Ya esclarecidos estos conceptos, y acentuada la importancia de los medios de
comunicación en estos procesos, surge el gran cuestionamiento de los medios como
aparatos ideológicos y como organizaciones económicas con fines lucrativos. Aquí es en
donde se problematiza todo el planteamiento de los medios y su relación con la
conformación de las identidades ciudadanas.
La intención de este apartado es dejar delineadas las teorías y nociones que sirven
de sustento teórico al análisis. Como mencioné al principio de este trabajo, una reflexión
profunda viene dada en los apartados de resultados en los que la teoría va íntimamente
relacionada con los hallazgos. No se trata de una utilización extensiva de cada una de las
amplias teorías, sino de conceptos y reflexiones puntuales que encuadran la totalidad de
este particular análisis y le dan sentido al manejo de datos.
La tradición crítica de la teoría de medios describe cómo los medios de
comunicación forman parte del aparato estructural de las sociedades para servir intereses
de orden ideológico y económico. Por ello, se estudian aquí discusiones teóricas que
permiten, desde estas perspectivas, analizar la discusión de esta investigación.
Para Althusser (en Curran, Gurevitch y Woollacott, 1982) la ideología es el
medio a través del cual todas las personas experiencian el mundo. Las teorías marxistas
que estudian a los medios masivos de comunicación concuerdan en que el poder del
medio es ideológico pero existen entre ellos diferencias en la conceptualización del
término. Algunos van desde la articulación interna de los sistemas de significación a
través del análisis estructural, y otros estudian el determinismo de la ideología en la
Economía Política. Se suman a estas interpretaciones, los postulados de los culturalistas
y el consentimiento popular pero reconociendo que existen significados alternativos en
los mensajes y que los receptores son capaces de lecturas negociadas.
Para el análisis que de estas teorías se desprende, la interpretación oscila entre los
cuestionamientos de Economía Política y las preocupaciones de los Estudios Culturales.
Para efectos de la reflexión crítica propuesta en este análisis, las convergencias
de Bourdieu y su teoría social de campos, ofrecen una perspectiva adecuada al relacionar
Monterrey, sus elites y los medios. Aunque la discusión del autor es muy amplia y rica,
lo que se utiliza aquí es solo una parte que considero pertinente para abordar todo el
planteamiento.
Claramente influenciado por el concepto marxista de clase, el trabajo de
Bourdieu ofrece una lectura de la práctica social que reintroduce al mercado como
contexto del poder. Este concepto fue clave en los inicios del Centro de Estudios
Culturales Contemporáneos de Birmingham; sin embargo Bourdieu lo reemplazó por
aquel de “espacio social”, en donde las clases son el resultado de los campos de poder
para instituír grupos sociales específicos.
De cualquier forma, los cuestionamientos medulares sobre las estructuras sociales
encuentran su congruencia con las preocupaciones del enfoque teórico principal que
tomo en consideración para este trabajo.
Este sociólogo francés reconstituye el terreno socio-político en términos de
campos y expande hacia afuera la perspectiva de la esfera de la economía para dar paso a
nuevas formas de capital como el social, el cultural y el simbólico.
La arbitrariedad del capital simbólico que se configura como el conjunto de
signos impuestos en el campo social cultural, desarrolla una función específica. Este
aspecto de la teoría de Bourdieu resulta adecuado para esta investigación en el modelo
sociedades capitalistas y con sus propios contextos histórico-sociales, sirve como
preludio para enfatizar los significados y contenidos de los mensajes comunicativos.
Esta estrecha relación de Bourdieu con los Estudios Culturales de comunicación
radica en el interés compartido en la cultura dominante y en las formas en las que la
violencia simbólica es aplicada con gran ventaja para las clases sociales dominantes.
En términos de Bourdieu, el campo es el espacio social estructurado en donde las
relaciones de poder se persiguen en una constante batalla por ganar posiciones. El
habitus, en donde recae la máxima de su teoría de práctica social, es la esfera de la vida
social y activa y la manera en la que se vive la vida cotidiana. Precede así al individuo,
dejando en él un sentido de su pasado. Es una subjetividad social y el terreno en el que
los individuos nacen y a través del cual adquieren, en un nivel pre-consciente, un
conjunto de diposiciones (McRobbins, 2007, p. 133).
