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CAPÍTULO 3: MARCO TEÓRICO

3.4 CURRÍCULUM PARA LA FORMACIÓN INTEGRAL DESDE LA ESPIRITUALIDAD IGNACIANA

La formación integral se puede considerar como uno de los rasgos que dan identidad a la pedagogía ignaciana. Al leer y analizar los distintos documentos que la detallan, cabe destacar dos dimensiones que así lo definen. Por un lado, el Proyecto Educativo de la REI (2009) que describe que el acto de educar persigue cubrir en los estudiantes: “sus necesidades básicas y su fundamental dignidad, su dimensión sensible y corpórea, su inteligencia, su afectividad y sexualidad, su voluntad y su carácter, su dimensión social y comunitaria, su dimensión estética y espiritual, ética y religiosa, y su libertad” (p. 24), considerando un sentido de mayor preparación individual de la persona.

Mientras que, según el documento Orientaciones y estrategias para un

diseño curricular que promueva la formación integral (REI, 2011), por otra

parte, considera que la educación integral cobra “(…) sentido dentro del horizonte de la ignacianidad, en tanto que busca la formación de hombres y mujeres que sean capaces de vivir junto con otros, desplegando todas sus potencialidades (…) y vayan configurando un mundo nuevo y distinto” (p. 28), destacando en este fragmento que la formación no es para la persona, sino que es con otros y para ponerla al servicio de la sociedad.

Ambas dimensiones expresadas, han sido descritas y analizadas desde la inspiración inicial que tiene la espiritualidad ignaciana en documentos como los Ejercicios Espirituales escritos en 1548 por San Ignacio de Loyola y la Ratio Studiorum de 1599. Pero, es en la década del ochenta, cuando la Compañía de Jesús, a nivel mundial, hace una recopilación de estos contenidos y genera documentos que resumen su inspiración, con la participación de jesuitas y laicos que han apoyado su gestión educativa.

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Entre los documentos que orientan la educación ignaciana y que han inspirado el trabajo que se está desarrollando en Chile, con el Proyecto Educativo de los colegios de la REI y el MAFI, se pueden destacar:

1. “Características de la educación de la Compañía de Jesús”, publicado

en 1986. Texto que recoge la tradición educativa de los jesuitas, sus principios y los valores educativos. En él, se reconoce como objetivo último el crecimiento global de la persona, y para lograrlo se persigue: formar líderes en el servicio y la imitación de Cristo, desarrollar las propias potencialidades e intentar una excelencia humana y cristiana, formar personas para acoger y promover todo lo realmente humano, ayudar a respetar y comprender a otros, lograr una trasformación radical para comprometerse con la fe y la justicia, y formar hombres y mujeres para los demás a pesar de las dificultades actuales.

2. El libro “Pedagogía ignaciana, un planteamiento práctico” publicado en 1993, donde se recoge la experiencia en educación desarrollada por los jesuitas. Se destacan los principios y los métodos que han generado este estilo propio y distintivo de la Compañía de Jesús; así como también, explicar cómo se enseña a acercarse a la realidad, a percibirla, a experimentar, reflexionar, tomar decisiones y evaluar con este modo ignaciano. En él, se reúne el Paradigma Pedagógico Ignaciano, que está compuesto por cinco etapas que deberían desarrollarse para el logro de aprendizajes:

- Situar la realidad en su contexto: Cada alumno con sus diferentes capacidades, sentimientos, emociones.

- Experimentar vivencialmente: Abrirse con todos los sentidos a toda la realidad.

- Reflexionar: Significado de lo vivido, juzgando la experiencia.

- Actuar: Toma de decisiones, asumiendo libremente las distintas alternativas.

43 - Evaluar: Volver sobre la totalidad del proceso pedagógico

revisando los procesos y sus resultados.

3. Los discursos de los Padres Generales, que se constituyen como orientaciones para la labor educativa de la Compañía de Jesús: Padre Pedro Arrupe SJ (General desde 1965 a 1983) con su alocución sobre formar “Hombres y mujeres para los demás”, el de Peter Hans Kolvenbach (General entre 1983 y 2008), complementa el anterior con “Y con los demás: competentes, conscientes, compasivos y comprometidos”; y, el actual Padre General, Adolfo Nicolás SJ (que asumió el cargo en 2008) quien, en un encuentro con los educadores en España en el año 2013, resalta la necesidad de “educar a personas que sean capaces de cambiar el mal por el bien”.

