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LA CUESTION OBRERA

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IX. LAS REPERCUSIONES SOCIALES DE LA EVOLUCION CAPITALISTA

4. LA CUESTION OBRERA

Cuando los artesanos cayeron bajo la dominación de los empresarios capitalistas, sobre todo en la industria textil, contribuyeron a formar la clase de los obreros. Muchos obreros campesinos engrosaban las filas del proletariado urbano. Este último cambio fue más lento y menos intenso en Francia que en Inglaterra, porque nunca hubo en Francia un movimiento semejante al creado por el sistema de enclosures , que despobló los campos

ingleses, y porque en Francia la pequeña propiedad rural se mantuvo. En Francia, como en Inglaterra, la

gran industria capitalista creó un abismo, a menudo infranqueable, entre la clase de los patronos y la de los empleados. La clase obrera empieza entonces a tener una conciencia más clara de sus intereses colectivos, cosa imposible en la época en qué el maestro y el artesano hacían más o menos la misma vida y cuando entre las diversas clases industriales no existían separaciones tan rígidas. Bajo el nuevo régimen los trabajadores tuvieron que organizarse para defender sus intereses de clase. Este movimiento ocurrió mucho antes en Inglaterra que en Francia, porque la transformación industrial era más avanzada en Inglaterra y afectaba a masas de población más densas. El problema del día no era, como en 1789, la cuestión campesina , sino la cuestión obrera .

El empleo de los niños y las mujeres en la industria fue una de las consecuencias más evidentes de la revolución económica. En Inglaterra el empleo de los niños ocurrió mucho antes que en el continente, y los abusos eran tan flagrantes que, ya en 1802, se votó una ley para reglamentar el trabajo de los niños. En Francia el empleo de los niños (limitado en un principio a los niños asilados) se generalizó en la industria algodonera durante la época napoleónica.28 El trabajo de las mujeres en las fábricas vino también en Francia más tarde que en

28

Véase Weill-Gével, Líntroduction des machines et le travail des enfants assistés dans les manufactures (Bull. de la Société

Inglaterra. Estos fenómenos son ya una consecuencia directa de la creación de la gran industria capitalista: los fabricantes encontraban ventajoso emplear mujeres y niños, cuyos salarios eran inferiores a los de los hombres.

Los obreros fueron, en general, hostiles a la transformación industrial y, sobre todo, a la introducción de las máquinas. En Inglaterra esta hostilidad se manifestó enérgicamente en los últimos veinte años del siglo XVIII y en los primeros del XIX. Con frecuencia eran destruidas las máquinas, y en 1811-12 sobrevinieron los graves desórdenes del movimiento Luddita . En Ruán, (Francia), un motín

popular destruyó en julio de 1789 el establecimiento de Brisout de Barneville; pero bajo el Primer Imperio no se registró ningún acto de violencia. A partir de 1815, las manifestaciones contra las máquinas fueron más frecuentes, pero sin asumir la gravedad que en Inglaterra, ya que en Francia el proceso de evolución fue más lento.

Hecho en verdad sorprendente es que los obreros, antes de tomar el aspecto de una clase revolucionaria, se distinguieron en su conjunto por sus tendencias conservadoras . Ello se explica: los

obreros pensaban, sobre todo -cosa muy natural-, en los sufrimientos que las innovaciones les ocasionarían. En Inglaterra pidieron que se mantuviese y aplicara la antigua legislación de la Reina Isabel, los reglamentos establecidos por el

Statute of Artificers   de 1563. Deseaban que se

limitación del número de aprendices y la fijación de salario por los jueces de paz. Pero sus esfuerzos fracasaron y el principio de laissez-faire  triunfó sobre

el principio de la intervención: en 1813 y 1814 fueron derogados los reglamentos relativos a los salarios y a los aprendices. La clase innovadora parece haber sido, en cambio, la de los nuevos jefes de industria, gente emprendedora y preocupada, sobre todo por aumentar la producción. Pero apenas habían triunfado cuando numerosos pensadores empezaron a criticar la sociedad capitalista, entretanto la clase obrera se preparaba para organizar la lucha contra los patronos.

No hay duda que la formación de la gran industria, al menos en su comienzo, agravó los sufrimientos de la clase obrera. No hay que olvidar tampoco que antes de la era de la gran industria, y en países esencialmente agrícolas como Bretaña, existía un proletariado más numeroso de lo que ordinariamente se cree. El régimen de la pequeña industria no impidió la miseria. Las corporaciones, aun admitiendo que hayan ejercido una acción social benéfica, sólo comprendían un número reducido de artesanos, pues muchas ciudades no poseían corporaciones y, aún en las que las tenían, era raro que todos los maestros pertenecieran a ellas.29

Si pasamos a considerar la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX y las condiciones de

29

Véase H. Sée, Les métiers bretons en Bretagne au XVIII siècle

trabajo de entonces, encontramos, con Élie Halévy, que ya en 1839 los obreros de la gran industria ocupaban una situación relativamente favorable. Los que estaban en peor situación eran los malleros de Leicester, los tejedores de seda de Spitalfields, los tejedores de lana de Yorkshire, los tejedores de algodón de Lancashire y todos los obreros a domicilio. Sus salarios eran ocho veces más bajos que los de los obreros de las fábricas, y podían seguir existiendo precisamente a causa de sus bajos salarios. Estos desgraciados supervivientes de un régimen industrial caduco fueron las víctimas verdaderas de la concentración industrial y del maquinismo, aunque de una manera indirecta. Con ellos se formaron los principales efectivos del movimiento cartista, del que al fin se separaron los sindicatos obreros de la gran industria.30  En Francia se pueden notar por la misma época hechos análogos: Adolphe Blanqui observa que las manufacturas dotadas de equipos rudimentarios sólo podían luchar con los establecimientos mejor organizados por los reducidos salarios que pagaban a sus obreros.31

30

Elie Halévy, Histoire du peuple anglais, t. III, pp. 306-6.

31

Ad. Blanqui, Des classes ouvrières pendant l´année 1848, París,

5. EL CAPITALTISMO Y LAS CLASES SOCIALES.

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