SÓCRATES: AMOR CONTEMPLATIVO COMO VERDAD Y AUTOCONOCIMIENTO
CAPÍTULO 5 – VERDAD Y AMOR CONTEMPLATIVO EN EL PRECEPTO “CONÓCETE A TI MISMO”
5.3. Cumplimiento del Precepto en el amor y la contemplación
5.3.1. Unión de inteligencia y voluntad en el Bien
La recién enunciada paradoja socrática “la virtud es conocimiento” dice que todas las virtudes se fundamentan en el entender. Por este apotema fundamental, que caracteriza el pensamiento de Sócrates, con el precepto “Conócete a ti mismo” invita a conocer el valor de la inteligencia: “conoce tu inteligencia”, conoce tu peculiaridad, pues esta es la condición necesaria en todo avance en el conocimiento99.
El hecho de que toda la filosofía socrática se asiente en el conocimiento la hace profundamente intelectual o racional y puede parecer extrema la confianza y la ilimitada fe de Sócrates en esa facultad humana. Testimonia Aristóteles: “Sócrates pensaba, efectivamente, que las virtudes eran razones (pues todas consistían para él en conocimiento)”100. Ciertamente, Sócrates vive en una época en que tanto la ciencia como la ética están muy racionalmente orientadas y sí, es un intelectualista. Ahora bien, su intelectualismo difiere de la concepción actual de la cual bebemos. Veamos cómo.
97 Cfr. Ibíd., (vol. II) p. 30.
98 Cfr. REALE, GIOVANNI; Socrate. Alla scoperta della sapienza umana, o.c. p. 243.
99 El examen exhaustivo del conocimiento socrático, de por sí muy interesante, constituiría el tema de
otro estudio. Al fin que se pretende, y teniendo en consideración que la contemplación propiamente será desarrollada por Platón, se exponen unas breves nociones al respecto del camino trazado por Sócrates en este asunto.
Para él, como se ha dicho más arriba, tanto por las circunstancias de su momento histórico, como por la inocuidad de las ciencias físicas y el relativismo de los sofistas, es esencial el conocimiento de la verdad antropológica. Según Sócrates el punto débil del ser humano es que su saber no está asentado en una base racional: por un lado está el falso conocimiento; por otro, el tipo de conocimiento relativo al que se denomina “creencia”. Pues, hay personas que”saben” –es lo que se llama “verdadera creencia”-‐, pero ella no es conocimiento en tanto ese saber es bueno mientras dura pero no permanece por mucho tiempo de manera que no vale para mucho101.
Sócrates solicita el racionalismo bien entendido y lo llama conocimiento de sí. En efecto, es correcto hablar de “intelectualismo socrático” con algunas precisiones. Debido a que en los tiempos modernos se produce una pérdida de los significados originales de los vocablos, procede hacer una aclaración al respecto de lo que en su origen denomina el término “razón”. Esta reseña también es pertinente y útil si se tiene en cuenta que todo el racionalismo occidental parte de esos significados. A este efecto se recurre a la memoria y concreción de Zubiri. De acuerdo con este autor, el pensar antiguo, llamó logos (razón para nosotros los latinos) al poder del hombre de entender y manifestar. Por medio del logos el hombre orienta sus acciones con la intención de hacerlas <<bien>>. Es el noûs, el que realiza esta función, y así, el logos no
hace sino expresar lo que el noûs piensa y descubre, llevándole a la verdad de las cosas. En términos latinos se podría decir que la razón no hace sino expresar lo que el pensamiento piensa y descubre102.
Es en este sentido que Sócrates concibe el verdadero conocimiento. Como indica Tovar, para el hombre de hoy el razonamiento es siempre cosa de una mente humana razonando; para Sócrates es bien diferente. Puntualiza que el razonar tiene para ese una existencia independiente y por sí: el logos, el razonamiento, no es sentido como un instrumento, sino como una realidad que se impone a la mente y la arrastra.
101 Cfr. PLATÓN, Menón, 97b-‐98a. Se reconoce que Sócrates admite el valor relativo de las verdaderas
creencias para propósitos prácticos. Cfr. BURNET, JOHN; Greek philosophy: Thales to Plato, o.c. p. 14. Ver más detalles sobre el tema en el estudio de Platón, apartado 8.1.1.
Por tanto, razonar es algo así como descubrir la marcha que el logos –el poder de entender-‐ realiza por sí y acompañarla en ese magnífico camino103.
Es desde esta perspectiva que para Sócrates todo debe ser motivo racional. Por conocimiento, los hombres comunes entendían el saber de las convicciones ordinarias que dictaba la sociedad y no justificadas en su rigurosa base racional. Para él, el conocimiento de uno mismo, debe ser algo motivado racionalmente, esto es, acreditado y fundado en el plano del logos.
