3.5. La igualdad liberal y la igualdad democrática Sociedad y comuni-
3.5.1. El criterio de Pareto como parámetro de ventajoso para to-
3.5.1. El criterio de Pareto como parámetro de ventajoso para todos3.5.1. El criterio de Pareto como parámetro de ventajoso para todos 3.5.1. El criterio de Pareto como parámetro de ventajoso para todos 3.5.1. El criterio de Pareto como parámetro de ventajoso para todos
El criterio de Pareto enuncia que el bienestar de un grupo está en su punto óptimo cuando es imposible que ninguno mejore, en un estado alter- nativo, sin que al mismo tiempo empeore al menos otro. La noción de Pareto no establece cuál es la mejor distribución sino en todo caso una clase de distribuciones igualmente óptimas o eficientes. Una distribución óptima no es mejor que una no óptima, sino superior, la primera domina a la segunda. En realidad existen dos criterios de Pareto, estos criterios fueron introducidos para obviar las comparaciones interpersonales de bienestar que son muy controvertidas. Veamos el primero. Pareto Superior: ordena un estado social bajo las siguientes condiciones. Un estado en el mundo S1 es Pareto superior a otro S si y sólo sí ninguno está peor en S1 que en S y al menos una persona está mejor en S1 que en S. Si una persona está mejor en un estado que en otro depende de su relación con el bienestar y se presume que cada persona es el mejor juez de su propio bienestar. Así, Pareto superior es a veces definido: S1 es Pareto superior a S si y sólo sí nadie prefiere S a S1 y al menos uno prefiere S1 a S. Si alguien tiene una gran utilidad en S1 sobre S y ninguno está peor en S1 que en S, entonces pasar de S a S1 significa una ganancia neta en la utilidad total.
Pareto Optimo es por definición: S1 es Pareto óptimo si sólo sí no existe un Sn tal Sn sea Pareto Superior a S1. Parece conveniente dar algunos ejem- plos que ilustrarán lo antedicho: Supongamos que hay una mercadería C y 10 unidades de ella; 2 personas x e y, ambas prefieren más de C que menos, imaginemos dos distribuciones de recursos entre x e y.
S1 X tiene 10 unidades de C, y tiene 0 unidades de C. S2 X tiene 0 unidades de C, y tiene 10 unidades de C.
Ambos son Pareto óptimos: todo cambio enriquece a alguien y perjudica al otro. Podría existir una tercera distribución:
S3 X tiene 5 unidades de C e y tiene 5 unidades de C.
Es Pareto óptimo también: Es fácil advertir que pueden existir un extenso número de estados Pareto óptimos, dados desde una inicial distribución de recursos. Así S1, S2 y S3 son óptimos y no comparables entre sí, ninguno es Pareto superior sobre los otros.
Los economistas propenden a que se asegure a la sociedad a alcanzar la Pareto superioridad. Así las reglas, las políticas y las instituciones serán efi- cientes si hay seguridad o nadie puede ganar a expensas de otro. Recordemos que S1, S2 y S3 son todos igualmente óptimos, sólo difieren en la distribución de C entre x e y.
Los economistas sostienen que una vez alcanzada la frontera de produc- ción de bienes y servicios, es tarea del teórico social o del filósofo determinar cuál de los estados eficientes es el mejor. La eficiencia está vinculada con el tamaño de la torta y el dominio de la justicia y de la moralidad con la distri- bución del pastel. Naturalmente para los economistas lo que importa es au- mentar el pastel, hacerlo lo más grande posible. En esta visión la eficiencia es prioritaria sobre la justicia. Sin embargo en orden de hacer justicia uno pue- de dejar de lado la eficacia. Este caso se da prioridad a la justicia sobre la eficiencia.
