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Criterios para una teología pautada por los signos de los tiempos

Los signos de los tiempos como estrategia para una teología contextual histórica

3.2 Criterios para una teología pautada por los signos de los tiempos

Vimos que en América Latina se fue desarrollando una manera específica de hacer teología respondiendo a los nuevos planteamientos hermenéuticos conciliares. Constatamos un real esfuerzo de la Iglesia latinoamericana por hacer visible la revelación como histórica, que se da en la tarea interpretativa contextual constante desde el mundo vital/experiencial del hombre y mujer de este continente. Considerando estos elementos, en esta parte de nuestro trabajo, es muy importante exponer algunos criterios para el proceder teológico latinoamericano pautado por los signos de los tiempos. Para esta terea nos vamos a orientar por las reflexiones de Eduardo Silva, en su artículo “Criterios para una teología de los

97 Cfr. Ibíd., 28. 98 Cfr. Ibíd., 34. 99 Cfr. Ibíd., 35.

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signos de los tiempos latinoamericanos”. TSTAL es la sigla para la teología de los signos de los tiempos latinoamericanos. 100

El gran desafío eclesial y teológico para nuestro continente fue articular nuestra realidad/contexto concreto con el mensaje evangélico. Ya vimos que las conferencias y la elaboración procesual de la Teología de la Liberación, que fue siendo acogida en el seno de las comunidades eclesiales de base, fueron fundamentales para una respuesta hermenéutica teológica en AL.101 Podemos afirmar que después del concilio se puso en marcha nuestra tarea de encontrar caminos, de hacer teología de manera honesta escrutando los signos de los tiempos en las realidades cambiantes de nuestro contexto. Hacer camino implica aciertos y equívocos, pero lo importante es que la Iglesia latinoamericana no se quedó pasiva sino dispuesta a buscar una manera más coherente de ser cuerpo eclesial fecundo en su contexto, es decir, se ubicó en una postura atenta y disponible frente a sus propios signos de los tiempos. La propia historia se fue manifestando como camino formativo a lo largo del tiempo, ofreciendo luces para la construcción de criterios más sólidos. Constatamos este proceso como un camino de ejercicio hermenéutico pautado por la dinámica de los signos de los tiempos. Una teología que con la ayuda de la filosofía hermenéutica fue, en medio de las contradicciones y ambigüedades, intentando establecer criterios para su tarea interpretativa.

Observamos que con GS, en el llamado a vivir en continua atención a los signos de los tiempos, la tarea hermenéutica es constante. El acontecimiento Conciliar requiere el ejercicio dialéctico interpretativo, necesita ser relacionado con sus lectores y receptores que frente a su contexto son impulsados a nuevas interpretaciones. El logro de Medellín fue generar un nuevo acontecimiento de interpretación. La conferencia fue capaz de mirar el acontecimiento eclesial (Vaticano II) y su significado, actualizando y descubriendo en su propio contexto nuevos sentidos conservando la gran apuesta hermenéutica conciliar. Si no podemos hablar que el Vaticano II significa el aparecimiento repentino de una

100 El desafío de una TSTLA ocurre hoy tras el Concilio y tras la Teología de la liberación. Procuramos recoger

esta historia, con sus aciertos y sus límites, con sus querellas y contradicciones. Nuestra criteriología pretende enriquecer este legado con los aportes que nos ofrecen tanto la teología como la filosofía hermenéutica. (Azcuy; Schickendantz; Silva, Teología de los signos de los tiempos latinoamericanos - horizontes, criterios y métodos, 176).

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hermenéutica como un giro radical, por lo menos tenemos que afirmar que esta gran novedad representa una nueva época que marca profundo cambio en la relación de Iglesia- mundo, realidad-Evangelio.102 En AL es concretizado, considerando las particularidades propias del continente, todo este florecimiento hermenéutico novedoso presentado en GS impulsado por la dinámica de los signos de los tiempos.