En consecuencia, la razón propiamente socrática se ve como algo intuitivo que la conduce a lo largo de unos carriles y que Platón relata: “La razón nos arrastra”, “la razón nos guía”, “vayamos por donde el razonamiento, como el viento, nos empuja”104.
El amor y entrega al logos que caracteriza el significado de la razón socrática nos lo confirma la figura de Sócrates. Es usual presentarlo como un hombre que rindió al logos una vida instintiva y cuyo lema fue “yo sigo al logos”. Cuantas veces insiste, en relación a su saber, que no es él sino el logos quien dice tal o cual cosa: “a mí podéis refutarme, pero a él no”; cuantas veces Sócrates se presenta no como un simple representante de la “razón subjetiva” sino el servidor de dios. Con estas palabras lo expresa en la Apología: “Pues, esto lo manda el dios, sabedlo bien, y yo creo que no os ha surgido mayor bien en la ciudad que mi servicio al dios”105. Incluso el día de su juicio no vaciló sentenciando su condena a muerte con las siguientes palabras: “Yo, atenienses, os aprecio y os quiero, pero voy a obedecer al dios más que a vosotros”106. Afirma Gómez Robledo de su firme convicción de que Sócrates buscó afanosamente a Dios, a su modo y por sus símbolos107. La oración de Sócrates dice así:
“-‐Oh querido Pan, y todos los otros dioses que aquí habitéis, concededme que llegue a ser bello por dentro, y todo lo que tengo por fuera se enlace en amistad con lo de
103 Cfr. TOVAR, ANTONIO, Vida de Sócrates, o.c. p. 169.
104 Cfr. Ibíd., p. 169.
105 PLATÓN, Apología, 30a.
106 PLATÓN, Apología, 29d.
dentro; que considere rico al sabio; que todo el dinero que tenga sólo sea el que puede
llevar y transportar consigo un hombre sensato, y no otro”108.
Hemos considerado dos nociones del racionalismo socrático y que caracterizan al “Conócete a ti mismo”: el logos como una realidad superior al que razona y que caracteriza al conocimiento; el amor a la divinidad que conforma la inteligencia. Ahora, resulta evidente que uno de los motivos que señalan expertos en el tema, sobre el supuesto y tan debatido racionalismo de Sócrates y que ha dado la calificación de intelectualismo a la ética socrática, es la relevancia casi nula que se ha dado a la voluntad.
En efecto, el valor de la inteligencia que hay en uno mismo, no está tanto en afirmar su valor, sino en realizar que el objeto de su voluntad es siempre el bien divino. Las palabras de Mondolfo son elocuentes a esta relación: “La idea de bien no debe interpretarse como objeto de pura contemplación intelectual separada y distinta de las exigencias y energías volitivas del hombre, sino como objeto de una íntima adhesión espiritual, objeto de amor y voluntad activa”109.
Con todo ello, Sócrates explicita claramente las trazas del camino para la consecución del verdadero yo del hombre en la inteligencia, una inteligencia que ama el bien110. Cerciora Jaeger que el conocimiento al que llama Sócrates “no es una operación de la inteligencia, sino que es, como Platón comprendió certeramente, la expresión consciente de un ser interior del hombre. Tiene su raíz en una capa profunda del alma en la que ya no pueden separarse, pues son esencialmente uno y lo mismo, la penetración del conocimiento y la posesión de lo conocido”111. El logos se pone maravillosamente en contacto con un mundo más alto, contempla la Verdad y el Bien. Este conocimiento, la contemplación, entrega la verdad misma.
108 PLATÓN, Fedro, 279b-‐c. Alcibíades remite a la actitud de meditación y oración de Sócrates en
PLATÓN, Banquete, 220c-‐d.
109 MONDOLFO, RODOLFO; Sócrates. Eudeba Colihue. Buenos Aires 1988, (11ª ed.), p. 87.
110 Dicha concepción y que está explicitada en el concepto de alma en Sócrates y objeto del próximo
subapartado, será profundizada por Platón.
111 JAEGER, WERNER WILHELM; Paideia: los ideales de la cultura griega, o.c. (vol. II) p. 77. Añade el autor
que, la filosofía platónica es el intento de descender a esta nueva sima del concepto socrático del saber y agotarla. Para más detalles sobre el conocimiento del bien y su imperio sobre el alma-‐ phrónesis-‐ ver apartado 6.2.
Así, como se ha indicado inicialmente, el mandato “Conócete a ti mismo” es una exhortación a la racionalidad. Pero, esta racionalidad, está ligada a la conciencia socrática del valor de la inteligencia en su dimensión universal en donde reside la plenitud de la persona, y que es condición necesaria para el avance en el conocimiento. Avance que viene claramente expresado en palabras de Zubiri: “Esta frase del oráculo de Delfos significaba que el hombre no ha de atribuirse prerrogativas divinas, sino que ha de aprender a mantenerse modestamente en su pura condición humana. Sócrates carga la apotegma con un nuevo sentido. No se trata de no ser Dios, sino de escrutar con el noûs de cada cual la voz que dicta lo que <<es>> la virtud”112.
