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2. ESTRATIGRAFÍA

2.4. CUATERNARIO

Los depósitos cuaternarios ofrecen gran variedad, pero su representación superficial no es demasiado importante. Fondos de valle, terrazas, glacis, conos de deyección, fondos endo- rréicos y coluviones son algunos de las formaciones más características. Hay que añadir las arcillas de descalcificación que aparecen sobre la Superficie de Ossa de Montiel y sobre el techo carbonatado del Terciario, cuya edad puede remontarse hasta el Mioceno superior, y las alteraciones arcillosas rojas sobre el Paleozoico. La descripción se realizará en orden a su edad, empezando por los sedimentos más antiguos.

2.4.1. Arcillas y limos rojos (alteraciones) (31)

Se trata de la alteración sobre los materiales paleozoicos, caracterizada por un enriqueci- miento en arcillas, pero con cierto contenido limoso. El color rojo intenso se debe a la oxida- ción del hierro. Los procesos erosivos han provocado su disgregación y coluvionamiento alre- dedor del paraje de la Cabañuela encubriendo los materiales subyacentes. La potencia varía desde pocos centímetros hasta 2 metros. Con relación a la cronología, se la ha dado una edad muy amplia Terciario-actualidad porque se ha incluido, no sólo la alteración sino tam- bién sus derrames.

2.4.2. Arcillas de descalcificación (“Terra Rossa”) (32)

Las arcillas de descalcificación se desarrollan sobre las dolomías y carniolas del Lías y sobre las calizas micríticas y oncolíticas del Terciario. Son muy frecuentes debido a que las característi- cas litológicas de la zona favorecen los procesos de disolución. Aunque en la cartografía geo-

morfológica sólo se han diferenciado las arcillas que tapizan el fondo de las dolinas, la reali- dad es que este material es mucho más abundante pues aparece rellenando huecos, grietas, fracturas, tubos y el fondo de algunas grutas. Las arcillas de descalcificación o “terra rossa” se caracterizan principalmente por su color rojo oscuro o rojo vinoso y, aunque se denomi- nen así, suelen tener un cierto contenido en limos y arenas. En el fondo de las dolinas sue- len aparecer, además, algunos fragmentos de dolomías, procedentes de la erosión de los escarpes. La potencia de estos sedimentos varía desde pocos centímetros a 2 metros. Dada la dificultad para datar estos materiales, se les ha asignado una cronología amplia, porque es muy posible, dada la edad de la Superficie de Ossa de Montiel, que esta edad pueda remontarse hasta el Mioceno superior.

2.4.3. Gravas, cantos, bloques, arenas y arcillas (glacis) (33)

En esta Hoja, los glacis de mayor tamaño se desarrollan en la esquina noroeste, a favor de los relieves paleozoicos, pero también se pueden encontrar otros glacis más al sur, en la mar- gen izquierda del río Guadalén y al este de la localidad de Puebla del Príncipe. Los primeros, al igual que algunos coluviones se disponen en forma de aureola, al pie de los relieves, sola- pándose lateralmente, por lo que dan lugar a una franja contínua de sedimentos. Algunos de ellos son de gran desarrollo y pueden llegar a medir algo más de 2 Km de largo. El resto de los glacis cartografiados, tanto los próximos al paraje de La Cabañuela, como los que se encuentran más al sur, consisten en formas aisladas, de tamaños comprendidos entre uno y dos kilómetros cuadrados. El perfil longitudinal de todos ellos es plano-convexo y se mues- tran descendiendo suavemente desde las zonas medias de las laderas hasta casi alcanzar los valles. La potencia es variable de unos lugares a otros, variando incluso dentro del mismo depósito pues, al igual que en los conos de deyección, la potencia disminuye hacia las zonas distales, pudiendo tener entre 2 y 6 m. Los cantos son subangulosos, muy poco evoluciona- dos por tener el área madre tan próxima. Con respecto a la edad, se han situado en el Pleistoceno pues aparecen situados en las laderas, pero desconectados, por lo general del sis- tema fluvial actual.

2.4.4. Bloques, cantos, gravas y arcillas (coluviones) (34)

Son bastante abundantes y, a veces, alcanzan un gran desarrollo. La observación de la carto- grafía geomorfológica nos muestra como este tipo de formas se desarrolla mayoritariamen- te sobre las pequeñas sierras paleozoicas disponiéndose alrededor de las mismas a modo de orla. Otros ejemplos se encuentran en el valle del río Guadalén con morfologías alargadas y paralelos al cauce. Están formados por bloques, cantos, gravas y arcillas, pero pueden dife- renciarse dos tipos de depósitos, debido a la acusada diferencia litológica y textural de las áreas madre. Dentro del primer grupo se incluyen los productos provenientes de los materia- les paleozoicos de las pequeñas sierras que atraviesan la hoja. En éstos, la litología de los clas- tos queda determinada por los materiales existentes en la parte superior de la ladera, pero es frecuente encontrar cuarcitas y pizarras en bloques de diferentes tamaños y con una matriz arcillosa muy roja, producto de la alteración de dichos materiales. El segundo tipo de colu- viones es el que deriva de los materiales jurásicos y triásicos por lo que en este caso los clas- tos son fundamentalmente dolomías, carniolas, calizas y algunas areniscas. La matriz, es muy abundante, mientras que el tamaño de los clastos es mucho menor que en los anteriores. En cuanto a la potencia, varía según los casos, pero puede establecerse de 2 a 5 m. Estos últi- mos es frecuente encontrarlos en las laderas del río Guadalén y de los arroyos Oregón y de la Vega. La edad para unos y otros es Pleistoceno superior-Holoceno.

