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AMBITO HISTORICO DE LAS BOVEDAS ENCAMONADAS

CAPITULO 6: BOVEDAS DE MADERA EN ESPAÑA

6.1.1 Curvado de piezas de gran longitud.

Los maderos para el desarrollo de las bóvedas de costillas se obtenían a partir de piezas con grandes escuadrías, sobre las que se labraba el perfil curvo con rebajes a golpe de azuela. Aun así las grandes luces a salvar en las iglesias imponían la necesidad de unir dos o más piezas, las que normalmente se efectuaban con ensambles de «pico de flauta» o «rayo de Júpiter», este último además permitía absorver las tracciones que podían presentarse en este tipo de armaduras. Cuando se obtenía el curvado por rebaje de la escuadría se corría el riesgo de debilitarlas, al cortar demasiado las fibras de la madera que no llegaban de un extremo al otro del elemento. En efecto era necesario usar escuadrías gruesas y pesadas, encareciendo considerablemente la construcción.

Un método más sofisticado para producir el curvado de las costillas consistió en el uso del calor. Debido a que la madera al estar formada por fibras de polímeros celulósicos rígidos, dentro de una matriz de lignina y hemicelulosa, en modo normal tiende a modificar su comportamiento con el aumento de la temperatura (Fig.6.1). Es decir que introduciendo en la pieza una temperatura superior a la de la transición vitrea, la lignina de la que está hecha se vuelve maleable y como tal sujeta a modificar su aspecto formal, y posteriormente al bajar la temperatura se restablece la nueva configuración.2

Por otro lado la madera al comportarse como un material viscoelástico se deforma

1 Véase la catalogación de las bóvedas de iglesias correspondientes a estas provincias vascas. Cfr. AYERZA, Ramón; BARRIO,

José Angel; Javier GOMEZ y Alberto SANTANA. 1996. Ars Lignea. Las iglesias de madera en el País Vasco. Madrid: S. E. Electa España S.A.

2 Esta es una característica de todos los materiales poliméricos amorfos como la lignina, debajo de la temperatura de transición vítrea la sustancia se encuentra en un estado sólido y por encima de esa temperatura el material asume un estado plástico. Cfr. ARAYA LOPEZ, Cristian Martin. 2005. Determinación de características de curvado de madera sólida para las especies

Nothofagus pumilio y Laurelia philipiana. Tesis de licenciatura. Santiago de Chile: Universidad Tecnológica Metropolitana,

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cuando se aplica en ella un esfuerzo, pero cuando cesa esta acción la deformación principal desaparece. Este fenómeno se produce cuando la madera se encuentra a una temperatura ambiente, sin embargo cuando la temperatura asciende alrededor de los 100ºC, la situación se muestra en modo diverso, principalmente a esfuerzos de compresión. Es así que la madera en estas condiciones se comporta más como un material plástico que como uno viscoelástico (Fig.6.2).3 Naturalmente cuando a una

pieza de madera se le somete a flexión, la zona neutra se localiza en la parte central, pero si durante este esfuerzo nos encontramos con temperaturas mayores de 100ºC la zona neutra tiende a deplazarse hacia el lugar traccionado (Fig.6.3).

Basados en estos dos principios el curvado de la madera se producía mediante la adición de calor al mismo tiempo que se comprimían los extremos de la piezas sin sobrepasar el límite de rotura a compresión de la madera, y colocando en la zona traccionada un molde con la forma de la curva deseada para posteriormente dejar enfriarla.4 Al respecto basta ver en la industria de tonelería el método tradicional de

ablandar las duelas, para lo cual se situaban las piezas parcialmente moldeadas sobre un fuego de virutas, mientras se humedecía la parte cóncava con agua. De similar

3 Ibidem, p.16.

4 Incluso en la actualidad se sigue empleano este método para el curvado de la madera estrucural, tal fue el caso de la formación de los arcos de madera del Centro Forestal de Bélgica, obra del estudio Samyn & Partners.

Figura 6.2: Curvas esfuerzo - deformación, donde se aprecia la diferencia en el comportamiento de la madera a temperatura ambiente y a 100ºC. VIGNOTE 1996.

Figura 6.1: Curvado de la madera con aplicación de calor según la experiencia francesa expuesta en el tratado de Duhamel du Monceau en 1767. CENTRE DES MONUMENTS NATIONAUX 2002, p.45.

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manera los fabricantes de bastones y de mangos de paraguas ablandaban los palos con arena caliente y húmeda o en su defecto los sumergían en agua hirviendo antes de curvarlos

.

Concerniente a este tema García López recoge en una sección de su manual la peculiar manera de producir el curvado de la madera en la carpintería de armar del siglo XIX:

«Se empieza por labrar la madera en forma rectilínea, sin cortar las

fibras de través, dándola la forma y longitud que deban tener las piezas despues de encorvarlas; hecho esto, se colocan las pIezas dentro de cajas de palastro en las que se les somete á la accion del vapor de agua…hasta que se reblandecen lo suficiente para dejarse plegar y encorvar sIn romperse. Cuando la madera esté bastante reblandecida se adapta dentro de los moldes dispuestos al efecto, los cuales pueden ser tambIen de madera y estar formados de dos piezas; la madera se deja secar lentamente a la sombra, sin sacarla de sus moldes hasta que está bien seca, en cuyo caso ha adquirido tan invariablemente la forma que se trataba de dárles, que para rectificarla seria preciso volverla á someter á la accion del vapor. Estas maderas preparadas de este modo en el sentido de la fibra, no pierden nada de su elasticidad…».5

Los carpinteros vascos posiblemente utilizaron tanto el sistema de curvado por rebaje como por empleo de calor para la obtención de los grandes maderos curvos con los cuales levantaron los «zeru» o bóvedas de madera de sus templos. Este hecho viene

5 GARCIA LOPEZ, Marcelino. 1879. Manual del carpintero y ebanista, ó carpintería de armar, de talleres y de muebles. Madrid: Librería de Cuesta, pp.293-294.

Figura 6.3: Efecto de la temperatura en la posición de la línea neutra, cuando la madera es sometida a temperatura. VIGNOTE 1996.

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confirmado con la presencia todavía en el siglo XVI de extensas áreas boscosas, donde se podían encontrar y extraer troncos de grandes dimensiones, tanto en longitud como en sección, con escuadrías que llegaban al medio metro de arista.6 En estas

condiciones los constructores vascos disponían de preciados recursos que evitaba la necesidad de hechar mano de otras alternativas que proveyeran de elementos de grandes longitudes formados a partir de la unión de piezas cortas, como era el caso del sistema de cerchas de camones propuesto por De L’Orme.7