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De las hipótesis como armas defensivas 21 O

2. Sobre las pretensiones del kantismo de ser muy "edificante" 18

4.3. De las hipótesis como armas defensivas 21 O

En el apretado "repaso" metodológico que Kant, en la Disciplina, está

haciendo de los elementos de la lógica trascendental, como preparación para

el gran "salto" al respecto práctico, le roca ahora el turno al Apéndice de la

LA FUERZA DE LA RAZÓN. INVITACION ALAIEcruRADE lA "CRITICADEIA!IAZON PURA"DEKANT 2 1 1

Dialéctica, en el cual, como sabemos, se "traducen" científicamente las tres

famosas Ideas de la razón: alma, mundo y Dios, rescatándolas, ya que no

para la metafísica, sí al menos para la epistemología, en cuanto bases del

uso regulativo y sistemático del entendimiento (aquí, la razón con-desciende

a ayudar al entendimiento al cierre, siquiera sea como problemático antici­

po, de los conocimientos) . Kant se refiere ahora explícitamente a tal uso

regulativo, y llama a esos conceptos racionales: "ficciones heurísticas" (B

799/A 771 ) , reconociendo sin embargo que se refieren a objetos posibles,

pues que no han sido simplemente "imaginados" (gedichtete) .

Pero, ¿qué tipo de posibilidad es ésta? La pregunta es importante por­

que, si no se hila fino en el tema de la posibilidad, puede que se cuelen de

rondón, de nuevo, esos conceptos como hip6tesis razonables para asegurar el

cierre de nuestros conocimientos también desde un punto de vista material,

y no meramente formal.

Al

respecto, recordemos que Kant distingue entre

dos tipos de posibilidad: a) l6gica o conceptual, equivalente a la mera inte­

ligibilidad, propia del pensamiento puro: el objeto posible resulta aquí de

la arbitraria conexión de un predicado con un sujeto, siempre que no haya

contradicci6n (cf. B 302/A 244); b) trascendental o real, según corresponda

un objeto al concepto, de acuerdo con el esquema de la "concordancia de la

síntesis de representaciones diversas con las condiciones del tiempo en ge­

neral" (B 1 84/A 144) . Es esta posibilidad la que está a la base del primer

postulado del pensar empírico: "Lo que concuerda con las condiciones for­

males de la experiencia (según la intuición y los conceptos) es posible." (B

265/A 2 1 8) .

Pues bien, es interesante advertir que esa distinción parece "quedarle

corta'' a las intenciones de Kant. Ciertamente, no es nada nuevo que se nos

diga ahora que los objetos posibles (o sea, en este caso: los noúmenos Dios

y Alma, dejando fuera al Mundo) son pensados sólo problemdticamente, y

que, fuera del contexto propio del uso regulativo, son meros entes de raz6n

(Gedankendinge; B 799/A 77 1 ; cf. B 347s./A 290s.). Y sin embargo, como

veremos enseguida, Kant concederá el que puedan ser empleados en un uso

deftnsivo (más que polémico), tildándolos de hip6tesis trascendentales, en

cuanto que la razón -la cual confiere validez objetiva a esos objetos en el

respecto prdctico- no deja de con-descender también aquí a "colorear" o teñir

emotivamente esa posibilidad conceptual. En efecto, esos objetos -según

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hemos visto poco antes- no han sido meramente "imaginados", sino que es

la propia razón interesada la que postula tales objetos incluso en el plano

teórico, aunque sólo sea para hacer callar ad hominem al adversario. De

manera que su uso va más allá del propio de una proposición problemática:

"la cual se limita a expresar una posibilidad lógica (no objetiva), o sea a

hacer valer la libre elección de una tal proposición, una aceptación mera­

mente arbitraria de la misma en el entendimiento." (B 1 0 1 /A 75). En cam­

bio, en la propuesta y formulación de hipótesis trascendentales es la razón,

no el entendimiento, lo que está en juego. Y es ella la que confiere a esos

objetos algo que podríamos denominar como "posibilidad prdctica": un

anticipo -en el ámbito teórico- de su conversión en postulados en el ámbito

práctico (en correspondencia, en un plano superior, con los postulados del

pensar empírico)Ello, "por arriba", diríamos.

