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Breve descripción del sector en España

4.1. Datos generales

El sector de la conservación del patrimonio cultural ha experimentado un enorme crecimiento en los últimos treinta años.

En los años setenta de la pasada centuria las actuaciones de conservación, pro- movidas generalmente desde la administración central del Estado, a través del Ministerio de Cultura y del Ministerio de Obras Públicas, eran pocas en compara- ción con las que ahora se promueven en el Estado de las Autonomías, en el que también las corporaciones locales, a través de políticas de rehabilitación urbana y dinamización turística impensables en la década citada, tienen una importante relevancia. Así mismo, las antaño rígidas líneas de separación entre lo público y lo privado se han difuminado de manera notable, de modo que lo público no es sólo equivalente a lo estatal, apareciendo de este modo diversas fundaciones, que han contribuido de manera notable a revitalizar el sector, aportando innovadores mo- delos de gestión del patrimonio. Por último, la percepción y valoración del patri- monio por parte de la sociedad española ha mejorado y se ha ampliado de forma espectacular; ya no son unos pocos, sino muchos, los que disfrutan del patrimo- nio y, por ello, los encargados de su tutela y fomento, que antes ejercían su acti- vidad como consecuencia de un alto deber abstracto y de espaldas al público, deben desarrollar su trabajo teniendo a los ciudadanos como destinatarios finales del mismo.

Todos estos cambios han ido acompañados de un intenso proceso de innovación en el sector, importado en su mayor parte de Italia y Francia por lo que concierne a la identificación, protección, conservación y restauración; y, en el mundo anglo- sajón en alguna mayor medida, en lo referente a la difusión, divulgación y disfrute. En este proceso se han ido incorporando al sector, con mejor o peor fortuna, profesiones y ámbitos del conocimiento antaño desligados del mismo: la geogra- fía, el derecho o la economía, desde el sector de las humanidades, pero también la física, la química, la biología, la geología, la informática y las ingenierías. Hoy día, dentro del subsector de la conservación y la restauración, según datos de la Asociación de Empresas de Restauración de Patrimonio Artístico (ARESPA), sus 44 empresas integrantes facturan 205 millones de euros (datos del ejercicio 2008), empleando a una plantilla aproximada de 1600 trabajadores. A este dato sería necesario sumar la facturación de empresas de restauración no asociadas a ARESPA, pero con la clasificación legalmente exigida para intervenir en bienes declarados Bien de Interés Cultural (BIC), máxima categoría de protección que

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ofrece nuestro ordenamiento jurídico. Según datos de la Junta Consultiva de Con- tratistas del Estado (Ministerio de Hacienda), existen más de 600 empresas clasi- ficadas en Rehabilitación de bienes inmuebles con la clasificación K7, y más de 80 empresas con la clasificación N5 para la restauración de bienes muebles. Es difícil cuantificar el monto total facturado por estas empresas, pues en el caso de las empresas rehabilitadoras su actividad en restauración se comparte con actua- ciones en obras de construcción de nueva planta. Por último, sería también nece- sario sumar la facturación de todas aquellas empresas que restauran, rehabilitan o reforman la mayor parte de nuestro patrimonio histórico, aquel que por no estar declarado BIC, aunque goce de distintos niveles menores de protección, no re- quiere clasificación administrativa específica para su intervención.

En cualquier caso el grueso de esta cantidad indeterminada corresponde a em- presas rehabilitadoras (Bienes Inmuebles) y una cantidad menor a empresas res- tauradoras (Bienes Muebles), que presentan estructuras empresariales más débi- les y con implantación territorial más reducida (la facturación de aquellas de estas últimas empresas integradas en ARESPA ronda los cuarenta millones de euros) El 90% de este volumen de negocio procede de las administraciones, aunque se aprecian tendencias de crecimiento en el sector privado, debido al reencuentro de los ciudadanos con su legado histórico. La profesión de restaurador, antes desco- nocida y desprestigiada por acercarse al trabajo manual o coquetear en el pasado con la artesanía, ahora es una actividad en boga, que aúna las técnicas del pasa- do con la tecnología más moderna. En este sentido el subsector de la conserva- ción y la restauración necesita incorporar continuamente nuevos sistemas para resolver nuevos problemas de deterioro. Los trabajos de investigación con tecno- logía láser (desincrustación fotónica) sobre superficies pétreas iniciados en los años ochenta, han incorporado una nueva herramienta, especialmente adecuada para eliminar las costras de contaminación que se depositan en nuestras viejas catedrales. Curiosamente hoy «comparten andamio» con naturalidad la energía fotónica y las técnicas ancestrales de la cantería. Frente al uso de morteros hi- dráulicos desarrollados en la antigua Roma, la industria de química orgánica co- mercializa morteros sintéticos resistentes a la acción del agua, y ambas técnicas conviven en las intervenciones de restauración actuales. Ejemplos como éstos se multiplican en todas las especialidades (pintura, escultura).

Lo mismo cabe decir del resto de los subsectores, en los que, por ejemplo, la nueva era digital, la revolución de la información, las nuevas redes sociales o los mundos de la simulación virtual y la realidad aumentada han de ponerse al servi- cio de la identificación, el conocimiento y la protección, y de la difusión, divulga- ción y disfrute, haciéndose para ello necesario superar las clásica distinción entre las letras y las ciencias.

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