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DEDICATORIA A LOS LABRADORES, ARTISTAS Y COMERCIANTES

Correo de Comercio

DEDICATORIA A LOS LABRADORES, ARTISTAS Y COMERCIANTES

¡Labradores, que con vuestros afanes y sudores proporcionáis a la sociedad pre- cisa subsistencia, los frutos de regalo, y las materias primas para proveer lo ne- cesario a los trabajos provechosos al Estado!

¡Artistas, vosotros que dando una nueva forma a las producciones de la natu- raleza, sabéis acomodarlas para los usos diferentes a que corresponden, y les aña- dís un nuevo valor con que enriquecéis al Estado, y aumentáis su prosperidad!

¡Comerciantes, que con vuestra actividad agitáis el cambio así interior como exteriormente, y por vuestro medio se fomenta la agricultura e industria, y el Es- tado recibe las utilidades con que poder atender a sus necesidades y urgencias!

A vosotros todos, nos dirigimos a ofrecer nuestros trabajos, sin tener otro inte- rés, ni otras miras que las de vuestros adelantamientos, puesto que de ellos indis- pensablemente han de resultar los que convienen al Estado; procediendo en con- secuencia en vuestras tareas con los conocimientos necesarios, sin los cuales caminaréis a ciegas y vuestra ignorancia os conducirá a desastres irremediables, que comúnmente llamáis obra de la desgracia, cuando no es sino de la falta de los principios necesarios para el desempeño de vuestras respectivas ocupaciones.

En esta firme persuasión dignaos admitir benignamente el resultado de nues- tra aplicación, y oír con atención cuanto os dijéremos, para que después de un ma- duro examen, a ejemplo del que practicaremos antes de poneros a la vista cuanto creamos es útil, adoptéis o rechacéis nuestros pensamientos, si las dificultades que para este último caso quisieseis proponer, no nos sea posible desatarlas.

Quedaremos satisfechos con solo lograr vuestra aceptación, y nos creemos re- compensados de los momentos de trabajo que vamos a emplear por vuestro pro- vecho, si mereciéremos el que un solo labrador, un solo artista y un solo comer- ciante se aproveche de nuestras instrucciones, y pueda prácticamente manifestar a sus conciudadanos y compañeros de sus respectivos afanes las ventajas que se consiguen de emprender una ocupación por principios, en lugar de entrar a ella 1. Corresponde al número del 3 de marzo de 1810.

por pura imitación y rutina, establecida las más veces, si nos es permitido decirlo así, por la misma ignorancia.

Recibid, pues, nuestros votos, y vivid seguros de que nos empeñaremos en no desmentir la obligación que nos hemos impuesto, para que uniéndoos a nosotros llevemos a su prosperidad estas provincias de la España americana y consigan sus habitadores el provecho que quiere atraerles nuestro sabio gobierno en be- neficio general de la nación.

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Como desde que se establecieron por signos de convención la plata y oro han ser- vido como instrumentos del comercio, y como medida del valor, no es extraño que se hayan tenido a estos metales por la única riqueza real, y que se haya me- dido la opulencia de los pueblos por la porción de moneda atesorada en ellos. Al ver que por medio del dinero se consiguen las cosas que se desean poseer, con mucha mayor prontitud que por medio de cualquier otro fruto que se quiera dar en cambio, se ha creído que así como es medida del valor es signo de la riqueza; y en su consecuencia estimamos el valor del resto de las producciones por la can- tidad de moneda que nos puedan dar por ellas. Así: todas las naciones comer- ciantes se han desvelado a porfía por acumular en sus pueblos toda cuanta plata y oro han podido haber en cambio de los frutos propios, y arrancar estos metales del seno de los demás para fijar la riqueza permanente de los suyos; y para con- seguirlo, se han impuesto en todos tiempos las más severas prohibiciones a su exportación, y se han cargado de gravísimos derechos. Aquel comercio se estimó más ventajoso, que traía en cambio más copia de metales de las provincias ex- tranjeras, y en su conformidad se hizo empeño en favorecer con preferencia el co- mercio exterior, descuidándose del todo el que se hacía en lo interior de las pro- vincias, porque se lo creyó subsidiario de aquel, siendo en realidad el más importante, y más digno de atención, puesto que con iguales capitales se consi- guen más provechos, y se da mayor ocupación a los brazos de sus habitadores.

