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2. RELACIÓN Y ANALOGICIDAD DE LAS CATEGORÍAS PRINCIPALES DE LA SALVACIÓN CRISTIANA EN EDWARD SCHILLEBEECK

2.3. La historia, lugar donde se realiza la salvación

2.3.3. El curso de la historia como historia de la salvación

La historia de la salvación, entendida desde el punto de vista de la religión cristiana, tiene que ver con la manera en que Dios se revela a su pueblo y le muestra su voluntad salvífica. Esta experiencia de la revelación de Dios en la historia, el creyente la ha ido comunicando generación tras generación, e identificándola, además, con la historia humana o “profana”. De esta manera, la historia que se denomina “profana”, llega a ser verdadera historia de salvación, cuando en la historia diaria del mundo, el ser humano, a partir de sus expectativas

123 Ibid, 15. 124 Ibid. 16.

de salvación y liberación, descubre la presencia constante de Dios en su vida, y con ella, la revelación de su oferta salvadora.

En el Antiguo Testamento, podemos apreciar, por ejemplo, que frente a las expectativas humanas e históricas de salvación y liberación que el pueblo tenía, Dios responde, guiándole y acompañándole por el camino que le conducirá a su liberación y salvación. Dios actúa en la propia historia del pueblo. Los hombres y mujeres de Israel, al sufrir opresión y esclavitud en Egipto, quisieron salir de tal situación, y se pusieron en camino por el desierto hacia su libertad. Y en este camino, descubrieron y comprendieron la presencia y protección de Yahvéh, el Dios vivo y salvador (Ex 3, 7-10, Dt 26, 7).

Dios es comprendido, entonces, como aquel que hace historia con el pueblo, una historia de salvación obrada por Él. Según el Antiguo Testamento, Dios se presenta como “el que Es...” El Dios de nuestros padres: el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob (Ex 3, 14-15). Dios es Señor, Padre y protector de todos los seres humanos. Él es quien ha acompañado y acompaña a la humanidad guiándola siempre a un mejor porvenir, mostrándole el camino hacia el bienestar, hacia su salvación y liberación.

El Nuevo Testamento en continuidad con el Antiguo, presenta también, la acción salvadora de Dios en la historia. La historia salvífica de Dios tiene su culmen en Jesús de Nazareth. Dios y su Palabra son comprendidos ahora como encarnados en toda la historia de la humanidad (Jn 1,14). En la plenitud de los tiempos, dice el Evangelista, Dios en su infinito amor y voluntad, envió a su Hijo Jesucristo para dar al mundo salvación, paz y una liberación definitiva, de tal forma que toda la humanidad se salve por Él (Jn 3, 16-17). Salvación que, según dice San Pablo, en verdad hace libre al ser humano, pues, para ser libres, Cristo nos liberó primero (Gal 5, 1).

Jesús es, entonces, la presencia humana del Dios salvador en nuestra historia y nuestro mundo. A partir de la venida de Dios al mundo como ser humano, se da a la historia profana un toque particular. No sólo es una historia en evolución, en la cual Dios se hace presente para salvar a su pueblo, sino que, a la vez, es la historia que continúa su curso sin violentar la libertad o autonomía humanas. El Dios de Jesucristo se revela en la historia humana, y sólo en esta historia, el ser humano descubre y opta libremente por su salvación.

Historia de la salvación y Libertad humana

Desde la fe cristiana, la dimensión trascendente del ser humano se comprende como aquella que está fundamentada en la comunicación y diálogo libres, con Dios.125 En este sentido, el ser humano dotado de una “trascendencia divinizante”

-como la denomina Darlap-, es un ser histórico, y la historia en la que opera, es historia de la revelación y de la salvación de Dios, ejercida y asumida siempre desde la libertad humana.

La historia de la salvación es por parte de Dios historia, y las estructuras trascendentales de esta historia única, de cada ser humano y de la humanidad, también son históricas por el hecho de que en su permanencia e inevitabilidad, se fundamentan como una comunicación libre de Dios, siendo así acontecer de la libertad comunicativa de Dios. Pero a su vez, esta historia de salvación es también historia por parte del ser humano, ya que Dios se comunica directamente con él: la comunicación de Dios se dirige a la criatura humana libre, para que en libertad, ella opte.

