CAPITULO II- ALCANCES, CONCEPTOS Y DIMENSIONES DE LA
2.3. CRISIS AMBIENTAL INDICADORES DE SUSTENTABILIDAD
Medir la sustentabilidad no puede apoyarse en simples estimaciones del desgaste del capital natural, sino que implica recurrir, necesariamente, a indicadores físicos, químicos, biológicos, con la importante advertencia de que no existe un indicador biofísico de sustentabilidad que pueda a todos englobarlos. Motivo por el que Martínez Alier (1998) manifiesta: “El enfoque economicista intenta ampliar ecológicamente el mercado, dando precios a los bienes ambientales destruidos (a través de la adjudicación de derechos de propiedad o en mercados ficticios. Ha habido propuestas de indicadores monetarios del estado del ambiente y de la sustentabilidad como un todo (como las estimaciones de David Pearce de la sustentabilidad en sentido débil), que son intentos complementarios de los esfuerzos por lograr un PIB verde, mediante las correcciones sugeridas por El Serafy u otras correcciones. Pero todos esos intentos tropiezan con la arbitrariedad de los valores monetarios actualizados que se dan a los recursos y servicios ambientales. Tales indicadores monetarios solamente son creíbles en audiencias cautivas de economistas profesionales, no son útiles para la política ambiental. (Martinez Alier, op. cit: 101)”
Tras la ineficacia de los indicadores economicistas propuestos, emergen otros indicadores de sustentabilidad, tales como la Huella Ecológica –HE-, la Huella Hídrica –H H- y la Huella de Carbono. Se trata de indicadores más complejos pero más acordes a los procesos que se registran en la realidad.
La huella ecológica –HE- se define como “una herramienta contable que nos permite estimar los requerimientos en términos de consumo de recursos y asimilación de desechos de una determinada población y economía, expresados en áreas de tierra productiva”. (Pengue, 2005. Seminario sobre Economía Ecológica. Maestría Sistemas Ambientales Humanos, Universidad Nacional de Rosario)
De acuerdo a quienes elaboraran el concepto de HE, William Rees y Mathis Wackernagel, la HE es definida como “(…) el área o territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistema acuático) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida con un nivel de vida específico indefinidamente, donde sea que se encuentre esta área.” En otras palabras, es un indicador ambiental de la presión o el impacto que genera una determinada comunidad sobre su entorno, por sus niveles de producción y consumo. La HE se expresa en unidades espaciales; es un instrumento de cálculo y, en ese sentido, es significativa su utilidad.
Fuente: www/footprintnetwork.org recuperado el 11 de agosto de 2012.
Según las mediciones realizadas en el año 2007, “la HE promedio es de 1.5 planetas, lo cual representa un vertiginoso aumento en comparación con las últimas décadas,pues, en 1960 se usaba un prudente 0,7 por ciento del planeta. Se está consumiendo un capital disponible, pero que supera el volumen de los bienes que el planeta es capaz de generar anualmente. El problema no es menor, pues para 2030 se prevé que ascenderá a dos planetas completos”. (footprintnetwork.org recuperado el 11 de agosto de 2012.)
La HE no sólo pone al descubierto preocupaciones globales, tales como el deterioro ecológico y la desigualdad material, sino que también vincula estas mismas preocupaciones con la toma de decisión individual e institucional, ayudando a entender tanto la situación presente como las implicancias de opciones futuras. En este sentido Pengue afirma que “La huella ecológica puede ser utilizada como un instrumento de política, en el marco de la discusión desde la Ecología Política de la irracionalidad de un tipo de modelo de desarrollo. No sólo como un instrumento que pretende
“reducir” ciertos impactos, como se promueve en muchos enfoques del Norte. Desde aquí, lo podemos aplicar, pero con otros objetivos y otras miradas.” (Pengue, 2005. Seminario sobre Economía Ecológica. Maestría Sistemas Ambientales Humanos, Universidad Nacional de Rosario)
Resumiendo, la HE es una herramienta que ayuda a planificar acciones tendientes a incrementar la sustentabilidad (o disminuir la insustentabilidad); comprender mecanismos de producción y enfoques de desarrollo erróneos y /o, inequitativos, al tiempo que se trata de un indicador entre hábitos de consumo, estilos de vida y recursos naturales.
La Huella Hídrica -H H- se define como el volumen total de agua dulce usado para producir los bienes y servicios producidos por una empresa o consumidos por un individuo o comunidad. El uso de agua se mide en el volumen de agua consumida, evaporada o contaminada, ya sea por unidad de tiempo para individuos y comunidades, o por unidad de masa para empresas. La huella de agua se puede calcular para cualquier grupo definido de consumidores (por ejemplo, individuos, familias, pueblos, ciudades, provincias, estados o naciones) o productores (por ejemplo, organismos públicos, empresas privadas o el sector económico). La huella de agua es un indicador geográfico explícito, que no sólo muestra volúmenes de uso y contaminación de agua, sino también las ubicaciones. Sin embargo, no proporciona información sobre cómo el agua consumida afecta positiva o negativamente a los recursos locales de agua, los ecosistemas y los medios de subsistencia (Hoekstra y Chapagain, 2008).
