2. JUSTIFICACIÓN
4.2. MARCO CONCEPTUAL
4.2.25. Datos relativos a la imitación
condiciones en las que tiene lugar la imitación. En un estudio, se distribuyeron niños en cuatro grupos y se comparó la agresividad de los niños de preescolar en cuatro condiciones diferentes. La primera consistía en la exposición a un modelo agresivo de la vida real. La segunda consistía en observar a un modelo agresivo en una película. La tercera condición experimental consistía en observar al modelo agresivo representado en un tebeo. La cuarta, en fin, consistía en la exposición a un modelo no agresivo. Se comprobó que los niños manifestaban una agresividad mucho mayor en las tres primeras condiciones que en la última. En otras palabras, cuando se presentaban a los niños modelos agresivos, se volvían más agresivos. Por lo demás, no se hallaron diferencias apreciables entre los grupos, en
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cuanto a la agresividad manifestada por los niños, en las tres primeras condiciones, esto es, modelos de la vida real, filmados y en tebeos27
Un estudio similar al anterior se efectuó con niños ya escolarizados, de edades comprendidas entre os seis u diez años. Los niños que presenciaron la película realista, en la que presentaban conductas agresivas, se mostraron después más agresivos –empujaban, forcejeaban e insultaban más- que los que vieron una película de dibujos animados con modelos agresivos. De hecho, y a diferencia de los niños de preescolar, los niños que vieron la película de dibujos animados no se mostraron después más agresivos que un grupo de compañeros que vieron una película nada agresiva (Hapkiewicz, 1974). Considerados conjuntamente, estos dos estudios –uno con niños de preescolar y otro con niños de edad escolar- indican que el impacto relativo de los modelos reales, en oposición a los modelos de dibujos animados, aumenta por regla general muy notoriamente con la edad del niño.
En otro estudio se compararon los efectos de ver doce películas agresivas de dibujos animados, como “Batman”, doce programas prosociales, como “Míster Rogers Neighborhood”, y doce películas neutrales, tales como reportajes de paisajes. Los niños de corta edad que eran ya altamente agresivos manifestaron una mayor agresividad interpersonal después de ver las películas de dibujos animados. Los niños de similares características que vieron “Míster Rogers Neighborhood” mostraron una conducta socialmente más aceptable que antes, pese a que se siguieron mostrando agresivos. El aumento de la conducta prosocial después de ver “Míster Rogers Neighborhood” fue especialmente acusado en los niños de nivel socioeconómico bajo (Friedrich y Stein, 1973). Es posible que dichos niños estén más necesitados de modelos y héroes. En cualquier caso, el estudio indica que los medios de comunicación de masas pueden ser eficaces a la hora de estimular conductas prosociales en los niños. Sin embargo, sugiere también que la televisión puede ser menos eficaz en la reducción de conductas socialmente indeseables que en la producción de un aumento de conductas socialmente deseables.
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Los niños no son las únicas personas que son sensibles a los modelos. Tampoco la imitación de tiene lugar solo tras la observación directa de la conducta de otras personas. En un estudio efectuado con estudiantes universitarios de sexo masculino se constató que imitaban la conducta de otros aunque no mediase la observación directa de dicha conducta. Para empezar, se proyectaron imágenes de hombres y mujeres desnudos, en posturas consideradas sexualmente excitantes. A cada estudiante se le dijo que un punto de luz que recorría las imágenes representaba la trayectoria visual de otro estudiante que los había contemplado antes.
Walters, Bowen y Parke, (1963) concluyen que para la mitad de los estudiantes, la luz enfoco principalmente sobre los senos o los órganos genitales de los modelos. Para la mitad restante, la luz enfoco sobre el fondo de las imágenes, pretendiendo indicar que el estudiante anterior no había querido fijar la vista en los cuerpos desnudos. Seguidamente, se presentó a cada estudiante otra serie de imágenes similares, y se registraron sus movimientos oculares con un aparato electrónico. Aquellos estudiantes a quienes se había hecho creer que el observador anterior no había contemplado los cuerpos desnudos imitaron dicho comportamiento, y miraron al fondo con mucha más frecuencia que los otros del grupo, los cuales suponían que el observador anterior había fijado la vista en los modelos desnudos28.
Se plantea aquí una pregunta: “El relato de una conducta, ¿tiene el mismo efecto sobre la imitación que los modelos de la vida real?” A fin de investigar esta cuestión, se diseñó un experimento más reciente. Los investigadores expusieron a que grupo de niños, de siete a diez años, a modelos de la vida real que compartían recompensas o se mostraban agresivos. El otro grupo fue expuesto a modelos que sólo hablaban de dichas conductas. En su mayoría, las conductas imitativas de los niños fueron similares, tanto si habían observado modelos de la vida real como si habían escuchado el relato de las conductas agresivas o participativas (Rice, 1975). Se desprende de ello que las descripciones verbales, al igual que los modelos de la vida real, pueden influir enormemente en la conducta imitativa.
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Estos y otros informes de investigación aportan pruebas convincentes de que la conducta social puede explicarse, al menos en parte, a partir de la imitación. Estos datos alientan a los psicólogos a realizar experimentos diseñados para controlar conductas sociales nocivas o inadecuadas mediante procedimientos de modelado. En lo que concierne a este estudio del conflicto armado y violento que vivieron los niños de esa población, queda demostrado que estos niños desde temprana edad puede decirse que desde que estaban en brazos presenciaron todo este tipo de conductas.