En este orden de ideas, un principio básico de la soteriología, que tiene que ver con la oferta de salvación de parte de Dios y con la libertad humana, es que la comunicación libre de Dios, por medio de la cual, Él ofrece su salvación al ser

125 Darlap, El concepto de historia de la salvación. En Feiner, y Löhrer Magnus (Dirs), Mysterium salutis.

humano, para que también libremente el ser humano la acepte o la rechace; es directamente una historia de la salvación o de la condenación humanas.126 En

otras palabras,

la historia es ya en sí misma la posibilidad fundamental de salvación, porque como tal ha sido querida por Dios. Posibilidad tan sólo, pues el que sea realmente salvada depende de la libertad de Dios y de la libertad de los hombres. Es en sí misma manifestación y presencia siempre abierta de Dios y puede serlo de manera siempre creciente hasta poderse llamar y ser reino de Dios.127

La marcha que el ser humano, individual y colectivamente, dé a la historia constituye la naturaleza y marcha de la gracia salvífica de Dios. De esta manera, en la medida en que la historia avance hacia una mayor humanización, simultáneamente se hará posible la salvación, pues, se estarán favoreciendo signos vivibles de liberación, en medio de las situaciones de deshumanización individual y social que son el resultado de acciones humanas no correctas (el pecado). Pero también, a mayor grado de situaciones de deshumanización del ser humano en la historia, es probable tener menos signos visibles de salvación, pues, los actos deshumanizantes eclipsan la gratuidad de la salvación querida por Dios para todos. En otras palabras, construir una historia humana y humanizadora, será posibilitar simultáneamente, por una parte, la salvación del ser humano, y por otra, la realización del proyecto salvífico de Dios.

Jesús en su paso por este mundo, al predicar el Reino de Dios, pedía, a hombres y mujeres, una actitud convencida de conversión o metánoia: todos tienen que salir de sí mismos y ponerse en marcha, comprometerse para crear la nueva humanidad. El ser humano creado como sujeto libre, no se salva sin su aceptación consciente del llamado a la salvación, el cual, sólo tienen lugar en la historia. Pero,

126 Ibid, 176-177.

127 Ellacuría, Salvación en la historia. En Floristán, y Tamayo (Eds). Conceptos fundamentales del Cristianismo, 1261.

esta aceptación libre, le implica un estilo de vida y unas acciones coherentes a la salvación que ha recibido y aceptado en libertad. Por ello, el designio de Dios sobre la nueva humanidad queda sometido en cierta medida al proceso de la historia. “La salvación tiene que ver con el bienestar y la felicidad del ser humano,

y esto se halla en estrecha relación con la solidaridad del ser humano con el Dios vivo que se vuelca hacia la humanidad. En esto consiste la historia de Dios con el

ser humano”.128

En este sentido, para hablar de la salvación y liberación que Dios da al ser humano, y del lugar donde se da tal salvación, no hay que esperar a que la muerte

nos muestre un “más allá” fuera de este mundo y de esta historia, pues, ese “más allá” no es otro que la plenitud del amor al prójimo, es la compasión con las

víctimas, la fraternidad, la solidaridad, la justicia y el derecho que Jesús predicó, los cuales debemos practicar los seres humanos todos los días de nuestra vida. Esta práctica asumida con libertad, deberá incluir, por supuesto, todo un proceso de liberación, de humildad y de comunión, en el cual cada persona tiene algo que decir en la historia, pues es en la historia donde Dios se manifiesta. Por tanto, la llegada del Reino de Dios y de la salvación, comienza a hacerse visible en el mundo, en la medida en que hombres y mujeres vivamos de acuerdo a la proximidad, exigencia y esperanza de una nueva humanidad en comunión, una

“nueva Jerusalén”, que tiene por su único Señor y Rey al Dios de Jesucristo.

3. LA SALVACIÓN CRISTIANA, UN APORTE A LAS EXPECTATIVAS DE