2.4.5. Gravas, cantos, arenas y limos (terrazas) (35)

Sólo se encuentran en el valle del río Guadalén, al norte y al oeste de Villamanrique. Su mor- fología es alargada, en bandas paralelas al cauce. El techo es plano y ofrecen escarpes bien conservados. La altura sobre el “talweg” actual es de +2-3 m. Están formadas por gravas, cantos, arenas y limos de diversa litología y muestran algunas estructuras sedimentarias pro- pias del medio fluvial. Ofrecen casi las mismas características que el aluvial del río Guadalén, pues es en el valle de este río donde se desarrollan. Los clastos tienen naturaleza carbonata- da, en su mayoría, porque proceden de la Plataforma de Campo de Montiel, pero el río Guadalén en su decurso, atraviesa materiales paleozoicos por lo que también incorpora cuar- citas, areniscas, algunas pizarras y, ocasionalmente, cuarzos. La matriz es arenoso-limosa de color pardo rojizo. El tamaño medio de los cantos es de 4-7 cm y el máximo, observado en campo, es de 30 cm. Por lo general el grado de redondeamiento es bueno, pero hay una cier- ta tendencia al aplanamiento. La potencia calculada es de 3-4 m, aunque no se ha observa- do ningún corte totalmente limpio. La edad que se le asigna es Pleistoceno superior pero no se descarta la posibilidad de que pueda llegar hasta el Holoceno

2.4.6. Limos y arcillas grises con cantos (fondos endorréicos) (36)

Aparecen en el fondo de algunas dolinas debido a la impermeabilidad que adquiere el fondo de las mismas por acumulación de arcillas de descalcificación. Los sedimentos resultantes son limos y arcillas grises y no es raro observar la presencia de cantos dolomíticos y carbonatados que proceden de la erosión de los escarpes. A techo de estos depósitos, se desarrollan sue- los vérticos de color gris oscuro. Su funcionalidad hace pensar en una edad reciente para ellos, por lo que se han atribuido al Holoceno.

2.4.7. Cantos, gravas, arenas y arcillas (conos de deyección) (37)

Los conos de deyección aparecen en la desembocadura de algunos ríos cuando alcanzan un valle de rango mayor. Son muy escasos, de pequeño tamaño y aparecen de forma aislada en el valle del río Guadalén. Presentan la típica forma de abanico y una clara convexidad, tanto en su perfil transversal como longitudinal. Están constituidos por cantos, gravas, arenas y arcillas. Los materiales de que se alimentan son areniscas, cuarcitas, pizarras y calizas. El tamaño de los clastos es muy variable pues cambia dentro del mismo depósito, disminuyen- do considerablemente desde la zona apical a la distal. Con la potencia sucede los mismo, pues también disminuye en el mismo sentido pero, en la zona de máxima acumulación, puede llegar a tener 5-7 m. La edad de estos conos es Pleistoceno superior.

2.4.8. Cantos, gravas, bloques, arenas y limos (fondos de valle) (38)

Los fondos de valle se distribuyen por toda la superficie de la hoja con formas estrechas alar- gadas y serpenteantes aunque, a veces, adquieren trazados bastante rectos debido a la line- alidad de sus cauces. Destacan los del río Guadalén que alcanza, en ciertos puntos, 500 m. de ancho, y los de los arroyos del Buey, de los Campillos, de la Vega, de la Cañada, de Oregón, de Santa María y de las Huertas. Están formados por cantos, gravas, bloques, are- nas y limos. Los depósitos aluviales cuyo origen es la Plataforma de Campo de Montiel, como el del río Guadalén, tienen la litología de sus elementos gruesos de naturaleza carbonatada: dolomías micríticas, dolomías brechoides, dolomías carniolares y calizas dolomíticas. También incorpora algunas areniscas, arrancadas de las intercalaciones detríticas del Trías. La matriz es arenoso-limosa roja y el tamaño de los cantos varía de unos cursos a otros, pero lo más

frecuente es observar que oscila entre 4 y 7 cm, con tamaños máximos observados de 30 cm. El grado de redondeamiento varía entre subanguloso y subredondeado, con cierta tendencia al alargamiento de uno de sus ejes. Por lo que se refiere a los fondos de valle que se alimen- tan de los relieves paleozoicos, se caracterizan por contener como elementos gruesos: cuar- citas, areniscas, pizarras y, rara vez, calizas. La matriz es arenoso-arcillosa con algo de limo. El tamaño de los cantos es algo mayor que en los anteriores y presentan un menor grado de redondeamiento y de esfericidad. El máximo tamaño, observado en el campo, supera los 30 cm y la potencia no es fácilmente visible en ningún caso pero, por lo observado en áreas pró- ximas, debe oscilar entre 3 y 5 m. La edad asignada a estos depósitos es Holoceno por estar relacionados con la última etapa de la evolución de la red de drenaje.

3. PETROLOGÍA