La teología Latinoamericana fue, siguiendo los pasos de GS, constituida sobre las bases históricas/temporales de la dinámica de los signos de los tiempos. La actualización de este método, en sintonía con la realidad contextual de AL, implicó un camino donde poco a poco se fue haciendo opciones necesarias para orientar la praxis teológica. Ese camino recorrido en AL y también todo el aporte hermenéutico de la filosofía que marca un giro para la tarea interpretativa nos permite hoy esbozar algunos criterios hermenéuticos que son fundamentales para una teología orientada por la historia desde los signos de los tiempos.103 Eduardo Silva nos ayuda a percibir que el primer criterio se verifica en el aprecio eclesial por la diversidad. Las manifestaciones del cristianismo y de la teología son muy diversas, por lo que no podemos afirmar que hay una sola teología o interpretación. La hermenéutica es fundamental para que no seamos prisioneros de un sentido único y tampoco que estemos pautados por el relativismo interpretativo o la mera arbitrariedad. Es claro que las nuevas interpretaciones tienen que estar en sintonía con los valores evangélicos y la tradición, eso permite valorar/asumir la diversidad como propia del cristianismo y al tiempo detectar las lecturas falsas. De este modo es posible que el mensaje salvífico se relacione con las diversas situaciones históricas contextuales respondiendo a los clamores que provienen del emerger de las nuevas realidades en el tiempo. Así podemos asegurar la actualización de la autocomunicación de Dios en el tiempo y en los distintos contextos/realidades históricas.104 Hemos de considerar también el dialogo interdisciplinario como criterio importante para un análisis más profundo de la realidad. Hoy ya no podemos afirmar que el saber teológico es poseedor de un alcance absoluto, de una mirada suficiente sobre toda complejidad presente en los diversos contextos. El dialogo con los demás saberes no debe ser considerado como

102 Cfr. Ibíd., 178-179. 103 Cfr. Ibíd., 183-184. 104 Cfr. Ibíd., 184-186.

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una amenaza. En la actualidad es importante considerar que la actitud dialogal interdisciplinaria puede ofrecer elementos esenciales para la comprensión del contexto, para la tarea teológica del discernimiento. Pero también debemos afirmar que las conclusiones teológicas no pueden reducirse a los planteamientos de otros saberes.105 Frente a esta afirmación de la interdisciplinariedad podemos hablar que es fundamental considerar también unos criterios éticos políticos los cuales son primordiales para la postura de discernimiento de los acontecimientos. La teología de los signos de los tiempos está pautada por su carácter interpretativo temporal, es importante en ese trabajo considerar la circularidad hermenéutica que hay entre los dos polos: la Palabra de Dios y la realidad contextual histórica. Esto ayuda a no caer en un deductivismo, aplicando verticalmente principios teológicos a la realidad, o en un inductivismo relativizando los datos evangélicos supervalorando las ciencias analíticas. Para una lectura cristiana honesta del contexto debemos considerar esta circularidad hermenéutica. De esta forma la relación entre los principios de discernimiento como Libertad/fraternidad (aportado por la fe cristiana) e Igualdad/diversidad (provenientes de la modernidad) son fundamentales para consolidar valores que son propios de la herencia bíblica y para poner en marcha la construcción de realidades latinoamericanas más humanas pautadas por estos valores. De esta manera, el modo de concretización de estos principios/criterios en un contexto (vivencia o no de estos valores) poseen una significación ético-política que emerge como signos de los tiempos los cuales exigen de la Iglesia un compromiso interpretativo e iniciativas emancipadoras.106 Otro criterio proviene de los aportes del catolicismo social latinoamericano, esto es, de una fe fundada en Jesucristo que no puede estar separada de lo social/publico/corporal. Esta fe no permite una actitud privada o espiritualista apartada de la realidad, de las problemáticas del tiempo.107 Todo esto hizo florecer en AL una teología fundada en el Reino de Dios activo y dinámico en la historia. En este proceso, no podemos ignorar la contribución de la filosofía contemporánea; en particular, el giro hermenéutico que influenció de manera significativa la forma de hacer teología. La filosofía contribuyó de modo decisivo para romper con las posturas de interpretación dogmática favoreciendo el surgimiento de nuevos

105 Cfr. Ibíd., 186-187. 106 Cfr. Ibíd., 191-193. 107 Cfr. Ibíd., 195.

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horizontes. El significado filosófico de la Teología de la Liberación proviene - según Gonzáles – 108 de la opción por los pobres como lugar teológico, pues esto llevó al cambio de horizonte intelectual que se manifestó como un cambio de paradigma para el quehacer teológico en AL. El punto de partida es la propia realidad de los excluidos, eso orienta una praxis teológica radicalmente abierta a la historia como realidad dinámica de interpretación de la acción de Dios. No podemos negar que esta novedad está relacionada con la nueva concepción hermenéutica de la filosofía contemporánea.109 En este proceso el catolicismo en AL fue tomando posiciones claras frente a la situación de miseria de las mayorías, denunciando una cultura de muerte estructurada por el desequilibrio generado por el liberalismo y la globalización. En otras palabras, empieza a desarrollar un real compromiso con la calidad de vida de las personas. Todo eso fue aportando considerablemente a la estructuración de criterios hermenéuticos. La caridad, tan citada por la Iglesia universal exige implicaciones sociales/políticas y el compromiso con la historia, fomentando una realidad más digna para las grandes mayorías.110

