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EL MAESTRO Y LA SITUACIÓN ACTUAL 6.1 El papel del docente

6.2 El deber ser

“El principio más relevante del aprendizaje significativo es que todo conocimiento nuevo se debe relacionar con el anterior” (Ortega, 2016, p.47). El educador cobra una gran importancia dentro del desarrollo de la sensibilidad artística

infantil, ya que es más que un simple transmisor de conocimientos: es un guía en el

cual el niño se apoyará para su aprendizaje cotidiano. El maestro adquiere la

responsabilidad de formar e informar a las nuevas generaciones, proporcionándoles

los recursos necesarios para que su educación sea integral. Además, el maestro debe

ser capaz de cobrar conciencia del espacio con el que cuenta (aula, patios, biblioteca,

áreas comunes) para elaborar sus estrategias de enseñanza, conocer y explotar sus

recursos al máximo así como crear un ambiente propicio en el cual los estudiantes se

sientan libres y capaces de integrarse al medio que los rodea. Es indispensable que tanto el maestro como los niños trabajen en un clima de apertura, es necesario que “la escuela (…) cuente con una organización, recursos, acompañamiento, infraestructura,

docentes y servicios que conviertan las aulas en auténticos espacios de aprendizaje” (Ortega, 2016, p.52).

El maestro, al diseñar nuevas posibles vivencias para sus alumnos, “debe incitar su actividad por medio de dichas experiencias siendo estas no solo agradables, sino hacer que provoquen experiencias futuras deseables” (Dewey, 1949, p.8). El maestro más que un guía o un dirigente es quien debe proporcionar nuevos caminos y

nuevas interrogantes que partan del entorno del niño. Deben ser caminos que le

proporcionen al alumno herramientas que le permitan conocer sus alcances e

identificar su potencial. Esto le permitirá, en un futuro, ser un adulto activo y sensible

que siente confianza en sí mismo y cuenta con la certeza sobre sus distintas habilidades. Esto sucede “cuando el profesor tiene la capacidad de comprender desde adentro las reacciones del estudiante, cuando tiene una apercepción sensible de cómo

se presenta el proceso de aprendizaje al alumno, entonces podrá facilitar un aprendizaje significativo” (Rogers, 1979, p.149).

Este nuevo ambiente ayudará enormemente a aumentar la curiosidad e impulsar la experimentación, “desarrollar la autoconciencia, autogestión, conciencia social, habilidades para relacionarse con otros y toma de decisiones responsables” (Ortega, 2016, p.50). Cada niño mostrará lo mejor de sí mismo. Se construirán nuevas

propuestas que, utilizadas como herramienta principal, y sumadas al temario de la

escuela, permitirán que el maestro desarrolle su sensibilidad artística. Estos nuevos

estímulos propiciarán a su vez valores y esperanzas en el grupo, siempre y cuando sean

no solo relevantes sino significativos para los alumnos. Lo anterior dependerá del programa de estudios y sobre todo del facilitador quien deberá “… indagar cuál es ese

nivel de aprendizaje que tiene el grupo de alumnos y cuáles son las alternativas que poseen” (Ortega, 2016, p.47)

Una vez que el maestro introduzca a sus estudiantes en este camino del

descubrimiento y la experimentación, se dará cuenta que el aula puede ser un espacio

en movimiento, un espacio vivo, un espacio de trabajo colaborativo en el que se

evidencian los avances de los niños. Las bitácoras y dibujos, por ejemplo, que los

alumnos puedan crear en torno a algún tema en específico serán una clara muestra de

ello.

Tomando en consideración que no solo el maestro es quien educa, sino el

contexto en general -padres, amigos y espacios-, si un niño está dentro de un ambiente

frío, inamovible que no le permita participar ni modificar absolutamente nada, el niño

reflejará esta situación: será un niño estático, temeroso de equivocarse y poner alguna

cosa fuera de lugar. En cambio, si el niño se encuentra en un espacio colorido, lleno

de objetos y de imágenes que llamen su atención, notas, dibujos, recortes, y mesas que

puedan cambiar de lugar, se sentirá invitado a participar en ese espacio dinámico y

colorido y, sobre todo, se sentirá estimulado a identificarse y pertenecer a un grupo

que investiga, juega, se divierte, opina y se concentra en temas y retos de su interés.