El dinero es en realidad un fruto idéntico a los demás; del mismo modo que ellos se conduce a los mercados para tener en cambio las especies que desean con- seguirse por su medio. Un país que no tiene minas, dice Smith, debe por necesi- dad arrancar la plata y oro de los países extranjeros del mismo modo que el que no tiene viñas conduce el vino que necesita consumir.

Es infructuoso, pues, el que se ponga más atención en una rama que en la otra. Un país que tiene con qué comprar el vino siempre tendrá cuanto necesite, del mismo modo que el que tenga con qué comprar el oro y la plata no le faltarán jamás estos metales; ellos se comprarán por cierto precio, del mismo modo que el resto de los demás frutos; y así como estos son el precio de otros, mediante la permuta, así lo son de los metales.

Debemos reposar, pues, en la mayor seguridad, que el comercio, sin otra aten- ción alguna, así como nos conducirá todas las especies necesarias a nuestro pro-

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pio consumo, nos traerá del mismo modo la plata y oro, si alguna vez por la su- cesiva exportación de estos metales se echase menos el numerario preciso para la facilidad del cambio.

Los3precios de todas las especies vendibles se arreglan por sí mismos en todas

partes, siguiendo en ello la regla de la demanda efectiva, o lo que es lo mismo, según la mayor o menor copia de compradores; y como fruto alguno se arregla por sí mismo más fácil y exactamente que el oro y la plata, por ser de más fácil transporte a los mercados, a causa de su poco volumen y de su gran valor, es in- dudable que sería inmediatamente transportado de una plaza a otra, luego que por su abundancia en la una abaratase y encareciese por su escasez en la otra.

Cuando la cantidad de plata y oro que se introduce en algún país, mediante el comercio, exceda en algo a la demanda efectiva, es inevitable su exportación, por- que el interés del hombre siempre activo, calculando en su favor, corta fácilmente toda traba y obstáculo. Cuando los frugales y rígidos espartanos tuvieron con qué comprar estos metales, es decir, cuando tuvieron frutos sobrantes que dar en cam- bio de ellos, rompieron todas las vallas opuestas a su utilidad. Inglaterra no pudo embarazar la negociación del té con la compañía de Gotemburgo y Holanda, por- que los comerciantes ingleses hallaban su interés en conducirlo por su más aco- modado precio.

A la facilidad del transporte de estos preciosos metales es debido sin duda el que su precio no fluctúe continuamente del mismo modo que vemos suceder en las demás especies vendibles; el precio de la plata no está en realidad exento de alguna variación, pero sus oscilaciones son más lentas, graduales y uniformes y para que se experimentase una variación considerable sería preciso que descu- biertas nuevas y abundantes minas, se agolpase tanta copia de ella en los merca- dos que rompiese el equilibrio que conserva con el resto de las otras produccio- nes; pero a excepción de este caso, que para los pocos meditadores sería muy favorable, no hay motivo alguno de temer, que sus pequeñas y lentas alteraciones puedan influir de un modo desventajoso en el comercio de ningún país, y mucho menos en su riqueza real, que de modo alguno se halla dependiente de estas vici- situdes momentáneas. ¿Es alguna otra cosa la plata que un signo de convención? ¿Se ha adoptado en la sociedad, acaso por otro principio que por el de dar mayor facilidad al cambio y la permuta? Seguramente no ha tenido otro uso alguno, a ex- cepción de la poca que se emplea en las manufacturas, y en otros utensilios que han inventado la comodidad y el lujo, jamás faltará el numerario preciso para su circulación a ningún país, que teniendo varias otras producciones, indispensa- blemente necesarias al consumo y uso de otros pueblos dará en cambio estos por aquella; con la notable ventaja de que la provincia que abunda en frutos natura- les, e indispensablemente necesarios a la subsistencia, si le faltase alguna vez el numerario preciso para facilitar sus compras, podrá usar del crédito, echará mano del cambio y las permutas de unos frutos por otros, o adoptará el papel moneda, que en muchos casos, siendo bien arreglado, no solo le servirá del menor incon- veniente, sino más bien de conocidas ventajas; cuando al que le falten los mate- riales necesarios para el sostén e incremento de sus fábricas, verá paralizada su in- 73