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1. CONCEPTUALIZACIÓN DE LA DEMOCRACIA

1.3. E L CONCEPTO DE DEMOCRACIA

1.3.4. Definición de democracia

Con todos estos elementos recogidos del pensamiento de los filósofos políticos, se puede establecer un concepto de democracia. Esta consiste en un principio rector que contiene un conjunto de reglas para organizar, política y socialmente una comunidad y, con ello, le proporciona una valoración, independientemente de la ideología económica que tenga, condicionada por razones sociohistóricas y geográficas del momento.

El principio democrático se basa, fundamentalmente, en la participación libre, igualitaria

y activa del pueblo en los asuntos de gobierno (que es un servidor del pueblo), con el objetivo de

buscar el bien común de toda la sociedad a través de la injerencia en creación o derogación de leyes, junto con un control tanto a funcionarios del gobierno como a los ciudadanos mismos.

Subyacente a lo anterior está un componente conflictual que “coloca a los integrantes de un colectivo en la tesitura de hallar una fórmula para acomodar los intereses propios y los ajenos, priorizarlos, resolver y poder actuar coordinadamente”277 siempre y cuando “nadie tenga suficiente poder como para imponer sus criterios a todos los demás”278 y que todos puedan (componente de

igualdad), si así lo quieren (componente de libertad, pues no hay coerción ni presiones), expresar

su parecer. Para mediar esos conflictos se requieren mecanismos que permitan escoger un camino

277 Juan Antonio Fernández Manzano, “Tres objeciones a la forma democrática del Estado” en Estudios Filosóficos, Instituto Superior de Filosofía de la Orden de Predicadores, Valladolid, España, volumen 62, número 181, 2013, p. 415, https://eds-a-ebscohost-com.ezproxy.javeriana.edu.co/eds/pdfviewer/pdfviewer?vid=2&sid=e5fce1f5-67ec-4fa3-be88-e65051981ce5%40sessionmgr4008. Consultado 15/VII/2020.

76 específico bajo la condición de que dichos mecanismos cuentan con la aprobación de aquellos que se someten a ellos, lo cual lleva a instituir una serie de procedimientos formales, válidos y duraderos279 de los que el pueblo pueda disponer.

Dicho pueblo se identifica con los ciudadanos legítimos de la sociedad organizada. Solo que no todos los ciudadanos son el pueblo, estrictamente hablando, porque la participación libre, igualitaria y activa en asuntos del gobierno lo realiza una gran porción de los ciudadanos que están en las condiciones de ejercer tal acción, específicamente hablando, que tiene por lo menos una edad pertinente (que depende de cada comunidad establecer cuál) en la que cada miembro pueda pensar por sí mismo y responsabilizarse de sus actos (autonomía personal). Esto, aunque tiene un componente de exclusividad por descartar a infantes, por ejemplo, contiene también un componente de inclusividad, pues “cada individuo es quien mejor puede juzgar lo que le conviene y tiene el mismo derecho que cualquier otro a la felicidad”280. Por tanto, el modo para mejor tomar decisiones colectivas es la que da a cada uno de los participantes un voto que tiene un mismo valor (de nuevo, componente de igualdad). Así, otro aspecto esencial en el principio democrático es la participación de la mayoría (si no de todos) los integrantes del pueblo para que tomen decisiones en torno al rumbo de su sociedad o de todos los ciudadanos para dar a conocer su parecer, sea a favor o en contra.

Continuando el razonamiento, los que tienen la facultad de decidir (el pueblo) han de escuchar el parecer de quienes no participan del proceso de decisión pero que también hacen parte de la ciudadanía y tienen intereses afectados de una u otra forma, porque de esta manera se va construyendo ese bien común al que todos aspiran. Hay, entonces, una inclusividad donde existe lugar para la discusión y el disentimiento en los que, al final, se llega a un acuerdo global o mayoritario. Dicho de otro modo, dentro de la inclusividad, se construye ese ideal de bien común sin partir de uno ya predefinido y si en la discusión no se llega a un total acuerdo, al menos de busca dar cabida al de la mayoría281.

