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en el noreste cacereño por Antonio González Cordero

6. Las cupae

1 - CASTREJÓN (PERALEDA DE SAN ROMÁN)

Las cupae de Castrejón, se localizan en un espigón que forma el río Tajo con el arroyo epónimo, una horquilla estratégica que en la Edad del Bronce aprovecha una población para instalarse, parapetada tras una muralla. Estas defensas serían reutilizadas en época romana para proteger un nuevo asentamiento, donde son visibles numerosos restos, muchos de los cuales corresponden a fustes de columnas y sillares, algunos con una categoría de molduras y trabajos que hacen sospechar de la existencia en este sitio de algo más que construcciones domésticas.

Este tipo de monumentos son especialmente abundantes en Mérida, donde hay contabilizados casi cuatrocientos ejemplares, más de trescientas sólo en las paredes de la Alcazaba (Caldera, 1972: 460), sin embargo en la provincia Cacereña apenas llegan a la docena el número de localidades donde hace acto de presencia, aunque hay que destacar las murallas de Coria, donde se han contabilizado hasta 26 cupae.

De los dos ejemplares de Castrejón, el que se halla completo, resume muy bien las características arquetípicas acrisoladas en las cupae solidae emeritenses, piezas talladas en un sólo bloque de piedra granítica en forma de tonel o baúl, con una molduración en la parte inferior que puede ser de un sólo baquetón o doble. Mide 87 cm. de largo, 50 cm. de ancho y 60 cm. de alto (Fig. 17).

En algún caso puede leerse una inscripción con el nombre del difunto en el lomo o en uno de sus lados. Esta inscripción pudo cincelarse sobre la piedra o pintarse sobre un revoco de estuco aplicado para un mayor lucimiento del monumento. Esta capa sólo se conserva en circunstancias excepcionales, por la cual la mayoría de los monumentos extremeños, incluyendo este de Castrejón, suelen ser anepígrafos

El caso de la Marquesa de Pinares, una cupa hallada in situ en Mérida y otros de las necrópolis catalanas, muestran como además se hallaban aupadas sobre un podio de sillares o gradas que dejaban en el centro un espacio para guardar la urna con las cenizas del difunto y el ajuar, aunque hay algún caso conocido en el que la cupa se superpone a una inhumación (Durán i Sempere, 1963: 76). Nada se conserva en Castrejón que señale el espacio original de ubicación, no obstante en derredor encontramos sillares y pilastras talladas, algunas con molduras en el borde y adornos en forma de media luna que pudieron haber formado parte de la plataforma o de otro monumento funerario.

El segundo ejemplar es un fragmento de otro monumento en forma de cupa compuesto a partir de de un conjunto de rebanadas de piedra trabajadas en forma de semicírculo caracterizadas perfectamente en los monumentos de Aldeanueva de la Vera y Guijo de Granadilla. Mide 36 cm. de largo, 85 cm. de ancho y 55 cm. de alto. Las cupae datan del siglo II-III d.C. y su geografía de distribución afecta a una gran parte del litoral peninsular y especialmente a la provincia romana de Lusitania, donde se dieron unos tipos específicos que serán los imitados en la mayor parte de de la región extremeña. En cuanto a su origen, se daba por segura la procedencia

norteafricana, pero recientemente algunos autores han revitalizado una teoría que señala hacia en Asia Menor, donde se da un tipo de enterramientos en forma de sarcófago abovedado, supuesta fuente de inspiración (Blázquez, 1978: 206). En cualquier caso no es descabellado pensar por nuestra proximidad y las fuertes relaciones que Hispania mantenía en el Norte de África, que los prototipos emeritenses y por extensión extremeños, se importaran de allí, correspondiendo su realización, dentro de la escala social a la clase media de colonos asentados en la Península, emigrantes y una parte significativa de condición humilde a la que se adscriben esclavos y libertos, algunos de ellos adscritos a religiones mistéricas, entre las que cabría incluir en esa época al cristianismo.

El ejemplar completo de Castrejón, constituye un caso único dentro de las comarcas nororientales cácereñas y tal vez corresponda a un grupo de población emigrante procedente del núcleo emeritense cuya influencia se filtra también hacia otros dos núcleos, Coria, donde se encuentran más de la mitad de las cupae de la provincia y hacia el campo norbense, donde se produce una llamativa dispersión, elevándose a cuarenta y uno la cifra total monumento recogidos.

2 - ALDEANUEVA DE LA VERA

En el paraje conocido como el Valle, en la localidad de Aldeanueva de la Vera, fueron localizados los restos de un sepulcro de época romana tallado en granito, que si bien no reviste unos caracteres de excepcional monumentalidad, su inusual composición, a partir de cuatro porciones de piedra trabajadas en forma de semicírculo y la presencia de varios sillares moldurados, justifica una detenida descripción del mismo.

Las piezas que componen el monumento se encontraban esparcidas a lo largo de 20 m., acostadas sobre la linde de un bancal que separa un olivar. Se ignora la fecha exacta de su exhumación o destrucción, pero esta ha debido acontecer en época reciente, de lo contrario habrían pasado a formar parte de paredes o portillos, aunque su peso, el volumen y el lugar donde se encuentra, dificultan notablemente su acarreo. Cuando fue localizada, la mayoría de sus bloques yacían parcialmente enterrados, faltando una parte del podio o plinto. La longitud total, sino falta ningún segmento de la misma es de 151,5 cm. de largo por 68 cm. de alto y 123 cm. de ancho (Fig. 18).

El fragmento nº 3 conserva restos de un revoque de opus signinum sobre la charnela, probablemente aplicado para tapar las juntas entre las distintas piezas y para proporcionar una mayor uniformidad, no siendo raro que se hubiera aplicado posteriormente una capa de pintura y sobre la misma la inscripción con detalles sobre el difunto. La presencia de recubrimiento confirma lo que sabíamos acerca de estos monumentos que se iguala a otros aparecidos en la necrópolis de Barcelona (Beltrán de Heredia, 2007: 23). El aspecto final venía a ser el mismo que las cupae structiles que se fabricaban enteramente de ladrillo.

La porción más interesante es la que ocupó el frontal de la cupa (fragmento nº1), diseñada en forma de semicírculo, con una rosa hexapétala inscrita en un círculo con

seis pétalos interiores ocupando el eje del tímpano y enmarcado todo por un doble bocel en la base, al que continúan tres molduras más estrechas en la rosca.

En un avance sobre su descubrimiento (González, 203: 21), ya describíamos este monumento como un tipo híbrido entre las cupae solidae, talladas enteramente en un bloque de piedra y las cupae structiles construidas a base de ladrillos u otros materiales, aunque tal vez de lo que debíamos de hablar es de una fuente distinta de inspiración para este tipo concreto, que tiene mayores concomitancias con otros monumentos presentes en las costas de Asia Menor que con los arquetipos africanos.

La persona enterrada en Aldeanueva, fue recordada con un monumento espectacular que en Extremadura, sólo tiene parangón con otro ejemplar en Guijo de Granadilla, cuya única diferencia estriba en el aspecto figurativo, el cual reserva para Aldeanueva una rosa hexapétala hispana con pétalos carnosos bien detallados en relieve y para la de Guijo una roseta con radios curvos dextrógitos y una media luna.

Recientemente ha sido trasladado a la localidad de Aldeanueva de la Vera, donde se conserva.