Capítulo 3 Literatura infantil y diversidad funcional
3.6 La diversidad funcional en la literatura infantil
3.6.1 El reflejo de la realidad a través de la literatura infantil
3.6.1.2 Criterios de valoración de obras infantiles
En la literatura infantil, a menudo se presentan situaciones y problemas que padecen las personas, y los transmiten con un lenguaje popular, fácil de entender y cercano a cualquier tipo de lector. Sin embargo, como apuntan Gato y Carballo (2009): “un mismo cuento, una misma historia, nos va a presentar distintas puertas de acceso a su contenido profundo; accesos que, en este caso, sí van a depender de cada lector concreto, de sus características personales y de las experiencias de vida con las que se acerque a este tipo de relato” (p.753).
Una misma historia puede tener distintas interpretaciones dependiendo del marco o perspectiva que se emplee para definirla. En esta línea, se entiende que tanto emisores como receptores disponen de diferentes alternativas a la hora de interpretar distintos temas, y que la mera aplicación de un marco debe promover una cierta interpretación de la definición del problema y de las características causales del mismo (Entman, 2004; Van Gorp, 2007).
La literatura infantil no debe renunciar a presentar a los niños y niñas la realidad tal y como es, en la que viven, con todos sus contextos, entornos e implicaciones sociales. Esto implica tratar y abordar todo tipo de temas, problemas, aspectos o asuntos de la vida pública sin necesidad de ocultarlos o suavizarlos:
La presencia en la Literatura infantil de hoy de cuestiones antes poscritas explica —por sí misma— la complejidad de una literatura que reclama el mismo trato que el resto de la literatura, deslindada ya de su <matrimonio> esclavo con la pedagogía, y abriendo múltiples caminos que los niños saben recibir con la mayor naturalidad, porque ellos también viven en una realidad que es la que contiene, casi cada día, los asuntos que merecen la atención de quienes escriben para ellos;
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una realidad de la que, también sus orillas más difíciles, los jóvenes de hoy, incluso muchos niños, tiene conocimiento cierto (Cerrillo, 2016: 41).
A los niños no se les debe ocultar, o suavizar temas que las personas mayores entendemos que no son apropiados para ellos:
Es rechazable la literatura infantil y juvenil escrita en diminutivo, igual que lo es la exclusión de ciertos temas, también aquellos que, sin estar en el paradigma de la fantasía, tampoco lo están en el de la realidad, sino al margen de ella […] los niños participan cada día de la realidad (Cerrillo, 2016: 39).
Como podremos comprobar en los resultados obtenidos en este estudio, y que se presentan en el capítulo 9, análisis y resultados, consideramos necesario poder analizar y valorar cualquier obra infantil que se utilice para la transmisión de valores. En la literatura infantil podemos encontrar títulos que juegan más con la fantasía que con la imaginación, pero demasiadas veces se trata de una fantasía gratuita, sin fundamento, que confunde el puro disparate con la lógica estricta, aunque contraria, que guía las mejores creaciones imaginativas (Teixidor, 2000). Títulos donde la persona con diversidad funcional se presenta de forma dramática, incluso con excesivo o innecesario dramatismo ya que se insiste en los aspectos emocionales, lo que trae como consecuencia que la lectura de algunos libros despierte sentimientos como paternalismo, compasión, curiosidad morbosa, sobreprotección, distanciamiento, frivolidad, rechazo…
A través de la literatura infantil se transmite información sobre la diversidad funcional que ayuda a los niños a formarse su propia idea de todas las características que estas personas presentan en la actualidad, aunque, en ocasiones, dicha información no es del todo completa por centrarse fundamentalmente en los aspectos más estereotipados que presentan (Llorens y Belda, 2017). De esta forma, llegan a los lectores infantiles representaciones estereotipadas negativas, que, sin embargo, se tienden a suavizar y a tratar de forma delicada, tanto en los textos como en las imágenes (Cuadrado, Rosal, Moriana y Antolí, 2016).
Por tanto, nos podemos encontrar con obras infantiles que presenten una información falsa, o por lo menos no verdadera sobre la diversidad funcional.
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Mostrándola como algo global, permanente, inmutable, en vez de algo parcial y relativo. Además, como afirma Pedro Cerrillo (2016): “Muchas de las obras que se escriben para niños y jóvenes no tienen la calidad literaria que fuera exigible” (p.39). Por eso, es muy importante que los criterios de selección de una obra destinada al público infantil sean sólidos, objetivos e imparciales, entre esos criterios, al menos, debieran estar siempre estos tres:
— La calidad literaria de los textos.