"Por abajo", por el lado empírico, tampoco el otro tipo de posibilidad: la

posibilidad trascendental, basta para emplear un objeto tal como hipótesis

en la esfera científica. Para que una posibilidad sea trascendental es sufi­

ciente que esté conectada con

y

sea conforme a los principios del entendi­

miento. Pero ello no justifica por sí solo la validez de su empleo como hi­

pótesis. La definición que en las Lecciones de Lógica ofrece Kant de esa no­

ción (no sin un característico giro subjetivista, pues que considera a la hi­

pótesis más como una acción de la conciencia que como un objeto) es, en

efecto: "Una hipótesis es un asentimiento (Fürwahrhalten) del juicio sobre la

verdad de un fundamento, en base a la suficiencia de las consecuencias, o más

brevemente: el asentimiento de una presuposición como fundamento [o bien:

el tener por verdadera una presuposición, que hace entonces de premi­

sa] . "284 Ahora bien, para que el número

y

calidad de las consecuencias nos

284 L. X Ak. IX, 84; tr. p. 139. Ya la propia formulación deja ver que nos movemos dentro de

la segunda categoría de relación (fundamento 1 consecuencia; si esquematizada: causa 1 efecto), invirtiendo su orden. Desde un punto de vista subjetivo, la hipótesis es pues el asentimiento (un "tener por verdadero") a un juicio (justamente, hipotético) en el que un supuesto: un objeto posible, pero desconocido ("Pongamos que ... "), es considerado como premisa o principio, en vista del carácter suficiente de las consecuencias, conocidas. Desde el punto de vista lógico, es obvio que la hipótesis sólo puede aspirar a un cierto grado de probabilidad, sin que podamos estar nunca ciertos de ella, pues a consequentia ad fondamentum non valet illatio. Recuérdese la famosa falacia de afirmación del consecuente. P.e.: "Si hay guerra, entonces hay muertes violentas. Pero hay muertes violentas. Luego estamos en guerra." (Claro, que si hay un número "suficiente" de muertes, todas ellas con características parecidas, se refuerza analógicamente el asentimiento;

LAFUERZADELARAZÓN. INVITAClÓNALALEOURADELA"CRÍTICADELARAZÓNPURA"DEKANT 2 1 3

parezca suficiente para asentir a un fundamento hipotético es preciso que

nuestra opinión -el grado más baj o de asentimiento, como se verá en el

Canon-285 sea puesta "en cuanto fundamento explicativo, en conexión286

con lo efectivamente dado

y,

por tanto, cierto." (B 798/A 770). Así pues,

la conexión de una posibilidad trascendental con la percepción

( Wahrnehmung: literalmente, "acción de tomar [algo] como verdadero), sea

directamente, o por inducción

y

analogía, produce el asentimiento

(Fürwahrhalten, "tener [algo] por verdadero") de la opinión287 que, es pro­

piamente hablando, la hipótesis. Podemos denominar a esta posibilidad

más restringida: "posibilidad empírica".

Tenemos pues cuatro tipos de posibilidad: lógica, trascendental, prác­

tica

y

empírica. Sólo a las dos últimas les conviene la denominación de

"hipótesis" : la una, promovida por la razón como indicador de la senda

práctica (llamada por Kant "hipótesis trascendental") ; la otra, propuesta

por el entendimiento como explicación probable de una serie de fenómenos

tal la estrategia, por mal caso, del terrorismo de ETA). Es interesante observar que en este caso sí vale muy bien el adjetivo "especulativo", empleado por Kant para designar el uso inválido ("trascendental", lo llama también) de las proposiciones. Pues speculatio (de specus, "elevación") significa efectivamente: ascender de los efectos a la causa.

285 Estos pasajes recuerdan al famoso pasaje del Teeteto platónico, en el que se describe al pensar

como "un dialogar del alma consigo misma, en cuanto que ella se pregunta y se responde a sí misma, afirmando y negando." Sócrates continúa diciendo que cuando, en tal proceso, el alma "precisa algo y se mantiene en su afirmación y ya no duda más, a ese asentimiento lo llamamos entonces opinión (dóxa) ." ( 1 90A) . Dicho sea de paso, ha sido el recuerdo platónico lo que me ha llevado a traducir el Fürwahrhalten kantiano por "asentimiento", en lugar de verter literalmente: "tener por verdadero". Por lo demás, la noción del conocimiento como "opinión justa acorde con su explicación" (dóxa orthe meta lógou), y el intento de explicar a su vez qué sea "explicación"

(lógos) como "un camino hacia el todo a través de sus elementos" (208C) (mutatis mutatis,

camino hacia el fundamento a partir de sus consecuencias) -junto con la crítica de Sócrates a que ello constituya verdad indudable- puede conectarse muy bien con la noción -no sólo kantiana- de hipótesis.