Es por ello que la REI (2011), considerando estos documentos que inspiran y fundamentan la educación ignaciana, concluye como rasgos característicos que se deben considerar al elaborar una propuesta curricular ignaciana, los siguientes:

- “Lograr en la persona del estudiante el máximo desarrollo de sus

habilidades y disposiciones (…) para dirigirlas a la construcción de una sociedad más justa y fraterna” (p. 28), planteamiento que se entiende como multiplicar los dones recibidos de Dios y que se traduce en el Magis5.

- “Servicio de la Fe y promoción de la justicia” (p. 29), que se entiende cómo educar en el compromiso de construir un mundo más justo y humano.

- “Diálogo entre Fe y Cultura” (p. 29), en una sociedad globalizada y

multicultural no se debe perder de vista el formar las competencias que

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facilitan encontrar en la Fe, los sustentos para comunicarse y comprender lo que les toca vivir.

- “Carácter educativo y social del aprendizaje” (p. 30), participar de manera

consciente y crítica en la realidad que le toca vivir, respetando la vida y la dignidad de otros.

Este diseño requiere de una gestión que sostenga el compromiso de implementar un “Currículum Humanista Centrado en la Persona” (Proyecto Educativo REI, 2009, p. 32), asumiendo la ejecución de un currículum relevante, pertinente, que debe dialogar con la cultura y ser de carácter social; es decir, que valora la identidad nacional y los requerimientos de la sociedad en la que se inserta.

Cabe destacar que, el Proyecto Educativo de la REI, en su capítulo IV, describe que el Modelo Pedagógico surge de: 1) un Paradigma Fundamental,

el Paradigma Pedagógico Ignaciano (descrito anteriormente); así mismo,

formula 2) una Opción Curricular, “Currículum Humanista Centrado en la Persona” (pág. 32), la cual se reconoce como ser único y comunitario, libre y creativo, y abierto al misterio; 3) establece los criterios básicos para la

Organización del Currículum, que en la realidad del colegio en estudio se rige

por los Planes y Programas de MINEDUC, y por la incorporación del MAFI; 4) describe un Estilo Pedagógico, con una pedagogía activa, que privilegia el cuidado de la persona, la educación para la libertad, la búsqueda de la excelencia personal y considera la alianza educativa familia – colegio; 5) y finaliza con la Didáctica, que concreta el acto educativo en la sala de clases, con acciones e intenciones de enseñanza y mediación de los aprendizajes.

Asumiendo los desafíos y orientaciones que se plasman en dicho Proyecto común es que cada colegio -reconociendo su contexto, recogiendo su experiencia y reflexionando sobre su currículum-, deberá ser capaz de generar su propia propuesta curricular, a través de la construcción de los

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Proyectos Pedagógicos de cada nivel, los cuales serán evaluados considerando la integralidad que ofrecen.

A través de la Fig. 3 que a continuación se presenta, es posible traducir los aportes de este Proyecto Educativo. Ella refleja las partes que este tiene y cómo todas ellas desembocan en una gestión para el currículum.

FIGURA 3: APORTES DEL PROYECTO EDUCATIVO AL CURRÍCULUM

REI (2011, enero) Jornada de trabajo colaborativo: Construcción de un Proyecto Pedagógico para la

FORMACIÓN INTEGRAL. Santiago, Chile.

Así mismo, y como se describió en el capítulo 2, cabe señalar que el Proyecto Educativo de la REI, encuentra su: i) contexto en la experiencia educativa ignaciana y en el aporte de los proyectos de los colegios ACI; ii) postula una Visión y Misión; iii) que, a través de los Modelos de Gestión y Pedagógico, encuentra iv) las orientaciones para generar un currículum que se traduce en la formación de los alumnos. Éste, deberá estar permeado por

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el MAFI, lo que se expresará en los Proyectos Pedagógicos de cada nivel (Fig. 4)

FIGURA 4: GESTIÓN PARA UN CURRÍCULUM INTEGRAL

El MAFI es un mapa que, según el Documento de trabajo N°1 (REI, 2011), expresa las “metas comunes de aprendizaje en tres áreas claves del desarrollo de la persona: Socioemocional, Cognitiva y Espiritual Religiosa” (p.38). Cada una de estas dimensiones mencionadas, aborda tres componentes y cada componente se traduce en cuatro niveles, que corresponden a las distintas etapas de desarrollo de los estudiantes. En cada uno de esos niveles se expresan los aprendizajes que se relacionan con cada componente. (Ver TABLA 2 y ANEXO 3)

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