5.3.2. El alma como fuente de plenitud
Una de las grandes aportaciones socráticas con el mandato délfico “Conócete a ti mismo”, es el llamamiento al reconocimiento de ese alma o yo que hay en cada uno de nosotros y cuya perfección es el verdadero objeto de la vida. En el hombre hay un cuerpo y un alma113. El alma es la que manda, mientras que el cuerpo es mandado y está a su servicio. De este modo, el hombre es alma y, por tanto, es precisamente lo que el mandato exhorta a conocer y a cuidar.
La filosofía de Sócrates volviendo la vista al conocimiento de la verdad sobre el hombre y, por ende, a su mundo espiritual e íntimo tuvo que volver la vista hacia dentro, hacia la naturaleza del alma humana. No ves a los dioses, tampoco ves tu propia alma, decía Sócrates a sus discípulos, sin embargo, es la esencia del hombre:
“Pues bien, no le bastó a la divinidad preocuparse del cuerpo, sino, lo que es más importante, infundió en el hombre un alma perfectísima. En efecto, ¿qué alma de otro ser vivo es en primer lugar capaz de reconocer la existencia de los dioses que ordenaron las más grandes y más bellas creaciones? ¿Qué otro animal que no sea el hombre rinde culto a los dioses? ¿Qué alma es más capaz que la humana de precaverse del hambre, de la sed, del frío o del calor, o de poner remedio a las enfermedades, de ejercitar su fuerza, esforzarse por aprender, o más capaz de
112 ZUBIRI, XAVIER; Naturaleza, historia, Dios, o.c. p. 192.
113 Según Sócrates el hombre es su alma y no su cuerpo. La relación entre alma y cuerpo es analizada en
diferentes modos. Asociado a las concepciones órficas algunos ven el cuerpo como una “cárcel” del alma; asociado a la medicina de su tiempo, su descubrimiento del alma no significa la separación de esta del cuerpo, como con tanta frecuencia se afirma faltando a la verdad, sino el dominio de la primera sobre el segundo: Cfr. JAEGER, WERNER WILHELM; Paideia: los ideales de la cultura griega, o.c. (vol. II) p. 53.
recordar cuanto ha aprendido o visto? ¿No es algo totalmente evidente que al lado de los otros seres vivos los hombres viven como dioses, destacando sobre todos por su
naturaleza, su cuerpo y su espíritu?”114.
De acuerdo con la tradición griega ya se había hablado de alma, pero Sócrates le dará un sentido distinto al que había tenido hasta el momento y que perdurará hasta nuestros días. Esta nueva concepción tiene a sus espaldas una larga y compleja preparación que alcanza su madurez en Sócrates. Homero, relata Taylor, ya había hablado de psyche –alma-‐, significando algo que está presente en el hombre durante toda su vida y lo abandona al morir; jamás se piensa que tiene conciencia de ninguna clase. En el fondo, en época homérica, el alma no es más que el aliento que un hombre inhala mientras está vivo y exhala cuando expira, esto es, si se hablaba del “yo” se refería a su cuerpo, sede de la conciencia115.
Con Sócrates psyche significa ese algo que está en el hombre y que es la fuente de los supremos valores humanos. El filósofo de Atenas no afirma nada sobre la cuestión de lo que el alma es, excepto que es ese algo que está dentro de nosotros, fuere lo que fuere, en virtud de la cual uno es bueno o malo, y que, la función de este constituyente divino es sólo conocer y captar las cosas tal como son en verdad. Por tanto, “alma” viene a ser la personalidad consciente que puede ser sabia o necia, virtuosa o viciosa, queriendo decir “esa facultad de intravisión capaz de distinguir el bien del mal y de elegir inefablemente el bien”116.
En el contexto de estas ideas, por lo general, se le atribuye a Sócrates el mérito de haber identificado al hombre con su alma, considerando ésta como inteligencia, o sea, como capacidad de entender y de querer. Un punto fundamental que se ha defendido en la interpretación del pensamiento socrático es la significancia del hecho para la espiritualidad occidental y la conciencia de su influencia en la plenitud y el amor de la persona.