286 Kant emplea aquí -con todo cuidado, creo- el término Verknüpfong. Recuérdese que hay dos

tipos posibles de enlace judicativo ( Verbindung) : el de lo homogéneo (propio de los juicios matemáticos), que es una simple composición y, por ello, no implica una copertenencia necesaria de sujeto y predicado, y el de lo heterogéneo (propio de los j uicios dinámicos), que es una

conexión (Verknüpfong) necesaria.Sólo esta última puede aplicarse a los juicios de existencia. CE B 20 1 , n.

287 Y casi añadiríamos, aprovechando la cercanía fonética: el asentamiento de la opinión ( cf. nota 279).

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("hipótesis científica'') . Esta última puede alcanzar solamente un determi­

nado grado de probabilidad, pero no la certeza plena. De la hipótesis tras­

cendental, en cambio, no cabe admitir grado alguno de probabilidad. Y

ello por exceso, no por defecto. Pues, al contrario que en el caso del enten­

dimiento y del conocimiento a él propio, de los juicios de la razón sólo

cabe, o bien estar absolutamente cierto (pues, por definición, su certeza es

apodíctica288) , o bien abstenerse por entero (cf. B 803/A 775; B 809/A

78 1). Por eso, tales hipótesis (Kant aducirá como ejemplos el alma como

naturaleza simple: vida pura y espiritual -liberada del cuerpo-, y Dios como

causa ilimitadamente perfecta del mundo) son inadmisibles en el respecto

teórico; pues en este caso: "se emplearía una mera idea de la razón para ex­

plicar las cosas de la naturaleza'', con lo cual esa hipótesis no tendría "expli­

cación ninguna, ya que nos toparíamos con que algo no comprendido su­

ficientemente desde principios empíricos conocidos, sería explicado por

algo no comprendido en absoluto . " (B 8 00/A 772) . Obscurum per

obscurius, pues. En términos platónicos, se trataría de una opinión que te­

nemos por correcta, pero áneu lógou: "sin explicación", j ustamente.

Y sin embargo, Kant no se limita a reconocer "parej a fortuna"

( Gleichheit des Lo oses: B 804/ A 77 6) a los defensores de la hipótesis n·ascen­

dental frente a sus impugnadores. Pues, a pesar de que parece reconocer un

empate, a saber, que ni éstos (diríamos, los materialistas cientificistas) pue­

den "abarcar todo el campo de cosas posibles por medio de leyes naturales,

ni nosotros289, fuera de la experiencia, podemos adquirir algo para la razón

de una manera fundada''290, en realidad no se limita a otorgar ventaja (al

menos, desde el respecto práctico) a aquel que "sostiene algo como un su­

puesto necesario" (B 805/A 777) frente a quien no lo hace, sino que, gracias

al "uso polémico" de esas hipótesis, confía, nada menos, en la futura "ani­

quilación" ( Vernichtigung) de todas las objeciones291 y hasta en "extirpar de

raíz el germen de las impugnaciones". Y ello, incluso tratándose de un ger-

288 Recuérdese que la razón es la facultad de las inferencias y razonamientos, y por tanto sus

pruebas son necesaria y literalmente de-mostraciones: su tarea consiste en probar uno o varios asertos indicando (deíxis) de dónde (apo) provienen.

289 Ese "nosotros" delata el estrecho grado de compromiso establecido por el propio Kant con

los "teístas", frente al materialismo ateo.

290 B 808/A 780. Las últimas palabras: "auf gegründeter Art'', parecen un eco de la cláusula

platónica: meta lógou. Cf. nota 279.

LAFUERZADELARAZÓN.!NVITACIÓNALALECTURADELA"CRÍTICADELARAZ6NPURA"DEKANT 2 1 5

men que "se halla en la naturaleza de la razón humana." (ibid. ) . Es más,

yendo un poco más de allá de lo aconsejable por la prudencia crítica, Kant

llega a recomendar el mantenimiento de estas "opiniones privadas", sugi­

riendo además "razones" de orden psicológico.

Al

parecer, la creencia en la

vida post mortem y en la existencia de Dios apaciguan el alma y la liberan

de ansiedad. Por eso nos dice que "no es razonable que prescindamos de

ellas (incluso en orden a conseguir la tranquilidad interior) ." (B 8 1 0/A

782). Bien puede decirse pues que, como un Bertrand Duguesclin de la filosof

a, Kant "ni pone ni quita rey" (en lo que hace al conocer) , pero, en­

la práctica, "ayuda a su Señor" .