Para poder identificar todas estas inquietudes que tiene el niño, el docente debe

conocer sus necesidades, gustos e intereses. Podrá así desarrollar una visión que le

permita integrar a la escuela con otras instituciones culturales y artísticas y esto le

El maestro debe partir del contexto específico del grupo y de cada niño y luego

crear una cercanía le permita detonar la curiosidad en el niño, reconocer sus

habilidades según la edad, sus capacidades físicas, mentales y emocionales y crear

retos que lo involucren en su propio desarrollo. Una vez identificado el interés

individual y grupal se debe integrar a los niños de manera homogénea para que entre

ellos puedan compartir experiencias y opiniones, logren comparar y contrastar

conceptos que a su vez les brinde un conocimiento a mediano o largo plazo. Esto

deberá enriquecerse: el uso de diversos espacios que proporcionen información

complementaria y nuevos estímulos, es indispensable. Los espacios culturales

(galerías, pinacotecas y museos) brindan la posibilidad de convertir al maestro en un

facilitador que acompaña el autoconocimiento, en un mediador que muestra los

diferentes argumentos gráficos presentes en la exhibición y los utiliza como

herramientas para concretar ideas y detonar nuevas interrogantes.

El dirigente debe integrarse a los estudiantes y mantener un mismo sistema de

comunicación que ayude al proceso de sensibilización. Debe, sobre todo, mostrarse

creativo, ya que de eso dependerán las oportunidades que proporcione a sus estudiantes

para ejercitar su imaginación y desarrollar su capacidad creadora. El maestro puede

hacer preguntas abiertas, leer no sólo las cedulas sino las imágenes, instigar a los niños

a crear conexiones y nuevos vínculos entre ellos mismos, los espacios y el

conocimiento.

El maestro debe estar consciente que “la educación artística nos hace confiar en que los niños llegaran a ser plenamente humanos y avanzarán a la actualización de sus potencialidades” (Maslow, 1971, p.1). También debe saber que el arte es un medio

de autoexpresión y liberador de emociones y comprender que el objetivo no es crear

artistas (una de las principales fallas de los programas de arte), sino mantenerse

informado y documentado sobre los principales argumentos de las artes visuales y estar seguro de qué es lo que debe enseñar: “La función del profesor es la de ayudar al estudiante para que aprenda a asociar las formas de la obra con otras experiencias que posee” (Eisner, 1995, p. 26).

Una vez que el estudiante tenga frente a él una obra de arte, es importante que

aprenda a construir nuevas narrativas a través de su experiencia para poderla asociar

visualmente con sus referencias anteriores. Para eso, el niño debe desarrollar sus

capacidades de observación y ver detenidamente lo que le rodea para que,

posteriormente, pueda ir más allá de la superficie logre identificar los códigos visuales

que le brindarán la oportunidad de expresarse con seguridad y precisión. Es importante

que el niño amplíe sus habilidades técnicas en el uso del material, ya que este se

convertirá en su principal vehículo plástico de expresión. Es notorio que la función del

maestro es encontrar una relación entre el temperamento del niño y sus modos de

expresión, no debe indicar al niño cómo debe hacer las cosas (principalmente con los

más pequeños). Por el contrario, debe estimularlo sin tratar de inferir en su espacio y

en su ritmo, ya que de eso dependerá que el interés surja en los estudiantes y les permita continuar creando experiencias nuevas. Eisner (1995) afirma que “el profesor, como modelo, puede ofrecer una imagen vívida de la apariencia que tiene esta experiencia cuando se produce” (Eisner, 1995, p.18). El profesor, por lo tanto, debe permanecer estático y silencioso sino manifestar interés y emoción: con su ejemplo vivificado

proporcionará momentos propicios para poder enseñar al niño a valorar, analizar,

comparar y descubrir sus propias percepciones.

En este tipo de actividades, el maestro se suele enseñar a sí mismo. Es común

que se subestime la capacidad del niño y se maneje un lenguaje corto y escaso. Esto

es incorrecto. Tal como en otras asignaturas, los estudiantes aprenden palabras y

significados nuevos. En el campo artístico sólo es necesario utilizar los métodos

propicios, proporcionar herramientas para que se sientan más seguros y permitirles a

los niños expresar lo que sienten y perciben de su entorno. “Los profesores deben tratar de encontrar en los estudiantes lo que estos busquen y ayudarles a conseguirlo” (Eisner, 1995, p. 22). Los educadores deben darles a sus alumnos la oportunidad de

mostrar y utilizar esas habilidades en su vida diaria. Es sustancial entender que la

escuela participa en la responsabilidad de proporcional a los niños las herramientas

necesarias para que, de adultos, puedan enfrentar la vida con una actitud positiva.

La escuela tiene como responsabilidad principal ofrecer a sus maestros, talleres

y cursos de capacitación sobre la enseñanza constructiva, inclusiva y abierta. Es

necesario monitorear los avances de proyectos y actividades que se planean

mensualmente para ver si el maestro necesita ayuda o apoyo de parte de la institución,

si le hacen falta materiales o recursos para realizar sus actividades.