2.2. Bases teóricas 1 Creatividad Gráfica
2.2.1.1.1. Creatividad: Conceptualización y definiciones
Calzada (2013) resalta que muchos autores discurren sobre la dificultad de definir el término creatividad, ya que se encuentra entre las más complejas conductas humanas y se manifiesta de muy diversas formas en muchos y diferentes campos. Ruíz (2010) declara que esta dificultad de la definición de la creatividad podría estar estrechamente relacionada con dos realidades: por un lado, se asocia la creatividad con una conducta humana compleja al estar influida por el propio desarrollo social y humano, lo cual hace que la propia conceptualización sea una construcción socio-histórica en continua revisión y re- construcción; y por otro lado, la manifestación de la creatividad puede ser muy diferente dependiendo del campo ante el que nos encontremos. Esta dificultad hace que la mayoría de los autores se interesen más por la evolución conceptual del término que en su propia definición.
Etimológicamente el término creatividad deriva de la palabra latina creare, que significa engendrar, dar a luz, producir, crear, emparentada con la voz latina crecere, que quiere decir crecer García-Torrell (2013). La creatividad es la disposición del individuo que le impulsa a inventar, descubrir y crear; es la capacidad y la facultad de producir algo que no existe (Real Academia Española, 2017).
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Uno de los pioneros, sobre el tema de creatividad es Guilford (1959; citado por Arango & Henao (2006) quien plantea que los seres humanos tienen dos clases de pensamiento; el convergente que se relaciona con la lógica y el divergente con la creatividad. El pensamiento divergente se mueve en varias direcciones; buscando la mejor forma para resolver los problemas que siempre enfrenta como nuevos y para los que no tiene patrones de solución, pudiendo dar una gran variedad de soluciones apropiadas más que una única correcta. Según Guilford, el pensamiento divergente constituye un importante factor de la creatividad; debido a que puede llegar a ser una forma diferente y original de resolver los problemas. Otra característica importante del pensamiento divergente es su desvinculación de patrones preestablecidos: su libertad, que permite a las ideas fluir.
Artola, Ancillo, Mosteiro & Barraca (2004) declaran a partir de las investigaciones realizadas por Guilford, la creatividad es definida como el conjunto de aptitudes caracterizadas principalmente por dos categorías: la producción divergente y los productos transformacionales. La producción divergente hace referencia a la capacidad de generar alternativas lógicas a partir de una información dada, cuya importancia se evalúa en función de la variedad, la cantidad y relevancia de la producción a partir de la misma fuente. Los productos transformacionales hacen referencia a la capacidad para imaginar cambios de diversas clases (redefiniciones, transposiciones, revisiones o modificaciones) en la información existente; es decir, la capacidad de utilizar la información almacenada en la memoria de forma nueva y distinta; lo cual implica flexibilidad de pensamiento, así como capacidad de la persona para ir más allá y profundizar sobre sus propias experiencias.
Stein (1956) y Curtis, Demos y Torrance (1976), citados por Ruíz (2010), definen creatividad como aquel proceso que produce o se cristaliza en una obra nueva que resulta aceptada en virtud de su utilidad o satisfacción para un grupo en un determinado momento temporal. Surge así la noción de utilidad; el valor de lo creado, empieza a ser necesario en cualquier definición de creatividad.
Gregory (1967) y Sillamy (1970), citados por Ruíz (2010), destacan la importancia del medio sociocultural: Para Gregory, la creatividad satisface tanto a su creador como al resto de la sociedad y necesita además del reconocimiento personal el reconocimiento
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social, el mismo que es acotado por el momento social y cultural en el que se viviera. Surgiendo así la importancia de la construcción socio-histórica de la creatividad. De forma similar, para Sillamy, la creatividad es la disposición para crear que existe en estado potencial en todas las edades. Estrechamente dependiente del medio sociocultural, esta tendencia natural a realizarse requiere de condiciones favorables para su expresión, esto es, un ambiente que engloba al contexto educativo como un medio para potenciar la creatividad.
Torrance (1973; citado por Calzada, 2013), considera que la creatividad es un proceso que vuelve a alguien sensible a los problemas y lo lleva a identificar dificultades, buscar soluciones, hacer especulaciones o formular hipótesis, además de comunicar los resultados. Torrance introduce así la noción de comunicación de los resultados dentro del concepto de creatividad. En esa misma línea, Bean (1992; citado por Ruíz, 2010) entiende la creatividad como un proceso mediante el cual un individuo expresa su naturaleza básica a través de una forma o un medio para obtener un cierto grado de satisfacción; ello da como resultado un producto que comunica algo sobre esa persona a los demás.
Posteriormente, según Ruiz (2010), surgen teorías que abordan el estudio de la creatividad desde su complejidad, reconociéndola como un fenómeno polisémico (múltiplas definiciones), multidimensional (proceso, persona, medio y producto) y factorial (diversas formas que tiene la creatividad de manifestarse).
Amabile (1983; citado por Ruíz, 2010) propone un modelo de creatividad constituido por tres componentes: las destrezas relevantes para el dominio, las destrezas relevantes para la creatividad y la motivación intrínseca. Sternberg y Lubart (1997; citados por Ruíz, 2010) defienden seis recursos interrelacionados: las capacidades intelectuales, el conocimiento, los estilos de pensamiento, la personalidad, la motivación y el ambiente. Feldman (1999; citado por Ruíz, 2010) propone siete dimensiones: los procesos cognitivos, los procesos socioemocionales, los aspectos familiares evolutivos y actuales, la educación y preparación, las características del dominio (el contenido teórico) y el campo (el grupo social), los aspectos contextuales socioculturales, y las influencias históricas (sucesos y tendencias). Csikszentmihalyi (1998; citado por Ruíz, 2010), a partir de una perspectiva
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integracionista, concibe la creatividad como el resultado de la interacción de un sistema compuesto por: una cultura, en la que confluyen unas reglas simbólicas; una persona, que aporta novedad a ese campo simbólico; y un ámbito de expertos, los cuales serían los encargados de reconocer y validar la propia innovación.