Ya decían Aristóteles y Rousseau que la democracia plena solo se da con ciertas condiciones, entre ellas, la de un territorio pequeño con pocos ciudadanos, y dado que las sociedades actuales son de grandes extensiones junto con un gran número de ciudadanos, se hace

279 Ibid., p. 416. 280 Idem. 281 Ibid., p. 417.

77 necesario la figura del representante escogido por el pueblo para que transmita sus pareceres y propuestas en el gobierno con el fin de aportar a esa construcción y consecución del bien común. Aquí la democracia supone igualdad en cuanto que debe facilitar que cualquier integrante del pueblo pueda ser elegido representante. Llama la atención que el hecho de estipular una mediación a través de la representación es crear “irremediablemente una distancia entre ambos [representantes y representados] y abriendo con ello la posibilidad de degeneración del vínculo”282 porque hay una división del pueblo: el pueblo que gobierna y el pueblo gobernante, y cada uno puede velar por sus intereses a conveniencia. Por eso es necesario que en una democracia haya

mecanismos de control para los representantes y gobernantes, junto con la periodicidad de los

gobiernos y la división de poderes. Porque a través del control, el pueblo es quien sigue teniendo las riendas del poder pues tiene la capacidad de reemplazar a sus representantes; por medio de un tiempo fijo de representación y gobierno, se da la oportunidad para que lleguen otros que puedan hacer mejores las cosas; y mediante la división de los poderes, se garantizan contrapesos a las pretensiones de los representantes.

Así, el pueblo tiene la capacidad para autogobernarse. El problema está cuando se llega a condiciones en las que el pueblo pareciera no autogobernarse. Y esto es delicado porque constituye una vulnerabilidad a la organización democrática, ya que da a entender que habría quien o quienes sí pueden gobernar y de esta forma, por un lado, estaría la tentación de que ellos gobiernen pasando por alto a los demás ciudadanos del pueblo, llegando incluso a velar por intereses particulares; y por otro, que ellos se consideren los conocedores de las necesidades de la sociedad y actuarían por ellos mismos en favor de todos. El inconveniente con esto último es que no hay manera de conocer esas verdaderas necesidades por un grupo solamente a falta de un consenso mediante una discusión en la que se expresen diversos puntos de vista283. Y daría paso a manipulaciones.

También, a falta de adversarios u opiniones divergentes, no habría forma de probar las convicciones y se cae en un terreno de dogmas. Adicionalmente, si se asume que hay unos mejores, la única forma de establecer cuáles son esos mejores es mediante una consulta, un consenso, y se llega al mismo punto de la necesidad de un aval del pueblo, lo que indica que del pueblo está la capacidad de gobierno. No se puede llegar al poder de modo mesiánico sin contar si quiera con el permiso del pueblo. Por último, aunque hubiera un o unos gobernantes salidos del pueblo que en

282 Ibid., p. 421. 283 Ibid., pp. 417-419

78 serio procuren ese bien común, una especie de felicidad, no se podría, pues es una conquista humana y de ningún modo una donación284.

Y si se llega a las condiciones en las que el pueblo pareciera no autogobernarse, está la posibilidad de que el mismo pueblo se corrompa, siguiendo el pensamiento de Polibio, y se convierta más bien en una masa que sigue lo que le indican hacer por parte de aquellos que se consideran con más capacidad. Surge así lo que es una oclocracia. Pero el pueblo no es el único propenso. Sus dirigentes también pueden corromperse y buscar sus propios intereses desde el poder y por el poder, siguiendo la línea maquiavélica, en la que llegan a crear alianzas con sectores ricos, convirtiendo la democracia en una plutocracia.

Todo lo dicho hasta el momento conlleva a su vez una actividad. El pueblo actúa a través de la expresión de su parecer ya sea con el voto, ya sea la sola voz (incluso con el silencio), y de esa forma contribuye a esa ideal común de bienestar. Sin embargo, si el principio rector de la democracia no está acompañado de otros principios, sucumbirá por sí solo frente a la tendencia humana de atender los intereses particulares antes que los de la comunidad. Por eso una democracia necesita de la educación. Un ciudadano formado y virtuoso (trayendo a colación a Aristóteles) tiene más méritos para hacer parte de la toma de decisiones políticas fundamentales. Por tanto, dentro del principio democrático no opera ninguna posibilidad desde sí misma para corromperse, sino que es debido a la condición humana.

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