Y EL FINAL DE LA COLABORACIÓN MILITAR
Comenzamos por el final, esta última idea expresada, el distinto criterio de las partes en el empleo de la flota establecida en los acuerdos de 1351 fue la causa directa de la ruptura de la alianza. Durante el primer lustro de la década de los cincuenta del Trescientos se mantuvo activa la liga militar entre Venecia y la Corona de Aragón en su guerra contra Génova. Lo enconado de las posiciones provocaba que se hiciese oídos sordos a la solicitud papal de alcanzar una paz96, no obstante la realidad de unos tiempos
difíciles en toda Europa motivados por los estragos de la peste, que se temía afectasen a la armada de la coalición en cuanto a la renovación del elemento humano97. La incesante revuelta sarda, alentada y apoyada por los ligures,
activó el conflicto en 1353. En esta ocasión fueron los mares de Cerdeña el teatro de las operaciones navales. Pedro IV había solicitado el armado de una gran flota que quedó al mando de Bernat de Cabrera98, a la que se unió la
escuadra veneciana compuesta por veinte galeras. La batalla de Alguer sí fue un triunfo para la coalición, que obligó a una debilitada Génova a pedir la protección de la vecina Milán99. En el reparto del cuantioso botín obtenido en
100"Y porque don Bernaldo de Cabrera como almirante y capitán general por su parte y derecho le cabía la mitad de las galeras y prisioneros y la tercera parte era de los venecianos, el rey le mandó dar a razón de mil florines por galera y doscientos por cada un gentil hombre y a quince florines por la otra gente popular. Y a esta cuenta le cupieron por su parte veinte y siete mil ochenta y cuatro florines y medio, que se podía estimar que era en aquellos tiempos una gran riqueza". Ibídem, 4, VIII, LIII, p. 241.
101Ibídem, p. 235.
102Giuseppe MELONI, Genova e Aragona all'epoca di Petro il Cerimionioso. II (1355-1360), Padova, 1976, cap. I. Frederic C. LANE, Venize, pp. 178-179.
103Crònica de Pere el Cerimoniós, p. 1119 y ss. Jerónimo ZURITA, Anales, 4, VIII, LV-LVII- LVIII-LIX-LXII. Cf. Giuseppe MELONI, Genova e Aragona, cap. VI.
104Cf. Giuseppe MELONI, Genova e Aragona, II, cap. IV.
diente de la liga de 1351, asignándose según los porcentajes allí estipulados100.
El imperio marítimo, que era la razón de la lucha, como reconociese el mentado cronista aragonés101, podía parecer más próximo a las potencias de
la coalición, pero si de algo hizo gala Génova fue de una recuperación envidiable. Paganino Doria, el mismo capitán que había sido derrotado en las costas sardas, venció al año siguiente a los venecianos de Nicoló Pisani en el Egeo102.
El empecinamiento ligur, apoyado ahora por la poderosa señoría de Milán, obligó a Pedro IV a ordenar el armado de una tercera flota a primeros de 1354 que capitaneada por él mismo, y de nuevo con el apoyo veneciano, se dirigiría a Cerdeña para sofocar la enésima rebelión. Después de varios meses de asedio fue firmada una paz entre el rey de Aragón y los rebeldes sardos a finales de ese año, que hubo de ser ratificada meses después por la poca fiabilidad que proporcionaba el juez de Arborea103. Mientras esto
sucedía, embajadores de Génova y Venecia sellaban la paz entre ambas potencias en Milán el primero de junio de 1355104. Tras una guerra que había
desgastado inútilmente pingües recursos, las repúblicas italianas decidieron finalizar el conflicto militar respetando los intereses de cada parte en el área del Mar Negro. El Mediterráneo oriental volvía a ser un mar de calma. Pero no el occidental, pues Pedro IV no quedó comprendido en ella. Una vez sellada la paz entre los litigantes italianos, Venecia envió a sus embajadores al rey Ceremonioso para comunicarle los resultados del acuerdo con los ligures y exponerle de parte del duque que si era contento de haber paz con
genoveses por tanto tiempo cuanto debía durar la confederación entre él y la señoría de Venecia que sería firme y si no tenía por bien de aceptarla ellos la
105Ibidem, 4, VIII, LIX, p. 272.
