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El AAQ II es una prueba que busca medir las habilidades de las personas para hacer frente a los eventos privados asociados al malestar psicológico. Así, el AAQ II es una prueba que consta de 9 ítems, que se valoran en una escala tipo Likert con puntuaciones entre 1 y 7, en donde altos puntajes en la prueba total implican altos niveles de evitación experiencial e inflexibilidad psicológica, en contraposición a bajos puntajes que implicarían altos niveles de aceptación y acción.

Se utilizó la versión en español del cuestionario AAQ II de 9 ítems adaptada y validad por Barraca (2004), la cual contó con una consistencia interna igual a 0.74, valor cercano al evidenciado en la prueba original que mostró una consistencia = 0.70. De igual manera, el autor evaluó los puntajes medios y desviaciones para dos grupos (clínico y control) encontrando así una media de 44,71 y una desviación de 8.42 para el grupo clínico, y una media de 34.61 con una desviación de 5.41 para el grupo control. De igual manera, frente a la validez de constructo, Barraca (2004) logró obtener tres factores: desbordamiento emocional (ítems 3, 5, 7, 8 y 9), evaluación inadecuada de los problemas de la vida (ítems 2 y 6), y respuesta ineficaz a los problemas de la vida (ítems 1 y 4).

Ahora bien, Garzón (2010) realizó una evaluación psicométrica exploratoria del AAQ en el contexto colombiano, refiriendo que a pesar de tener algunas limitaciones asociadas con el tamaño de su muestra, se evidenciaron valores positivos frente a la confiabilidad y validez del instrumento.

En un estudio que buscaba evaluar los efectos de un programa de intervención basado en la terapia de aceptación y compromiso sobre los indicadores de agotamiento emocional realizado por Muñoz (2013), se utilizó el AAQ II como una de las herramientas de medición, logrando demostrar que el agotamiento emocional puede ser concebido como una expresión de la evitación

experiencial, así como un efecto positivo de la intervención realizada sobre este. De igual manera, Aguirre (2012) utilizó el AAQ II como herramienta de medición de evitación experiencial en personal profesional quienes trabajaban con personas en proceso de reintegración a la vida civil, logrando concluir que el síndrome de burnout puede ser concebido como un patrón de evitación experiencial, y demostrando el efecto positivo de la Terapia de Aceptación y Compromiso en la muestra estudiada.

4. Autoregistros (Anexos 4, 5)

Como medida de validación de la información obtenida mediante las herramientas aplicadas y en la intervención terapéutica, se utilizaron diferentes formatos de auto-registros, al ser una herramienta efectiva en la medida en que permite la recolección de información de una amplitud importante de factores, tanto de la conducta como de las situaciones o eventos asociados (Haynes & O'Brien, 2011). Esta técnica de recolección de información ha sido desarrollada y empleada en múltiples ámbitos, que van desde investigación básica hasta instancias más complejas y de menor control como es la psicoterapia, por lo cual los autoregistros resultan siendo una fuente primaria de investigación dentro de la psicología (Schwarz, 1999).

Los autoregistros entonces hacen referencia a formatos que incluyen información personalizada reportada por cada participante, con el fin de comprender todos los factores relacionados con su experiencia depresiva, útiles para la recolección relevante de información a diferentes niveles (cogniciones, afecto, conductas observables, frecuencia, intensidad). Es importante aquí hacer énfasis en la necesidad de alinear los autoregistros con las características propias de los consultantes, pues de esta manera las características generales asociadas con la depresión identificadas en los cuestionarios aplicados lograrán entenderse de manera más

adecuada, pues los autoregistros buscan dar contexto a dichas características, además de lograr identificar otras que no logran ser evaluadas desde los cuestionarios.

En esta medida, el primer formato diseñado y desarrollado por los investigadores fue el formato de Registro de Pensamientos y Emociones, el cual buscó generar información relevante frente a los eventos privados de los participantes. Así, el formato brinda información semanal sobre la frecuencia e intensidad de los diferentes estados afectivos y pensamientos asociados experimentados por los participantes. El segundo registro siguió los elementos propuestos por Martell, Dimidjian & Herman-Dunn (2010) frente al monitoreo de actividades, con el cual se obtuvo información respecto a los patrones de conducta evidenciados por cada uno de los participantes, así como frente a la cantidad de horas que eran dedicadas a cada actividad.

Procedimiento

Se realizaron tres etapas principales: evaluación (A), intervención (B), y seguimiento (S1, S2). Así, la primera etapa contó con tres sesiones de línea de base, en las cuales se recolectó la información de cada participante respecto a su experiencia individual de depresión, para lo cual se aplicaron las diferentes escalas nombradas (Escala de Zung, BADS y AAQ II), y se realizaron los autoregistros para cada consultante de acuerdo a la información obtenida de los reportes verbales; en estas sesiones se estableció la línea de base. La evaluación de las conductas se continuó realizando sesión a sesión, en la medida en que se monitorearon las expresiones de la experiencia depresiva a través de toda la intervención, esta medición contínua guarda relación con la lógica de los diseños de caso único y con las indicaciones propias del modelo conductual con respecto a la medición continua y sistemática.

En la segunda etapa se realizó la aplicación terapéutica de la AC (B), en la que se integraron una serie de elementos y herramientas de esta postura terapéutica, los cuales estructuraron la intervención de acuerdo a las necesidades y características de cada participante. En general se utilizaron las siguientes herramientas propias de la AC, cada una en mayor o menor medida según el caso: monitoreo de actividades, valoración de metas, programación de actividades, entrenamiento en habilidades, arreglos contingenciales, y procedimientos enfocados a la evitación (Kanter., et al., 2010).

Finalmente, la etapa de seguimiento (S1 y S2) se realizó durante dos sesiones en las cuales se evaluó la estabilidad en los cambios producto de la intervención, mediante la aplicación de los cuestionarios utilizados durante las etapas 1 y 2, evaluando así estabilidad o alteraciones de los cambios alcanzados en terapia a través del tiempo.

A continuación en la tabla 2 se presenta la estructuración del procedimiento desarrollado con cada uno de los consultantes:

Tabla 2. Etapas y objetivos procedimiento investigativo

Etapa Objetivo

Evaluación (A)

 Entrevistas para recolección de datos (padres/acudientes, y participantes).

 Aplicación de escalas de evaluación (Escala auto-aplicada de Zung, BADS, AAQ-II).  Elaboración y entrega de autoregistros.

Recolección la información pertinente respecto a la experiencia depresiva de cada participante.

 Sesiones de elaboración de plan y monitoreo de actividades.

 Sesiones de establecimiento de metas y comprensión de valores

 Sesiones de entrenamiento en habilidades  Sesiones de arreglos contingenciales.  Sesiones enfocadas hacia la conducta verbal

(cogniciones, emociones, etc.)

 Sesiones enfocadas en conductas evitación.

Aplicación de herramientas de AC, de acuerdo a las características de cada consultante y la evaluación funcional la experiencia subjetiva con respecto a la depresión, en las adolescentes participantes en el estudio.

Seguimiento (S1, S2)

 Entrevistas de seguimiento

 Aplicación de escalas de evaluación (escala de Zung; BADS; AAQ II)

Evaluar la estabilidad de los cambios producto de la fase 2, a través del tiempo.

Finalmente, se presentan las guías de intervención utilizadas para cada una de las participantes:

Tabla 3. Guía de intervención – Participante 1

Fase Sesión Estrategia Objetivo Actividades en sesión

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