Toda vivencia cristiana pautada por la dinámica histórica del acontecer de Dios en los contextos concretos, lleva a una postura de constante discernimiento de los signos de los tiempos que no puede prescindir de criterios cristológicos. Esta postura de continua atención frente a la realidad, teniendo siempre como referencia el signo por excelencia (Jesucristo), se presenta como un importante criterio de discernimiento. En Él están aglutinados todos los signos de los tiempos que están relacionados con la misma Historia de la Salvación.111 Jesucristo revela la manera propia del actuar de Dios, el misterio de la encarnación muestra el rostro concreto del Dios que se compromete con la historia de los hombres y mujeres, que en medio de los sufrimientos/luchas cotidiana, buscan discernir la manifestación/acción Divina en sus contextos. El gran desafío es hacer siempre actual y fecunda la relación del creyente con la persona de Jesucristo, considerando las necesidades y contextos actuales del hombre de fe. Es frente a este desafío que podemos comprender el gran mérito de la cristología latinoamericana, con ella fue posible manifestar la presencia

108 Cfr. Ibíd., 193-194. 109 Cfr. Ibíd., 193-195. 110 Cfr. Ibíd., 196-197. 111 Cfr. Ibíd., 198.

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continua del Espíritu que sigue actualizando el compromiso de Dios con las realidades contextuales de su pueblo.112

El gran mérito de la Teología de la Liberación es explicitar el Cristo como liberador, haciendo posible la relevancia de Dios para un continente lastimado por ciertas situaciones coyunturales.113 En el corazón de la realidad/contexto latinoamericano se encuentra un camino para afirmar el continuo compromiso de Dios con la historia de su pueblo. Se hizo posible el desvelamiento de un modo concreto de poner en marcha una vivencia de los signos de los tiempos considerando la acción del Espíritu en la historia y así seguir actualizando el plan salvífico en el contexto de cada hombre y mujer de AL.

Antes de continuar con la última parte de este capítulo, considero que todavía hay un punto que, según mi parecer, debe ser abordado como criterio de discernimiento para una teología de los signos de los tiempos: la comprensión de una vivencia interpretativa de los signos de los tiempos en el plano más universal (los acontecimientos significativos para una realidad mundial, continental o nacional) y en el plano más particular (para una realidad regional/comunitaria o personal). Muchos autores abordan el dinamismo de los signos de los tiempos en perspectivas más universales considerando los eventos más significativos para los contextos más amplios. Pero pienso que es importante considerar que las realidades más amplias son también estructuradas por las especificidades regionales/comunitarias, a partir de ellas el creyente va interpretando y discerniendo el proceder del Reino. Por ejemplo: la Amazonia brasileña es un contexto que puede ser definido por una realidad coyuntural más amplia, pero en un recorrido por algunas regiones amazónicas del Brasil vamos a percibir que los pueblos tienen sus vidas pautadas por situaciones significativas particulares en contextos diversos. Algunas comunidades sufren por causa de la explotación de las minerías y también por la contratación de mano de obra barata y pocas condiciones favorables para sus trabajadores, otras comunidades de etnias indígenas están inmersas en una lucha constante por defender sus tierras de las pretensiones de los terratenientes - podríamos seguir citando otros ejemplos. Las luchas y alegrías cotidianas están relacionadas con los acontecimientos que afectan la vida de un determinado grupo de

112 Cfr. Ibíd., 200-201. 113

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personas, es a partir de estos acontecimientos comunitarios que el creyente es llamado a interpretar, dar sentido a la vida y construir una realidad más humana según el gran plan salvífico que se puede hacer efectivo en los distintos contextos.

También creo que no podemos ignorar los acontecimientos significativos en el plano personal, la experiencia comunitaria implica la personal. Es muy importante para la vivencia cristiana auténtica una experiencia fundada en la lectura salvífica de la propia historia personal como historia de salvación. La gratuidad como resultado de una alegría agradecida proviene de esta mirada atenta sobre la propia vida percibiendo en los acontecimientos personales más significativos la acción comunicativa/salvífica de Dios. Este asunto no es algo novedoso, ya era una constante en las experiencias espirituales de algunos místicos de la Iglesia. Un ejemplo claro de esto es la espiritualidad Ignaciana, que tiene la propia historia de vida como horizonte de percepción de la acción divina y la vivencia cotidiana como reflejo de elementos que exigen del individuo una postura atenta y disponible de constante discernimiento. No podemos negar que esto también es vivir la dinámica de los signos de los tiempos, partiendo de la propia historia y de la trama cotidiana personal (contexto) el creyente puede poner en marcha una vivencia interpretativa atenta a los clamores de Dios para su propia vida.