La optimalidad paretiana requiere de un homo economicus que interac- túa en un mercado ideal. El mercado ideal presupone que: 1) La información acerca de los precios que poseen los sujetos que intervienen en el mercado sea completa. 2) Que los derechos de propiedad sean estables. El mercado presupone la asignación previa de los derechos de propiedad. Sin esta asig- nación no existe el mercado ideal. 3) El individuo es un egoísta racional, tiene en cuenta sus preferencias y éstas pueden ser ordenadas en forma transitiva. 4) Los costos de transacción son nulos. 5) El mercado ideal carece de externa- lidades. En un mercado de competencia perfecta toda interacción social se da dentro del mercado. 6) Los productos ofrecidos en el mercado no están dife- renciados entre los ofertantes en igualdad de condiciones, por lo tanto es indiferente comprar a uno u otro. Ninguno tiene suficiente poder para alterar- los (167). El óptimo de Pareto aplicado a una economía de libre mercado adquiere el siguiente significado: “En un mundo caracterizado por la escasez y en el que los individuos se comportan siempre como individuos racionales, maximizadores de sus intereses privados, el máximo bienestar social de efi- ciencia social, se conseguiría cuando en un mercado de competencia perfecta —definido por un elevado número de compradores y vendedores de manera que ninguno pueda influir sobre el precio— que poseen una información completa en el proceso de determinación del precio y en que todos los recur- sos son libremente transferidos, se logre una situación de equilibrio que se denominará óptimo de Pareto, caracterizada por el hecho de que ningún in- dividuo podrá mejorar su situación (su bienestar) sin perjudicar la situación de otro (168).
Como habrá podido advertirse el equilibrio de mercado es un óptimo de Pareto pero el criterio paretiano no dice nada sobre la justicia de ese estado
(167) CALSAMIGLIA, A., Racionalidad y Eficiencia del Derecho, México, Distribuciones Fonta- mara, 1993.
social. Como es fácil deducir existen muchos equilibrios competitivos que, ciertamente son óptimos de Pareto, dependiendo de la distribución inicial de los recursos.
Sen (169) ha desarrollado, con su acostumbrada lucidez, este tema. Los fundamentos básicos del mecanismo de mercado se basan en el llamado “teorema fundamental de la economía de bienestar”. El teorema es aplicable a mercados perfectamente competitivos, como hemos visto anteriormente. Se centra en los mercados que están en equilibrio y no cuando están desequi- librados. Pero existe una segunda parte del teorema que es más compleja. Dice que dadas algunas condiciones (que incluyen la ausencia de externali- dades pero también la ausencia de economías de escala significativas), todo resultado eficiente, según Pareto, es un equilibrio competitivo para algún conjunto de precios y con respecto a una distribución inicial de recursos dados.
El teorema directo está mostrando que todo equilibrio de mercado com- petitivo es eficiente, según Pareto pero todavía no es suficiente para asegurar la optimalidad social. La eficiencia paretiana, como ya hemos señalado, es totalmente indiferente a la distribución de utilidades (o de rentas o de cual- quier cosa) y se desentiende de la equidad. Así el “teorema inverso”, nos hace notar Sen, se relaciona con la optimalidad social. Dado un bienestarismo consecuencialista no parece impropio que si un cambio llevara a una utilidad mayor entonces ese cambio habría que realizarlo. Como además ello requie- re partir de una determinada distribución inicial de recursos que sea correcta nos obligaría a una reasignación total de las relaciones de propiedad de cual- quier sistema de relaciones que hayamos heredado históricamente.
Rawls, como es sabido, descarta parcialmente el principio de eficacia. Su argumento principal es que todo cambio de una situación que creemos o concebimos como inicua, requiere afectar a un individuo representativo y ello no es admisible acorde con el principio de Pareto. Así nos dice el autor mencionado:
“Puede que en ciertas condiciones la servidumbre no pueda ser reformada de forma significativa sin disminuir las expectativas de algún individuo representa- tivo, pongamos por caso las de los terratenientes, en cuyo caso la servidumbre es óptima. [...]. Todo esto está en correspondencia con el hecho obvio de que, al distribuir bienes particulares entre individuos dados, son óptimas las distribu- ciones que otorgan todo el conjunto de bienes a cualquiera de ellos, pues una vez que un individuo tiene todo, no hay cambio que no le perjudique” (170).
De ahí que se pueda pensar seriamente y sin temor a equivocarse que justicia y eficiencia no son lo mismo. No pueda existir justicia sin eficiencia, esta es una condición necesaria pero no suficiente de la justicia.
(169) SEN, A. K., Bienestar, justicia y mercado (Paidós I.C.E./U.A.B., 1997, Barcelona). (170) RAWLS, J., A Theory of Justice, op. cit., p. 62.