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Cristianópolis, Brasil

In document Tomo 62 WSS (página 65-125)

uy buenas noches, amados jóvenes; que las bendicio-

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nes de Jesucristo, el Angel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también en esta Primera Convi- vencia Juvenil Brasileña; y que en esta noche nos hable al corazón Su Palabra y nos abra el entendimiento en lo profundo de nuestra alma, y nos abra las Escrituras en esta noche. Amén.

Quiero leer en San Mateo, capítulo 13, verso 10 en adelante, y dice de la siguiente manera, luego de Jesucristo haber explicado la parábola del sembrador. Si leemos el verso 8, veremos la buena parte o dónde cayó la bendición, o dónde se materializó la bendición de Dios por medio de la Palabra que cayó en buena tierra. Capítulo 13, verso 8 en adelante, vamos a leer. Dice así:

“Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.”

La explicación de la buena tierra está en el mismo capítulo 13, verso 23, y dice:

“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

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y lleva fruto. Los otros no llevaron fruto. Ahora, continua- mos leyendo aquí mismo en San Mateo, verso 9, donde sigue diciendo:

“El que tiene oídos para oír, oiga.

Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado (‘a ellos no les es dado,’ a las demás perso- nas).”

Luego sigue diciéndonos: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.”

Una parábola que no es entendida no puede producir el beneficio de esa parábola para la persona. Ahora miren ustedes, les habla por parábolas, y viendo no ven, ni entienden.

“De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis...”

Cuando una persona escucha una parábola sin ser explicada esa parábola, está escuchando pero no está entendiendo nada. Pero esa parábola tiene un significado y la persona necesita conocer ese significado para que le sea de provecho esa parábola; porque esa parábola contiene misterios del Reino de Dios.

“Y viendo veréis, y no percibiréis (O sea, no se darán cuenta de lo que está siendo dicho).

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con

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el corazón entiendan.”

Ahora, podemos ver aquí que hay dos formas de entender: una es con el intelecto y otra es con el corazón, o sea, con el alma, con la cual se obtiene la revelación de Dios. No es con el intelecto sino con el alma que se obtiene la revelación de Dios y se entiende esa revelación divina y se cree esa revelación divina; ahí es donde se recibe la revelación del cielo. Ahora, sigue diciendo Cristo:

“...Y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane (significa: y yo los salve).”

Ahora, podemos ver que la persona cuando entiende con su corazón o en su alma y se convierte a Cristo, obtiene su salud espiritual, su sanidad de toda enfermedad del pecado, y recibe ahí vida eterna.

“Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”

Ellos estaban viendo la Primera Venida de Cristo, el evento que habían deseado ver los profetas y justos de Dios, los cuales hablaron de la Venida del Mesías. ¿Y qué estaban escuchando ellos? Ellos estaban escuchando la Palabra de Dios por medio del Mesías en la Primera Venida de Cristo; bienaventuranza que quisieron tener todas las personas del Antiguo Testamento; pero a los discípulos les tocó esa bienaventuranza.

Ahora, para ver porqué les hablaba por parábolas, vean ustedes, para que viendo no vieran y entendieran, dice:

“Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.”

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Mateo, de las parábolas es dicho:

“Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba (ahí están las parábolas del grano

de mostaza, está la parábola del trigo y de la cizaña, está la parábola del sembrador, y todas esas parábolas que El dio para aquel tiempo. Ahora, ¿qué contenían esas parábolas? Sigue diciendo);

para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.”

Podemos ver que en las parábolas de Jesucristo hay cosas ocultas, hay cosas que son habladas ahí, que son misterios desde antes de Cristo, o sea, desde Adán en adelante, y aun desde antes de Adán. En las parábolas de Jesús están los misterios del Reino de Dios revelados en parábolas. Pero la explicación de esas parábolas, encontra- mos que es lo que nos da a nosotros el conocimiento de esos misterios del Reino de Dios. La buena tierra es aquel que oye la Palabra y la entiende; y eso incluye el oir las parábolas y entender el significado de ellas.

