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DANZA PRIMAL Y HATHA YOGA Y LOS PUNTOS DE ENCUENTRO

2.1. Descripción y observaciones, un acercamiento al autoconocimiento

El punto de partida de esta investigación comienza con mi formación y práctica en danza, yoga y como docente. A partir de vivencias en el aula de clase surgen inquietudes frente al cuerpo sobre cómo abordar y dar herramientas sutiles para la creación en danza. La danza y el yoga han sido tema de investigación para aquellas personas que se dedican a estas disciplinas ya que

encuentran un balance entre la práctica de las dos para la creación corporal. “Interiorización que tanto el bailarín como el practicante de yoga hacen, un trabajo de conexión con su interior que se refleja en el exterior. Además de lo que cada disciplina aporta al ser humano a nivel emocional y psíquico, es común que después de una práctica de Yoga o de una clase de Danza

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44 Contemporánea, las personas experimentan sensaciones de gratitud, felicidad, satisfacción, descanso y bienestar en general.” (PARRA, 2015, pág. 59)

La metodología de la Danza Primal a diferencia de la danza tradicional y moderna no busca generar una coreografía, ni requiere conocimiento o destrezas de la persona; “por el contrario, se asienta en el despliegue de movimientos simples, naturales originales, que por diversos motivos se van atrofiando en nuestra evolución. Por ello su práctica está al alcance incluso de personas de edad avanzada o con capacidades especiales” (Daniel Taroppio, pág. 3). Así mismo, no se

requiere tener ciertas condiciones para la práctica de yoga; al contrario, la práctica de Yoga se diseña especialmente para cada persona y sus necesidades. Aquí, iniciamos un viaje hacia la antigüedad y empezamos a encontrar a los yoguis, quienes “consideraban, como la física

moderna, que todo lo material es energía vibratoria, y a partir de allí concebían al cuerpo humano como una materialización de la energía universal” (Daniel Taroppio, pág. 7). Todo lo que la ciencia hoy en día a descubierto y trata de entender, la relación que existe entre la mente y los sistemas endocrino, inmunológico y nervioso, hace más de tres mil años los yoguis ya lo practicaban.

El Hatha yoga y la danza primal enfocan el trabajo en la columna vertebral siendo ésta el eje donde se encuentran ubicados los centros energéticos, enfatizan en posturas, gestos,

movimientos, sonidos, respiraciones y pautas en cada centro, que remueven bloqueos y reconocen por medio de una experiencia cinética y sensorial una verdadera meditación. Las series de yoga, hacen conciencia física, emocional y mental de nuestro cuerpo dándole paso a convertirse en instrumento de la danza. “Allí comenzamos a comprender el principio

fundamental de la Danza Primal: a realizar el hecho de que en la Danza Primal, como en la vida, no se trata de aprender sino de recordar. Allí comprendemos qué es lo Primal, lo primario, lo

45 original; y redescubrimos que lo Primal va más allá de lo biológico, es nuestra esencia cósmica.” (Daniel Taroppio, pág. 4)

Aparte de hacer un trabajo físico, hay una estimulación psicológica ya que ponemos a flote nuestros sentimientos e ideas para expresar y comunicar, conduciendo al bailarín a estados de trance y alteración de la conciencia. Lograremos armonizar nuestras energías obteniendo un mayor bienestar general y mejorando las habilidades interpersonales a través del cultivo del cuerpo, la mente y el espíritu. En suma, se trata de rescatar lo que es “la memoria del cuerpo” porque tiene mucha información que al hacerse consiente puede aportar en una armonización energética y, como consecuencia, a la transformación y trascendencia de la mente afectando, evidentemente, el cuerpo.

Es así como el análisis del movimiento puede acercarnos a la conciencia de cada ser, a una reflexión sobre la experiencia humana y a tener un cambio de actitud frente a esas mismas experiencias. El pensamiento está directamente correlacionado con el movimiento, en esta relación inherente muchos bailarines y coreógrafos han investigado sobre la categoría estado de conciencia o el pensamiento en movimiento. Diana Patricia Zuluaga (2005) en su publicación Pensar la danza, nos habla sobre la experiencia del movimiento y de la danza, mencionándo a su vez a la filósofa y bailarina Sheets-Johnstone, autora del ensayo “Thinking in Movement”, en el la autora se enfoca en la experiencia cinética del ser humano haciendo un análisis de las

implicaciones que tiene la improvisación en el bailarín y en la creación, en donde el proceso solo existe en el momento presente cargado de un mundo de posibilidades de movimiento. Expone la relación entre pensar y hacer, pero esto no entiende pensar como la ejecución del movimiento, ritmo, forma, tiempo; sino, en las posibilidades que brinda cada instante. En esta investigación, específicamente, aplicado a la conciencia de cada porción del cuerpo referente a lo chakras. Dice

46 Zuluaga (2005) al respecto que: “No existe un cuerpo y una mente actuando por separado… al tomar la postura dualista mente-cuerpo se está negando la posibilidad de experimentar un cuerpo atento que tiene la posibilidad de crear la danza en el acto, esto es, improvisar” (p. 25-26)

Proporcionalmente al trabajo físico del yoga consiente enfocado en cada punto energético, en el momento de la danza se generan procesos de improvisación en donde según las experiencias, memorias, emociones, sentimientos, sensaciones, recuerdos, frustraciones y miedos de cada persona, logrará relacionar su mente con su cuerpo para generar estados de movimientos consientes que llevaran a la creación de frases personales y liberadoras. Estas se pueden interpretar desde diferentes miradas dándoles carácter simbólico pero en si cada creación tiene un profundo acercamiento a la conciencia individual.

CAPÍTULO 3. MÉTODO DE TRABAJO PRÁCTICO CON DANZA PRIMAL Y HATHA

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