11 A VENENCIAS O DESAVENENCIAS DE UN ESCRITOR
2. Decir que un escritor está mal informado equivale a decir que afirma
algo que no es cierto. En este caso, el error puede deberse a falta de conocimiento, pero tal error llega algo más lejos. Cualesquiera que sean las causas, consiste en afirmar algo contrario a los hechos reales. El autor propone como cierto o más probable lo que es en realidad falso o menos probable, asegurando poseer unos conocimientos de los que carece. Naturalmente, habrá que señalar estos defectos sólo si afectan a las conclusiones del escritor, y para respaldar tal posición hay que ser capaz de argumentar la veracidad o mayor probabilidad de una posición contraria a la que mantiene éste.
Spinoza, en uno de sus tratados políticos, por ejemplo, parece decir que la democracia es un tipo de gobierno más primitivo que la monarquía, algo totalmente contrario a los datos suficientemente comprobados de la historia política. El error que comete el filósofo a este respecto guarda estrecha relación con sus argumentos. Aristóteles estaba mal informado acerca del papel que desempeña el factor femenino en la reproducción animal, y, en consecuencia, llegó a conclusiones sin fundamento sobre los procesos de la procreación. Tomás de Aquino cometió el error de suponer que la materia de los cuerpos celestes es esencialmente diferente de la de los cuerpos terrestres, porque creía que los primeros sólo cambian de posición pero que son, en todo lo demás, inalterables. La astrofísica moderna ha corregido este error y ha mejorado la astronomía antigua y medieval pero en este caso se trata de un error de importancia limitada, que no afecta a la explicación metafísica de Tomás de Aquino sobre la naturaleza de todas las cosas sensibles, compuestas de materia y forma.
Estos dos primeros puntos de la crítica pueden guardar relación. Como hemos visto, la falta de información puede constituir el origen de asertos erróneos, y, además, cuando alguien está mal informado en algún sentido, también está desinformado en el mismo sentido; pero existen diferencias si se trata de un defecto simplemente negativo o también positivo. La falta de conocimientos relevantes impide resolver ciertos problemas o respaldar
ciertas conclusiones. Sin embargo, las suposiciones erróneas llevan a conclusiones falsas y a soluciones insostenibles. Considerados conjuntamente, estos dos puntos acusan al autor de una obra de presentar defectos en sus premisas: necesita más conocimientos de los que posee, y sus pruebas y razones no son suficientes en cuanto a calidad o cantidad.
3.Decir que un autor es ilógico equivale a decir que ha cometido alguna
falacia en su razonamiento. Por lo general, las falacias se incluyen en dos categorías: la non sequitur, es decir, una conclusión que no deriva de las razones aducidas, y la de la incoherencia, en la que dos cosas que ha intentado decir el autor son incompatibles. Para efectuar cualquiera de estas dos críticas, el lector ha de ser capaz de demostrar con precisión qué aspecto del argumento del autor carece de solidez. Sólo hay que preocuparse de este defecto en la medida en que afecte a las conclusiones más importantes. Un libro puede carecer de solidez en aspectos irrelevantes.
Resulta más difícil ilustrar este tercer punto, porque hay pocos libros realmente buenos con graves defectos de razonamiento. Cuando esto ocurre, suelen estar cuidadosamente ocultos, y sólo un lector realmente hábil es capaz de descubrirlos; pero podemos mostrar una falacia evidente en El príncipe, de Maquiavelo: Los cimientos de todos los Estados, tanto nuevos como antiguos, son las buenas leyes. Como no pueden existir buenas leyes en el Estado que no está bien armado, hemos de concluir que los que están bien armados tienen buenas leyes.
Sencillamente, no se desprende del hecho de que las buenas leyes dependan de unas fuerzas policiales adecuadas el que allí donde existen fuerzas policiales adecuadas las leyes son necesariamente buenas. En este caso, pasamos por alto el carácter sumamente dudoso de la primera aseveración y sólo nos interesa la non sequitur. Es más cierto decir que la felicidad depende de la salud que las buenas leyes de unas fuerzas de seguridad eficaces, pero de lo anterior no se desprende que todas las personas sanas sean felices.
En Elementos de derecho, Hobbes sostiene que todos los cuerpos no son sino cantidades de materia en movimiento. Según él, el mundo de los cuerpos no posee carácter cualitativo. En otra parte de la obra, sostiene que el hombre mismo no es sino un cuerpo, o una colección de cuerpos atómicos en movimiento. Sin embargo, tras admitir la existencia de las cualidades sensoriales —colores, olores, gustos, etc.— llega a la conclusión de que éstas
son únicamente los movimientos de los átomos en el cerebro. La conclusión carece de coherencia respecto a la postura primera, a saber, que el mundo de los cuerpos en movimiento debe aplicarse a cualquier grupo concreto de los mismos, incluyendo los átomos del cerebro.
Este tercer punto de crítica guarda relación con los otros dos. Naturalmente, es posible que un autor no logre derivar las conclusiones implícitas en las pruebas o los principios que defiende, y entonces su razonamiento quedará incompleto; pero nos estamos ocupando fundamentalmente del caso en el que su razonamiento resulta insuficiente a
partir de unas buenas bases. Reviste interés, pero menor importancia,
descubrir falta de solidez en un razonamiento a partir de premisas que son en sí falsas, a partir de pruebas insuficientes.
La persona que llega a una conclusión inválida a partir de premisas sensatas está, en cierto sentido, mal informada; pero merece la pena distinguir entre la clase de enunciado cuyos errores se deben a un mal razonamiento y la clase expuesta anteriormente, que se debe a otros defectos, sobre todo a un conocimiento insuficiente de detalles relevantes.
Juzgar la integridad del autor
Los tres puntos principales de crítica, sobre los que acabamos de reflexionar, se ocupan de la sensatez y la solidez de los enunciados y razonamientos del autor. Pasemos a continuación al cuarto comentario adverso que puede hacer un lector, que se refiere a la integridad del autor a la hora de ejecutar su plan, la eficacia con la que desempeña la tarea que ha acometido.
Antes de adentrarnos en él, hemos de observar un aspecto en particular. Dado que el lector ha dicho que comprende el texto, si no logra respaldar ninguno de los tres primeros puntos estará obligado a coincidir con el autor hasta donde éste haya llegado. No tiene libertad de elección a este respecto; no posee el sagrado privilegio de decidir cuándo va a estar de acuerdo y cuándo habrá de disentir.
Si no ha logrado demostrar que el autor está desinformado o mal informado, o que es ilógico respecto a temas relevantes, sencillamente no puede disentir. Tiene que asentir. No puede decir, como hacen tantos estudiantes y otras personas: «No veo nada incorrecto en sus premisas, ni errores de razonamiento, pero no estoy de acuerdo con las conclusiones.» Lo único que se da a entender con semejantes palabras es que
no nos gustan las conclusiones, pero en realidad no estamos expresando desacuerdo,
honradamente que no ha quedado convencido, quizá no debería haber afirmado que comprendía el texto.)
Los tres primeros puntos guardan relación con los términos, las proposiciones y los argumentos del autor, los elementos que ha utilizado para resolver los problemas que dieron lugar a la tarea acometida. El cuarto —que el libro no es íntegro— afecta a la estructura del todo.