diálogo
licas comunicativas cada vez más complejas. Ya nadie se atreve a pensar que el lenguaje tu- vo un origen separado y aislado de otras habi- lidades motrices, pues se enmarca el estudio del lenguaje dentro de un contexto de com- plejidad cultural, de sistemas simbólicos y co- municativos que a lo largo de los milenios han ido complejizándose. Con todo, parece que el lenguaje tiene un “techo” de compleji- dad, no solamente a nivel formal del número de fonemas o de las reglas sintácticas. Como decía antes, las lenguas alcanzan niveles de elaboración y de definición hasta un determi- nado punto. Nuestra apreciación del mundo es mucho más compleja de lo que nuestro lenguaje expresa, así nos entrenamos para “integrar” los enunciados que escuchamos o leemos con nuestra interpretación.
Para simplificar mucho una historia in- mensamente compleja, podemos decir que, entre otras cosas, el gran paso que dio el ho- mo sapiens sapiens, con respeto a los primates superiores, es justamente el de poder hablar también fuera del contexto. Por ejemplo, cuando los primates superiores advierten un peligro emiten ciertos tipos de gritos de reco- nocimiento; no se les ocurre prevenir a sus crías de un peligro antes de que esto se de; lo que pueden hacer es advertir del peligro “en el contexto”, en el momento en que se da. Los primates no tienen un nombre para un cierto tipo de culebra, tienen un sonido especializa- do que es una señal de peligro. El homo sa- piens da el gran paso: desarrolló lo que un gran lingüista Norteamericano -Charles Hoc- kett- definió como displacement, “des-plaza- miento”, es decir la posibilidad de poder ha- blar de las cosas en ausencia de las mismas, crear ficciones y hacer previsiones. Así fue que durante muchos milenios recordar y usar apropiadamente los nombres de lo que inte- resaba servía no sólo para reconocer, nom- brar, poder hablar en condición de displace- ment; sirvió también para hablar de la subsis- tencia y de los peligros a una distancia física y de tiempo, para poder hablar y describir, por ejemplo, un pajarito que se había encontrado por el camino. Al tener un nombre para él, al
compartirlo con los otros, se puede simple- mente pronunciarlo en lugar de tener que volver a contarlo todo nuevamente cada vez que veo uno igual.
E.F.: Es decir, podemos hablar de las cosas “fuera de lugar”.
M. G.: Exacto. Entonces, imagínate qué pa- trimonio tenemos y cómo fue creciendo a tra- vés de los milenios, en los términos de la po- sibilidad de poder hablar de las cosas en au- sencia de un estímulo sensorial. Somos los únicos seres capaces de hacer esto. Es proba- ble que haya sido el conocimiento de la natu- raleza, es decir del medio natural, y aún más la necesidad de transmitir este conocimiento, el factor fundamental para el crecimiento del léxico y de la explicitación de las conexiones sintácticas entre las palabras. Durante los mu- chos milenios en que todos fuimos cazadores y recolectores podemos imaginar que ya te- níamos un léxico botánico y zoológico muy especializado, altamente elaborado y amplio, así como se observa entre los pueblos cazado- res y recolectores contemporáneos.
Pero los conocimientos lexicales específi- cos cambiaron con los cambios culturales. Hoy, quienes vivimos en zonas urbanas, y peor si somos intelectuales, tenemos poquísi- mos conocimientos botánicos y zoólogos; te- nemos un léxico pobre para indicar plantas y animales. Dominamos muchas palabras y muchas construcciones sintácticas para expre- sar otros significados. Pero no hacemos otra cosa que “aprovechar” de capacidades lexica- les, semánticas y sintácticas que surgieron ha- ce milenios en contextos culturales muy dis- tantes de los nuestros.
Ves, entonces, como por un lado las len- guas cambian a través del tiempo en función de los cambios de las condiciones de vida y de los conocimientos más importantes para la vida de cada uno y, por el otro, conservan ciertas características fundamentales…
ICONOS
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José Antonio Figueroa
1El pasado 24 de septiembre falleció Edward Said en la ciudad de Nueva York. Said dejó un legado intelectual y político sorprendente: más de una docena de libros y decenas de ar- tículos; una historia de militancia política a favor de la causa Palestina; una serie de refle- xiones prácticas sobre la independencia críti- ca del intelectual nutridas por su propia dis- tancia con la autoridad Palestina; fundador de los estudios postcoloniales. Said nos dejó un amplio legado intelectual marcado por las indelebles huellas de un humanista, crítico li- terario y músico.
En este artículo quisiera proponer una in- dagación en torno al valor del humanismo en la obra de Edward Said. Quisiera realizar esta indagación a través del recorrido por ciertas rutas intelectuales que nos llevan a situar a Said en las antí-podas del postmodernismo. Para esto quisiera mostrar cómo en la obra de Said encontramos una paradoja intelectual y política que podría arrojar frutos insospecha- dos en el diseño de agendas académicas y po- líticas en países sometidos a densas experien- cias coloniales como sucede con los países la-
tinoamericanos. La paradoja a la que me re- fiero es a la coexistencia en la obra de Said de elementos teóricos y políticos fundacionales del postmodernismo junto al humanismo. El humanismo, sabemos, es el principal blanco de las críticas postmodernas y el objeto teóri- co y político que los postmodernos se han propuesto destruir. Quisiera explorar, desde ciertos elementos de la obra de Said y de otros autores postcoloniales, la génesis de un fruc- tífero debate que revelaría la pertinencia de pensar y actuar desde premisas humanistas en los contextos periféricos. Para esto mostraré algunas de las propuestas de Michel Foucault que son retomadas por Said y exploraré en el impacto diferenciado que esta obra tiene en algunos autores que pueden identificarse co- mo postcoloniales; luego haré referencia a la distancia crítica que Said establece con res- pecto a Foucault y al postmodernismo.
Foucault, premisas postestructurales del lenguaje y Orientalismo
En 1970, Michel Foucault dio su lectura inaugural en el Collège de France sobre el dis- curso del lenguaje, lectura que constituiría un prolegómeno en la versión en inglés de la Ar- queología del Saber. Igualmente, esta lectura establece una serie de paradigmas que sinteti- zan ejemplarmente ciertos elementos centra- les de la obra de Foucault; una breve explora- ción de los conceptos emitidos en este texto