CAPÍTULO IV: RESULTADOS Y DISCUSIÓN
4.1 Periodización del Gobierno Militar respecto a las políticas públicas dirigidas a las mujeres
4.2.1 Cuestionamiento explícito del patrón tradicional
Los cimientos del Gobierno Velasquista se sustentaron sobre el fustigamiento constante de la oligarquía y el modelo económico - político que la sustentaba, a quienes se acusó de explotar al pueblo, de comprar al poder político, del subdesarrollo y la dependencia del país (COAP, 1972).
Para el discurso velasquista la causa del atraso y el oprobio nacional tiene en los patriarcas oligárquicos sus figuras visibles. Hacendados, mistis y capitalistas eran los representantes de la dominación patriarcal y opresora sobre japas12 e indígenas13, que había que desbaratar.
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Indios.
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Cotler (1994: 28) citando una investigación del Instituto de Estudios Peruanos del año 1966, refiere que de 499 entrevistados en seis comunidades indígenas y en una hacienda del departamento del Cuzco, el 52% se encontraba de acuerdo con la afirmación “los indios han nacido para servir y obedecer al ‘misti”.
El patrón oligárquico es la fuente todopoderosa de reciprocidad asimétrica, de control e identificación social. Por ello el bienestar del indígena, peón, colono o trabajador depende de la privación de sus iguales. Esto genera una situación de desconfianza y envidia que Banfield citado por Cotler (1994: 27) denomina “amoralidad familística”14.
La relación del gamonalismo y la masa de trabajadores de las haciendas privilegió la intermediación de rituales y está cargada de simbología. La corporeidad fantasmal15 que buscaban evidenciar algunos hacendados, se inscribió en este tipo de relación. Despótico hacia fuera de sus contornos territoriales y protector con los suyos, el hacendado era una función netamente masculina, cual pater familias encarnaba un modelo de autoridad como ampliación de la esfera doméstica (Nugent, 2002: 18).
Como sistema político- económico, la oligarquía encarnaba una estrecha asociación entre el Estado, el capital extranjero, los terratenientes y los industriales nacionales, fuera de esta alianza quedaron los obreros organizados, los migrantes de los poblados de barriadas y los campesinos (Neira, 1998: 16).
Lo que Velasco opuso como contrapartida fue la necesidad de trasformar la estructura del Estado, de forma tal que permitiera una
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Causante de la fragmentación social de los dominados.
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Existen testimonios orales acerca de hacendados azucareros en el Norte del Perú que cabalgaban dentro de los confines de sus propiedades a la medianoche vestidos totalmente de blanco, cual si fueran “apariciones”. Esto, con la finalidad de hacer creer a sus sirvientes que tenían poderes sobrenaturales.
eficiente acción de gobierno; trasformara las estructuras sociales, económicas y culturales; y mantuviera una definida actitud nacionalista, una clara posición independiente y la defensa firme de la soberanía y dignidad nacionales (COAP, 1972: 14).
El 3 de octubre de 1968 a través del Decreto Ley No 17063 se aprobó el Estatuto del Gobierno Revolucionario, los objetivos “d” y “e” del referido Estatuto se enuncian a continuación:
“d. Moralizar al país en todos los campos de la actividad nacional y restablecer plenamente el principio de autoridad, el respeto a la Ley y el imperio de la justicia.
a. Promover la unión, concordia e integración de los peruanos, fortaleciendo la conciencia nacional.”
En un discurso pronunciado en la sede de la División Blindada del Ejército, el 7 de noviembre de 1968, el General Velasco se pronunciaba señalando que el Gobierno de Belaúnde Terry, nacido legítimamente por voluntad popular en 1963 “se prostituyó y se hizo ilegítimo en su ejercicio con el servicio incondicional a los intereses de grupo, al proporcionar apoyo a los apetitos económicos de quienes en casi toda nuestra vida republicana hicieron escarnio de nuestra soberanía y nos explotaron con alma de traficantes de esclavos” (COAP, 1972: 25).
Este Tutelaje Oligárquico debía ser desmantelado por una ideología castrense que ya no estaba dispuesta a ejercer un rol
complementario de instrucción16 de la masa tutelada (Nugent, 2002) sino más bien en activar procesos participatorios para la forja de una sociedad obrera e industrial.
El cuestionamiento de este orden oligárquico fue, también, un cuestionamiento moral que tuvo su base en una impronta regenerativa y pasional, proselitista y vulgarizadora, a la manera de una revolución religiosa.
El velasquismo reivindicó lo que había de menos particular y de más natural en cuestión de estado social y de gobierno (De Tocqueville, 1996: 97). Ese aspecto natural del proceso velasquista se sustenta instintiva y “biológicamente”17, sitúa a la moralidad como disposición básica del individuo, y se expresa en una disposición por la solidaridad - reprimida por la sociedad clasista - que constituye una de las condiciones previas de la liberación (Marcuse, 1969: 18).
