3.1. Diplomacia Cultural
3.1.2. La cultura y las relaciones de poder
En el estudio de las Relaciones Internacionales y, por tanto, para el tema de investigación, el “poder” es sin duda, un concepto central. Desde la antropología política, Eric Wolf (2001) es quizá uno de los autores que mejor ha explicado el rol del poder en el contexto de las relaciones entre culturas. Parte haciendo una crítica a los mismos antropólogos, quienes usualmente han asumido a la cultura “como un
52 Ibid, 168.
24 aparato mental, autogenerado y autopropulsado, de normas y reglas de conducta”53 (p. 38), sin tomar en cuenta el papel que tiene el poder “en la forma en que la cultura se crea, conserva, modifica, desmantela o destruye.”54
Para Wolf (2001), al poder no hay que entenderlo como una fuerza, máquina gigante o imaginarlo como un paquete concentrado, sino “como un aspecto de todas las relaciones entre las personas”55. Y es que hablar del poder (ya sea “blando” o “duro”, distinciones que se verán más adelante) implica que a priori se tratará de establecer una relación de fuerza. Como sostiene el sociólogo francés Michel Foucault (2000), el poder es en sí mismo una puesta en juego y despliegue de una relación de fuerza56 (p. 28). Y toda relación de fuerza, “implica en todo momento una relación de poder”57 que es reenviada “a un campo político del que forma parte. Decir que «todo es político» quiere decir esta omnipresencia de las relaciones de fuerza y su inmanencia en el campo político58”. Si el fin último de la diplomacia es agotar todas las herramientas a su alcance para no tener que recurrir a la guerra, parafraseando a Foucault59 (pp. 28-29), la diplomacia sería la continuación de la
guerra pero llevada a cabo a través de otros medios.
Por otro lado, Wolf (2001) recuerda que el poder funciona de manera diferente en las relaciones interpersonales, en los medios institucionales y al nivel de las sociedades. Y por ello, distinguió algunas maneras en las que se manifiesta. Para
53 Wolf, E. R. (2001). Figurar el Poder: ideologías de dominación y crisis. Ciudad de México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).
54 Ibid, p. 38 55Ibid, p. 19
56 Foucault, M. (2000). Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975-1976) (1era ed) . Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina.
57 Foucault, M. Microfísica del poder (2da ed.), p. 158. Ed. Las Ediciones de la Piqueta: Madrid. 58 Ibid.
59Foucault, M. (2000). Defender la sociedad. Curso en el Collège de France (1975-1976) (1era ed) . Buenos
25 este estudio, resultan importantes dos de ellas: el poder estructural y el poder táctico o de organización.
El poder estructural es descrito por Wolf (2001), aquel “que se manifiesta en las relaciones; no sólo opera dentro de escenarios y campos, sino que también organiza y dirige estos mismos escenarios, además de especificar la dirección y la distribución de los flujos de energía”60 (p. 20). En esta categoría entra la manera en cómo están configurados Marco Legal e Institucional, que será analizado más adelante, en donde se encuentran la Constitución, el PLANEX, el Plan Nacional para el Buen Vivir, la estructura orgánica funcional tanto de Cancillería como del Ministerio de Cultura y Patrimonio, la Ley Orgánica del Servicio Exterior, por mencionar los más importantes. En sus investigaciones, Wolf (2001) se convenció que “el poder estructural en cualquier sociedad implica una ideología que asigna distinciones entre las personas, basadas en las posiciones que éstas ocupan en la movilización de la mano de obra social”61. Esta reflexión resulta interesante ya que la piedra angular del énfasis que el presente gobierno ha hecho que entre sus políticas de inclusión social, esté el de la discriminación positiva, como una forma (ideológica) de reivindicación de las minorías étnicas históricamente marginadas. En la Cancillería, esto se manifestó a través del nombramiento en 2012 de 70 nuevos miembros del Servicio Exterior, 35 hombres y 35 mujeres, egresados de la Escuela de Diplomacia José Peralta, quienes en gran parte pertenecen a pueblos y nacionalidades del país; noticia calificada como hito histórico62.
