LA SEXUALIDAD Y SU CARÁCTER DIVINO
3.3 La Sexualidad y su Carácter Ritual
3.3.3 Culto al Falo
El culto al falo es de gran antigüedad y de extensión universal, (Gonzales 2010:71) ha estado presente desde la prehistoria hasta la actualidad, lo demuestra la evidencia localizada alrededor del mundo, ejemplos como el falo de la cueva de Hohlen Fels en Alemania, con 28,000 años de antigüedad, así hay muchos más ejemplos que evidencia la importancia y complejidad de este ritual desde los inicios de la vida. En la Antigua Roma y Grecia se habla que los falos tuvieron funciones de amuletos donde se les atribuía una doble función: a) fue poderoso instrumento contra la fascinación o “mal de ojo”, con su doble virtualidad de elemento profiláctico y apotropáico; y b) como símbolo de la naturaleza creadora y veneración a las fuerzas misteriosas de la creación (Del Hoyo 1996:444). Dentro del mundo Maya se ha localizado evidencia que constata la presencia de este tipo de ritual, lo que hace pensar que, al igual que las sociedades prehistóricas, contaban dentro de sus sistemas religiosos con una ceremonia dedicada a exaltar el órgano masculino, que posiblemente estuvo intrínsecamente ligado a la naturaleza y a su fuerza creadora.
Las representaciones del órgano genital masculino ha jugado un papel importante, su práctica se remonta según la evidencia a épocas muy tempranas, a la creación de la vida,
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los animales y las cosas. Según Amrhein (2004:2) la imaginería fálica surgió directamente de tradiciones más tempranas y que fue una parte significativa de la vida espiritual maya antigua, cosmología, gobierno y linaje. Corroborando parte de esto en el mito de creación de los nahuas, donde se dice que los hombres fueron hechos con la sangre del miembro de Quetzalcóatl (Garza 1990:33-34), es decir, este rito se le asocia a los primeros tiempos de la creación y se desarrolla paralelamente a los rituales de fertilidad, siendo el germinador de vida. Por consiguiente en casos se le asocia con la representación del árbol de la vida, el cual contiene las sustancias que dan prosperidad y fertilidad.
La descripción de este tipo de ceremonias es muy escasa, se cuenta con la evidencia material y con las reseñas hechas por los cronistas españoles del siglo XVI, pero los detalles específicos por los cuales se llevaba a cabo aún son muy generales. De lo que sí es cierto, es la evidencia localizada en varios sitios alrededor del área maya, un estudio especifico de Amrhein 2004 detalla la presencia de estas representaciones a lo largo de las tierras bajas del norte del área maya, clasificándolos en tres tipos de representaciones: los falos independientes o separados, los falos portátiles y los falos adheridos (Amrhein 2004:3-11):
Los primeros son elaborados en piedra, de grandes dimensiones y fuera de toda proporción humana, hasta mayo del 2000 se tenían registrados un total de doce de estas esculturas en Chichen Itzá. Los mayas yucatecos los llaman “xkebtunich” de los que en la actualidad se encuentran registrados alrededor de cuarenta y siete, la mayoría de estos localizados en los sitios de los estados de Campeche,
Yucatán y Quintana Roo. Suelen compartir dos características principales, una el material con que fueron construidos, y la segunda que son representaciones de un falo en erección donde se aprecia la anatomía masculina, de glande, frenillo y meato urinario (Fig. 15).
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Los segundos son una serie de representaciones en piedra, arcilla, madera y concha, portátiles -de tamaño natural- que se empleaban como adornos o bien en los rituales del culto fálico. Muchos de ellos se han encontrado en entierros, depósitos de conchas, escondites y cuevas. Por su tamaño probablemente se usaron como joyería, para seducir o por brujos en rituales. Uno de estos fue descubierto en Salina de los Nueve Cerros (Fig. 16).
Los últimos son los falos adheridos o empotrados que al igual que los monumentales están construidos en piedra pero a diferencia de los primeros se encuentran empotrados a los muros de algunos templos. Casos particulares son los de Uxmal y Chichen Viejo, donde en ambos lugares se encuentran sus respectivos Templos de los falos. En estos sitios se pueden encontrar falos en las cornisas a manera de gárgolas que cumplían un esquema de funcionalidad al permitir desaguar las azoteas en época de lluvias y a su vez simbolizar el semen del dios de la lluvia que fertilizaba a la tierra para que se lograran abundante cosechas. Otros falos de mayores dimensiones se encuentran empotrados al interior donde estuvieron originalmente recubiertos con estuco (Fig. 17).
En unos casos se han localizado este tipo de material decorado con tatuajes u otro tipo de decoración. Ejemplo son las varias esculturas en piedra encontradas en el área maya, en Loltún, la estela de Sayil, (la cual muestra un hombre con un gran falo colgando entre sus piernas), en Labná y en Uxmal, dentro del cuadrángulo de las monjas, donde se encontró
Figura 17. Falo en pared, Chichén Itzá (Amrhein 2005). Figura 16. Falo Portátil, Proyecto Salina de los Nueve Cerros
77 una pieza fálica de 2m de alto x 60 cms. a 1m de ancho, circunciso, (Fig. 18) (Guzmán y Servín 2005:70).
Las esculturas fálicas también aparecen adheridas a la figura humana. Estas figuras, con penes notoriamente exagerados, se encuentran como esculturas tridimensionales, relieves, petroglifos, y figuras pintadas. En el área maya se han localizado imágenes como la de la cueva Actun Chon, Yucatán (Fig. 19), donde se observa una representación de un prisionero de guerra desnudo con su miembro viril erecto, lo cual más que dirigirnos una escena sexual directamente, nos está mostrando un cuerpo desnudo, “sexualizado”, lo que significa que la imagen del cuerpo está hablando del poder político que se ejerce sobre el cautivo, para mostrar dominación sobre él (Guzmán y Hernández 2005:68), legitimando así el gobernante su poder.
La evidencia demuestra que la presencia de estos rituales ha sido parte del pensamiento prehispánico, y que pudieron estar asociados a ceremonias agrícolas, rituales de sacrificio o como ofrendas para que la tierra sea fértil, en si relacionadas con la fertilidad y reproducción de la naturaleza, sin embargo se cree que las representaciones fálicas sirvieron para santificar el espacio ritual sagrado, ordenar la comunidad, y legitimar la autoridad de la élite gobernante (Amrhein 2004:2). Siendo parte vital de la sexualidad, porque es a través de ella que se toman conceptos y analogías como modelos a reproducir dentro de un ritual.
Figura 19. Prisionero con erección (Stone 1995).
Figura 18. Imágenes fálicas, en Loltún, Sayil y Labná, Yucatán (Guzmán y Servín 2005).
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Lastimosamente la mayoría de evidencia se localiza en las tierras bajas del norte del área maya, localizando minimante figurillas en las tierras altas y costa sur. La falta de una investigación hace difícil establecer con claridad los alcances de este culto, de sus intercambios regionales, sus usos tanto en la vida ritual como cotidiana y de su concepción. Por ello, se considera importante no dejar de lado el culto fálico dentro de lo que es la sexualidad en la vida prehispánica Maya, debido a que no se trata tan sólo de una proyección gráfica con significados pornográficos del hombre sino que es una manifestación de su conexión con los dioses, la naturaleza y el placer mismo.