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Lourdes Vergés Rebordosa

Responsable de Comunicación de FundiPau

Actualmente, el 54,5% de la población mundial vive en zonas urbanas de más de 500.000 habitantes, una cifra que las previsiones elevan hasta el 60% en 20301. Es indudable, pues, que en los contextos urbanos es donde se

afrontan hoy los principales retos de convivencia.

La convivencia humana –familiar, de amistad, escolar, laboral, vecinal...– ge- nera de forma natural tensiones, discrepancias y disparidad de criterios que deben abordarse a diario. Además, las grandes ciudades de hoy las confor- man personas y comunidades de muy distintas procedencias lo que, bien gestionado, supone una fuente de riqueza magnífica para las colectividades que coexisten –las de acogida y las llegadas con posterioridad– pero tam- bién puede representar una fuente de tensiones adicional: malentendidos idiomáticos, diferencias de costumbres, recelos mutuos, sensibilidades cul- turales aparentemente opuestas, etc.

Todo ello convierte a las ciudades en el campo de trabajo necesario e in- eludible donde potenciar la gestión no-violenta, dialogada y pacífica de los conflictos, y donde actualizar, encontrar e inventar, entre todos, métodos de prevención y de erradicación de las violencias.

Es un hecho notorio que la prevención de la violencia, en general, no es una tarea a la que los gobiernos hayan dedicado muchos esfuerzos, ni recursos específicos. A lo largo de la historia, la humanidad ha invertido mucho más en potenciar las soluciones impositivas y violentas a los conflictos y riva- lidades (guerras, invasiones, carrera de armamentos, amenazas...) que en explorar soluciones pacíficas y pactadas. Es vergonzante que en pleno siglo

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XXI el gasto militar mundial sea de 1,7 billones de dólares anuales2 mientras

casi la mitad de la población mundial vive con menos de 2,5 dólares diarios3

y ve amenazada su supervivencia por motivos como la falta de atención médica o la escasez de alimentos.

¿Y cuánto se invierte en la paz? ¿Cuántos investigadores realizan estudios financiados por los gobiernos para promover la convivencia y la pacifica- ción? ¿Cuántos empleados públicos se ocupan de organizar cursos o semi- narios de educación o formación y programas sobre cultura de paz y reso- lución no-violenta de los conflictos? Los hay, sin duda, pero deberían ser muchos más.

Decididamente, la seguridad humana debe plantearse en otros términos. Cada vez son más las voces que piden que se trabaje para revertir esta ten- dencia y que se invierta en la construcción de sociedades capaces de erra- dicar la violencia como forma de relación entre las personas, de potenciar aquello que nos une por encima de lo que nos separa y de valorar la diferen- cia como una riqueza en lugar de verla como una amenaza.

Para ello es imprescindible que se detecten los diferentes tipos de violencias que se producen en una comunidad humana, escuchar a los ciudadanos y ciudadanas que las sufren, a las personas que las asisten, a los expertos, analizar los motivos y los conflictos que se esconden detrás de dichas vio- lencias y las estructuras que las mantienen, e implicar al máximo número de personas, colectivos y organismos en el debate para buscar soluciones sinérgicas y participativas a la violencia existente y para imaginar acciones preventivas de posibles nuevas violencias.

La discriminación

Uno de los tipos de violencias que se producen en las zonas urbanas, de forma más o menos evidente o visible, es la violencia por discriminación. Es un tipo de crueldad que implica la vulneración de sus derechos a algunos ciudadanos. Es el ¡tú, no!, que limita sus opciones por motivos de origen, género, creencias, costumbres...

2. Según datos del SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) 2017. 3. Según datos del Banco Mundial.

CIUD

ADES DE P

AZ

Es una violencia mayoritariamente silenciosa que niega la carta de ciuda- danía de pleno derecho pero de forma discreta, sin hacer mucho ‘ruido’ –no puedes entrar aquí, no puedes acceder a esta vivienda, no puedes optar a este trabajo…– Es una violencia que hiere gravemente a los afectados que, con el paso del tiempo y la suma de agravios desatendidos ven crecer su frustración y malestar.

La discriminación puede infligirse por diferentes motivos, la mayoría basa- dos en prejuicios, costumbres y miedos.

• La discriminación sexual y de género adopta muchas caras: en el ámbito laboral se hace evidente en la diferencia de sueldo que perciben las mu- jeres en relación a los hombres por un mismo trabajo (la brecha salarial en España se sitúa en el 23,25%)4 o en la negativa de contratar a mujeres

en edad fértil por el riesgo de que queden embarazadas. También ampara formas como la tendencia a la cosificación del cuerpo de la mujer y el rechazo, estigmatización, marginación o burla de personas de orienta- ciones sexuales e identidades de género diversas, entre muchas otras.

• La discriminación por motivos de etnia u origen que sufren las personas y colectivos llegados a una ciudad desde otros países suele ser más con- tundente cuanto más marcadas son las diferencias de sus rasgos físicos, de su lengua y de sus costumbres. Muchos de ellos tienen serias dificul- tades para encontrar trabajo o alquilar una vivienda y, a menudo, se ven abocados a concentrarse o hacinarse en determinados barrios margina- les que, a su vez, se sienten excluidos de la vida de la propia ciudad. La desconfianza y el temor de las comunidades de acogida ante realidades que desconocen, suele ser el principal motivo que se esconde detrás de muchas de las discriminaciones por motivos de origen.

• La discriminación religiosa la padecen especialmente las tradiciones mi- noritarias que tienen muy poca o nula capacidad de interlocución e inci- dencia con las administraciones locales para hacer llegar sus problemas y reivindicaciones. También la sufren otras religiones, minoritarias o no, que se perciben como una amenaza por parte de la sociedad de acogida. Estos colectivos deben superar muchos obstáculos para poder, por ejem- 4. "La falta de políticas de igualdad en el empleo incrementa la brecha salarial. 22 de febrero, Día por la

Igualdad Salarial", Vicesecretaría General de UGT Departamento de la Mujer Trabajadora, 20 de febrero de 2017, pág. 5.

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plo, abrir un lugar de culto o tener acceso a las ayudas o a un trato similar al que sí perciben las tradiciones religiosas más arraigadas. Las fobias ha- cia las religiones suelen ser alimentadas por discursos exclusivistas into- lerantes de ortodoxias religiosas o laicistas que en algunos casos pueden llegar a ser legítimamente cualificados como incitación al odio.

Y podríamos hablar de más formas de discriminación relacionadas con la diversidad funcional, la situación económica, la apariencia física, las cos- tumbres, etc.

Discriminar a una persona por cualquiera de los motivos citados es, de por sí, el equivalente a vulnerar sus derechos humanos. La Declaración inter- nacional común de la que nos dotamos en 1948 en el marco de las Naciones Unidas y sus posteriores concreciones en el derecho internacional, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966), son muy claras al respecto: todos los seres humanos tenemos los mismos derechos, que de- ben ser respetados. Y somos los propios ciudadanos y ciudadanas los más interesados en cumplir y velar para que nuestros representantes cumplan esta regla universal si queremos conseguir una sociedad justa y cohesiona- da, y una convivencia pacífica en nuestras ciudades.