Jaeger hace la siguiente observación al respecto: “La experiencia socrática del alma como fuente de los supremos valores humanos dio a la existencia aquél giro
114 JENOFONTE, Recuerdos de Sócrates, I, 4, 13-‐14.
115 Cfr. TAYLOR, ALFRED EDWARD; El pensamiento de Sócrates, o.c. p. 111.
116 CORNFORD, FRANCIS MACDONALD; Sócrates y el pensamiento griego, o.c. p. 46. Según Fouillée, la
idea de la unidad del alma y de la unidad de la virtud, es más pronunciada en Sócrates que en Platón. Cfr. FOUILLÉE, ALFRED; La Philosophie de Socrate, o.c. (vol II) p. 4 y ss.
hacia el interior que es característico de los últimos tiempos de la Antigüedad… No es fácil para nosotros medir en todas sus proporciones históricas el alcance de esta transformación. Su consecuencia inmediata es la nueva ordenación creadora de los valores que encuentra su fundamentación dialéctica en los sistemas filosóficos de Platón y Aristóteles. Bajo esta forma, es la fuente de todas las culturas posteriores que la filosofía griega ha alumbrado”117.
No menos explícito es Reale, que se expresa como sigue: “Un nuevo y revolucionario concepto de hombre, que se impuso como auténtico emblema de la cultura occidental y que la tradición atribuye precisamente a Sócrates y sus discípulos: la esencia del hombre coincide con su psyche, es decir, con su inteligencia y con su capacidad de entendimiento y de voluntad”118.
Para concluir, las instancias que Sócrates lleva a cabo con el mandato délfico: “Conócete a ti mismo” y que se han visto en estos apartados, se resumen en el reconocimiento del alma como aquello humano que está más cercano a lo divino, que constituye el valor de uno mismo y que remite a la capacidad de contemplar y de amar que Sócrates mantuvo a nivel operativo119.
Observado desde el ángulo de la capacidad de entender o contemplar, el valor de la razón -‐y la noción de racionalidad que de ésta filosofía socrática hemos heredado-‐, consiste en proclamar su validez en la condición de que sus conquistas descansen en una base sólida y precisa. Sin embargo, resulta paradójico para nosotros que la valía de esta noción reposa en el Bien universal como fundamento del conocimiento y en una devoción a lo divino. Sócrates evita así que por una falta de excesiva vanidad se destruya la esencia del ser humano y uno se quede frente a la nada.
Visto desde la perspectiva de la capacidad de amar, el valor de la voluntad y la concepción de amor que gracias a Sócrates se asienta en las bases de nuestra conciencia occidental, reside en anunciar su eficacia en la condición de que sus fuerzas
117 JAEGER, WERNER WILHELM; Paideia: los ideales de la cultura griega, o.c. (vol. II) p. 51-‐52.
118 REALE, GIOVANNI; Raíces culturales y espirituales de Europa: por un renacimento del hombre
europeo. Trad. M. Pons Irazazábal. Herder. Barcelona 2005, p. 82. Reale remite la afirmación al cuidado
del alma (tema que se aborda en el próximo capítulo).
reposen en el bien. No obstante, y nuevamente paradójico, la validez de esta noción gravita en el amor de dios, impidiendo que por un desconocimiento de la verdad se caiga en un amor de las cosas sensibles y se arruine el atributo humano.
En el trasfondo de estas nociones socráticas, y quizá de modo extraño para nosotros, la racionalidad y el amor se encuentran entrelazadas. Se ha observado que esto es posible ya que el fundamento de ambos es el bien espiritual. La voluntad encaminada al conocimiento del bien divino se une al poder de la razón que, dejándose guiar por él, contempla la realidad aceptando el valor de uno mismo y asumiendo su dimensión con el otro.
Bajo estas razones, la filosofía socrática de la verdad y del conocimiento de uno mismo se compendia en la ciencia del amor como único conocimiento connatural y necesario al hombre. Así, Sócrates proclama el amor contemplativo como base a no ser que perdamos la conciencia de lo que nosotros mismos y los demás somos como seres humanos.
En fin, la noción de verdad y la proclamación del mandato délfico “Conócete a ti mismo” se resume en una filosofía antropológica y espiritual que nos conduce a la consideración del cuidado del alma que, en el desarrollo de sus dos facultades esenciales: -‐capacidad de razonar y capacidad de amar-‐, sella la exigencia de consecución de plenitud vital.
Sócrates, consciente del peligro del desconocimiento de uno mismo que acosaba su Atenas natal, no haría otra cosa sino exhortar al hombre a conocer su alma y a preocuparse por cuidarla lo mejor posible:
“<<Yo, atenienses, os aprecio y os quiero, pero voy a obedecer al dios más que a vosotros y, mientras aliente y sea capaz, es seguro que no dejaré de filosofar, de exhortaros y de hacer manifestaciones al que de vosotros vaya encontrando, diciéndole lo que acostumbro: `Mi buen amigo, siendo ateniense, de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas de preocuparte cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores, y, en cambio no te preocupas ni interesas por la inteligencia, la verdad, y por cómo tu alma
va a ser lo mejor posible?´>>”120.