— La adecuación de las obras a los intereses y gustos de los lectores: de ahí la importancia que tiene la literatura infantil en cualquier selección.
— La capacidad de las obras seleccionadas para contribuir a la adquisición de la competencia literaria de los lectores (Cerrillo, 2007: 71).
José Manuel de Amo (2003), defiende que no existe un único repertorio de libros, que toda una comunidad de lectores tenga que leer necesariamente. Dependiendo de la función que queramos que cumpla, optaremos por la selección de un libro u otro: “si lo que se pretende es educar en los valores multiculturales, se ha de abrir el canon para dejar entrar textos que, por un lado, representen a las minorías de esa comunidad y reflejen, por otro, valores de respeto y tolerancia hacia otras formas de vida” (p.155), pudiéndose utilizar también como un claro ejemplo para la literatura infantil que trata la diversidad funcional.
En la selección de literatura infantil debe considerarse primordialmente el criterio de la adecuación de los contenidos objeto de aprendizaje, de los temas, del estilo, de lo representativos y, sobre todo, de lo significativos que resultan para los intereses personales y de formación de los niños y niñas. Para Antonio Mendoza (2004), es preciso seleccionar los textos que atraigan y motiven a los alumnos por el interés de la temática, los recursos expresivos, las conexiones con otras obras, la accesibilidad a la comprensión e interpretación, la representatividad cultural y estética del texto y por la especificidad de cuestiones formativas que permitan desarrollar en relación a los objetivos propuestos.
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Criterios generales de selección:
— El texto o la obra literaria es el material básico y no el material complementario en el estudio de la literatura.
— El texto es la base para la actividad receptora (interacción de saberes y reacción ante estímulos verbales) y para la observación contextualizada de los objetivos previstos en las propuestas de trabajo.
— Los textos seleccionados han de ofrecer diversas formas de creatividad expresiva que sirven para la ampliación de la capacidad comprensiva (y expresiva) del alumno y para desarrollar tipos específicos de habilidades y conocimientos.
— La selección de los textos literarios sigue un proceso similar al de adaptación- adecuación realizado en la preparación de otros materiales didácticos: está en función de unos objetivos e intereses concretos.
— Cada texto literario tiene su momento, en el currículo y en la secuenciación, para ofrecer sus propias posibilidades en la formación literaria, siempre a través de una metodología activa, participativa, que facilite la construcción significativa del conocimiento y que ayude a desarrollar actitudes críticas y creativas.
— Las técnicas de recepción y análisis, las tareas y las actividades de clase previstas para el trabajo con textos literarios se encaminan a alcanzar una efectiva comprensión e interpretación.
— Los textos seleccionados para la lectura, más que seguir rigurosos criterios de calidad literaria (en el supuesto que ello fuera posible), han de ser representativos y ejemplificadores de los aspectos literarios que se vayan a observar, analizar o que se contemplen para establecer valoraciones personales.
Cata texto se selecciona según:
— El interés particular que ofrezca para tratar los concretos aspectos de formación o de estudio.
— Muestre ejemplos claros y adecuados de los conceptos a observar, con el adecuado nivel de dificultad para los alumnos.
— Familiarice al alumno-lector con diferentes usos, formas y convenciones del sistema literario y con los distintos registros de la lengua que se transcriben en las
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distintas obras (muestras de la lengua hablada, de expresión escrita y, especialmente, expresividad poética).
— La dificultad y la problemática de los textos serán adecuadas al nivel de formación de los alumnos y a la posibilidad de incrementar la competencia literaria de los alumnos.
— No resulta efectivo el estudio a la vez de múltiples y diversificadas cuestiones sobre un mismo texto, porque dispersan la capacidad de asimilación y el interés que inicialmente pueda suscitar un texto.
— Ofrezcan alternativas para superar la monotonía de la aplicación de recursos y de actividades más repetidas, porque cada texto sugiere propuestas de aplicación y de intervención didáctica distintas.
Los textos se seleccionan para finalidades concretas:
— Desarrollar la habilidad para reconocer, analizar y comparar recursos y funciones poéticas en una obra de creación.
— Reconocer e interpretar usos, intenciones particulares (en palabras, construcciones) en contextos concretos (pragmáticos y/o estéticos).
— Dominar algunos convencionalismos estético-culturales en el ámbito literario. — Aproximar al alumno a un conocimiento significativo de obras y de autores de la
cultura en la que se forma.
— Hacer de la lectura de los textos literarios la clave de la eficacia en la formación de la competencia literaria.
— Inferir apreciaciones estético-discursivas a partir de la asimilación lectora de textos de creación (Mendoza, 2004: 128-130).