comparativo acción social ‐ CODHES 1985 ‐
3.5 LOS CUERPOS HABLAN
Los testimonios177 de Manuela, Myriam y Mileidys, recogen la experiencia de tres mujeres de diferentes regiones de Colombia, cuyas historias tienen en común, que son mujeres las protagonistas principales de los hechos, y fueron forzadas a desplazarse. Con el testimonio, se pretende no tanto obtener datos objetivos para ser comprobados. Se trata, tal como lo plantea Clifford Geertz, de identificar las articulaciones y significaciones que los miembros de un grupo humano le asignen
a estos para comprender sus prácticas y para explicarlas178. En otras palabras, los
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Para la investigadora chilena Debbie Guerra, el testimonio puede ser reconocido como un “intercambio confesional”, que expresa los susurros y gritos de quienes están al margen de la historia. Los testimonios dan cuenta de cómo es sentida y experimentada la vida. Narran las contradicciones, dudas, vacilaciones, complicidades, vergüenzas, arrepentimientos, segundas intenciones y correcciones que los biógrafos historiadores prefieren obviar. Cfr. Guerra, Debbie E. La historia de vida como contradiscurso: pliegues y repliegues de una mujer, 1.
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Geertz, La interpretación de las culturas, 46.
testimonios interesan para identificar las significaciones y los sentidos que las mismas mujeres le otorgan a su experiencia de sufrimiento desde la fe, como víctimas del desplazamiento forzado.
En la ciudad, ellas se han convertido en las nuevas jefas de sus hogares. Dos de ellas, han sido víctimas directas de la violencia sexual en el contexto del conflicto armado y la tercera lo ha vivido como testigo ocular de esta infamia. El relato de las tres mujeres, quiere ser un aporte a las nuevas significaciones que desde su cotidianidad y su experiencia de fe, ellas le pueden otorgan a la violencia sexual y al desplazamiento forzado.
3.5.1. Narrar desde el cuerpo
El cuerpo no es solo el esqueleto sino el “territorio” sobre el que se asienta lo humano como “ser de relaciones y de posibilidades”. Como lugar donde transcurre y se reafirma la vida179. El cuerpo de la mujer se hace presente no para ser definido, sino para ser narrados. La narración recoge los sufrimientos del cuerpo, en medio de la guerra; los resignifica, los visibiliza y los sitúa ante la historia.
El cuerpo, en su faceta política, utilizando una metáfora del teólogo John D. Crossan180, “es a la sociedad lo que el microcosmos al macrocosmos”es decir que las sociedades hablan a través de los cuerpos de aquellos y aquellas que las habitan, pero los cuerpos a su vez, hablan de las sociedades de donde ellos salen, en este sentido los cuerpos de las mujeres que en medio del conflicto armado han sido violadas y forzadas a desplazarse, dan cuenta de una enfermedad social que desde hace muchos años aqueja a Colombia y que permite el despojo de la tierra,
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Cfr. López Pérez, María José, op. Cit. Ibid., P. 11 180
Crossan, John Dominic, Al principio era el Cuerpo, en Jesús: una biografía revolucionaria, 1-2.
el maltrato, la expulsión181 y el destierro de millones de colombianos y colombianas dentro del país.
Los cuerpos de Manuela, Mileidys y Myriam, han hablado. Para comunicar, no han necesitado solo de su voz, sus gestos, sus silencios, sus risas, sus lágrimas. Las marcas tatuadas en su piel, son la expresión de las múltiples batallas y del hondo sufrimiento que han tenido que padecer y que desde la teología se identifica con la presencia del “mal”182, en cuanto que se trata de un mal que es causado, tiene unos responsables y unas consecuencias que afecta la vida toda de las mujeres.
El cuerpo tiene marcas que son evidentes y visibles y otras que no lo son, pero unas y otras son la expresión de un pasado que comienza a convertirse en memoria en los relatos de Manuela, Mileidys y Myriam, quienes rememoran situaciones que marcaron sus vidas antes, durante y después del desplazamiento:
La cicatriz en la pierna derecha, me la hice una vez que unos hombres armados intentaron llevarse la vaquita, me pegaron con su rifle y de un empujón me mandaron al piso y con una estaca me raje la pierna183.
Esta cicatriz del brazo derecho, es de una muenda que me dio mi marido, ese día, él no solo me violó, sino también casi me mata184.
Mire, aquí en el cuello, tengo una cicatriz, un día fritando chicharrones me saltó aceite al cuello, y ese mismo día nos llegó un panfleto en el cual los paramilitares nos comunicaban que nos daban 48 horas para abandonar el lugar185.
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El desplazamiento forzado es una estrategia del conflicto armado, que tiene como objetivo la apropiación de territorios, por tanto hoy se está hablando de personas desterradas, expulsadas y desarraigadas más que de desplazadas, porque una vez que una familia o persona es desplazada de su territorio difícilmente puede regresar, y si lo hace pone en grave peligro su vida y la de su familia. Cfr. Angarita, Carlos, Cuando se hacía fiesta, todos vivíamos en comunidad. Comunidades en destierro, narraciones para una espiritualidad del peregrino, 19. En esta misma línea está el investigador Molano, Desterrados.
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Aquí se entiende por mal radical, la violencia de todo tipo, que se ejerce contra la mujer y que hoy es considerado como un crimen de lesa humanidad. Se trata de un mal radical, porque afecta a las mujeres desde que nacen y por las proporciones que esta violencia reviste y ha revestido a lo largo de los tiempos. Y también porque estos hechos han quedado ocultos y se han banalizado de una forma vergonzosa, y sus verdugos se encuentran en todas partes y en todos los grupos humanos. Cfr. Comesaña, Santalices, La Violencia contra las mujeres como mal radical.
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Testimonio No. 02 de Manuela, Archivos, P.2 184
Testimonio No. 03, Mileidys, Archivo, P. 2 185
Testimonio No. 01 Myriam, Archivo, P. 2
En los testimonios anteriores, las mujeres identifican a los actores y algunos de los hechos que las maltratan: hombres armados que las golpean, las asaltan y se llevan sus animales; un marido guerrillero que viola y abusa de su esposa en el interior del hogar, o los paramilitares que amenazan y expulsan a una mujer indefensa junto con su marido e hija, por no pagar a vacuna. Se trata de marcas de la violencia que se fortalecen y se alimentan con la impunidad de todos los grupos armados y la debilidad del Estado. Son hechos cotidianos que aunque se silencien y se mantengan en el anonimato, no se pueden esconder porque día a día tienden a crecer. A continuación se hará el análisis de estos testimonios, desde los cuerpos concretos de las mujeres.