Ahora, necesitamos romper esa barrera para poder entender el contenido de esas parábolas.

“ROMPIENDO BARRERAS.”

“ROMPIENDO BARRERAS.” Esta es la segunda parte.

La primera parte de este tema: “ROMPIENDO BA- RRERAS,” fue en la mañana. Ahora vamos para la segunda parte. Mañana estaremos en la tercera y cuarta parte también. En la mañana en la tercera; o sea, ya esto es entre los jóvenes; y después en la noche también, ya será la cuarta parte de este tema: “ROMPIENDO BARRERAS.” ¿Y hasta cuándo llega este tema, Salomón? ¿Hasta el domingo también? Pues el domingo tendremos la quinta y

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sexta parte de “ROMPIENDO BARRERAS.” Y esperamos que Dios nos muestre muchas cosas para romper la barrera de la ignorancia de las cosas que debemos conocer en este Día Postrero.

Hay que romper la barrera de la ignorancia para poder entender todas estas cosas que debemos conocer. Y para eso Jesucristo dice:

“Yo Jesús les he enviado mi ángel para dar testimonio de estas cosas en las iglesias.” (Apocalipsis 22:16).

Para que las puedan entender todos los hijos e hijas de Dios, y sea rota la barrera de la ignorancia, y así conozca- mos todas estas cosas que deben suceder pronto.

Qué bueno es nuestro Dios, que para romper la barrera de la ignorancia de las cosas que deben suceder, nos dice:

“Yo Jesús les he enviado mi ángel para dar testimonio de estas cosas en las iglesias.”

¿De qué cosas? De todas estas cosas que deben suceder pronto. Apocalipsis 22, verso 6:

“Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Y ese Angel no las trae en parábolas, pero las trae con las parábolas, con las parábolas que están en la Biblia, explicándolas. Y con la explicación de esas parábolas, se rompe la barrera de la ignorancia de lo que significan esas parábolas.

“ROMPIENDO BARRERAS. Parte II.” “ROMPIENDO BARRERAS. Parte II.”

Ahora podemos ver que en estas parábolas de Jesucristo están escondidos los misterios del Reino de los Cielos. El mostró el Reino de los Cielos en diferentes formas y en diferentes parábolas.

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Reino de los Cielos, y dijo que es semejante a un hombre que sembró buena simiente. Una parte cayó junto al camino, otra cayó en pedregales y otra cayó entre espinos; pero otra cayó en buena tierra, y llevó fruto a ciento por uno, a sesenta por uno y a treinta por uno.

No es a ciento por ciento, sino a cien por uno. Se siembra uno y se cosechan cien. A ciento por ciento, si usted siembra cien, pues cosecha cien; o sea, que no está ganando nada. Pero ahí, al ciento por uno, sí que está ganando mucho. Cuando usted siembra cien granos de trigo y cosecha al ciento por ciento ¿qué está obteniendo? De cien que sembró, pues cosecha cien; obtuvo la misma cantidad. Pero ahora, si gana, pues tiene que cosechar al ciento por uno o al sesenta por uno o al treinta por uno; y es buena ganancia al treinta por uno. O sea, si usted siembra un grano de trigo y recoge treinta, pues tiene más de lo que tenía al comenzar; y después siembra esos treinta, y multiplica treinta por treinta, ¿y cuánto le da? Le da como 900. (Por ahí tenemos a Miguel con la calculadora). Luego siembra esos 900 y lo multiplica por 30 en la cosecha; ya eso es como 27,000 por ahí, ¿verdad? Eso es sacando así la cuenta a la ligera, ya que no tengo una calculadora por ahí a la mano; pero Miguel por ahí puede ver si es 27,000 o algo así. Yo lo saqué ahí a la ligera, multipliqué 3 x 9 que son 27, después le añadí los ceros, y no sé si le añadí ceros de más o no. ¿Eso es Miguel? Bueno, entonces estamos bien. Y después siembra esos 27,000 granos de trigo, y ahí yo me quedo porque hay que multiplicarlo por 30 de nuevo. Bueno, eso sería 810,000 granos de trigo. Bueno, pero miren ¿cuántas cosechas necesita? ¿cuántas siembras y cosechas necesita? Necesita unas cuantas para tener, digamos, 810,000 granos de trigo.