106Rafael TASIS I MARCA, La vida, p. 157. Resulta curioso que en las negociaciones de paz propiciadas por Avignon en 1352 la Corona de Aragón y Venecia vinculaban un posible acuerdo con Génova a la aceptación del mismo por parte del aliado. Giuseppe MELONI, Genova e
Aragona, pp. 122 y 144.
107Jerónimo ZURITA, Anales, 4, VIII, LX, pp. 279-280. Cf. Giuseppe MELONI, Genova e
Aragona, II, p. 95 y ss.
revocarían105. La Serenissima cumplía formalmente con lo estipulado en los
capítulos de la liga de 1351, mantener como poco la alianza hasta su conclusión, y aunque prometía la revocación del acuerdo con el inveterado enemigo ligur si el amigo aragonés se lo solicitaba, este último extremo se entendía, ahora más que nunca, antes como artificio diplomático que como posibilidad real de ejecución. La realidad era otra bien distinta, pues el hasta entonces aliado deseaba denunciar el acuerdo por él firmado106. A Pedro IV
el momento de esa paz le pareció especialmente inoportuno, por cuanto podía debilitar sus negociaciones con Mariano de Alborea, caudillo de los rebeldes sardos.
A finales de septiembre de 1355 el acuerdo entre ambas potencias alcanzaba su fin. Cuatro meses antes, recordemos, Venecia y Génova habían regresado a la normalidad diplomática. Avignon, por su parte, trató de concordar a ligures y catalano-aragoneses. Para tal fin se activaron los resortes diplomáticos en todas las Cancillerías culminando con la presencia de Pedro IV en la corte papal para pasar las fiestas navideñas con el santo padre. Pero no se alcanzó nada positivo por lo complejo de la situación, en la que intervenían en diversos grados Génova, Milán y la propia Corona de Aragón focalizando sus intereses territoriales no sólo sobre Cerdeña sino también sobre la vecina Córcega107. En este mapa de relaciones internacionales, lo más
próximo a los intereses del rey de Aragón era Venecia. Pero la República de San Marcos no estaba dispuesta a sacrificar la paz en Oriente por Pedro IV, quien desde los hechos de Pera ya no servía a sus intereses tras el traslado unilateral del teatro de las posibles operaciones militares a Occidente para atender a los suyos. Ante tal desencuentro, evidenciado en mutuos reproches que apuntaban a la violación del tratado, visualizada en el desastre veneciano de Porto Longo el año anterior, y al impago de las naves estipuladas del lado catalano-aragonés, el pragmatismo de la república italiana le llevó a terminar
108Si bien, como refiere G. Meloni, la paz de junio de 1355 entre las repúblicas italianas "si representava como una pausa senza vincitori nè vinti, piuttosto che come una pace vera e propria". Giuseppe MELONI, Cenni sulle relazioni, p. 133. IDEM, Genova e Aragona, pp. 202-
203.
109Acerca del modelo diplomático veneciano, cf. como ejemplo Carlos DIEHL, Una república
de patricios, capítulo V. Constantin ANTONIADE, Les ambassedeurs de Venise au XVIe siècle,
Madrid, 1984.
110Acerca de este personaje como dux cf. John J. NORWICH, A History, p. 230 y ss.
111ACA, C, reg. 556, f. 67r.-v.
