III. HALLAZGOS Y CONCLUSIONES
1. De las dimensiones, intima, familiar y médica
En la primera dimensión el contraste de la realidad objetiva de los pacientes evidencia elementos comunes, el primero de ellos es el diálogo interior, atravesado por la percepción previa de la enfermedad, el sentimiento común de muerte pues en todos los casos afirman la asociación de la palabra cáncer con la muerte. La reflexión como elemento fundamental de este diálogo interior, proyecta al ser humano a una evaluación de su pasado, su presente y un corto futuro definido individualmente de acuerdo con el impacto y la dimensión que otorga cada quién, esta categoría emerge como esencial en el proceso de asimilación del diagnóstico y mantiene presencia durante el desarrollo de la enfermedad, sobre esta construye el paciente una práctica, un modo de vivir, luchar, perder e intentar de nuevo. Por otro lado, aparecen en paralelo con el diagnóstico otros dos elementos de comunicación que empiezan a circular sobre la nueva realidad, el primero es la búsqueda ansiosa de información sobre la enfermedad y el segundo, la vinculación de una persona cercana, generalmente el familiar, al proceso de enfrentar la enfermedad. La búsqueda de información se hace primordialmente a través de internet, se consultan otras fuentes, sin embargo, la más importante por volumen y variedad es la red.
Los médicos ven esta práctica subyacente a la enfermedad como un elemento incontrolable y nocivo en general, sin embargo, aceptan la dificultad para evitarlo y mencionan el mayor esfuerzo que deben hacer para evitar que interfiera en el tratamiento. No sólo el paciente busca información, el familiar una vez es involucrado también hace parte de ese proceso de investigación.
La búsqueda de información como elemento común, se produce indistintamente de la actitud del paciente, en todos la asociación con la muerte es igual, sin embargo, la respuesta y la postura frente a la misma son diferentes y marcan el objetivo de buscar y encontrar información en una manera de luchar o de justificar lo inevitable. En todos los pacientes, que hasta el momento de finalizar este trabajo aún continúan vivos, es claro el ánimo de continuar la lucha contra la enfermedad, la diferencia encontrada está en el tiempo y la forma en que superaron el momento del diagnóstico y decidieron avanzar,
diferencia que tiene una gran carga en el diálogo interior, en la relación con el familiar, en la información consultada y en relación que desde el inicio se construya con el médico para lograr confianza y credibilidad.
En todos los pacientes es evidente la apropiación que han hecho sobre el lenguaje clínico, más especialmente del lenguaje del cáncer, quimios, tumores, radiación y todos los términos incluida la muerte, pues han visto partir a otros que como ellos estuvieron enfermos y no lograron superarlo. Cuando se les indago sobre las razones que podrían ser causantes, mencionaron la extrema soledad, el aislamiento por voluntad propia o por decisión de quienes los acompañaron, la falta de una buena relación y al final, la carencia física del cuerpo para vencer. Los médicos frente a esta misma indagación, dan importancia a la agresividad de la enfermedad, pero no descartan la falta de confianza y determinación para superarla.
Los elementos evidenciados se encuentran y dan paso a la revisión de los hallazgos de la primera intersección en las dimensiones del paciente y de lo clínico. Los médicos nos han permitido entender el nivel de su responsabilidad, pero también han sido claros con la responsabilidad del paciente frente al resultado del tratamiento, hoy en día una importante cantidad de casos de cáncer se pueden superar, si se atienden las campañas de comunicación enfocadas a la prevención y si se asumen con responsabilidad los tratamientos recomendados que no incluyen únicamente el aspecto científico, sino que esta mediado también por un ejercicio de conciencia y motivación construido a través del lenguaje usado en tanto elemento de interacción en la relación humana.
Al contrastar los testimonios de médicos y pacientes emergen como necesidad la sinceridad, la franqueza y la interpretación, este circuito de retroalimentación se presume desde cada actor como adecuado según su realidad, el paciente porque siente que la enfermedad otorga derecho para decir lo que siente en la manera que lo siente y el profesional de la salud porque es responsable de diagnosticar y recomendar. Lo fundamental de esta relación es la manera en que circula la comunicación, el paciente en su derecho y deber transmite toda la información al médico, este a su vez traduce los términos
médicos a un lenguaje común y debe obtener la adherencia del paciente al tratamiento, los casos evaluados muestran un progreso importante en términos de adherencia, sin embargo, en tres de los cinco casos, se evidencio un problema inicial en el que la omisión generó inconformismo y falta de credibilidad, elemento fundamental en el testimonio médico para la evolución positiva y el combate de la enfermedad.
Los médicos sin excepción hicieron evidente la necesidad de lograr confianza y credibilidad a través de la comunicación al tiempo que mencionaron no haber recibido ningún elemento de este tipo o alguno muy básico dentro de su formación, lo cual los hace pensar en un cuerpo que se debe intervenir y no en un ser que debe adquirir los elementos necesarios para enfrentar una enfermedad. Las habilidades en comunicación son una necesidad para los médicos entrevistados, según sus palabras, hoy apelan a aquello que como seres humanos tienen en personalidad lo cual deja un gran velo de subjetividad en la forma de encarar la relación.
También es un elemento común para los médicos el hecho de afrontar como realidad la búsqueda de información por parte de pacientes y familiares y su responsabilidad para lograr la confianza, escuchar y aclarar con las palabras adecuadas la situación que para cada paciente es particular. El diálogo en torno a esa misma situación es el punto de partida para que la confianza del paciente se convierta en motivación, elemento o transformación que según los galenos, nace de quién está enfermo, pero se construye a partir de lo que recibe de los demás actores de esta relación y de su propia reflexión.
Médicos, pacientes y familiares mencionaron como fundamental la conformación de un equipo en el que las tres partes tienen responsabilidad, sin embargo, fue evidente durante el proceso, que esta conformación se logra en tanto fluya correctamente la comunicación, la confianza entre unos y otros no aparece sin que previamente exista un diálogo directo, claro y respetuosos y que las partes así lo entiendan, es claro que existe una interpretación subjetiva de cada quién, sin embargo, el médico emerge como eje central de la relación y debe ir en procura de lograr credibilidad y por ende adherencia al tratamiento y evolución del paciente frente a la enfermedad.