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Ahora, si produce a sesenta, ya no va a tener 810,000 granos de trigo; tendrá mucho más. Y si obtiene a ciento por uno, ya eso es mucho más.

La buena tierra es el que oye y entiende la Palabra de Dios para la edad y dispensación que le toca vivir, y lleva mucho fruto.

Ahora, ¿a cuánto quiere usted dar? A ciento por uno. Todo el mundo desea dar al ciento por uno.

Ahora, observe usted los árboles y también las planta- ciones de vegetales, de tomate, de lechuga, de zanahorias, vegetales y ensaladas, todas esas cosas, y árboles también, y usted notará unos arbolitos o unas plantas que son más hermosas que otras. Si buscamos bien la razón, encontrarán que tienen más humedad abajo en lo profundo, bajo la tierra, y eso le da oportunidad de que sus raíces se extien- dan más y obtengan más alimento y la planta esté más hermosa: multiplica célula sobre célula más rápidamente que las otras; y cuando lleva el fruto, lleva más fruto y más hermoso; y también le da el sol a esa planta. Pero si ustedes colocan una planta donde no le da el sol, y luego donde no hay buena humedad, usted verá que no va a llevar ni a treinta por uno.

Se requiere que el Sol de Justicia, Cristo, resplandezca sobre nosotros con los rayos de luz de Su Palabra, para que nos dé esas vitaminas que necesitamos; y que la humedad de la Palabra, siendo enseñada, llegue hasta nuestras raíces, y nos arraiguemos bien en el Programa divino, y obtenga- mos así vida para ser reproducida a través de nuestras vidas; y que también llevemos, por consiguiente, mucho fruto y hermoso fruto. Porque hay frutos que no pasan la inspección, y debemos nosotros llevar un fruto hermoso que pase inspección como los frutos que son para la

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exportación; son los mejores frutos, y tienen que pasar por cierta inspección. ¿Y saben ustedes una cosa? Que el fruto nuestro es para exportación, para el Reino de Dios, y para toda la eternidad; por lo tanto, vigile el fruto: Debe ser hermoso y perfecto, que pase la inspección de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ahora, viendo que en las parábolas están los misterios del Reino de Dios o Reino de los Cielos, los misterios de la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual fue representada en el pueblo hebreo, y fue representada también en el tabernácu- lo que hizo Moisés y el templo que hizo Salomón...

Y ahora el Templo de Dios en el Nuevo Testamento es la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso el pueblo hebreo no tiene templo; porque ya Dios tiene un nuevo Templo. Cristo dijo que aquel templo que el pueblo hebreo tenía iba a ser destruido, y no quedaría piedra sobre piedra que no fuera destruido. Pero El estaba mostrando que habría un nuevo Templo: Su Iglesia, donde El habitaría.

El dijo que recibirían el Espíritu Santo y que El moraría en ellos y estaría con ellos. ¿Con quiénes? Con los miem- bros del Cuerpo Místico de Cristo, o sea, con la Iglesia del Señor Jesucristo. Ese es el Nuevo Templo en el Nuevo Testamento, ese es el lugar de morada de Dios en Espíritu Santo, como nos dice San Pablo en su carta a los Efesios, en el capítulo 2. Y ahí nos muestra quiénes son los miem- bros de la Iglesia de Jesucristo. Es importante que cada persona sepa quién es en la Iglesia del Señor Jesucristo. Capítulo 2, verso 19 al 22, dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (miembros de la Familia de Dios, o sea, hijos e hijas

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edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo

mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Ese Templo de Dios o casa de Dios o edificio de Dios, para morada de Dios en Espíritu Santo, dice San Pablo que somos nosotros, o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo, que es edificada con seres humanos. Somos colocados en ese Templo espiritual, somos edificados juntamente con todos los santos de las edades pasadas. Y para el Día Postrero la promesa es que Dios morará en ese Templo en toda Su plenitud.

