Para no quedarnos perdidos en un mar de datos con mucha información pero pocas conclusiones, como resultado final de la ronda de entrevistas privadas y pruebas adicionales, deberá realizarse la definición del personaje en términos fácilmente entendibles por todos. Veamos un ejemplo tomado de un caso real:
Se trata de un hombre en constante búsqueda de la superación. Lo motivan los retos, pero nunca enfrentará los que intuya que no podrá vencer. Es emocional y suele subordinar los pensamientos a los sentimientos. Recibió una educación muy rigorista basada en principios y tradiciones que lo llevan a ser algo rígido en sus juicios de valor. Perfeccionista, difícil de seguirle el paso si no se está dispuesto a sacrificar tiempo y puntos de vista personales. Se guía por la consecución de objetivos y su cumplimiento le da la noción de su avance personal. Sabe ser leal, disfruta de la amistad y se enoja mucho ante la mentira y la falta de respeto. Cree en un ser superior que gobierna la naturaleza, pero radica en el hombre la responsabilidad de mejorar el entorno. Su trabajo estará antes que todo, a excepción de su familia, la cual le proporciona estabilidad y equilibrio emocional.
Al llegar a este punto, recordemos que en paralelo hemos estado trabajando en la etapa de investigación externa que nos revelará la percepción que del mismo personaje tienen sus diferentes grupos objetivo, información de vital importancia que deberemos anexar a la descripción inicial. El ejemplo anterior quedaría completado con un párrafo como el siguiente:
Sus colaboradores piensan que él es una persona muy hábil, conocedora y experimentada. Sin embargo fue notoria la frecuencia con la que se quejaron acerca de la manera como los presiona para obtener los resultados que él solo planeó, provocando que se sientan ajenos a la toma de decisiones con respecto a la cantidad de trabajo a realizar y la mejor manera para hacerlo. Sus proveedores expresaron beneplácito de poder contarlo como cliente por la estricta manera como cumple sus convenios de compra y pagos, pero dijeron no conocerlo bien ya que siempre ha
LA INGENIERÍA EN IMAGEN PÚBLICA
mostrado cierto hermetismo en lo que respecta a sus asuntos personales. Su competencia le tiene respeto y lo define como un tipo de cuidado, pues no se tienta el corazón para tomar decisiones que impliquen capturar más mercado.
Supongamos ahora que la problemática que originalmente nos planteó este director general de una empresa fue que no le gustaba ser malinterpretado por la gente que le rodeaba y que deseaba tener una imagen de líder amable y querido por todos ya que su nuevo objetivo era postularse para la presidencia nacional de su asociación de industriales. ¿Qué le sugeriríamos hacer?, ¿cuál sería la estrategia para corregir la percepción?
Ante un personaje así podremos anticipar que si le sugerimos reducir el ritmo de trabajo o recomendamos relajamiento en su comportamiento, el resultado va a ser o su rechazo total o intentar disciplinarse, pero sin convicción, lo que a la larga le acarreará el fracaso en su nueva comunicación, pues su grupo objetivo lo percibirá alterado o peor aún… “disfrazado”. Entonces, ¿qué hacer?… Precisamente ése es el problema al que un consultor en imagen pública deberá enfrentarse constantemente, la situación no es fácil y ahora tal vez acepten con más claridad los argumentos que expuse algunos capítulos atrás para explicar por qué quienes desean dedicarse a la especialidad a nivel internacional deben de cumplir los requisitos de poseer conocimientos, creatividad y sensibilidad para realizar su trabajo y comprendan mejor lo peligroso que resultaría dejarse guiar en sus decisiones por corazonadas, caprichos o gustos personales cuando lo que está en juego es la trayectoria de un ser humano.
Hay más aún en lo que respecta a herramientas de definición de esencia. Una vez que hemos procedido a definir el personaje que representa el cliente en la vida real, debemos complementar la información con la determinación de su estilo. Estilo que va más allá de las frívolas definiciones de las revistas de moda y que debe ser estudiado como importante código de comunicación.
Estilo
El estilo es la expresión de la individualidad. Es el modo, la manera o la forma como una persona o una institución da a conocer su calidad particular o se señala individualmente. El estilo se conforma por el conjunto de elementos internos y externos que moldearán en el individuo su forma personal de comunicarse verbal y no verbalmente con los demás. Dicho conjunto de elementos estará determinado por las características personales del ser que las integra, como son su personalidad, sus gustos y preferencias, su actividad profesional, sus actividades domésticas y sociales y hasta su tipo físico. Alice Parsons y Diana Parente, consultoras en imagen a quienes tengo el honor de contar entre mis maestras y amigas, desarrollaron una interesante teoría a la que bautizaron como “Universal Style” en la que incluyen un cuestionario que guía de la mano al individuo que desea determinar el estilo al que pertenece. Lógicamente aplicarlo implica el estudio previo de la teoría por parte del consultor, por lo que lo único que nuestro cliente tiene que hacer es contestarlo de manera profunda y reflexiva ya que exige un nivel de sinceridad pocas veces visto al confrontar a quien a él se somete con diferentes cualidades que todos quisieran poseer, pero que ante la imposibilidad de tener todas por pertenecer a diferentes estilos, se obliga al cuestionado a decidir cuáles sí y cuáles no tiene. El mismo cuestionario va delimitando el camino al avanzar hacia otros aspectos adicionales, así que al finalizar el ejercicio las posibilidades de acierto son bastante elevadas.