El capital simbólico está íntimamente relacionado con la creación de
comunidades imaginadas. En las sociedades capitalistas y en la era de la información,
las organizaciones mediáticas se conforman como empresas dirigidas mayoritariamente
por miembros de la elite social, económica o política. La construcción de comunidades
imaginadas debe obervarse desde estas perspectivas y con las dinámicas que estos
parámetros conllevan.
La tesis de Benedict Anderson en su afamado libro Comunidades Imaginadas es
una referencia adecuada en el análisis de creación de comunidad para la conformación de
identidades ciudadanas. La relevancia de su tesis radica en la afirmación de la
importancia de los periódicos para el surgimiento del nacionalismo. La propuesta de
Anderson atribuye la calidad de “imaginada” a la comunidad que se gesta a partir de la
distribución de un capitalismo “impreso” para unificar la voz con un producto
trasladar a ámbitos locales como lo propongo en esta investigación, y alberga en sí
mismo, propiedades específicas de un contexto socio cultural, así como de los símbolos
y valores que se perpetuan a través de la cultura.
Tal como lo he venido argumentando en el diseño de este trabajo, la
investigación sobre la producción de medios de comunicación requiere analizar a fondo
el papel que juegan los profesionales de medios en la construcción de los mensajes. Este
tipo de investigación tiene el potencial para revelar información importante sobre las
experiencias de los comunicadores, las restricciones bajo las cuales operan y los
mensajes intencionales que imprimen en el output. Deveraux (2003) opina que,
Dependiendo de circunstancias particulares, los profesionales de medios pueden o no reproducir los discursos ideológicos dominantes en sus textos mediáticos. El juego entre la agencia o creatividad de los profesionales de medios y sus estructuras o restricciones bajo las cuales operan, son el corazón del propósito de la investigación sobre producción. (p. 76)
En este tipo de investigación se han desarrollado dos vertientes. En la primera,
el epicentro del análisis son los propios profesionales de medios con sus restricciones,
ideologías, valores profesionales y prácticas de trabajo. La segunda se refiere a una
orientación textual que acentúa el análisis profundo de los textos. Ante los resultados de
esta última, la tendencia actual de un gran número de investigaciones ha sido retroceder
del estudio del producto final, hacia las fuerzas internas y externas de los profesionales
de medios que moldean los contenidos (Deveraux, 2003).
Hay que reconocer que esta investigación no es tan prominente en los últimos
tiempos como la recepción o el análisis de contenido de los medios masivos, pero la
investigación de producción se mantiene como un área dinámica, creciente y esencial en
los estudios de medios de comunicación.
Para tal propósito, la Sociología de la Producción cuestiona los factores que
aproximación complementa integralmente el análisis de esta investigación. Dentro de
esta perspectiva existen dos áreas de estudio. En la primera, llamada también sociología
de las profesiones, se analiza a los emisores como agentes subjetivos cargados de valores
ideológicos, culturales y sociales. Y en la segunda, conocida como sociología de la
organización, la lógica de los procesos de trabajo que intervienen en la construcción de
los mensajes (Lozano, 2007).
Para Schudson, en la Sociología de la Producción se utilizan comúnmente tres
enfoques: 1) la Economía Política que vincula la producción de mensajes con la
estructura económica de las organizaciones, 2) la sociología del mainstream que toma
como problema central la autonomía de los periodistas y su poder de restricción para
entender cómo su oficio está restringido por las rutinas organizacionales y ocupacionales
y 3) la aproximación culturológica y antropológica (1989, p. 269).
Si bien el contexto de la Economía Política está presente en todo este estudio,
en el apartado dedicado específicamente a esta perspectiva de la Sociología de la
Producción, el interés es centrarse en los profesionales de comunicación. A través de su
propio relato, nos hablan de las restricciones de la estructura así como de sus valores
individuales que incidieron en la producción de los mensajes de los medios para los que
trabajaban.
Como se observa, estos enfoques van en línea con los objetivos de esta