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Dar voz y rostro a quien ha sido borrado

Para Ana Andrade, en Ñongos, la frontera posee diferentes sentidos que trascienden solo su comprensión como límite geopolítico, aun- que esta última noción está presente siendo que, como se ha referido antes, en ciudades como Tijuana la frontera es asumida también como condición de existencia. En palabras de ella:

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Vidas, bordes y lugares de frontera: poderes y resistencias en América

La frontera aparece en mi obra porque sale la famosa barda que divi- de a México con Estados Unidos […]. Dentro de la obra o de mi trabajo de los ñongos, muestro un efecto de las fronteras en el mundo. Uno de los efectos que pasan, como las deportaciones. Y, de alguna for- ma, lo ilustré con las imágenes, empezando por las casas. Mi idea era mostrar las dificultades que se tenían en volver a cruzar la frontera, al mostrar que se quemaban los ñongos, entonces era mi metáfora de que construían un ñongo y luego lo quemaban policías. Entonces, el ñongo era una metáfora del ir y venir de las personas deportadas. También, no sé si eso se represente en mi obra, pero en mi mente es como que muchas veces como seres humanos en sociedad ponemos fronteras por las distintas formas en que se viste la gente, lo que repre- senta la gente, ¿no? como en ese caso [a las personas del canal] […] las consideraban basura, y esa ya es como una frontera.

[...] y más allá de las fronteras que son negocio como las de los paí- ses divididos, pues el lenguaje también es una frontera, y también los cuerpos. A mí se me hace que la primera frontera que existió en el pla- no universal o mundial, o no sé cómo se pueda decir, son los cuerpos porque separan toda esa energía que es uno, entonces esa es la primer frontera que hay de acuerdo con mi pensamiento. (Ana Andrade, en- trevista, 2018)

Sus palabras ayudan a plantear al menos tres sentidos de frontera que ella asume desde su proyecto: la frontera como demarcación del terri- torio, como prejuicios sociales ligados al lenguaje y también como se- gregación de lo otro diferente, frontera que ella enuncia como corpo- ral. Singularmente, es desde esta última noción en la que verá cómo se expande el propósito inicial de su proyecto al, ya no sólo documentar de manera aislada las situaciones, objetos o tránsitos en El Bordo, sino al entablar diálogo y comunicación con sus habitantes. Uno de ellos, El Gato, Julio Romero Salas, un hombre de 60 años con quien Ana identi- fica una de sus primeras experiencias y que se volvería una figura clave para conocer a más habitantes de El Bordo. Ella relata que a partir de este acercamiento y la co-producción de un corto documental dirigido por ella, cuyo guion propuso El Gato, ambos fueron invitados a un pro- grama de televisión local en el que él se convirtió en el protagonista. En entrevista, ella relató lo siguiente:

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Habitares artísticos de Ana Andrade

Una vez presenté el video [de El Gato] en el Pasaje Rodríguez y fue esta señora de Televisa que se llama Bibi Uribe de un programa de señoras, o no sé si es de señoras pero es un programa así, talk show, y me in- vitó a su programa porque le gustó muchísimo el docu, y pues le dije que tenía que llevar a El Gato, que yo sola no iba a ir, y sí dijo, sí lléva- lo, entonces ahí fue lo máximo porque llegamos al programa e iban a comenzar a grabar y El Gato así como que no la dejó hablar para nada, para nada, para nada, y así transmitieron el programa en el que como a la media hora, el cien por ciento del tiempo él habló y habló y habló, y entonces, no sé, se me hizo muy interesante de que esta per- sona hablara por todos los que vivían en el canal en un programa que creo que es popular y que le tapara la... que le quitara la palabra a la conductora, y así como que se veían los de producción atrás de que no manches ya, quítalo quítalo, quítalo, y pues nadie podía hacer nada porque tenían que respetarlo ¿no? Estuvo muy suave esa experiencia. (Ana Andrade, entrevista, 2018)

A partir de lo anterior, es posible entrever cómo una de las singularida- des de Ñongos es ahondar en un sentido crítico en cuanto al papel de Ana como artista, documentando y poniendo en suspenso prejuicios sociales hacia el otro “considerado basura”, como ocurre en esta fron- tera con un gran número de deportados y habitantes de calle, además de enfatizar el carácter relacional de su obra en la que el proyecto mis- mo, aunque es propuesto y articulado inicialmente por Ana, se cons- truye colectivamente a través de experiencias significativas como la que relata con El Gato y muchas otras más, poniéndose a la escucha de quien mora literalmente en los márgenes, y posibilita el que él se con- vierte en la voz de los que no la tienen. Con Ñongos, Ana abre puntos de fuga a lo que ella identifica como ‘fronteras corporales’ y también a los prejuicios sociales, mostrando que lo otro no es tan diferente como se construye desde imaginarios mediáticos y políticos, sino que hay un conjunto de inquietudes y sensaciones que requieren ser enunciadas y escuchadas, aun cuando esto implique cambiar los propósitos ori- ginales de su proyecto o se subviertan formatos de lo políticamente correcto en medios de comunicación.