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CRITERIOS PARA EL ESTUDIO DE LA PRODUCCIÓN

6. DISCUSIÓN

6.2. LA PRODUCCIÓN MICOLÓGICA

6.2.3. CRITERIOS PARA EL ESTUDIO DE LA PRODUCCIÓN

Como se ha podido comprobar, no existen protocolos unificados en lo que a la estimación de la producción de carpóforos de macromicetes epigeos en sistemas forestales se refiere, lo que dificulta enormemente la comparación de las distintas investigaciones.

No obstante, en este estudio se han obtenido algunos resultados en bosques de Pinus sylvestris que pueden orientar el diseño de futuros trabajos de estimación y modelización de producciones de carpóforos macromicetes.

En primer lugar es importante resaltar la enorme variabilidad interanual de las producciones, con otoños hasta 14 veces más productivos que otros (Gráfico 3), lo que obliga a realizar inventarios contínuos durante varias campañas con el fin de obtener valores representativos de las micocenosis.

La mayoría de los autores recomiendan periodos de muestreo superiores a 3 años (Sarrionandia Areitio, 2006). Dada la fuerte dependencia de la produción de variables climáticas y edafoclimáticas, junto con la irregularidad característica del clima mediterráneo, creemos que es adecuado un seguimiento de al menos 5 años para caracterizar la producción de macromicetes en estas formaciones vegetales.

La frecuencia semanal de muestreo resultó adecuada para el análisis de la producción de carpóforos en estas zonas, a pesar de que algunas especies como Boletus edulis, raramente alcanzan su madurez hasta transcurrida una media de 11 días desde su primera detección en superficie por el recolector (Martínez-Peña, 2003). No obstante, una frecuencia menor en estas zonas subestimaría la producción de muchas especies que sí completan sus ciclos vitales e incluso llegarían a iniciar la descomposición en dos semanas. En este sentido, Richardson (1970) señala que los errores más grandes en la estimación de la producción se producen debido a rutinas de muestreo con frecuencias inadecuadas. Frecuencias semanales de muestreo han sido utilizadas por diversos autores (Ohenoja y Koistinen, 1984; Vogt et al., 1992; Fernández Toirán

et al., 2006; Martínez de Aragón et al., 2007).

Con las debidas reservas derivadas de la variabilidad en el inicio, patrón productivo y duración de la campaña otoñal con los años y entre especies, se obtuvo que en el 70% de los años fue octubre el mes más productivo, generando el 63% de la producción de carpóforos. Por tanto, concentrar los muestreos en las 5 semanas de octubre puede ser aceptable para el diagnóstico productivo de los macromicetes de estas masas de Pinus sylvestris.

Las unidades muestrales utilizadas, en cuanto a forma, tamaño y vallado, se consideran adecuadas para este tipo de trabajos de investigación (Sjöblom et

al., 1979; Ohenoja, 1989; Fernández Toirán, 1994). En particular el vallado, a

pesar de su elevado coste, resultó muy conveniente en situaciones de fuerte presión recolectora y ganadera como ocurre en Pinar Grande, un bosque cercano a la ciudad de Soria y muy practicable, con una elevada afluencia de recolectores locales y foráneos en otoño, registrándose valores superiores a los

la población. En cuanto a la forma rectangular de la parcela, también se valora positivamente, si bien recomendamos aumentar su tamaño con el fin de reducir la variabilidad espacial registrada.

El procedimiento de muestreo resultó claro, rápido y sencillo de ejecutar por un operario convencional de campo. Otros autores proponen métodos de muestreo mucho más complicados de realizar, basados en el marcaje y conteo de los carpóforos, con el fin de evitar los posibles efectos derivados de la recolección de los mismos (Richardson, 1970; Ammirati, 1987; Straatsma et al., 2001). No obstante las últimas investigaciones apuntan a que dichos efectos son poco relevantes (Egli et al., 2006), al menos en un corto periodo de tiempo y a pequeña escala.

En relación al uso de parcelas permanentes, Smith et al. (2002) señalan que un inventario continuo aporta más información sobre la diversidad de carpóforos de un ecosistema, que el inventario de nuevas áreas (parcelas temporales).

La variabilidad espacial de la producción micológica queda de manifiesto analizando los coeficientes de variación de la media estratificada (Tabla 13, 14 y 15). Mientras que el diseño experimental resultó adecuado para la estimación de la producción total media de carpóforos, en el periodo de 10 años estudiado,

obteniendo un error relativo (ε90%) del 14%, no ocurrió lo mismo para la

estimación de especies concretas como Boletus edulis o Lactarius deliciosus,

donde se obtuvo ε90%= 36% y ε90%= 50% respectivamente.

Por otro lado, los errores relativos oscilaron enormente con los años, desde el 9% de 1997 al 55% de 2004 para la producción total o desde el 33% de 2003 al 154% de 2004 para Boletus edulis. Además se detectó una relación entre la bondad de la campaña y el error de la estimación, de forma que el error

de estimación es menor en años de buena producción (R2=0,74, p<0,05).

Utilizando nuestro dispositivo experimental de parcelas, como muestreo piloto para el diseño de un hipotético inventario micológico en estas masas, con

un error relativo del 15%, una probabilidad fiducial del 90% (tα/2=1,74) y

asignación proporcional (de Vries, 1986), obtendríamos un tamaño de muestra para el año medio de 13 parcelas, si bien, en años malos como 2004 el tamaño de muestra necesario para dicha solicitud de muestreo alcanzó las 202 parcelas.

Para Boletus edulis o Lactarius deliciosus el tamaño de muestra recomendado sería de 90 y 120 parcelas, siendo en el mejor de los casos respectivamente de 76 (en 2003) y 135 (en 1997), lo que evidencia que no es el dispositivo experimental adecuado para abordar la estimación concreta de una

especie. Un aumento de la superficie de la parcela o unidades de muestreo de tipo transecto mejorarían la eficiencia del muestreo en este caso (Ortega- Martínez y Martínez-Peña, 2005).

Por otro lado, el hecho de que el error de muestreo sea mayor cuanto peor sea la bondad de la campaña otoñal y ésta esté directamente relacionada con la reserva de agua en el suelo (Martínez-Peña et al., 2004), puede justificar la no ejecución del muestreo de carpóforos, aquellos otoños en los que la reserva de agua en el suelo en la semana 40 se encuentre por debajo del valor medio de los años buenos.

A juzgar por nuestros resultados, la variabilidad espacial de la producción de carpóforos es muy elevada, incluso en un área homogénea como las Cañadas de Pinar Grande. Con el fin de reducir dicha variablidad espacial, es importante la estratificación previa al establecimiento de las unidades de muestreo, facilitada hoy en día en gran medida por la aplicación de sistemas de información geográfica. Los criterios de estratificación más importantes a escala comarcal son los relativos a la vegetación, la naturaleza edáfica, el clima y la fisiografía (Gardner y Malajczuk, 1988; Hilton et al., 1989; Martínez-Peña et al., 2007). En particular, la fracción de cabida cubierta, el grado de ocupación de unas especies respecto de otras, el estado de desarrollo de la masa forestal, el carácter ácido o básico del suelo y topografía de vaguada o ladera-cacuminal constituyen importantes criterios de estratificación a tener en cuenta.