En toda reconstrucción hay elementos que determinan el resultado final. La función de la memoria en la reconstrucción de un testimonio es fundamental y es, tal vez, el único elemento que permite su existencia. Sin embargo, no hay reconstrucción sin alguien que pretenda hacerla con el fin de mostrarle al mundo lo interesante que puede llegar a ser la historia con la que se han encontrado. La Bruja es claro ejemplo de que para reconstruir es necesaria la investigación y la mediación en la evocación de la memoria; traer el recuerdo y enunciarlo en el presente tiene siempre un responsable que pretende llegar más allá de su propia existencia. Germán Castro Caycedo es uno de los periodistas colombianos más reconocidos en el mundo por el calibre de sus obras, por los temas que maneja y por las denuncias que hace en sus libros; además es un investigador que llega al fondo de cada una de sus historias para reconstruirlas de tal forma que el lector sienta que se encuentra ante la verdad de algún tema prohibido.
Y así ocurre, si bien sus reportajes se exponen al valor de verdad de ser un testimonio, al contarse se narrativiza y por lo tanto, se ficcionaliza. Pero no se ficcionaliza solo; esa mediación que hace el periodista y autor de la reconstrucción es una ficcionalización direccionada que se convierte en la antítesis de la dialéctica del relato / testimonio. Es decir, que aún enlazado con la historia, la realidad y lo hechos comprobables, el testimonio es la base del surgimiento de un relato de ficción, logrado a través de la verdad o mejor, de unos datos y hechos fiables que acontecieron en un pasado y que son traídos al presente por medio de la memoria. En el proceso de traer, de recordar hay un punto de partida, una tesis, que cuenta una verdad subjetiva. La antítesis, es un punto cercano en el que se para el periodista para escuchar y reconstruir el relato;
en este proceso hay un sinnúmero de intervenciones que realiza el periodista para poder completar un círculo y poder convertirse en escritor y autor de la obra final.
Los temas de violencia y narcotráfico han determinado la historia reciente de Colombia, si bien tienen su origen en otras historias de otros lugares del mundo. Con el paso del tiempo son temas detonantes de la historia del país y han hecho que ésta se divida en dos parte, el antes y el después del origen del narcotráfico.
La obra de Castro recurre a esos temas para hacer nuevas denuncias y destapar ciertos secretos o mejor, incógnitas que han estado en la memoria colectiva de los colombianos. Son temas que tocan fibras tan profundas que han hecho que el interés investigativo y escritural volcaran su mirada hacia ellos, pues como el mismo Castro afirma, no hay necesidad de imaginar con la diversidad de acontecimiento que ocurren en la realidad de nuestro país. Esta es la principal razón por la que escritores encuentran en el tema del narcotráfico las características de un relato, pues en él hay infinidad de situaciones que para algunos sobrepasan los límites de lo humano. Además, como periodista, la intención de Castro va más allá de escribir y se centra en la necesidad de crear con sus historia una conciencia colectiva que desentrañe las sombras de la maldad para lograr así que Colombia conozca su historia y no la repita, que la nuevas generaciones aprendan la crueldad de la guerra entre los narcos y logre así comprender su propio mundo con más facilidad.
Así, la voz del escritor media entre la realidad y el lector, pues todas las voces que aparecen La Bruja tienen conocimiento de primera mano sobre el fenómeno que puede reconocerse como la última manifestación del fenómeno de la violencia en Colombia.
El libro analizado en el presente trabajo saca de las sombras y responde la pregunta sobre el origen del narcotráfico y de la narcodemocracia colombiana. Por eso, no es atrevido decir que
con esta obra Castro Caycedo logra ser el primero en desentrañar los hilos de temas complicados, los hilos de los inicios del sicariato y de la guerra entre carteles de la droga. Su reportaje es entonces y por los temas que trata, el primer escalón hacia la creación de un nuevo género literario que se conoce como Narconovela.
Esta es una muestra de que al ficcionalizarse el testimonio por medio de la memoria y la mediación, se llega a una instancia donde para contar el testimonio es necesario utilizar palabras que creen en el lector un imaginario de lo que leen. Para esto es necesaria la utilización de elementos narrativos, saltos cronológicos o figuras literarias que logren mostrar el mundo cruel y despiadado de las sociedades que pretende retratar. La importancia de quien escribe se da en el tema tratado por el libro. Castro Caycedo investiga y llega a los orígenes de la narcodemocracia colombiana. Es por esta razón que la mediación llega mucha más allá de la investigación y producción del libro final. La mediación también ocurre cuando cada persona, en el tiempo que sea, en el año que sea, retoma la historia y la lee; de esta forma y sin estar presente Castro reactiva su mediación y el lector hace que la historia se actualice.
