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CUARTO MOMENTO: DORREGO GOBERNADOR DE BUENOS AIRES

Por Claudio Chaves Voy a acercarme a la figura de Manuel Dorrego en cuatro momentos

4. CUARTO MOMENTO: DORREGO GOBERNADOR DE BUENOS AIRES

Finalmente, las provincias en el marco de la Ley Fundamental recha- zaron la Constitución del 26 por su marcado tono unitario. Ciertamente la prédica de Dorrego no había sido en vano. Los unitarios del Congreso propusieron que el Presidente eligiera los gobernadores de una terna elevada por las Legislaturas de las Provincias. Al parecer podría esto entenderse como una concesión unitaria a las necesidades políticas de los caudillos-gobernadores. Sin embargo, no era así puesto que el ar- tículo 154 de dicha Constitución decía: “Los Consejos de Administración

(Legislaturas provinciales) tienen derecho de petición directamente a la Le- gislatura Nacional, y al Presidente de la República para exigir la reforma de los abusos, que se introduzcan en su régimen y administración’’. Lo que

significaba que el Presidente podía meter mano en los organismos que elevaban las ternas. Es posible que no fuera esto solo la razón del re- chazo a la Constitución. Lo que hubo fue un violento desacuerdo con Rivadavia por varias razones. Primero por ser un Presidente elegido por malas artes, como ya hemos visto. Y luego una larga cadena de despropósitos como: la nacionalización del Banco de Buenos Aires y su establecimiento en todas las provincias: la ley de Capitalización por la cual nacionalizaba el ejido de la Ciudad y al resto de la Provincia la dividía en dos, una con capital en Chascomús y la otra en San Nicolás; la nacionalización de las minas de oro de Famatina poniendo en poder de la nación la riqueza minera de las provincias, lo que La Rioja rechazó terminantemente pues la consideraba suya; y finalmente el intento lle- vado adelante por Manuel José García, enviado de Rivadavia al Brasil, para llegar a un acuerdo. El mismo consistía en la entrega lisa y llana de la Banda Oriental, no obstante nuestros triunfos militares y navales. Rivadavia rechazó lo realizado por García pero su gobierno cayó hun- dido en el mayor de los descréditos.

Rivadavia presentó su renuncia y el Congreso se la aceptó el 30 de junio de 1827. Inmediatamente se sancionó una Ley de emergencia por la cual se nombraba presidente provisional a Vicente López y Planes, res- tableciéndose, asimismo, la autonomía de la provincia de Buenos Aires. El nuevo presidente intentó un gobierno de coalición pero don Julián Segundo de Agüero, jefe visible de los unitarios porteños, rechazó la propuesta con palabras amenazantes: “nuestra caída es aparente, nada más que transitoria hecha la paz, el ejército volverá al país y entonces vere- mos si hemos sido vencidos”3.

En agosto Vicente López renuncia y el Congreso se declara disuel- to. La experiencia unitaria porteña había fracasado estrepitosamente. Restablecida por el voto la Junta de Representantes de Buenos Aires, fue elegido gobernador el coronel Manuel Dorrego, delegándole la res- ponsabilidad de la política exterior, esto es asumir el grave problema de la guerra con el Brasil. De modo que la novel gobernación tuvo dos grandes temas que encarar: la guerra y las relaciones con los gobier- 3 Perez Amuchástegui, A.J.: Crónica Argentina. Ed. Conex. Bs. As. 1969. T. 3 P. 25.

Revisando la historia bilateral

nos de las provincias interiores. En el tema de la guerra, que no forma parte de este trabajo, impedido de continuarla por escasez de recursos, buscó la paz. Como afirmaba lord Ponsomby, enviado británico al Río de la Plata para mediar en el conflicto bélico: “yo creo que ahora el coronel

Dorrego está obrando sinceramente en favor de la paz… está forzado por la negativa de la Junta de Representantes de facilitarle recursos.”4

Finalmente, lo que sí hace a este trabajo, es el enfrentamiento con Juan Bautista Bustos, gobernador de Córdoba, que ya antes que renun- ciara Rivadavia invitaba a las provincias a llamar a un nuevo Congreso. Es muy interesante el proyecto de Bustos porque en él se plantea no solo la conformación de una Confederación, su artículo 13 decía: “…la presente Confederación es con el objeto de conservar el territorio argentino y de proveer a la felicidad de la República.”5, sino la de encontrar en la renta aduanera de Buenos Aires los dineros fiscales necesarios para la consolidación de la Nación. “Son comunes a las provincias concurrentes

los derechos de aduana pues todas son contribuyentes y ningún puerto podrá argüir exclusiva en estos derechos”6. Cosa que Dorrego se había cuidado de enunciar, como lo hemos visto anteriormente. El proyecto es también muy celoso de las fuerzas militares provinciales e insistía que el futuro congreso debía reunirse fuera de Buenos Aires para retomar el impul- so de la organización nacional, al producirse la caída de Rivadavia y la asunción de Dorrego. Este último, entonces, invita a una Convención a reunirse en Santa Fe, lo que hace decir al historiador Carlos Segreti:

“La insistencia de Córdoba de reunir a un congreso es la respuesta a la salida porteña de convocar a una convención. ¿Congreso o Convención? He ahí el dilema que dividirá a los jefes federales”7.

Finalmente Dorrego fue desalojado del poder por el golpe militar de Lavalle tal como lo había anticipado Agüero y fusilado en diciembre de 1828.

Los desacuerdos entre estos dos jefes federales, uno porteño y otro 4 Pérez Amuchástegui A.J. Ob. Cit. T. 3 P. 36.

5 Segreti, Carlos: Juan Bautista Bustos. Gobierno de la Provincia de Córdoba. Córdoba 1970. P. 114

6 Artículo 20. Segreti, Carlos: Ob. Cit. P. 115. 7 Segreti, Carlos: Ob. Cit. P 117.

provinciano, que imposibilitaron la organización nacional, será explica- do muchos años después por uno de los pensadores políticos más talen- tosos de nuestro país, Juan Bautista Alberdi, que negaba la condición de unitarios o federales como razón última de los desacuerdos políticos:

“No son dos partidos, son dos países; no son los unitarios y federales, son

Buenos Aires y las provincias. Es una división de geografía, no de personas, es local no política. Con razón cuando se averigua quienes son los unitarios y federales y dónde están nadie los encuentra; y convienen todos en que estos partidos no existen hoy, lo que sí existe a la vista de todos, es Buenos Aires y las provincias alimentando a Buenos Aires”8.

8 Alberdi, Juan Bautista: Grandes y Pequeños hombres del Plata. Ed. Plus Ultra. Bs. As. 1974. P. 32.

4. LA INFLUENCIA NORTEAMERICANA EN