Durante las edades pasadas ha sido las primicias del Espíritu Santo morando en cada hijo de Dios, pero para el Día Postrero será la plenitud de Dios; será producida la Resurrección de los muertos en Cristo y la Transformación de nosotros los que vivimos, y así obtendremos el cuerpo eterno, y Dios morará en toda Su plenitud en cada una de esas personas que estarán con cuerpos eternos. Ahí es donde se cumple la redención del cuerpo, o sea, el momen- to en donde obtendremos la restauración en y a un cuerpo eterno.

Seremos restaurados a vida eterna con un cuerpo eterno, para reinar con Cristo por mil años y luego por toda la eternidad. Y para eso hay unas cuantas barreras que tienen que ser rotas en el Día Postrero. Y la principal es la barrera de la ignorancia de las cosas que deben suceder en el Día Postrero. Esa barrera al ser rota y poder comprender todas estas cosas que deben suceder pronto, obtendremos así la

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fe, la revelación, para que se materialice en todos nosotros las promesas de Cristo de grandes bendiciones que están establecidas en la Escritura para Sus escogidos en el Día Postrero; y tendrá que venir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos. Pero antes viene el Mensaje de la Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a los escogidos de Dios. Y así la barrera de la ignorancia se rompe para los escogidos de Dios; porque entonces entenderán las cosas que antes no entendían, y verán que esas grandes promesas son tan sencillas en cuanto a su cumplimiento en el Día Postrero.

Encontramos que Jesús habló de los grandes eventos correspondientes al Día Postrero. Los colocó en diferentes parábolas y diferentes profecías y visiones, las cuales nosotros necesitamos entender para poder ver el cumpli- miento de esas grandes profecías que fueron dadas en visiones y en parábolas por nuestro amado Señor Jesucris- to.

Encontramos que hay grandes profecías para el Día Postrero y necesitamos entenderlas. Jesucristo dijo en Apocalipsis, capítulo 4, verso 1, con esa Voz de Trompeta:

“Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.” O sea, las cosas que sucederán después de las que ya han sucedido en las siete edades de la Iglesia gentil, ahora Cristo las va a mostrar; porque no las mostró a ninguna de las siete edades de la Iglesia gentil; porque son promesas para ser mostradas abiertas, reveladas y cumplidas a Su Iglesia en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular y Dispensación del Reino, donde El estará enviando a Su Angel Mensajero en el Día Postrero.

Para cada edad del pasado Dios envió un ángel mensa- jero para cada edad, el cual dio testimonio con el Mensaje

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que Dios le dio para cada edad. Y para el Día Postrero El ha prometido enviar a Su Angel Mensajero para dar testimonio de estas cosas que deben suceder pronto.

Este Angel Mensajero en el Día Postrero viene como este hombre del cual habló Cristo en San Mateo, capítulo 13 y verso 52, donde dice:

“Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas (es semejante a un padre de familia).”

Ahora, en San Mateo, capítulo 24, verso 44 al 47, Cristo pregunta:

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?”

¿A quién le va a dar el Alimento a tiempo? A los hijos e hijas de Dios, a los miembros de esa Familia, de esa Casa, la Casa de Dios, o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo; esa es la Familia y Casa de Dios. Y Sus hijos, los miembros de Su Iglesia, son los hijos de esa Casa. Y para esa Casa, encontramos que Cristo ha enviado ángeles mensajeros de edad en edad; para las siete etapas de la Iglesia gentil envió siete ángeles mensajeros, y para el Día Postrero, para la Edad de la Piedra Angular, envía a Su Angel Mensajero.

Ahora, Cristo pregunta:“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que

les dé el alimento a tiempo?” El Alimento de la Palabra de Dios, del Mensaje de Dios correspondiente al tiempo en que Dios envía ese mensajero.

Cada mensajero recibió el Alimento espiritual para el tiempo en que vivió, para dárselo a los hijos de Dios en la Casa de Dios, o sea, a los miembros del Cuerpo Místico de

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