II. MARCO TEÓRICO
2.10. La defensora de la mujer presidiaria
Es pensadora, mujer de vida sumamente activa y dinámica, es Concepción Arenal,
eficaz y eficiente en cada una de sus funciones, que gloriosamente viene realizando, que
ella misma había generado para y en el sistema penitenciario. Todos esos adjetivos muy
otras-, luchó por aquellos que se encontraban soslayados por la resquebrajada sociedad,
que a su vez aspiraba un sistema penitenciario en las mejores condiciones socioeducativas
Es una eminente y eficiente luchadora acérrima, que en su haber profesional,
cognoscitiva y académica, tiene monumentales obras, que entre otras merece mencionar: “La pedagogía penitenciaria en la obra de Concepción Arenal”; “El régimen material y el sistema penitenciario”; “Los fines de la pena”; “Estudios penitenciarios”. Su fama
adquirida, no puede ser mayor, de la que ya se encuentra en el público lector y en los
ilustrados pensadores, que vienen disfrutando ampliamente en los confines de la vieja
Europa, nuestra América, y por extensión en otros continentes.
En sus precitadas obras se encuentran de su ideología, sustentados en el cristianismo.
Según su concepción, el ser cristiano, el creyente, etc., son las únicas personas que podría
proteger o brindar tutela a los penados. Su manifestación, es la siguiente: “El que no crea
en otra vida; el que esté firmemente persuadido de que todo acaba en ésta, y que ha de ser
igual la suerte del santo mártir y del criminal endurecido, hará bien en dedicarse a no
corregir criminales; porque, caso de que aprenda todo lo que es menester que sepa; caso
de que tenga la paciencia y la perseverancia, harto difícil sin fe en algo más allá de la
tumba, la faltará unción; no se establecerán entre él y los culpables esas corrientes
magnéticas que persuaden y conmueven; no tendrá poder para imprimir fuertes impulsos
sobre el bien; porque, si es sincero, será desconsolador, si hipócrita, vil y débil. Dedíquese
a la farmacia, a la arquitectura, a la medicina; podrá curar alguna dolencia material, pero
no ser médico de las almas”.(Arenal 1975:250)
Para esta ilustrísima mujer e insigne representante, la pena debe ser correccional, “más
por un imperativo sentimental, que por rigor lógico”. Este imperativo sentimental, tal
responde al arraigado fideísmo cristiano. Partiendo, de la misma, la estudiosa española se
muestra como una tenaz creyente, en que se debe hacer el bien a las delincuentes. Agregaba, que “El bien que se busca penando al delincuente, es del orden más elevado y no deja de serlo porque él lo desconozca y vaya unido a una o muchas mortificaciones”.
Ella, acertadamente, trata de diferenciar, entre la enmienda y la corrección. La estudiosa
al referirse a este discutido certamen, señaló: “Se refiere a la modificación ostensible, al
hacer o abstenerse que puede tener móviles muy distintos, y la enmienda que, además del
hecho, es el pensamiento, el móvil digno y elevado, un cambio interior que corresponde
al observado exteriormente”. Por consiguiente, es necesario tener en cuenta estas
versiones, de suma y trascendental importancia, en el estudio del trabajo correccional en
el sistema penitenciario.
Este sistema tiende a tener mayor funcionalidad, su ejecución está basado en el
pensamiento, que viene a constituir un relevante instrumento que se utiliza para la acción.
Estaría completamente fuera de lugar considerar los variados atributos mentales del ser
social, en sus detalles, porque en ciertas circunstancias carecen de elementos que permitan
un análisis racional, que siempre es de carácter histórico deductivo, orientado a la
evolución permanente y continuo de todos estos vertientes, que aún no se pueden
desplegar.
Otro hecho trascendental de su trayectoria y experiencia adquirida, en las visitas que
realizaba en los establecimientos penitenciarios, logró que la comunidad del precitado
sistema y de la comunidad en general, acepto las propuestas promulgadas por ella. Esta
propuesta, la derivamos en las clasificaciones, en los delincuentes. Son las siguientes:
a) De los que han hecho mal contra las influencias, que los rodeaban. En este caso,
centro no puede hacer artilugios en la voluntad de los penados indispuesta al
cambio.
b) Los que han hecho el mal, cediendo a estas influencias. Aquí es necesario la
distinción que existe en la práctica, esto es, la gravedad del delito, premeditación,
repetición, edad, sexo, etc.
Asimismo, la destacada estudiosa, trata de armonizar la pena y la medida de seguridad,
en una sola sanción para los delincuentes habituales. Al respecto, se propuso en
simultáneo, dos aspectos principales, que comprende, por un lado, la corrección y la
seguridad, con relativa prevalencia del primero.
En estos casos, son necesarios e impostergables, para el cumplimiento, la expiación y el
escarmiento que jugaban un papel trascendental e importante, considerando, que a través
de los mismos, según los términos utilizados en forma permanente, las penadas podrían
conseguir su corrección. Hace –asimismo-, una dura crítica a la institución del indulto,
que es una gracia –como el que se suscitó en nuestro país-, mal concedida, donde en
muchos casos, tiende a pensarse en favores efectuados por terceros. Tampoco sería
importante, a nivel de beneficios penitenciarios, donde la presidiaria tendería a gozar de
este derecho, que es un beneficio para él, pero un rotundo fracaso para personas extrañas.
(Milla 2016: 123)
Su pensamiento está dotado de principios básicos y fundamentales, que por infortunio,
nuestra sociedad, está perdiendo espacio, frente a las mínimas intenciones que se vienen
realizando, por inescrupulosas personas, quienes, de manera directa e indirecta,
contribuyendo, para que las presidiarias tengan las mejores oportunidades, en aras de ir
profesionales multidisciplinarios, no desarrollan tareas importantes al interior del
Establecimiento Penitenciario Santa Mónica de Chorrillos. Esta situación se debe, a que
las presidiarias no están debidamente motivadas ni incentivadas, por las profesionales,
que se encuentran cohabitando en ese recinto, debido a una serie de factores inesperados.
Si la sociedad crece, no sucede cosa distinta con la llamada sociedad carcelaria. Esta se
acrecienta en forma ligera, y también una gran parte de esos grupos sociales, corren el mismo o similar riesgo. “Reformar a los reformables”. Este fue el lema incorporado, a partir del cual surgió un movimiento penitenciario en Estados Unidos, cuyo fin era
reformar y corregir a los jóvenes delincuentes, bajo el auspicio de la Asociación de la
Prisión de Nueva York, en 1869. Tal sería el principal antecedente para la próxima
instauración de los reformatorios”.(Garrido, p, 43) Posteriormente, la institución del
reformatorio surge de las tendencias de la corriente positivista, la misma que combatió
los sistemas penitenciarios, tales como el Celular.(Milla 2016:121)