su colaboración militar con el Ceremonioso108. No obstante, lejos de plantear
una ruptura fría, la Serenissima hizo gala de una elegancia diplomática propia de un estado moderno109, salvaguardando sus intereses pero sin desentenderse
de quien hasta la fecha había sido su aliado. Con ánimo, pues, de zanjar la liga de 1351, el Común de Venecia envió a la corte de Pedro IV a dos embajadores, Giacomo Bragadin y Nicola Falier110. El rey de Aragón, sin
duda contrariado, no tuvo más remedio que rendirse a la evidencia, nombran- do a Gilabert de Centelles, gobernador de Mallorca, como procurador para llevar el peso de las negociaciones. El nombramiento como procurador certum
et specialem a Centelles fue expedido el 24 de enero de 1356, recibiendo el
oficial mallorquín plena potestad en ese convenio111. Las negociaciones fueron
muy rápidas, pues si formalmente el delegado aragonés recibía licencia para abrir el fuego diplomático en la fecha arriba apuntada, en poco menos de dos semanas se cerraba el acuerdo. Es de imaginar que el debate entre las partes se centraría en la indemnización veneciana a la Corona de Aragón por la suspensión unilateral de la liga, quedando finalmente estipulada en noventa y nueve mil florines. El texto de la avenencia no indica razones más allá del deseo de finiquitar la alianza, por tanto no sé si esa cantidad refiere tan sólo a la cuantía comprometida para el mantenimiento de la armada hasta la conclusión de la entente, lo razonable, o también alude a algún capítulo compensatorio no explicitado. Tras el acuerdo fue redactado un documento preliminar por Ferrer de Maquerola, notario público. El resultado de las conversaciones en texto escrito fue presentado a Pedro IV, quien el 3 de febrero de 1356 lo juraba ante los Evangelios y se comprometía a su observancia por el tiempo que se estipulase, siempre y cuando los venecianos salvasen tal cantidad. El documento de aprobación por parte del rey de Aragón, actuando de testigos Hugo, obispo de Urgell, Bernat de Cabrera, Gilabert de Centelles, Mateu Mercer así como Alcedo de Cremona, escribano y notario ducal, fue enviado a Giovanni Gradenigo, ahora dux, para su
112ACA, C, reg. 556, f. 66v.
113ACA, C, reg. 556, ff. 68v.-69r.
114ACA, C, reg. 556, f. 68r.
115ACA, C, reg. 556, f. 69r.
116Cf. Giuseppe MELONI, Genova e Aragona, II, pp. 130-131. La compensación económica veneciana por la ruptura de la liga tardaría algunos años en saldarse. María Inés MELERO
FERNÁNDEZ, Fondos medievales, regesto 14 a 16.
117Acerca de la guerra de los dos Pedros cf. María Teresa FERRER I MALLOL, La frontera
meridional valenciana durant la guerra amb Castella dita dels dos Peres, "Pere el Cerimoniós
i la seva època", Barcelona, 1989, pp. 245-357. José Vicente CABEZUELO PLIEGO, La guerra de
los dos Pedros en las tierras alicantinas, Alicante, 1991. Luis Vicente DÍAZ MARTÍN, Pedro I de
Castilla, 1350-1369, Palencia, 1995, pp. 173-273.
conocimiento y aceptación de idéntica manera112. La respuesta veneciana se
produjo tres meses después, y como se preveía fue favorable. El dux aceptó el compromiso económico referido en el acuerdo pactado entre los embajado- res de ambas partes, y el 12 de mayo, en el palacio ducal de Venecia, lo juró ante los Evangelios113. El proceso de validación del documento fue similar al
de 1351: los negociadores alcanzan un punto de acuerdo, Pedro IV lo sanciona, se envía una copia del mismo para ser ratificada por la otra parte, y el texto firmado se devuelve a la Corte aragonesa. Fue otro embajador veneciano, Andrea d'Oltedo, quien portó ante Pedro IV, que se hallaba en Perpignan, el texto del acuerdo firmado por Giovanni Gradenigo. Tras la rúbrica del rey de Aragón, el 8 de julio114, se devolvía de nuevo a Venecia el
18 de ese mes115. Desde ese instante quedó desactivada formalmente la alianza
véneto-aragonesa contra la república ligur116.