La HH clasifica las fuentes de agua, es decir, distingue entre tres componentes: el agua azul, el agua verde y el agua gris. La primera -huella de agua azul-, es el volumen de agua dulce consumida de los recursos
hídricos del planeta (aguas superficiales y subterráneas). La segunda huella es el volumen de agua evaporada de los recursos hídricos del planeta (agua de lluvia almacenada en el suelo como humedad). La tercera, corresponde al volumen de agua contaminada que se asocia con la producción de los bienes y servicios. Este último componente HH, el agua gris, puede ser estimado como el volumen de agua que se requiere para diluir los contaminantes hasta el punto que la calidad del agua se mantiene en o por encima de las normas acordadas de calidad del agua. Verbigracia: La producción de un kilo de ternera requiere 16.000 litros de agua.
Como se señalara, otro indicador de sustentabilidad es la Huella de Carbono -HC-. Se trata de un indicador que mide las emisiones de dióxido de carbono (CO2) que se realizan en la cadena de producción de bienes, desde la obtención de materias primas hasta el tratamiento de desperdicios, pasando por la manufacturación y el transporte. Por tanto la huella de CO2 es la medida del impacto que provocan las actividades del ser humano en el ambiente y se determina según la cantidad de gases de efecto invernadero producidos, medidos en unidades de dióxido de carbono.
Se pretende, con la huella de CO2, que las empresas puedan reducir los niveles de contaminación mediante un cálculo estandarizado de las emisiones que tienen lugar durante los procesos productivos. El certificado de la HC no es obligatorio, sin embargo, muchas empresas están interesadas en que sus productos lleven la etiqueta que certifica los valores de CO2 de sus productos ya que así los consumidores podrán optar por los productos más sanos y menos contaminantes.
Fuente: www.ambiente.gov.ar/cambio_climático
Estos indicadores físicos utilizados expresan, en general, procesos que implican pérdida y/o degradación de los mismos. Asimismo, son utilizados en reiteradas ocasiones usados muchas veces para promover entre algunos sectores sociales una mayor conciencia sobre el significado de las pérdidas ocasionadas en la base natural utilizada en la producción, y también para aplicar políticas de reducción de consumo y de emisiones.
2.4. LÍMITE DE LA SATURACIÓN ANTRÓPICA.
Los significativos cambios de temperatura producidos en el planeta están desestabilizando los ecosistemas en todo el mundo.
Prácticamente todas las actividades productivas en una economía globalizada como la actual, dependen de un modo u otro del petróleo y de otras fuentes de energía fósiles. Fertilizantes y pesticidas petroquímicos son utilizados para la producción de alimentos. La vestimenta está fabricada, mayormente, con fibras sintéticas petroquímicas. La mayoría de los materiales de construcción (cemento, plástico, etc.) están hechos de combustibles fósiles, al igual que la mayor parte de los productos
farmacéuticos, el transporte, la electricidad, la refrigeración, la calefacción y la iluminación, los que dependen también de este tipo de combustibles. Esta realidad es la que conduce a Rifkin a afirmar que “Doscientos años quemando carbón, petróleo y gas natural para propulsar un modo de vida industrializado han dado como resultado la liberación de cantidades ingentes de dióxido de carbono en la atmósfera terrestre. Esa energía gastada (la factura de la entropía) bloquea la salida de nuevo al espacio del calor irradiado por el sol a la Tierra y amenaza con provocar una variación catastrófica de la temperatura de la superficie del planeta, con consecuencias potencialmente devastadoras para el futuro de la vida.” (Rifkin, 2011:43) Y continúa más adelante: “Una simple variación de la temperatura de entre 1.5 y 3.5 ºC podría comportar, según nuestros científicos, una extinción en masa de vida vegetal y animal en menos de cien años. Los modelos indican una tasa de extinción de un orden mínimo del 20 % y máximo de hasta el 70%.” (Ibid.: 45)
Sin embargo, uno de los aportes más importantes de Rifkin es la relación que establece entre el incremento de la temperatura a escala global y el ciclo del agua. En sus palabras: “Donde más importante es el impacto de un ascenso global de las temperaturas es en el ciclo del agua. Cada incremento térmico de un grado centígrado en el conjunto del planeta significa una subida del 7% en la capacidad de retención de humedad de la atmósfera. Esto origina una alteración radical del mecanismo de distribución del agua, pues aumenta la intensidad de las precipitaciones, pero se reduce la duración y la frecuencia de estas. La consecuencia es un incremento de las inundaciones y un alargamiento de las sequías. Los ecosistemas que se han adaptado a un régimen meteorológico a lo largo de un periodo prolongado no pueden ajustarse con suficiente prontitud a estos cambios bruscos de las precipitaciones y se van extinguiendo por culpa de la inestabilización.” (Ibid. 46)
La concentración de CO2 en la atmósfera aumentó una tercera parte desde 1750, es decir desde el comienzo de la era industrial.
A pesar de la acumulación de informes y estudios científicos que confirman que la era industrial, basada en los combustibles fósiles, está tocando a su fin y que la Tierra se enfrenta actualmente a un cambio climático potencialmente desestabilizador, la raza humana en general se niega a admitir la realidad de lo que sucede. 12
2.5. HORIZONTE TEMPORAL DE LAS GENERACIONES