CAPÍTULO II: IDENTIDAD UN ACERCAMIENTO TEÓRICO IMPRESCINDIBLE
2.5 A propósito de la identidad cubana
2.5.3 Soy cubano, soy popular
A partir del complejo proceso de formación de la nación cubana, los especialistas delimitan entonces los rasgos de la identidad del cubano, basados, fundamentalmente, en la presencia de una misma línea de pensamiento en continuo ascenso y superación y en una tradición revolucionaria genuina, original y auténtica, penetrada por una tradición ético-política de base humanista, donde las diferencias entre Varela, Martí, Mella, Fidel y tantos hombres que sintetizan dicha tradición en distintas etapas del proceso, solo se determinan por las respuestas que han tenido que dar a momentos históricos distintos. (Pupo, 2005).
Armando Hart, por ejemplo, enfatiza en “las esencias patrióticas y populares de la cubanía” (Hart, 1995: 14) y establece, como gestores de una cultura de resistencia y de liberación nacional y social, los siguientes elementos: la esclavitud y la estructura social de nuestro pueblo; el permanente enfrentamiento a la intromisión sistemática de potencias extranjeras en el proceso sociopolítico cubano y en la gestación de la nación y su evolución ulterior; el hecho histórico de la identificación entre blancos y negros y entre criollos y emigrantes, como componente de la nación, con igualdad de derechos, lo cual está en la médula de nuestro ideario cultural; y la presencia de una identidad marcada por la conjunción de una alta cultura
de raíces populares, capaz de alentar y orientar la movilización social y la lucha heroica del pueblo trabajador.
Fernando Ortiz, basado en sus estudios etnográficos, insiste en la diversidad de lo humano y asume su defensa consecuente en el estudio y reafirmación del componente africano que nos enriquece a partir de un reconocimiento de la identidad del hombre. Mientras que Enrique Ubieta (1993) propone, como rasgos identitarios del cubano, los siguientes: elementos de origen afrocubano en nuestra cultura, indiferencia histórica hacia las diversas religiones, capacidad intelectual y patriotismo de las mujeres, el carácter pesimista del cubano, el deporte como factor patriótico y sociológico, la acogida de los extranjeros en Cuba y las reclamaciones y legítimas aspiraciones de la mujer (quienes conquistaron, por ejemplo, el derecho al divorcio).
En Órbita (1973), aparecen algunas definiciones de Fernando Ortiz con relación a la
terminología empleada en el estudio de la identidad del cubano. “Cubanidad” queda definida como calidad de lo cubano, su manera de ser, su carácter, su índole, su condición distintiva, su individuación dentro de lo universal; “cubanismo”, en cambio, es todo carácter propio de los cubanos, más allá del lenguaje, y lo es también la tendencia o afición de imitar lo cubano. “Cuba es a la vez una tierra y un pueblo, y lo cubano es lo propio de este país y de su gente (…) (mientras que) cubanidad no es ni tendencia ni rasgo, es un complejo de condición o calidad, una específica cualidad de cubano. No puede depender simplemente de la tierra cubana donde se nació ni de la ciudadanía. Es la peculiar calidad de una cultura, la cubana. Es complejo de sentimientos, ideas y actitudes” (Ortiz, 1973: 28).
No falta, por supuesto, la calificación de Cuba como un ajiaco y crisol de elementos humanos, entre los que destacan nobleza, alegría, valentía, sinceridad, inteligencia y sociabilidad. Carolina de la Torre (1994), en su continuo acercamiento al tema de la identidad nacional, resume las siguientes características históricamente atribuidas al pueblo cubano y ampliamente conocidas y reconocidas: la alegría, expresividad, vivacidad, excesiva gesticulación y “ruido” en las comunicaciones, confianza, sentido del humor y solidaridad. Estas cualidades se expresan en las motivaciones, valores y actitudes más importantes de los cubanos.
Capítulo 2: Identidad. Un acercamiento teórico imprescindible.
‘pícaros’ y ‘luchadores’ puede impresionar como una cierta prepotencia o excesiva confianza en el éxito de cualquier empresa (…) La identidad, además de ser fuerte y de estar muy claramente definida en sus aspectos esenciales, es básicamente positiva y aceptada con orgullo” (De la Torre, 1994: 15).
Como cualidades negativas, sobresalen, según el estudio realizado por la psicóloga, la mala educación, la falta de límites, la presencia de algunos prejuicios y la impulsividad, así como la alta autoestima y una superior autoimagen.
También muchos coinciden en reconocer, como una de las características históricamente presente en los cubanos, el choteo. “El cubano padece de una afición exagerada a la risa, la burla y la jarana, hasta hacerla degenerar en el vituperable choteo (…) Considerado por Ortiz y Mañach como una enfermedad quizás curada con el triunfo de la Revolución, el choteo no es asunto del pasado ni fue rasgo pasajero (…) Hoy el choteo, si bien no del mismo modo como se haya manifestado a inicios del siglo XX, constituye ingrediente básico de la identidad nacional (…)” (Valdés, 2004: s.p).
El historiador Eduardo Torres-Cuevas, por su parte, se refiere a la mentalidad del cubano, la cual evalúa como profana, libérrima, alegre, fuerte y siempre situada en el límite de todos los límites. (Torres-Cuevas, 1995).
A partir del agravamiento de la situación nacional en los años del llamado Periodo Especial, las investigaciones arrojan resultados menos bondadosos: aparece la preocupación por la pérdida de algunos valores, la doble moral, la pasividad social y otros males que la gente achaca a la situación de crisis que se vive. Existe una fisura valorativa de la autoimagen, así como una tendencia que apunta “hacia el peligro de ser afectados por el llamado ‘síndrome IDUSA’ o ideología dependiente de Estados Unidos, o cualquier otra tendencia que fortalezca el valor de modelos foráneos en detrimento de nuestra autoestima o identidad. Esto pudiera apuntar hacia la conformación de una cierta identidad negativa” (De la Torre, 1994: 28). Sin embargo, resultan alentadoras las palabras, un poco más recientes, de la investigadora Alisa Delgado, quien asegura que “una mirada general a la sociedad cubana actual nos lleva a pensar que la identidad del cubano pasa por momentos de reafirmación (…) a partir de las