El Velasquismo planteó el rescate del orgullo nacional y la superación de la alienación del peruano (hombre o mujer) – definida como el pensar, sentir, actuar de acuerdo a normas, patrones y valores que le son ajenos (Salazar Bondy, 1970a: 157).
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Para Nugent, era funcional al Tutelaje Oligárquico el rol complementario de instrucción de la masa tutelada a cargo de los institutos castrenses y la iglesia católica.
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Marcuse usa el término “biológico” para designar el proceso y la dimensión en que las inclinaciones, los patrones de comportamiento y las aspiraciones se transforman en
necesidades vitales, que, de no ser satisfechas, darían origen a un mal funcionamiento del
organismo. Lo cual constituye parte de una elaboración primigenia de lo que sería luego la definición de la categoría Género. Ver más en el capítulo I ¿Un fundamento biológico para el socialismo?, (Marcuse, 1971b: 15 - 29).
Se dio, entonces, un desplazamiento de la autoridad patriarcal oligárquica, como referente principal de la concentración de poder simbólico y real anterior a 1968; el cual fue sustituido por nuevos Patriarcas Revolucionarios en el escenario social reconstituido.
El representante de la izquierda militar18, el burócrata sectorial militar, el dirigente obrero sindical, el representante campesino organizado, el dirigente universitario, el cura progresista, el intelectual científico- técnico son todos figuras de un poder distinto, fortalecido a partir del debilitamiento del poder oligárquico, en lo que fue un progresivo (pero inconcluso) proceso de afianzamiento de una autonomía revolucionaria19.
La autonomía revolucionaria que proclamó Velasco, se declaraba independiente del Capitalismo y el Comunismo20 y se situaba “en una posición en la que confluyen valores humanistas, libertarios, socialistas y cristianos” (COAP, 1972: 72).
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Aquella que según Béjar técnica y desideologizadamente apoyó al régimen de Velasco. Véase la página 5.
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Entendida como la emancipación de la tutela oligárquica, y que se sustentaba en las condiciones instauradas por el proceso revolucionario. La autonomía revolucionaria del régimen velasquista es tributaria de una nueva moral religiosa, ecléctica políticamente, aunque más fustigadora del comunismo que del capitalismo, y su eje articulador se inscribe en los postulados humanistas que provenían concurrentemente de sectores sociales progresistas y de la democracia cristiana.
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Los ’70 es una década en la que la polarización de las grandes potencias y la Guerra Fría, aludía como parte importante del debate y la polémica a los derechos humanos y las libertades individuales de los ciudadanos. Las libertades nominales de los estados capitalistas y los condicionamientos sociales de las aspiraciones individuales como contrapartida de los estados socialistas eran objeto de denuncias mutuas.
Los estilos de vida, las capacidades y los derechos de las personas debían ser reconocidos y exigidos en plena concordancia con los Lineamientos Rectores de la Política Estatal del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Respecto de la autonomía revolucionaria podemos decir en palabras de Velasco:
“La revolución reconoce la legitimidad de todos los derechos cuyo respeto no signifique perpetuar la injusticia, ni mantener intocada nuestra tradicional situación de país subdesarrollado y dependiente. Porque en una sociedad de grandes injusticias, respetar esos derechos significaría, necesariamente, condenar a la mayoría a una eterna pobreza y garantizar a la minoría el disfrute de una riqueza cuyo exceso es social y moralmente injustificable” (COAP, 1972: 117)
La autonomía revolucionaria para el velasquismo se corresponde con una remisión de todo el ordenamiento legal a los objetivos del Gobierno Revolucionario. Así, la Constitución y las leyes son eficaces en tanto no contravengan los objetivos del Gobierno Revolucionario21.
En la misma línea, los derechos individuales – base de la teoría de los derechos humanos – son claramente relativizados y no son valores absolutos, sino relacionados con imperativos categóricos22,
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El artículo 5º del Estatuto del Gobierno Revolucionario señalaba lo siguiente: “El Gobierno Revolucionario actuará conforme a las disposiciones del presente Estatuto y a las de la Constitución del Estado, Leyes y demás disposiciones, en cuanto sean compatibles con los objetivos del Gobierno Revolucionario”. El subrayado es mío.
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Los imperativos son formas de conocimiento práctico, los ‘imperativos categóricos’ ordenan una acción de un modo absoluto y tienen dos características: Autonomía, que se origina en la
tales como: el restablecimiento de la autoridad, la postulación de reformas estructurales y el logro del bienestar del pueblo peruano.
Este planteamiento busca además consolidar la idea que las condiciones instauradas por el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada implican mejores condiciones objetivas para la garantía real y efectiva de los derechos ciudadanos (Biscaretti, 1997: 368).