Cualquier cosa que podamos considerar en el Universo, es energía. La energía puede presentarse en múltiples formas y puede ser medida y diferenciada si se dispone de los medios necesarios. La energía existe también en el espíritu y la conciencia, en la mente a través de los
pensamientos. Las emociones y los sentimientos son formas de energía. La electricidad, el magnetismo, la luz, el color, el sonido, el calor, son formas de energía. Se diferencia en la frecuencia de vibración y el medio de conducción.
El aire que respiramos, la comida que comemos, las personas que conocemos, los animales y las plantas que habitan en nuestro planeta, la cosas que nos rodean, todo tiene una base esencial de energía. Esa energía presenta unos patrones diferenciadores y únicos. Patrones que permiten identificar cualquier cosa que podamos conocer y concebir.
Como todos los objetos, el organismo irradia y absorbe energía en diferentes formatos de ondas y frecuencias. Cada uno de nuestros sentidos: la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto, funcionan a través de energías en diferentes bandas de frecuencias y espectros electromagnéticos.
Tendemos a creer sólo en lo que podemos experimentar a través de nuestros sentidos físicos, pero lo cierto es que hay muchas otras energías
que nos afectan y que podemos percibir a niveles más profundos, en determinadas circunstancias y también a través de instrumentos adecuados. Casi todos somos inconscientes de las frecuencias vibratorias que nos rodean y que pueden ser producidas por tecnologías humanas o por la propia naturaleza. Por ejemplo, estamos atravesados literalmente por ondas generadas por radares de control, frecuencias de telefonía móvil, televisión o radio. También por emanaciones de energías telúricas producidas por aguas subterráneas, líneas magneto eléctricas de fuerza terrestres (Curry, Hartmann) vetas de mineral o terrenos con cierta radiactividad.
Nuestros cuerpos también producen campos energéticos como consecuencia de las diferentes reacciones físico-químicas que generamos. Si magnificásemos los tejidos, las células, las moléculas y los átomos podríamos observar cómo todo está en movimiento y produce reacciones particulares y diferenciadas. Todas esas reacciones están generadas o generan energía con patrones y datos específicos. Esto es lo que llamamos “campos de datos intrínsecos” o “CDI´s” en radiónica, porque sus
parámetros pueden ser detectados, medidos, representados e influenciados a través de sus vibraciones específicas.
Si consideramos un imán colocado bajo un cartón sobre el que espolvoreamos limaduras de hierro, observaremos que estas se colocan siguiendo una pauta específica que señala los límites del “campo de acción” del imán o su “campo magnético”. Si pensamos en la transmisión que se realiza a través de una estación emisora de radiotelevisión, la torre emisora radia un “campo electromagnético” que puede ser identificado y medido mediante los aparatos detectores.
Todo está en movimiento y produce reacciones particulares y diferenciadas.
Todas esas reacciones están generadas o generan energía con patrones y datos
específicos. Esto es lo que llamamos “campos de datos intrínsecos”
El planeta Tierra tiene su propio “campo magnético” y todos los objetos animados e inanimados tienen su propio “campo de información” o huella específica y particular que identifica a cada uno de esos objetos. Si pensamos en un gato determinado, podemos obtener un “campo de datos intrínseco” (CDI) para ese gato. Pero además podemos obtener una medida para cada parte de ese gato, para cada órgano, para cada conjunto de órganos o incluso para un comportamiento determinado de ese gato en una situación particular. Sería como colocar una etiqueta o nombre a cada parte del gato o a cada acción realizada por ese gato. Cada cosa tendría su propio CDI y puede ser medido a través de un equipo radiónico. Si consideramos que el Universo en su conjunto está interrelacionado, podemos concebir la idea de que podemos acceder a cualquier elemento del universo a través de algún tipo de energía sutil de forma directa o indirecta a través del espacio.
Podemos identificar un pensamiento determinado y representarlo a través
de palabras, números, dibujos o gráficos. Esa representación puede ser
usada posteriormente como nexo a la energía producida por ese
pensamiento.
Como ya se ha mencionado, el campo de datos intrínseco (CDI) (en inglés IDF Intrinsic Data Field) no es sólo una característica de los objetos, sino también de los pensamientos y las acciones. Podemos identificar un pensamiento determinado y representarlo a través de palabras, números, dibujos o gráficos. Esa representación puede ser usada posteriormente como nexo a la energía producida por ese pensamiento. Un instrumento radiónico también sirve para reconocer este tipo de
información presente en un individuo y para emitir el campo de datos intrínseco de un determinado concepto o comportamiento. Podemos emitirlo directamente si es positivo o invertirlo para neutralizar si es negativo.
Por ejemplo podemos medir si una persona sufre de algún tipo de depresión a través de una muestra de esa persona colocada en un aparato
radiónico, pero también podemos “radiar” o emitir el concepto de “equilibrio mental correcto” a esta persona con objeto de reequilibrarla. Podemos también, y por ejemplo, emitir a cualquier individuo los CDI correspondientes a habilidades determinadas como “mejorar la comunicación con otros” o “incrementar el deseo y la capacidad de estudio” sobre una determinada materia, con el objetivo de que la persona objetivo se “impregne” con esta idea como si recibiese una dosis de un medicamento homeopático. Hablaremos sobre las extraordinarias posibilidades de la radiónica en el campo del desarrollo personal más adelante.