60Wolf, E. R. (2001). Figurar el Poder: ideologías de dominación y crisis. Ciudad de México: Centro de
Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). 61 Ibid, 20.
62 Vargas, G. (2013). La Nueva Diplomacia intercultural y plurinacional cambia décadas de exclusión y discriminación. Diplomacia Ciudadana. Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio e Integración, p. 14.
26 El poder táctico o de organización, en cambio, alude a aquel que “controla los contextos en los que las personas exhiben sus propias capacidades e interactúan con los demás”63 (p. 20). Está centrado en los medios a través de los cuales “los individuos o los grupos dirigen o circunscriben las acciones de los demás en determinados escenarios”64. Este nivel se traduce principalmente en los funcionarios (en este caso, los agregados culturales), en cuanto a su capacidad de manejarse en su medio laboral y de ejecutar las diversas acciones en su ámbito.
Vale detenerse un poco en este segundo tipo de poder definido por Wolf (2001) para traer una de las aportaciones clave de Foucault (2002), que tienen también una incidencia directa en nuestro tema de investigación: el biopoder, concepto que involucra al cuerpo, directamente inmerso dentro de un campo político, “imbuido de relaciones de poder y dominación”65 (p. 26). Las relaciones de poder operan sobre el cuerpo, “lo cercan, lo marcan, lo doman(…), lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos”66.
En el biopoder (Foucault, 2002) se distinguen dos niveles: por un lado, el poder disciplinario; y, por el otro, el poder regulatorio67. En el primer nivel, el objetivo es el cuerpo del ‘hombre’, “su blanco es el conocimiento, poder y subyugación a través de instituciones como la escuela, la prisión, hospitales, ejércitos”68, etc., a través de tácticas utilizadas para el disciplinamiento; en este nivel prima el adoctrinamiento del ser humano a las instituciones. Y, en el segundo nivel, está el poder regulatorio (biopolítica), cuyo objetivo ya no es individual sino social, y se ocupa de la población
63 Wolf, E. R. (2001). Figurar el Poder: ideologías de dominación y crisis. Ciudad de México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).
64Ibid, p. 20
65Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI Editores. 66 Ibid, 26.
67 Vásquez Rocca, L. (2013). La noción de biopoder en Foucault y su relación con las antropotécnicas en la obra del último Sloterdijk, Eikasia, #53, p. 63. Recuperado de: http://www.revistadefilosofia.org/53-04.pdf
27 bajo normas no sólo de conducta, sino también biológicas, incluso higiénicas. La institución por excelencia para realizar este tipo de regulación, según lo definió Foucault (2002), es el Estado, “a través de prácticas demográficas, sociológicas, políticas de migración, de longevidad y de salud pública”69.
Por lo tanto, se podría afirmar que los agregados culturales están sujetos al biopoder disciplinario (Foucault, 2002) –expresado, verbigracia, a través de las normas del Servicio Exterior que disponen de ellos adonde sea el país al que les toque ser enviados– y que, a su vez, se desenvuelven en los terrenos del poder táctico (Wolf, 2001), de una manera más eficiente, en la medida en que esté más claro su rol y acciones a desempeñar.
Asimismo, que el poder táctico que cada uno de ellos ejerce, visto en perspectiva a través de la suma de sus esfuerzos, le conferiría a su cargo un impacto mucho mayor que si solamente se lo ve como el esfuerzo de un solo sujeto. De este modo, en el momento en el que se dimensione la importancia biopolítica (poder regulatorio) de la promoción cultural en el contexto de la diplomacia cultural ecuatoriana, y se aseguren las condiciones adecuadas, entre esos criterios de selección esgrimidos desde el poder estructural (Wolf, 2001), el rol del agregado cultural ejercería un poder que repercutiría positivamente en la mencionada diplomacia cultural.