En la sección fija titulada “Rincón Antiguo” de la Revista Nacional de Cultura apareció, a finales de 1947, un grupo de siete cartas escritas por Bello, correspon- dientes a diversos momentos de la existencia del huma- nista y sobre temas muy variados~ El propósito de aque- lla inserción se trasluce en el párrafo final de la nota de presentación de dichas cartas, en las cuales Grases se duele de que “haya quedado inédita una buena parte de las cartas de Bello”, y exhorta a sus presuntos poseedores a darlas a luz, por considerar que la colección de dichas cartas “es el mejor camino para llegar a la entrañable intimidad del primer humanista de América” por cuanto “da una estimación de la personalidad de Bello, que no
la proporcionan ni sus escritos literarios y científicos, ni la biografía del gran caraqueño”. Cabe señalar que tal iniciativa de Pedro Grases antecede, apenas en dos me- ses, la aparición de la Comisión Editora de las Obras Completas de Andrés Bello.
1948/1981. LA COMI5ION EDITORA DE LAS OBRAS COMPLETAS DE ANDRES BELLO
Durante su breve ejercicio de la Presidencia de la República, apenas a diez días de haber tomado posesión de su alta investidura, el novelista y hombre público ve- nezolano Rómulo Gallegos decretó el 25 de febrero de 1948 la creación de la Comisión Editora de las Obras Completas de Andrés Bello, y eligió para presidirla a su amigo y compañero generacional el distinguido crítico literario Julio Planchart. La Comisión quedó integrada, además, por Rafael Caldera, Augusto Mijares, Enrique Planchart y Pedro Grases, intelectuales de primer orden y autoridades en el conocimiento de la obra de Bello. El fallecimiento de Planchart en diciembre de aquel mismo año, a escasos meses de su designación, llevó a la Direc- ción de la Comisión Editora al Dr. Rafael Caldera, quien, con celo ejemplar y con carácter ad-honorem, la desem- peñó hasta 1981, cuando la Comisión Editora, habiendo dado por concluida su existencia, delegó sus funciones en la Fundación La Casa de Bello, a la que consideró como su “hija legítima”.
Concluidos los estudios preliminares y hechas las con- sultas pertinentes, en 1952 apareció el primer volumen de la edición venezolana de las Obras Completas de An- drés Bello. Puede leerse en dicho volumen una minu- ciosa “Advertencia Editorial”, en la que se recogen las noticias históricas acerca de las ediciones anteriores de
los textos de Bello, y se adelantan los criterios que habrían de orientar la notable empresa editorial que entonces se iniciaba.
Uno de los apartes de esta “Advertencia Editorial” se titula El Epistolario. En él se recoge lo que ya había previsto la Comisión Editora en 1952 en lo relativo a la correspondencia de Bello, se reconoce la extraordinaria importancia que reviste la publicación de ésta y se alude al número de cartas que ya para entonces se había alcan- zado a reunir en Caracas. En esencia, la publicación que de dichas cartas hace La Casa de Bello, no se aparta de las previsiones y señalamientos hechos por la Comisión Editora. He aquí el texto en referencia: “Desde el primer momento, la Comisión Editora planeó la recolección del Epistolario de Andrés Bello, constituido tanto por las cartas escritas por él, como por las que le fueron dirigi- das. En las biografías, especialmente en la de Miguel Luis Amunátegui, de Santiago 1882, se transcribía un buen número de cartas, aunque algunas, fragmentaria- mente. La Comisión Editora emprendió una campaña de localización de documentos epistolares, con el propósito de formar una sección aparte en las Obras Completas de Bello. Actualmente poseemos material para un par de volúmenes, pues el éxito ha correspondido a nuestro es- fuerzo. La colección de cartas da a conocer más íntima- mente la personalidad de Bello, ya que nos muestra más al desnudo sus ideas y sus sentimientos. Por ello, la Co- misión Editora concede extraordinaria importancia a la publicación del Epistolario, debidamente anotado. La figura de Bello, la época, el ambiente y los personajes que trató, se hallan muy de relieve en estas cartas” ~.
Más adelante, en la misma “Advertencia Editorial”, se determinaba que cerrarían la serie de las Obras Com-
pletas del humanista: “Los volúmenes del Epistolario, en los que se incluyen todas las cartas de Andrés Bello que en búsqueda paciente se ha logrado reunir, así como aquéllas que a Bello le fueron dirigidas. Llevarán las ne- cesarias notas para la comprensión del ambiente, de menciones y de referencias”~
1949/1953. LAS “CARTAS INEDITAS DE BELLO”, DIVULGADAS POR LA COMI5ION EDITORA DE LAS OBRAS COMPLETAS DE ANDRES BELLO (CARACAS), ATRAVES DE LA “REVISTA
NACIONAL DE CULTURA” .
Siguió luego una iniciativa de la mayor importancia, realizada bajo la dirección de Pedro Grases entre 1949 y 1953, por la Comisión Editora de las Obras Completas de Andrés Bello, de Caracas. Consistió en publicar pe- riódicamente “Cartas inéditas de Bello” en sección es- pecial de la Revista Nacional de Cultura, con el propó- sito de dar a conocer aspectos íntimos y oficiosos, hasta entonces desconocidos, propios de una correspondencia que atendía tanto a los asuntos oficiales como a los pri- vados, y de estimular a quienes poseyesen cartas de Bello para que las enviasen a la Comisión Editora, con el ob- jeto de ir aumentando los materiales de lo que iba a ser la primera edición del epistolario del humanista. El lla- mado de la Comisión dio sus frutos. Personas e institu- ciones respondieron enviando copias facsimilares, y, en
algunos casos, facilitándole a la Comisión adquirir algu- nos originales~
Desde cuando Amunátegui publicara su Vida de Bello, no se había conocido una divulgación tan impor- tante en lo cuantitativo y en lo cualitativo de cartas iné- ditas de Bello como la que la Comisión Editora de Ca- racas realizó a través de las páginas de la Revista Nacio-
nal de Cultura. Se publicaron setenta y ocho cartas es- critas por Bello y trece dirigidas a él, lo que arroja un total de noventa y una piezas. Muchas más había alcan- zado a reunir ya la Comisión Editora, pero la Dirección de la Revista consideró que la sección, cumplido su co- metido, debía dejar de aparecer.
1957. “ANDRES BELLO Y LA REDACCION DE LOS