• No se han encontrado resultados

anales, declaran „no sentirse violados‟ pero tampoco „completamente cómodos‟ Diego relata su experiencia “ una vez me metieron un dedo pero no me interesó, no sentí ninguna

sensación positiva al respecto pero no quiere decir que me haya sentido violado o que hayamos tenido que parar el acto o algo. No me pareció raro tampoco”, Felipe agrega “me lo hicieron una vez –sexo anal- pero fueron los dedos y pues la verdad me pareció que esa vieja no sabía de eso, me parece que era como muy burda, como muy basta, entonces me pareció como que no, la paré… Realmente parecía que no se controlaba muy bien. Eso depende mucho de la persona y con esa no me fue muy bien, y ninguna otra persona ha intentado hacer algo parecido. Pero tampoco le vi nada de malo, me pareció una exploración”.

En la gráfica expuesta a continuación se comparan nuevamente los diferentes grados de asimetrías en relación a „dar‟ y „recibir‟ dentro de los encuentros sexuales, según la clase social:

Gráfica 8: disposición de hombres de clase baja (izquierda) y hombres de clase alta en relación a practicarle sexo anal a su pareja

mujer y recibirlo por parte de ella. Mujer practicando sexo anal al hombre Hombre practicando sexo anal Sí lo han/he hecho 0% 66% No pero abierto a explorarlo 17% 33% Estrictamente no 83% 0% 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90%

Relación entre mujer practicandole sexo anal al hombre y hombre practicandole sexo anal a la mujer en

hombres de Clase Baja

Mujer practicando sexo anal al hombre Hombre practicando sexo anal Sí lo han/he hecho 60% 100% No pero abierto a explorarlo 40% 0% Estrictamente no 0% 0% 0% 20% 40% 60% 80% 100% 120%

Relación entre mujer practicandole sexo anal al hombre y hombre practicandole sexo anal a la mujer en

32

En las revistas y productos culturales que consumen los hombres de los sectores dominantes se promueven nuevas formas de explorar la sexualidad y en muchos casos, tienden a descomponer el discurso hipermasculinizado: en este sentido se es „civilizado‟ en la medida que el hombre no sea un „troglodita machista‟, en los sectores dominantes se mira con escepticismo dichos discursos. A pesar de que esta no es una ideología dominante en las clases altas vale resaltar la fuerza que con el transcurso de los años adquirido dicha construcción alternativa de la masculinidad; una nueva identidad masculina está adquiriendo fuerza, y el medio en donde ha emergido ha sido esencialmente las clases altas, en donde el placer femenino ha empezado a adquirir relevancia dentro de las prácticas sexuales.

En contraste, en los sectores populares prevalece propiedad del cuerpo femenino; el hombre percibe que al ser el proveedor económico del hogar está pagando por servicios y esto contribuye a ensanchar la brecha entre „dar‟ y „recibir‟ en palabras de Héctor “cuando uno se casa consigue pareja estable y esclava sexual por la misma inversión ¡claro que sí! Porque uno invierte ¿qué invierte? Está cubriendo uno los gastos y uno tiene unos derechos por darle esa comodidad. Entonces digámoslo así, uno piensa que ellas tienen que estar dispuestas –sexualmente- siempre cuando uno quiere, más no cuando ellas quieren”. Helena desde su experiencia como mujer relata “él –mi esposo- me ha amenazado más de una vez, me decía que si yo la embarraba en algo el de una me encendía3, que si no le servía la comida o que la ropa. Él es el típico tipo que quiera una sirvienta gratis en la casa con derechos sexuales, él a mi no me saca, me mantiene encerrada, yo no puedo tener amigos”.

Recapitulando, a lo largo de éste capítulo hemos reconstruido como las distintas identidades masculinas, que se encuentran condicionadas por relaciones de clase social, tienen un impacto en las prácticas sexuales que los hombres incluyen en su vida erótica. También hemos reconstruido el proceso mediante el cual los hombres incorporan la sexualidad y el placer como algo inherente a su corporeidad, del mismo modo hemos brevemente mencionado como el proceso de socialización femenina es completamente opuesto y esto ha sido un factor determinante en la asimetría entre lo que el hombre „da‟y „recibe‟ en relación a la mujer. Así, la tercera parte de éste capítulo lo hemos dedicado a profundizar como estas asimetrías no están igualmente acentuadas según la clase social y por tanto dependen en gran medida de las construcciones identitarias de la masculinidad que se desarrollan bajo marcos de bienestar o marginalidad socio-económica.

Finalmente a pesar que en el transcurso de éste escrito hemos reconstruido esencialmente las conductas más representativas en cada clase social, esto se ha hecho como parte de la labor sociológica de construcción de tipos ideales que contribuyen a la comprensión de éste fenómeno. Sin embargo esto no significa que todos los hombres de los sectores populares conservan y reproducen los valores hipermasculinizados; sin importar qué tan arraigado esté dicha identidad masculina siempre surgen construcciones identitarias opuestas que hacen contrapeso a las identidades hegemónicas y ampliamente legitimadas (Urrea, Quintín 2001). Por ejemplo, Javier, funcionario público de los sectores medio-populares cuestiona los discursos imperantes en relación a la masculinidad: “yo no soy de los hombres que piensan que uno va una fiesta y uno se consigue una vieja y ya, yo tengo amigos que dicen „!qué va! Usted que se va a poner enamorar, a decir cosas bonitas, a soñar vainas con las viejas no… Usted coge una vieja, la seduce y se la come y adiós, sale‟ o sea, te estoy hablando como hablaría uno de ellos, así descarnado, un lenguaje demasiado burdo. Entonces ese tipo de hombres sí está pensando en su placer, es más, ni siquiera están pensando si la mujer tiene o no un orgasmo lo que les interesa es pensar que tuvieron un sexo con mucha fuerza, que eyacularon y se acabó. Nuestra sociedad es de ése estilo, a veces

3

33

quienes pensamos diferentes somos tachados e incluso a veces nos han dicho que somos maricas porque ¿qué hacemos pensando en que una mujer hay que reconocerla en todas sus áreas y no solamente como un instrumento de satisfacción?”.

34

CAPITULO III

Restringiendo la sexualidad femenina; perspectivas comparadas acerca