4. 4. Las pruebas de la razón

Luego de la crítica de las hipótesis trascendentales (y de su recomenda­

ción como "sedantes" del alma naturaliter christíana), nada más lógico que

coronar la Disciplina de la razón con un examen de la capacidad probativa

de la razón respecto de sí misma. Al respecto, bien puede dejarse al aire la

sospecha de que, en su encaminarse al territorio práctico, haya ido Kant

pacientemente matizando sus primeras y demoledoras declaraciones sobre

la validez del "uso" de la razón hasta terminar este capítulo con una valora­

ción al menos prima facie enteramente opuesta a la inicial. Si Kant se ha

dedicado con escrupulosidad germánica a recortarle las alas al ave metafísi­

ca, ello se debe a su empeño pietista (y en este sentido, bien antíwolffiano)

por evitar que cosas excelsas se "ensucien" al ser convertidas en objetos de

conocimiento, o sea en vulgares fenómenos. Recuérdese: "Tuve así que

poner en su sitio (aujheben) al saber para dar lugar a la ft." (B XXX) . Tal

parece en efecto que el rigor implacable en la impugnación del uso teórico

se hubiera desarrollado paralelamente a la progresiva exaltación del uso

práctico, preparado y j ustificado "polémica o defensivamente", como esta­

mos viendo, en el interior de la propia Dialéctica. Y en el Canon de la razón

pura veremos en fin cómo lo Práctico late en el corazón mismo de lo teóri­

co, dirigiéndolo secretamente.

Por lo demás, poca novedad presenta este último apartado. Kant se li­

mita a anudar habilidosamente los hilos ya conocidos de la deducción tras-

2 1 6 FÉLIX DUQUE

cendental (cf. "Analítica de los conceptos"; §§ 20, 2 1 y 26; B 1 43-146 y B

1 59), de la ilusión dialéctica o apariencia trascendental (B 349-355/A 293-

298), y de la invalidez de la prueba apagógica (reductio ad absurdum) si

aplicada a conceptos de razón, como sabemos por la cuádruple antinomia

(ver especialmente las secs. 6a y 7a de la "Antinomia de la razón pura"; B

5 1 8-535/A 49 1 -507) . El eje de todo ello es, como cabe suponer, la síntesis

trascendental o, más en general, la viabilidad de los juicios sintéticos a priori

en filosofía.

Kant comienza recordando, en efecto, el Leitmotiv de la entera Crítica,

a saber: no es posible una aplicación directa de la razón a un objeto me­

diante concepros. Y como la mediación entre el concepto y el objeto (o sea,

por un lado la demostración de la validez objetiva del primero; por otro, la

de la posibilidad de síntesis a priori) sólo puede tener lugar añadiendo algo

al concepto de ese objeto, como sabemos sobradamente por la definición

misma del juicio sintético, se sigue que, en las proposiciones puras, sólo

caben dos posibilidades: a) que sea la intuición a priori la rectora de la sín­

tesis, como en matemáticas; b) que lo sea la experiencia posible, como en

filosofía trascendental (algo que ha quedado bien establecido en el primer

apartado de la Disciplina). Sólo que, en este último caso, el concepto ha de

ser del entendimiento (esto es: una categoría o un predicable). Aquí, la prueba

no consiste en que, dado un concepto (por ejemplo, el de "suceso"), quepa

inferir de él otro concepto (el de "causa''). Ello sólo valdría en el caso de

291 Es digno de nota el hecho de que, en 1 763, Kant pretendiera probar la existencia de Dios a

partir de la imposibilidad conceptual del aserto contrario, o sea: de su no-existencia: "Hay sólo un Dios y sólo un fundamento para su prueba, por el cual es posible percatasrse de su existencia j unto con la percepción de esa necesidad que aniquila (verníchtígt. ¡el mismo término! F.D.) absolutamente todo opuesto: un juicio al cual podría conducir inmediatamente la índole misma del objeto." (Der einzig mogliche Beweisgrund zu einer Demonstration des Daseins Gottes.

