" o "Intervalo",95- Velikkovsky, I., 124 101 Teoría de la evolución, 37, 48, Z

52, 62, 73, 82, 86, 88-92 Zinjatropus, 84

Teoría Dia-Edad, 94,95 Zuckerman, Lord Solly, 85

Termodinámica, leyes,

Acerca del autor:

Farid Abou-Rahme nació en la "Tierra Santa". Recibió sus primeros dos títulos en Ingeniería Civil de la American University de Beirut, en el Líbano. Después de un período de trabajo en el Medio-Oriente, se trasladó al Reino Unido donde obtuvo un doctorado en la Universidad de Sheffield.

En su búsqueda por respuestas, el autor pasó años investigando los temas de La Ciencia y la Biblia, y "La

Creación o La Evolución". Su investigación le confirmó la

autoridad de la Biblia en cada campo y disciplina que toca. El desea compartir sus conclusiones para así fortalecer la fe en la Biblia, y presentar al Creador quien llegó a ser el Salvador del mundo en la cruz del Calvario.

El Dr. Abou-Rahme dicta charlas y predica sobre el tema, mostrando como la ciencia confirma la exactitud y la autoridad de la Biblia. Una publicación previa, "Creation or Evolution; Does Science Have the Answer? ha sido publicada en varios idiomas.

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