Pero en ese verano sucedieron acontecimientos que cambiarían el curso de la historia de la península ibérica. Fue precisamente en esos días cuando Francesc de Perellós, un marino catalán contratado por el rey de Francia para hacer guerra a Inglaterra en el Canal de la Mancha, la conocida guerra de los Cien Años, a su paso por las aguas del Golfo de Cádiz capitaneando ocho o nueve galeras, según autores, frente a Sanlúcar de Barrameda, donde Pedro I de Castilla se deleitaba observando la pesca del atún, atrapó dos naves piacentinas cargadas de aceite. Este hecho fue considerado por el rey de Castilla como un insulto a su persona y un atropello a su soberanía, y utilizado como escusa para declarar la guerra a la Corona de Aragón, potencia con la que prácticamente desde que alcanzase el trono en 1350 había mantenido una relación muy tensa117. Si bien, hay que hacer
118Cf. Pierre RACINE, À propos du binôme Gènes-Plaisance, "Oriente e Occidente tra medioevo ed età moderna", 2, Genova, 1997, pp. 1035-1058.
119ACA, C, reg. 557, f.f. 201r.-203r. (1356, septiembre, 20). Se trata de varios documentos idénticos.
la enemistad entre la Corona de Aragón y los ligures, atendiendo a que Piacenza era por entonces fiel aliada de Génova118, que a su vez lo era de
Castilla.
El estallido de las hostilidades en la península ibérica, dando lugar a la conocida como guerra de los dos Pedros, produjo un reajuste diplomático de escala continental. El primero en lanzar la voz de alarma fue el papado avignonés, que preocupado por la proliferación de conflictos bélicos entre potencias cristianas, procedió a mediar entre los litigantes para conseguir el cese de las hostilidades. Con Castilla parecía poco probable, pues un papa profrancés no había de alimentar una paz con un rey que había ofendido grandemente a Francia al despreciar a su esposa, una infanta de ese origen, a la que repudió con indiferencia prácticamente en el altar y confinó, siendo el inductor de su muerte poco tiempo después. Pero no lo era tanto con la Corona de Aragón respecto de Génova. A Pedro IV no le pareció mala salida reactivar la acción diplomática con el fin de cerrar con crédito su conflicto con la república ligur para centrarse en el que se abría en la península, sobre todo por el peligro que suponía que castellanos y ligures se uniesen contra él, como terminaría ocurriendo. Recogida una vez más la exhortación de Inocencio VI tendente a establecer una paz con Génova, el rey de Aragón nominaba procuradores plenipotenciarios a quienes desde el año anterior hacían de tales en la corte papal tratando de conseguir el tan anhelado acuerdo, Bernat de Tous y Francesc de Tregurà119. Pero en esta ocasión fueron los ligures quienes
no aceptaron los términos propuestos. Aun sin paz de por medio, Pedro IV hubo de contemporizar con Génova durante los años de guerra contra Castilla, al no contar con suficientes medios militares para plantearse, sin ayuda, mantener abiertos dos frentes ante rivales tan poderosos. La jerarquía de niveles entre los enemigos del rey de Aragón hizo que la República de San Jorge quedase tras Castilla. El problema corso, fosilizado dentro de la política aragonesa, quedó aletargado durante esos años y con él el instigador genovés, que ahora por motivos estratégicos colaboraba con los castellanos.
Venecia, mientras tanto, aprovechaba la paz para activar su comercio con Oriente. Los intereses particulares prevalecieron sobre los de conjunto. Sin embargo, pese al desencuentro final, algo quedó del espíritu de la alianza.
120Mirella BLASON-BERTON, Brevi note sul consolato veneto delle Baleari (1358-1395), "VIII Congreso de Historia de la Corona de Aragón. II. La Corona de Aragón en el siglo XIV", volumen segundo (1970), pp. 295-313.
121Giuseppe MELONI, Genova e Aragona all'epoca di Pietro il Cerimonioso, III (1361-1387), Padova, 1982, cap. VI. María Inés MELERO FERNÁNDEZ, Fondos medievales, regesto 31 (1373, septiembre, 28) y 50 (1377, octubre, 27).
Lo demuestra no solo el hecho de que a los dos años de aquel suceso Pedro IV privilegiase a los venecianos con la creación de un consulado en Mallorca120, sino que cuando tiempo después se abría un nuevo episodio de
enemistad véneto-ligur se activaron las relaciones diplomáticas entre ambas potencias que condujeron a sendos tratados de paz y colaboración, aunque sin la trascendencia del de 1351121.