3. Abth., 5.; Ak. II, 1 62). Obsérvese que, aparentemente, se cumplen aquí los requisitos para la formulación correcta de hipótesis: tenemos un objeto posible (la divinidad, cuyo pensamiento no admite contradicción) , conectado con una percepción ("la experiencia de las cosas contingentes", ibid. ) , y la "aniquilación" de la proposición contraria, dada su íntima contradictoriedad ("La posibilidad interna, la esencia de las cosas son pues aquello cuya supresión anula todo lo pensable", ibíd.) . Sin embargo, ya sabemos que hay aquí un fallo: la posibilidad del "objeto" Dios es sólo l6gica, no trascendental (atenta contra el primer Postulado del pensar empírico) . Y de la posibilidad del concepto a la posibilidad de la experiencia non valet illatio: 'En caso de pretender ir a priori más allá del concepto de un objeto, ello será imposible sin un especial hilo conductor que se halle fuera de tal concepto." (B 8 1 0/A 782).

LAFUERZADELARAZÓN. !NVITACIÓNALALECfURADELA"CRÍTICADELARAZ6NPURA .. DEKANT 2 1 7

juicios analíticos. Y Kant sigue teniendo bien presente la crítica de Hume

a la causalidad. Lo que aquí se prueba es que es la relación misma (la "co­

nexión necesaria", en términos humeanos) la que es conditio sine qua non,

condición necesaria para entender la experiencia en general, y por ende, tal

objeto de experiencia (de acuerdo a la transición establecida en el principio

supremo de los j uicios sintéticos a priori)292• No es pues posible pasar

sintéticamente de un concepto a otro, pero sí de las condiciones de la expe­

riencia en general a los objetos de la experiencia.

Ahora bien, es evidente que en el caso de conceptos racionales no pode­

mos acudir ni a la intuición (puesto que para Kant no hay una intuición in­

telectual) ni a la experiencia posible, ya que, por definición, tales conceptos

remiten a algo más allá de la experiencia. Así que la conclusión es igualmen­

te obvia: no es posible aducir prueba alguna válida en este campo, como

sabemos por la entera Dialéctica trascendental. No hay demostraciones tras­

cendentales de conceptos de razón. Al respecto, Kant nos recuerda la crítica a

la "ilusión trascendental" : una apariencia de verdad suscitada por la

subrepción consistente en tomar las condiciones subj etivas de la

cognoscibilidad de algo por características objetivas, constitutivas de ese

algo. El ejemplo ahora aducido por Kant es el de la inferencia de una cosa

simple, el alma -entendida como contenedor de todo pensamiento-, a partir

de la conciencia del yo como unidad de apercepción -contenida en todo

pensamiento-, o sea: a partir de una rep resentación simple. Pero se t

ata de un claro paralogismo. El "Yo" mentado en ambos conceptos tiene en cada

aso un sentido bien diferente: el Yo representado (el de la unidad de

apercepción) es simple, ciertamente, pero por abstracción de todo conteni

o (es un mero vehículo lógico que ha de poder acompañar a toda re

ntación con sentido) . Aquí, el yo "no contiene en sí (in sich) di

ersidad alguna". En cambio, lo simple en el objeto "puede ser un con

e

pto muy complejo, es decir, designar e incluir bajo sí (unter sich) muchas

cosas." (B 8 1 3/A 785) .

Ahora bien, dada la inviabilidad -repito, ya conocida- de establecer de­

mostraciones trascendentales en el uso especulativo de la razón, no deja de

ser sorprendente que Kant ofrezca un criterio sobre la posibilidad de tales

292 B 8 l l /A 783. Cf. B 197/A 158: "las condiciones de posibilidad de la experiencia en general

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pruebas: un criterio, claro está, imposible de cumplir, y que parece haber

sido formulado al sólo propósito de refrenar las ansias de una razón deseosa

de "ampliación" (como que está movida por algo que la rebasa). El criterio

es: "que la demostración no conduzca directamente al predicado requerido,

sino sólo mediante un principio de posibilidad de ampliación de nuestro

concepto a priori, dado, hasta llegar a las Ideas, y de realización de éstas."

(ibid. ) . Sólo que no hay tal principio: nada dado (y por ende, condicionado)

puede llegar a la Idea (incondicionada) ; y menos, realizarla. Se sigue pues

que este criterio tiene sólo un valor literalmente disciplinar, a saber: el de

someter a la razón especulativa a la "disciplina de la continencia" (der

Disziplin der Enthaltsamkeit) . (B 8 1 4/ A 786) .

Tras esta curiosa formulación de un criterio imposible, despliega Kant

las razones de ello aludiendo: 1 ) a la deducción trascendental, 2) a la unicidad

de la prueba, y 3) a la prueba apagógica, conectando así los dos tipos de

prueba conocidos: el de la Analítica (respectivamente, de los conceptos y