Al actualizarse la obra busca en ese presente un acompañamiento de conceptos y de realidad que la hace más impactante. La narconovela, nacida del discurso testimonial, tiene esa tarea: impactar. Tiene que servirse de las técnicas literarias para retratar la cruda realidad; no es artificio, no es una invención; no consuela y no simplifica. La narconovela perturba, es brutal, desastrosa, a veces incoherente y por sus relatos debe tener una estructura delirante, crea un caos en el imaginario del lector, que al pasar por esas palabras que el escritor ha expuesto premeditadamente, puede sentir traicionada su tranquila realidad. Quien no ha estado inmerso en el mundo del narcotráfico no tiene al alcance los detalles de las guerras, no ha visto con sus propios ojos asesinatos y negocios; es la mediación la que hace tangibles esas cosas y la
encargada de mostrar por qué alguien llega a convertirse en narcotraficante, sin justificar pone en evidencia la debilidad humana, que en últimas es una de las misiones que siempre ha tenido la literatura y sacarlas a la luz, la misión de periodistas como Germán Castro Caycedo.
Tal y como está en las genealogías citadas en la introducción del presente trabajo, la criminalidad nacida de la violencia y la guerra entre narcos se convierte en tema de creaciones y ficciones de muchos autores colombianos. A la publicación de La Virgen de los Sicarios de Fernando Vallejo (1994) le siguieron otras novelas como Cartas cruzadas de Darío Jaramillo Agudelo (1995) Rosario Tijeras de Jorge Franco (1999) y Sangre Ajena de Arturo Alape (2000), entre otras. Todas hablan de una época, de personajes reales, cercanos que hicieron y siguen haciendo parte de la realidad del país.
Son novelas que por su tema originaron el nacimiento de un género que Margarita Jácome (2009) denomina “sicaresca”, pero que podría ser englobado en uno mayor llamado, la Narconovela ya que la violencia de los sicarios que parece en ellas es solamente el resultado de la guerra entre cárteles de la droga que se aumenta y agudiza a comienzos de los años noventa. Los inicios de la Narconovela y/o de la Novela Sicaresca pueden rastrearse a lo largo de La Bruja.
Adicionalmente, a la publicación de La Bruja le siguieron publicaciones de libros que se presentaron a sí mismos como reveladores por sus contenidos, documentos extensos que reúnen pruebas y testimonios de narcos extraditados o personas cercanas que pagan penas en las cárceles colombianas. Los Jinetes de la cocaína (1996) y El Cartel de los Sapos (2008), entre otras, son obras basadas en rigurosas investigaciones que llevan a la luz pública el funcionamiento de las mafias y las historias de los más grandes narcotraficantes de Colombia. Castro Caycedo es casi que el primero en atreverse a publicar detalles de ésta índole.
De esta manera y teniendo en cuenta todo lo anteriormente mencionado, se puede concluir que el reportaje a la bruja es un testimonio mediado por la memoria, por el recuerdo, por las preguntas, por la escritura y por la lectura. La obra de Castro es una novela basada en hechos reales, ficcionalizada y narrativizada. Lleva todas las situaciones y personajes hasta el extremo y cuenta el caos en cuanto caos mismo, con un desenlace fuerte e impactante. El final: la muerte de Jaime Builes y el exorcismo de Amanda Londoño. La realidad de un país sacada de la historia de vida de una avezada bruja de un pequeño pueblo cafetero de Colombia y enlazada con uno de los mayores escándalos políticos del país, que tuvo su escenario en el Congreso de la República, un acalorado debate lleno de denuncias por nexos entre políticos antioqueños y las ‘llamadas mafias’ que, en últimas, terminó salvando del olvido el reportaje de Castro, que fue retirado de circulación por la demanda de dos mujeres que aparecen en el libro y que acusaron al periodista de comprometer sus nombres ante el país.
Sin embargo, gracias al debate en el que se mostraron listas y denuncias con sus nombres, Castro pudo volver a poner en circulación su libro, que en las nuevas ediciones tiene un apéndice titulado “Las brujas de La Bruja” donde cuenta los detalles de la demanda, el proceso ante los jueces y el desenlace que le permitió volver a publicar el libro.
Finalmente y como narrador, Castro no deja cabos sueltos ni abismos que el lector tenga que llenar por cuenta propia, la historia de la bruja, de Fredonia y de Jaime Builes está completamente encadenada y tejida de tal forma que no deja lugar a discusiones o preguntas. En Fredonia se conjugan el poder, la política, la coca y el demonio, y La Bruja no es solamente Amanda, es ese mundo oscuro en el que todo se consigue fácilmente, con favores políticos a cambio de votos y de dinero, con sustancias que eliminan lo que estorba, que hacen todo mucho más fácil. Como si fuera una fábula para niños, el periodista muestra la crudeza con la que
pagan los malos pasos, la violencia de las motosierras y los sicarios, la violencia de la narcodemocracia, la tristeza de un periodista que se desilusiona frente a su país. Por eso en sus libros siempre está su punto de vista; Castro no cree en la objetividad y con sus relatos demuestra que su estilo periodístico se divide en dos partes: el trabajo de campo y la técnica de la narración; investigación y escritura; periodismo y literatura.
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